• No results found

4 Results and discussion

4.5 Future work

Aunque teóricamente la feminidad es una construcción cultural que se ajusta a unos valores y tiene asignados unos rasgos distintos según edades, clase social etc., el nacionalcatolicismo propone un modelo homogeneizador que hemos esbozado anteriormente.

El personaje que nos presenta Orduña en El Ultimo Cuplé aparentemente se aleja de los rasgos descritos para la feminidad ortodoxa, ya que es una mujer que trabaja y desarrolla su actividad en un espacio público, perteneciente a un sector marginal, el mundo del cabaret, de las artistas, etc. Su grupo familiar aparece desdibujado ya que no encontramos la estructura familiar tradicional que la llevaría a compartir los rasgos predominantes de la época. Por otra parte, el personaje mantiene los roles de género, y asume los rasgos que se le han asignado a la mujer, aunque estos roles femeninos quedan velados tras una capa de lo que hoy en día llamaríamos “glamour”.

Dentro del mundo que rodea a nuestra cupletista, se mantienen el código del “honor y la vergüenza” como parte del sistema de valores de la mujer española, se pone de manifiesto cuando la protagonista renuncia a la promoción en su carrera artística por suponer que esto implicaría establecer una relación sexual con el promotor y la pérdida de su honra. Este código se utiliza como sistema de control social. Se reafirma la importancia concedida al valor del honor, que recae en la mujer, en las secuencias del incidente que provoca el duelo, produciéndose la asignación de roles masculinos en el personaje del defensor, paladín ¿del honor de la ofendida?, y del villano, el ofensor.

La ausencia de la figura del padre, el hombre de la casa ha de ser suplida para mantener la idea de supeditación femenina al varón, y en sustitución de esta figura paterna se asume la dependencia de esta mujer hacia el representante; de este modo un hombre ajeno a la familia, adopta un rol paternalista que le lleva a un exagerado proteccionismo, y contribuye a la construcción de la masculinidad de la época, haciéndose de esta forma de nuevo patente, la supeditación de la mujer al varón.

Esta mujer es una “artista”, y como tal se debe desenvolver fuera del espacio privado, en el espacio público perteneciente a los hombres, requiriendo la permanente protección y

acompañamiento de alguien que salvaguarde el honor de la familia, en este caso el rol esta representado por la figura de la tía.

El aspecto religioso, o la religiosidad de la mujer aparece desdibujado, aunque se pone de relieve en determinadas manifestaciones gestuales que aparecen con motivo de los momentos trágicos como, la angustia ante el presentimiento de la “cogida” del novillero en la plaza de toros.

La gestualidad de la protagonista es exagerada, fuma en público, sus miradas son cálidas e insinuantes, sus movimientos suaves y deliberados y sus labios se mueven premeditadamente con intención provocadora, su forma de hablar es afectada, e intencionadamente insinuante, promete sin comprometerse, esto es algo que viola los cánones morales de la época, ya que estas actitudes están en franca oposición a lo que se espera de la mujer ideada por el nacionalcatolicismo.

La ropa que viste es “atrevida” para los estándares de década de los cincuenta, de colores llamativos, lujosos vestidos que se ciñen marcando la figura femenina, realizados en telas que se encuentran fuera del alcance de una economía media de la época, dejando al descubierto parte de la anatomía que hasta la fecha había permanecido oculta tras telas y cortes de traje sobrios y poco ceñidos, incluso cuando utiliza el color negro, éste tiene un tono brillante que resulta atractivo muy lejano del mate que utiliza la mujer española habitualmente.

V.- ESTEREOTIPOS

A lo largo de la película los personajes describen estereotipos propios de la época y tópicos que aún hoy en día conservamos. Analizaremos algunos de ellos.

Dentro de los personajes femeninos, la tía, mujer, de cierta edad, normalmente “soltera” o viuda, sin familia propia, que “cuida” de forma abnegada y entregada a otra familia.

Entre de las características que definen el personaje, es básica la ausencia de unidad domestica natural y de descendencia propia; esta característica la convierte en incompleta, con un vacío, “lo que la obliga a volcar su amor, y sus energías en la protección y cuidado de otras personas”. También se ocupa de custodiar el honor y buen nombre de la familia, en especial de las jovencitas, a su cargo.

Este personaje puede ser un familiar directo, o bien una joven que perteneciente a una familia sin recursos es entregada a otra familia con más medios que necesita mano de obra, y a lo largo del tiempo, a medida que va adquiriendo experiencia y prestigio, pierde o se desarraiga de la familia de origen, siendo adoptada por la familia de destino, dentro de esta familia adoptiva, cobra gran relevancia, ejerciendo una autoridad moral.

Un estereotipo apenas esbozado, es el de la cabaretera libertina, “mujer de vida fácil”, en relación con uno de los personajes masculinos, “el crápula”, noble rico o adinerado, normalmente casado, que a través de dádivas, flores y joyas, pretende obtener los favores de las mujeres del cabaret. En esta situación la aplicación de la doble moral es automática, la

culpable siempre es la mujer, a la que se condena, y que en la literatura siempre es la responsable de la “caída” del hombre, al que se le disculpan sus “debilidades”.

Un estereotipo, tratado con mucho cuidado, es el de la joven “decente”, aparece en relación con el primer amor, al que se entrega, y por el que lucha, lo que no es de extrañar, pues después para ella no hay otra oportunidad. Es en este personaje donde se pueden apreciar las cualidades que deben adornar a la mujer. Este papel lo representa al principio de la narración la protagonista y más tarde, la novia del novillero.

Otro de los personajes estereotipados que nos presenta Orduña, es el del caballero: persona cabal, fiel, leal, honesta y defensora del honor de su dama, independiente del ámbito, incluso en el mundo del cabaret, sabrá estar a la altura, de lo que se espera, representa los valores que deben caracterizar la masculinidad.

Related documents