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CHAPTER 5 CONCLUSION

5.1 Future Work

Ciertamente, en la Geografía nadie “se convierte en griego” en el sentido en el que algunos autores definieron como helenización el fenómeno en virtud del cual determinados individuos o colectivos no helénicos adoptan elementos culturales propiamente griegos hasta el punto de que, cuatro siglos atrás, para un autor como Isócrates el término “griego” ya no designaba a los miembros de una raza sino a quienes comparten una misma cultura, la cultura helénica, la cultura79.

La ocasión en la que más cerca se encuentra Estrabón de reconocer un fenómeno similar la recoge aquel pasaje en el que nuestro autor informa sobre el papel desempeñado por Massalia como “escuela para los bárbaros” y la

79 La perspectiva estraboniana parece así incapaz de suscribir la afirmación formulada por

Isócrates en su Panegírico (380 a.C.) según la cual Atenas “ha conseguido que el nombre de griegos se aplique no a la raza, sino a la inteligencia, y que se llame griegos más a los partícipes de nuestra educación que a los de nuestra misma sangre” (Isoc. IV 50: kai; ma'llon ”Ellhna"

kalei'sqai tou;" th'" paideuvsew" th'" hJmetevra" h] tou;" th'" koinh'" fuvsew" metevconta", trad. de J. M. GUZMÁN HERMIDA, Isócrates. Discursos, II, Madrid, 1979). Sobre los procesos de “helenización”, contemplados siempre en términos culturales, nunca étnicos, y expresados mediante los términos eJllhnivzesqai y ejxellhnivzein, vid. DUBUISSON, 1982, 16-18.

consiguiente transformación de los galos en “filohelenos”80. Pero en el origen de

dicha transformación encontramos no una voluntad civilizadora por parte de los griegos sino la extraordinaria actividad desarrollada por un poder no helénico, Roma, pues en ese mismo pasaje Estrabón recuerda cómo, antes de dedicar su tiempo “a la oratoria y a la filosofía” cuyo aprendizaje ha elevado el nivel cultural de sus vecinos bárbaros, los massaliotas destacaron en la fabricación de máquinas de guerra y de armamento naval, y atribuye la sustitución de una actividad por otra al hecho de que para entonces esos vecinos bárbaros se habían tornado pacíficos y habían progresado hacia la civilización (ejxhmeroumevnwn d∆ ajei) representada por la vida urbana y agrícola gracias precisamente al dominio romano (dia; th;n tw'n ÔRwmaivwn ejpikravteian)81. De

este modo, aunque la acción de los griegos de Massalia sobre los bárbaros galos de su entorno viene a perfeccionar la que con anterioridad habían ejercido los romanos sobre esas mismas poblaciones, sin embargo aquélla no habría sido posible sin ésta.

Pero la acción de Roma explica en la Geografía no sólo el progreso de los galos vecinos de Massalia sino también el de otros pueblos no helénicos que en su misma época Estrabón sitúa en el horizonte cultural propio de la civilización o bien progresando hacia él. Es más: nuestro autor no sólo vincula de manera explícita el progreso de determinados pueblos hacia la civilización

80 Str. IV 1, 5: entre los ciudadanos de Massalia, “en efecto, todos los refinados han tornado

hacia la oratoria y la filosofía, de suerte que su ciudad actuaba poco antes como escuela para los bárbaros y convertía a los galos en filohelenos hasta el punto de que redactaban los contratos en griego” (pavnte" ga;r oiJ carivente" pro;" to; levgein trevpontai kai; filosofei'n, w{sq∆ hJ povli"

