Chapter 4. Conclusion and Future Work
4.2 Future work
El estamento nobiliario estaba integrado por nobles, que tenían unos mínimos de semejanza en lo que se refiere a privilegios legales, pero cuyas diferencias sociales dentro del mismo eran altas, y con una rigurosa jerarquía. Por un lado la alta nobleza (grandes y titulados) y por otra la baja (hidalgos) cuya diferencia era mayor que la de estos con los labradores pecheros. Los titulados eran los duques, marqueses, condes, vizcondes y barones; los grandes son una minoría con sangre real, a los que Carlos V,
595 GONZALO SÁNCHEZ-MOLERO, José Luis. El aprendizaje cortesano de Felipe II. (1527-151546).
La formación de un príncipe del Renacimiento. Madrid: Sociedad Estatal para la conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1999, pp. 14, 54 y 233-234.
596 REQUESENS, E. de. Cartes íntimes d’una dama catalana del segle XVI: Epistolari de Estefania de
Requesens a la seva mare la comtessa de Palamós. Ed. de Maite Guisado. Barcelona, 1987.
597 FERNÁNDEZ DE Oviedo, Gonzalo. Libro de la Cámara Real del Príncipe Don Juan e oficios de su
Casa e seruiçio ordinario. Madrid, 1870.- FABREGAT BARRIOS, Santiago. Estudio y edición crítica del “Libro de la Cámara Real del Príncipe Don Juan e oficios de su casa e servicio ordinario” de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés. Tesis doctoral dirigida por Miguel Ángel Pérez Priego. Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2001.
598 GONZALO SÁNCHEZ-MOLERO, José Luis. El aprendizaje cortesano de Felipe II. (1527-151546).
La formación de un príncipe del Renacimiento. Madrid: Sociedad Estatal para la conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1999, conf. “Introducción”, pp. 13-15.
599 FERNÁNDEZ DE Oviedo, Gonzalo. Libro de la Cámara Real del Príncipe Don Juan e oficios de su Casa e seruiçio ordinario. Madrid, 1870.- MUT CALAFELL, Antonio. Inventario del Archivo del Infante Don Gabriel de Borbón.- Madrid: Ministerio de Cultura, 1985.
en 1520 otorgó esta consideración. Los hidalgos, llamados también infanzones en Aragón y donceles en Cataluña y Valencia, son caballeros, cuando su peso económico y social es alto; en Cataluña hay que añadir a los ciutadans honrats”, con ingresos suficientes y sin antecesores dedicados a oficios manuales. La mayoría de los hidalgos se concentran en la parte norte de la Península, mientras que los nobles y titulados se reparten por toda la geografía, y a partir del s. XVI se concentran en la corte.600
En el mundo medieval, los feudos se transmiten de padres a hijos, mediante la fuerza y la estirpe; pero los segundones, que no heredan, o se incorporan al servicio de otro señor, como paje, escudero y caballero, si consiguen ser armados tras un aprendizaje en “armas y cortesía”; o lo hacen al servicio de la Iglesia. Estos caballeros tendrán sus propios códigos religiosos y de cortesía, cuyos modelos se difundirán a través de la literatura caballeresca de cuyos libros, para Cervantes, sólo se salva el Amadís.601
Ladero Quesada602 ha estudiado la renovación y consolidación de la nobleza en la baja
Edad Media, el modo de vida noble, y su ideal en relación al caballero y la caballería y su forma de vida y valores morales. La educación caballeresca y religiosa era norma en las casas nobles de la época según el Memorial de crianza y banquete virtuoso para criar hijos de Grandes, de Gaspar de Tejeda, editado en 1548. Los monarcas procurarán la sujeción de la caballería a la realeza, con la creación de órdenes caballerescas, como las de la Banda, 1332, la del Espíritu Santo, la de la Jarra y el Grifo, o la de Buena fe, que no tuvieron nunca la importancia de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara, que incorporarían a la Corona para controlar su potencial militar y rentas. El conocimiento, en el siglo XVI aparecerá como instrumento generador de una nueva estratificación social. De los nobles se pretenderá someterlos a su rey y que se diferencien del pueblo. Se contará con la educación como principal artífice. Príncipes, primogénitos y herederos de la nobleza se dedicarán a la milicia, y en su formación tendrán maestros domésticos, incorporándose a las órdenes militares, y adquiriendo conocimientos de la táctica militar. Los cortesanos verán a sus hijos y herederos educarse en la escuela palatina, y en la escuela de pajes, al menos en vida de la reina Isabel.