mikro;n me;n provteron toi'" barbavroi" ajnei'to paideuthvrion, kai; filevllhna" kateskeuvaze tou;" Galavta" w{ste kai; ta; sumbovlaia eJllhnisti; gravfein); cf. Iust. XLIII 4, 1-2. En la Geografía el término filevllhne" aparece únicamente en otras dos ocasiones y siempre como valoración de poblaciones no helénicas formulada por otros autores y desmentida por Estrabón, en el primer caso cuando nuestro autor critica por exageradas, erróneas y fabulosas las informaciones de Éforo sobre la Céltica, cuyos habitantes eran presentados por dicho autor como filohelenos (IV 4, 6: filevllhnav" te ajpofaivnei tou;" ajnqrwvpou"), y en el segundo cuando parece considerar invención de los tarentinos una tradición según la cual los samnitas eran denominados de este modo debido a su supuesta asociación con una colonia lacedemonia (V 4, 12: tine;" de; kai;

Lavkwna" sunoivkou" aujtoi'" genevsqai fasi; kai; dia; tou'to kai; filevllhna" uJpavrxai, tina;" de; kai; Pitanavta" kalei'sqai).

81 Str. IV 1, 5: “sin embargo, permanecen, en efecto, entre los hombres vestigios de su antiguo

afán, sobre todo en lo relativo a la construcción de máquinas de tiro y al armamento naval. Habiéndose civilizado cada vez más los bárbaros del interior y habiendo cambiado ya hacia la organización política y a la agricultura en lugar de la guerra debido al dominio de los romanos, ya no dedican tanto esfuerzo en las actividades mencionadas” (o{mw" d∆ ou\n i[cnh leivpetai tou'

palaiou' zhvlou para; toi'" ajnqrwvpoi" kai; mavlista peri; ta;" ojrganopoiiva" kai; th;n nautikh;n paraskeuhvn. ejxhmeroumevnwn d∆ ajei; tw'n uJperkeimevnwn barbavrwn kai; ajnti; tou' polemei'n tetrammevnwn h[dh pro;" politeiva" kai; gewrgiva" dia; th;n tw'n ÔRwmaivwn ejpikravteian, oujd∆ aujtoi'" e[ti touvtoi" sumbaivnoi a]n peri; ta; lecqevnta tosauvth spoudhv).

con la adopción del modo de vida, la lengua y las instituciones de Roma por parte de aquéllos, sino que además, lo que es más significativo, actúa en este sentido como nunca lo hace en el caso de Grecia y llega a afirmar literalmente que algunos de esos pueblos “se convirtieron en romanos”, “latinos” o “itálicos”, tal como se observa con los turdetanos, los celtíberos y los pueblos vecinos del río Íber entre otros pueblos de Iberia, los cavaros de la Galia, los umbros y tirrenos que habitan la Cispadana y los campanos82.

Las diversas manifestaciones de este fenómeno quedan resumidas en una declaración introducida a propósito de las condiciones de las tierras y gentes de Europa para progresar hacia la civilización, cuando, tras afirmar que “con un buen gobierno incluso las zonas pobres y llenas de bandidos se civilizan”, nuestro autor ejemplifica lo dicho recordando cómo los griegos alcanzaron la primacía cultural gracias a sus propias cualidades y a pesar de las duras condiciones geográficas del país que habitaban, y a continuación cómo los

82 Str. III 2, 15: “los turdetanos, en particular los que habitan en las proximidades del Betis, se

han tornado por completo al carácter de los romanos y ni siquiera recuerdan ya su propia lengua. La mayoría se ha convertido en latinos y han recibido colonos romanos, de modo que poco les falta para ser todos romanos ... todos los iberos que muestran este carácter son llamados «estolados», y entre éstos se cuentan incluso los celtíberos, que antaño fueron tenidos por los más fieros de todos” (oiJ mevntoi Tourdhtanoi; kai; mavlista oiJ peri; to;n Bai'tin televw" eij" to;n

ÔRwmaivwn metabevblhntai trovpon oujde; th'" dialevktou th'" sfetevra" e[ti memnhmevnoi. Lati'noiv te oiJ plei'stoi gegovnasi kai; ejpoivkou" eijlhvfasi ÔRwmaivou", w{ste mikro;n ajpevcousi tou' pavnte" ei\nai ÔRwmai'oi ... kai; dh; tw'n ∆Ibhvrwn o{soi tauvth" eijsi; th'" ijdeva" stola'toi levgontai: ejn de; touvtoi" eijsi; kai; oiJ Keltivbhre" oiJ pavntwn nomisqevnte" pote; qhriwdevstatoi, trad. de MEANA, 1992, rev.). III 4, 20: “... los llamados ya togados, que es como decir que son pacíficos y que han pasado a un género de vida civilizado y al modo de ser itálico con su togada indumentaria. Son éstos los celtíberos y los que viven cerca del Íber a ambas orillas hasta las zonas marítimas” (... ta; tw'n <togavtwn> h[dh legomevnwn wJ" a]n eijrhnikw'n kai; eij" to; h{meron kai; to;n ∆Italiko;n

tuvpon metakeimevnwn ejn th'/ thbennikh'/ ejsqh'ti. ou|toi d∆ eijsi;n oiJ Keltivbhre" kai; oiJ tou' “Ibhro" plhsivon eJkatevrwqen oijkou'nte" mevcri tw'n pro;" qalavtth/ merw'n, trad. de MEANA, 1992). IV 1, 12: los cavaros “ya no son realmente bárbaros sino que han asimilado en casi todo el modelo romano, tanto por la lengua como por el modo de vida, e incluso algunos por el sistema político” (tw'n Kaouavrwn ... oujde; barbavrou" e[ti o[nta", ajlla; metakeimevnou" to; plevon eij" to;n

tw'n ÔRwmaivwn tuvpon kai; th'/ glwvtth/ kai; toi'" bivoi", tina;" de; kai; th'/ politeiva/, traducción de F. PIÑERO, Estrabón. Geografía. Libros III-IV, Madrid, 1992). V 1, 10: los umbros y tirrenos de la Cispadana “hoy en día son todos romanos” (kai; nu'n ÔRwmai'oi mevn eijsin a{pante"). VI 1, 2: los campanos, “de hecho, lo son sólo de palabra, pero en verdad son romanos, puesto que se han convertido en romanos” (... Kampanouv", kaiv touvtou" lovgw/, to; d∆ ajlhqe;" ÔRwmaivou": kai; ga;r

aujtoi; ÔRwmai'oi gegovnasin), si bien en este caso la transformación adquiere connotaciones peyorativas al enmarcarse en el supuesto proceso de “barbarización” de Magna Grecia (vid.

supra, pp. 52-54). Aunque sin identificarlos literalmente con los romanos, con su dominio se

relaciona asimismo la pacificación y el desarrollo económico y cultural de algunos cántabros (III 3, 8), de las gentes de la Galia en general (IV 1, 2; 4, 2), de los vecinos de Massalia (IV 1, 5) y de los allóbroges (IV 1, 11) en particular y de ciertos pueblos alpinos (IV 6, 6). Asimismo, Estrabón menciona expresamente la relación de Masinissa con Roma cuando afirma que aquél “transformó a los númidas en ciudadanos y agricultores, y les enseñó a actuar como soldados en lugar de como bandidos” (XVII 3, 15: kai; ga;r dh; kai; out tou;" Nomavda" politikou;"

romanos “han enseñado a pueblos más salvajes a vivir civilizadamente (kai;

tou;" ajgriwtevrou" politikw'" zh'n ejdivdaxan)”83.

Estrabón hace así referencia por un lado al modo como los griegos alcanzaron la civilización, y por otro a la labor civilizadora de los romanos. Es ése un planteamiento en función del cual nuestro autor aplica una perspectiva diferente en cada caso y que, por ello, no contempla los resultados derivados de intercambiar esas mismas perspectivas en el planteamiento complementario, esto es, la labor civilizadora de Grecia y el modo como Roma alcanzó la civilización. De hecho, éstas son abordadas posteriormente de manera conjunta en un segundo pasaje que expone de un modo muy particular el único caso en el que Estrabón reconoce implícitamente que el contacto con los griegos ha impulsado a una población no helénica hasta la cima de la civilización.