Los segundones ingresarán en los colegios de estudios, colegios mayores- considerados una auténtica escuela de gobierno - y universidades, para trabajar como “letrados” en Audiencias y Chancillerías, y los más aptos o mejor relacionados, en los distintos Consejos y Secretarias de la Corona; mientras que los que sigan la carrera eclesiástica, por medio de los estudios teológicos y el derecho canónico, desempeñarán cargos en la administración eclesiástica,
600 FLORISTAN IMICOZ, A. “La sociedad”, en Historia general de España y América. La época de
plenitud. Hasta la muerte de Felipe II (1517-98). Madrid: Rialp, 1986, I, pp. 276-284. Cit. por VICO, M. “Educación de caballeros”, en DELGADO CRIADO, Buenaventura (coord.). Historia de la Educación en España y América. 2. La Educación en la España Moderna (siglos XVI-XVIII). Madrid: Ediciones S.M. Fundación Santamaría, 1993, pp. 308-319, conf. 309-310.
601 FALLOWS, N. “Chivalric manuals in medieval Spain: the doctrinal de los cavalleros (c. 1444) of Alfonso de Cartagena”. Journal of Medieval an Renaissance Studies, 1994.- MARTÍN, J. L.; SERRANO- PIEDECASAS, L. “Tratados de caballería. Desafíos, justas y torneos”, en Espacio, tiempo y forma, 1991.
602 LADERO QUESADA, Miguel Ángel. “La consolidación de la nobleza en la Baja Edad Media”, en
IGLESIAS, Carmen (ed.). Nobleza y Sociedad en la España moderna. I. Oviedo: Ediciones Nobel, 1996, pp.11-45.
El conocimiento, pues, reforzado por las disposiciones de Trento, será la vía de promoción de los eclesiásticos, a los que nos referiremos más adelante, mientras que de las mujeres nobles diremos también algo en su momento.
De los no pocos tratados sobre educación de los nobles,603 destacan el de Alonso
Fernández de Madrid titulado Enquiridio o manual del cauallero christiano (impreso antes de 1526) que a lo largo del s. XVI sería reeditado catorce veces, y Del concejo y consejeros del príncipe (Amberes, 1559), de Furió Ceriol,604 pero sin duda el más
famoso será El Cortesano, de Baltasar de Castiglione,605 que en sus cuatro tomos,
aborda, en forma dialogada, las virtudes del perfecto caballero, de la perfecta dama, del príncipe y del amor platónico, en una síntesis entre el ideal de cortesano y el de la cultura literaria propia del humanismo.
En la Corona de Castilla, Joseph Pérez ha estudiado la nobleza del s. XVI,606 en la que
identifica tres grupos: Arriba, los grandes y títulos, dos o tres docenas de familias, que llevan apellidos ilustres, y que poseen títulos de duques, condes o marqueses, y algunos, además son grandes de España, palabra que equivale a la más antigua de “ricos hombres”. Segundo, los caballeros, que pueden pertenecer a una de las Órdenes Militares de Santiago, Alcántara o Montesa; señores de vasallos; y componentes de las oligarquías municipales, pues tenían reservadas, al menos, la mitad de los cargos concejiles. En tercer lugar, los hidalgos, que pueden ser de solar conocido o hidalgos notorios; e hidalgos de privilegio, por compra o por confirmación ante la Chancillería de Valladolid. Todos ellos, desde los grandes a los hidalgos forman un estamento privilegiado y gozan del privilegio de hidalguía, por el que se diferencian de los pecheros, en que no pagan impuestos directos. En números, los grandes en 1520 son 25 familias y 35 de títulos; en 1598, a finales de la centuria, son 41 y 99 respectivamente. En 1591, los hidalgos, en el sentido amplio de la palabra – exención fiscal- son 600.000 personas, un 10% de la población, uno de los índices mayores de Europa, donde la nobleza no pasa del 3%. Su distribución varía del norte a sur, en proporciones que van del 75% en Asturias, al 3% en Extremadura; y se concentra en los grandes núcleos urbanos, donde labrarán palacios suntuosos. La movilidad social es grande, y hay casos paradigmáticos, como el de Francisco de los Cobos, secretario de Carlos V; el ascenso puede producirse por valor, es decir, méritos de guerra; virtud o mérito personal, o servicios civiles; y riqueza. La aristocracia se renovará con la ascensión de letrados y burgueses enriquecidos, que pretenderán la exención fiscal; y en su conjunto, se negará a cumplir con la contrapartida de este privilegio, la función guerrera, que quedará en manos de profesionales. La situación de este grupo privilegiado no es distinta de la que se encuentra en otras naciones de Europa occidental.
603 LÓPEZ DE MONTOYA, P. Libro de la buena educación y enseñanza de los nobles en el que se dan muy importantes avisos a los padres para criar y enseñar bien a sus hijos. Madrid: Vda. de Madrigao, 1595.
604 Ed. H. Méchoulan, 1993, cit. por GIL FERNÁNDEZ, Luis. [et al.]. La cultura española en la Edad Moderna. Madrid: Itsmo, 2004, pp. 114-115.
605 CASTIGLIONE, Baltasar de. El Cortesano (1528). (Trad. De J. Boscán, P. de Monpezar, Barcelona, 1534). Introducción y notas de R. Reyes Cano. Madrid: España-Calpe, 1984.
606 PÉREZ, Joseph. “La aristocracia castellana en el siglo XVI”, en IGLESIAS, Carmen (ed.). Nobleza y Sociedad en la España moderna. I. Oviedo: Ediciones Nobel, 1996, pp. 47-71
Con carácter general, Domínguez Ortiz,607 al analizar la situación de la nobleza en el
siglo XVII destaca su pérdida de peso político, al dejar de estar presente el brazo noble en las Cortes castellanas, que dejan de convocarse a partir de 1665; y tampoco las Órdenes Militares, aglutinadas por uno de los Reales Consejos, podía ser su portavoz, controladas como estaban por el rey, Pero a partir de Felipe III, en 1598, un grupo de cortesanos invadirán la Corte, se apoderarán de la voluntad regia, y obtendrán grandes provechos: el marqués de Denia, luego duque de Lerma, el duque de Uceda, el Conde- Duque de Olivares, o D. Luis de Haro.608 Al contrario, los caballeros sufrieron la
competencia de los recién llegados por compra de títulos, ricos terratenientes y mercaderes, mientras que los hidalgos se desvalorizaban, sobre todo en la costa cantábrica, aunque su proporción parece que no varió; y en su conjunto, todos desertaron del servicio de las armas, más atraídos por los puestos de la administración, como ha comprobado Fayard,609 en su estudio de los Colegios Mayores, acaparados por
los segundones de las casas nobles, comprobable por sus expedientes de limpieza de sangre. Es lo que Maravall denomina “la desmilitarización de la nobleza”.610 No faltan,
sin embargo, los casos de ascensión social, desde la hidalguía al título, como ha ejemplificado Anes611 con Benito Trelles Coalla Villamil y Santoira, que de hidalgo
pobre oriundo del valle del Navia, estudioso, gran jurista y gran señor, que hizo fortuna en Italia, donde concertó ventajosos matrimonios, llegando al Consejo de Castilla, obteniendo el título de marqués de Torralba, y fundado mayorazgo en la persona de su hijo Gonzalo. Las concesiones de títulos se pueden localizar en los registros de la Cámara de Castilla.