Ya hemos señalado más arriba cómo, en el marco de la descripción de Beocia, nuestro autor recuerda las que Éforo considera cualidades imprescindibles para mantener la hegemonía, la educación y la cultura, la razón y el trato con los seres humanos (ajgwghv kai; paideiva, lovgo" kai; oJmiliva th'"

pro;" ajnqrwvpou") y cómo, desde su condición de heleno y en función de la

visión polar tradicional, a su vez recomienda a los griegos guiarse por ellas en sus relaciones con otros griegos, mientras que frente a los bárbaros considera preferible recurrir a la fuerza84. Pero seguidamente Estrabón remata su

83 Str. II 5, 26: en Europa, “en la parte habitada, la de clima extremado y la montañosa es

penosa de habitar por su naturaleza, aunque con un buen gobierno incluso las zonas pobres y llenas de bandidos se civilizan. Como es el caso de los griegos, que con un país montañoso y pedregoso lo habitaron felizmente por su previsión en la política, en las artes y en cualquier otro dominio de la inteligencia referente a la vida. Y los romanos, que se han hecho cargo de muchos pueblos incultos por naturaleza, por las regiones que habitan o por ser escarpados o sin puertos o helados o difíciles de habitar por cualquier otro motivo, han trenzado lazos entre pueblos que estaban desprovistos de ellos y han enseñado a pueblos más salvajes a vivir civilizadamente” (th'" d∆ oijkhsivmou to; me;n dusceivmeron kai; to; ojreino;n mocqhrw'" oijkei'tai th'/ fuvsei, ejpimelhta;"

de; labovnta ajgaqou;" kai; ta; fauvlw" oijkouvmena kai; lh/strikw'" hJmerou'tai: kaqavper oiJ ”Ellhne", o[rh kai; pevtra" katevconte" w[/koun kalw'" dia; provnoian th;n peri; ta; politika; kai; ta;" tevcna" kai; th;n a[llhn suvnesin th;n peri; bivon, ÔRwmai'oiv te polla; e[qnh paralabovnte" kata; th;n fuvsin ajnhvmera dia; tou;" tovpou" h] tracei'" o[nta" h] ajlimevnou" h] yucrou;" h] ajp∆ a[llh" aijtiva" dusoikhvtou" polloi'" touv" te ajnepiplevktou" ajllhvloi" ejpevplexan kai; tou;" ajgriwtevrou" politikw'" zh'n ejdivdaxan, trad. de J. GARCÍA BLANCO, Estrabón. Geografía. Libros I-II, Madrid, 1991, rev.). Sobre el progresivo desarrollo de una concepción positiva de la asimilación como resultado de la acción de Roma, vid. P. GROS, “Le Barbare humanisé ou les limites de l’humanitas”, en C. AUVRAY-ASSAYAS (ed.), Images romaines, París, 1998, 143-159.

84 Str. IX 2, 2: Éforo “elogia el país (sc. Beocia) por estas razones, y dice que por naturaleza está

bien dotado para la hegemonía, pero que quienes sucesivamente estuvieron al frente de ella no se preocuparon de la educación y la cultura, y que por ello, aunque en ocasiones lograron algún éxito sólo pudieron mantenerlo por poco tiempo, como se demuestra en el caso de Epaminondas, pues, después de su muerte, los tebanos perdieron inmediatamente la hegemonía,

aportación personal al pasaje planteando el desarrollo de esas mismas cualidades en Roma como una evolución desde los tiempos en los que sus gentes no necesitaban de ellas porque trataban sólo con “pueblos más salvajes” (ajgriwtevroi" e[qnesi), hasta aquellos otros posteriores en los que las incorporaron y desarrollaron por y para relacionarse con “pueblos y tribus más civilizados” (hJmerwvtera e[qnh kai; fu'la), lo que finalmente les permitió hacerse con el dominio del mundo85.

La denominación “pueblos más salvajes” (ajgriwvtera e[qnh) engloba en el primer pasaje a todos aquéllos que han progresado hacia la civilización gracias al dominio romano, y en el segundo sin duda a las poblaciones itálicas y célticas con las que Roma se enfrentó durante los primeros siglos de su historia, mientras que la fórmula “pueblos y tribus más civilizados” (hJmerwvtera e[qnh

kai; fulaiv), presente únicamente en este último caso, alude evidentemente al

mundo helénico, pues sólo de él podía aprender Roma las cualidades que presiden el trato con gentes civilizadas, esto es, con los propios griegos, y en principio sólo con ellos podía practicarlas para mantener la hegemonía, pues a ningún otro pueblo reconocería en ese momento Estrabón un estatuto semejante.

Los dos pasajes nos enfrentan a tres momentos diferentes de la historia de Roma: en el primero sus gentes tratan únicamente con pueblos más salvajes; sin haberla gustado apenas; y que la causa de esto fue que rebajaron la razón y el trato con los seres humanos y únicamente se cuidaron de las virtudes militares. Conviene añadir que aquéllas son útiles sobre todo en relación con los griegos, del mismo modo que frente a los bárbaros la fuerza resulta preferible a la razón” (th;n m;n ou\n cwvran ejpainei' dia; tau'ta, kaiv fhsi pro;"

hJgemonivan eujfrw'" e[cein, ajgwgh'/ de; kai; paideiva/ mh; crhsamevnou" ejpimelei' tou'" ajei; proi>stamevnou" aujth'", eij kaiv pote katwvrqwsan, ejpi; mikro;n to;n crovnon summei'nai: kaqavper ∆Epameinwvnda" e[deixe. peleuthvsanto" ga;r ejkeivnou th;n hJgemonivan ajpobalei'n eujqu;" tou;" Qhbaivou", geusamevnou" aujth'" movnon: ai[tion de; ei\nai to; lovgwn kai; oJmiliva" th'" pro;" ajnqrwvpou" ojligwrh'sai, movnh" d∆ ejpimelhqh'nai th'" kata; povlwmon ajreth'". e[dei de; prosqei'nai diovti tou'to pro;" ”Ellhna" mavlista crhvsimovn ejstin, ejpei; prov" ge tou;" barbavrou" biva lovgou kreivttwn ejstiv, trad. de TORRES ESBARRANCH, 2001, rev.).

85 Str. IX 2, 2: “y así los romanos, antiguamente, combatiendo con pueblos más salvajes, n o

tenían necesidad de tales preceptos, pero, a partir del momento en el que comenzaron a tener trato con razas y pueblos más civilizados, se aplicaron también a esta educación y se establecieron como señores de todo” (kai; ÔRwmai'oi de; to; palaio;n me;n ajgriwtevroi" e[qnesi

polemou'nte" oujde;n ejdevonto tw'n toiouvtwn paideumavtwn, ajf∆ ou| de; h[rxanto pro;" hJmerwvtera e[qnh kai; fu'la th;n pragmateivan e[cein, ejpevqento kai; tauvth/ th'/ ajgwgh'/ kai; katevsthsan pavntwn kuvrioi). Cf. XVII 3, 24: los romanos “se hicieron con toda Italia combatiendo y actuando de u n modo civilizado, y ... después, sirviéndose de esas mismas cualidades, se dirigieron hacia las regiones situadas en torno a Italia” (o{ti me;n ou\n ejk mia'" oJrmhqevnte" povlew" th'" ÔRwvmh"

a{pasan th;n ∆Italivan e[scon dia; to; polemei'n kai; politikw'" a[rcein ei[rhtai, kai; diovti meta; th;n ∆Italivan ta; kuvklw/ prosekthvsanto th'/ aujth'/ ajreth'/ crwvmenoi).