Tras la muerte de Carlos II sin descendencia, una buena parte de la nobleza española,612
como el Almirante de Castilla, el Conde de Oropesa, o el duque de Medinaceli, optó por el pretendiente austriaco. La alta nobleza castellana se mostró, más que hostil, recelosa e indiferente a los Borbones; y en la Corona de Aragón, frente a la pequeña nobleza filoaustracista, la gran nobleza se manifestó titubeante por el hecho de sus parentescos con la nobleza castellana. El archiduque Carlos de Austria promocionó social y políticamente a sus partidarios, concediéndoles títulos y cargos, como al conde de Cifuentes, al de Savellá, al marqués de Rafal o al duque de Híjar, y mantuvo en Barcelona una corte rica en festejos, especialmente de carácter musical. Al término de la guerra de Sucesión, los partidarios del archiduque, futuro Carlos VI, sufrirán confiscaciones y destierros, como D. Luis de la Cerda, el duque de Medinaceli o el
607 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. “La nobleza como estamento y grupo social en el siglo XVII”, en
IGLESIAS, Carmen (ed.). Nobleza y Sociedad en la España moderna. I. Oviedo: Ediciones Nobel, 1996, pp. 119-133.
608 Tomás y Valiente ve en el fenómeno de los validos, forma de gobierno que se repite en Inglaterra con
Buckingham y en Francia con Richelieu y Mazarino, una causa estructural, ligada al sistema y no sólo a los caracteres de las personas; además, el valido puede ser objeto de las críticas que no se pueden hacer del monarca: TOMÁS Y VALIENTE, Francisco. “El poder político, validos y aristócratas”, en IGLESIAS, Carmen (ed.). Nobleza y Sociedad en la España moderna. I. Oviedo: Ediciones Nobel, 1996, pp. 141-166, conf. p. 147, 149-150.
609 FAYARD, Jeannine. Les membres du Conseil de Castille á l’époque moderne. (1621-1746). Paris: Librairie E. Droz, 1979.
610 MARAVALL, José Antonio. Poder, honor y élites en el siglo XVII. Madrid: Siglo XXI, 1979, p. 203. Citado por PÉREZ, Joseph. “La aristocracia castellana en el siglo XVI”, en IGLESIAS, Carmen (ed.). Nobleza y Sociedad en la España moderna. I. Oviedo: Ediciones Nobel, 1996, pp. 47-71, conf. p. 62. 611 ANES, Gonzalo. “La ascensión social en el estamento nobiliario: de la hidalguía al título”, en IGLESIAS, Carmen (ed.). Nobleza y Sociedad en la España moderna. I. Oviedo: Ediciones Nobel, 1996, pp. 195-215.
612 LEÓN SANZ, Virginia. “La nobleza austracista. Entre Austrias y Borbones”, en IGLESIAS, Carmen (ed.). Nobleza y Sociedad en la España moderna. I. Oviedo: Ediciones Nobel, 1996, pp. 49-77.
conde de Lemos, y sus diplomas y títulos serían destruidos, lo que también se haría con los que permanecieron en España. Los exiliados recibieron una acogida favorable por parte del emperador y dejarán su impronta en la ciudad de Viena. La paz de 1725 establecía la amnistía y perdón general de los exiliados, como el conde de Oropesa o el Marqués de Rafal, aunque algunos prefirieron quedarse, como el conde de Savellá. Para las relaciones diplomáticas, tratados de paz y títulos concedidos por el archiduque, hay que consultar la Sección de Estado del Archivo Histórico Nacional.