en el segundo entran en contacto con pueblos más civilizados, los griegos, y de ellos adoptan las cualidades necesarias para mantener la hegemonía; en el tercero los romanos disfrutan ya de esa hegemonía, representan junto con los griegos la cima de la civilización y, desde esa posición, civilizan a su vez a pueblos más salvajes a los que han sometido. En dos de estos momentos, los situados en los extremos, los romanos son contemplados en relación con “pueblos más salvajes”: en el primero se sitúan en niveles inferiores de la cultura, si bien no tan bajos como los de las gentes a las que combatían, aunque Estrabón no dice por qué, pues ni unos ni otras se hallan en posesión de las cualidades que permitirían distinguir en términos culturales entre ellos; en el tercero, tras adquirir y desarrollar esas cualidades, figuran a la altura de los que antes habían sido calificados como pueblos más civilizados y por encima de otros que han progresado o continúan progresando culturalmente gracias a la acción que Roma ejerce sobre ellos. Sin embargo, en ambos casos los denominados ajgriwvtera e[qnh son en realidad los mismos: en el pasado eran considerados como tales todos los pueblos con los que tenía contacto la propia Roma a excepción, de manera implícita pero evidente, de los griegos, pues todavía no se habían cruzado sus destinos; y más tarde, cuando Roma haya alcanzado el nivel superior de la civilización, desde la visión estraboniana presidida por una Roma señora de la ecúmene los “pueblos más salvajes” que progresan culturalmente continúan siendo todos los sometidos a ella a excepción, de manera igualmente evidente que antes, de Grecia, a cuyo lado se encuentra ahora la propia Roma.

Entre los dos extremos del proceso tiene lugar una doble transformación fundamental. Por una parte, la de Roma, antes culturalmente inferior a Grecia y ahora a su lado en la cima de la civilización. Por otra, y como consecuencia de la anterior, la de otros pueblos más salvajes que han progresado hacia la civilización precisamente gracias a la acción de Roma, pues si antaño los romanos actuaban frente a esos pueblos más salvajes tal como, en opinión de Estrabón, deben hacerlo los griegos frente a los bárbaros —esto es, con la fuerza—, por contra en la época de nuestro autor la actitud de Roma para con ellos admite una posibilidad alternativa radicalmente diferente por cuanto es su dominio sobre aquéllos a los que ha sometido lo que los impulsa hacia la civilización mediante la difusión de las cualidades que la propia Roma aprendió antes de los griegos y que ahora le permiten mantener su hegemonía, esto es, “la educación y la cultura, la razón y el trato con los seres humanos” (ajgwghv

kai; paideiva, lovgo" kai; oJmiliva th'" pro;" ajnqrwvpou")86. Roma aparece así en

todo momento y ya desde el principio como un auténtico tertium genus, diferenciado antes y ahora respecto de todos los demás pueblos, que progresa hacia la civilización a partir de su relación con los griegos y a lo largo de un proceso único cuyos resultados se revelan excepcionales por cuanto, al final del mismo, no sólo mantiene su identidad, sino que además se revela capaz de civilizar a su vez a otros pueblos87. Y precisamente en función de esa condición

de tertium genus es por lo que, habiendo constatado por un lado la presencia en la Geografía de la polaridad griegos-bárbaros en sus términos más estrictos, y por otro la realidad de esa doble transformación a la que acabamos de referirnos, podemos analizar a continuación la coexistencia en la obra de Estrabón de una mentalidad helenocéntrica presidida por la polaridad tradicional y, a su lado, la celebración del dominio romano sobre la ecúmene.

Ambas perspectivas afirman por igual la supremacía cultural helénica, y lo hacen tanto en el pasado como en el presente. Es más, el salto de una a otra no sólo no modifica esa primacía sino que la reafirma: antes los griegos ocupaban en exclusiva la cima de la civilización, y ahora, lejos de haberse

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