Para el siglo XVIII,613 algunos Grandes, algunos nobles de la nobleza media o baja,
clérigos y profesionales de origen también noble, e hidalgos, serán el fundamento de la Ilustración española. El único Grande que participó en el gobierno de la nación será el Conde de Aranda. El estatuto jurídico de los nobles no sufre cambios, pero sí disminuye en número, especialmente el de hidalgos, que pasan de 722.000 en 1768, el 8% de la población, a 403.000 en 1797, el 3,8%, por las políticas restrictivas sobre empadronamientos y censos, dirigido contra los hidalgos pobres; y el de las grandes Casas, por un proceso de concentración y endogamia, aunque el número de títulos aumenta por la prodigalidad de Felipe V, Carlos III y Carlos IV en concederlos. Paulatinamente, por otro lado, la nobleza media y baja, una “élite hidalga” se irá incorporando a todos los sectores productivos, al ejército, y a las actividades económicas más variadas, e incluso desplazará a la alta nobleza en el campo político. Significará el triunfo de los “manteistas” sobre los “colegiales mayores”. Por su parte, los Grandes, detentadores de un alto poder económico, concentraron títulos y riquezas en razón del mayorazgo, y convocados a la Corte, donde competían por los cargos palatinos, abandonaron sus lugares de origen, sustituyendo la ejemplaridad ética de la gloria y la excelencia, por la estética del poder y la riqueza, e incluso haciendo dejación de ésta en el fenómeno del majismo, por el que imitaban al pueblo bajo. El intento de Godoy,614 quizás el último ilustrado, de crear un “nobiliario nacional” para mantener
una cierta nobleza histórica, capaz de prestar servicios al Estado, con el fin de poner freno a las facciones y ser su guardiana, no prosperó. Sobre las relaciones entre Aranda y el Príncipe de Asturias, y de Godoy, Carlos IV, la Reina María Luisa y Luciano Bonaparte, se puede consultar el Archivo Secreto de Fernando VII, en el Archivo del Real Palacio.
En cuanto a su educación, los nobles acomodados educaban a sus hijos en la propia mansión, contratando preceptores particulares licenciados en las Universidades; y la nobleza menos pudiente internaba a sus hijos en colegios de jesuitas o mandaban a los segundones a los Colegios Mayores para que pudieran acceder después a algún cargo jurídico o similar.615
En cuanto a los ideales nobiliarios que contribuyeron a reforzar el sistema señorial, determinados comportamientos configuran una moral social nobiliaria, apoyados por la Iglesia en su código de moral social “cristiana”, que como algunos comentaristas de la
613 IGLESIAS, Carmen. “La nobleza ilustrada del XVIII español. El conde de Aranda”, en IGLESIAS,
Carmen (ed.). Nobleza y Sociedad en la España moderna. I. Oviedo: Ediciones Nobel, 1996, pp. 249-288. 614 RÚSPOLI Y MORENÉS, Enrique. “La aristocracia ante la crisis del Antiguo Régimen: Godoy”, en IGLESIAS, Carmen (ed.). Nobleza y Sociedad en la España moderna. I. Oviedo: Ediciones Nobel, 1996, pp. 297-317.
615 TABERNER GUASP, José. Teoría sociológica y educación. Córdoba: Universidad de Córdoba, 1997, p. 183.
época afirman, contradice el mensaje evangélico, y formaron el cuadro menos cristiano de la Iglesia de Roma a través de su Historia616.
Es conocido el papel que el “grand tour” tenía en la educación de los jóvenes británicos de familias distinguidas, y se pensaba que esa afición al viaje formativo no formaba parte de las inquietudes de los españoles, a quienes se consideraba poco proclives a viajar. Sin embargo, esta visión es totalmente falsa, y Álvarez de Miranda habla, para el siglo XVIII de un viajar dieciochesco, roussoniano, como vía de conocimiento y medio de formar el espíritu.617 Ya en 1686 el tercer conde de Fernán Núñez (Francisco
Gutiérrez de los Ríos) publicaba el trabado de educación El hombre práctico, reeditado en 1764 y 1787; Clavijo y Fajardo en El pensador, en 1762, “Modo de que los viajes sean útiles”, o Campomanes su “Discurso sobre la utilidad de los viajes a los países extraños”. Vega Domínguez menciona, como “viaje total”, los del menorquín Bernardo José Olives de Nadal, Antonio Ponz, y Leandro Fernández de Moratín, que nos dan una visión sobre el mundo ilustrado europeo, y de sus instituciones docentes y sabias, no siempre admirativa.618