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Chapter 5. Conclusions and Future Work

5.2 Future Work

Luego de caracterizar la toma de decisiones, las funciones ejecutivas y determinar los predictores neuropsicológicos del primer proceso mencionado, se decidió realizar un análisis de los datos que permitiera determinar qué instrumentos e indicadores son más útiles a la hora de clasificar la pertenencia de los participantes a uno u otro grupo. Este elemento facilita la determinación de posibles “falsos-positivos”, o sea, los diagnósticos de Trastorno Disocial que pudieran no serlo, incrementando la precisión clínica (Ritsner, 2009). Para ello se desarrolló un árbol de decisiones (CHAID), tal y como muestra la figura 4(la figura 4 muestra solamente la ramificación correspondiente al primer nodo, la figura 5 presenta las interacciones del segundo nodo).

Figura 4. Interacciones del Índice General de Toma de decisiones con los errores de comisión R. (Las ramas del Nodo 2 se encuentran ocultas (Ver figura 4).

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Los resultados muestran que el Índice General de Toma de Decisiones es una variable de gran importancia para la diferenciación clínica de la muestra, resultando el primer indicador que diferencia a los grupos, generando los nodos 1, 2, 3 y 4. Por su parte los nodos 1 y 2, muestran interacciones con la variable “errores de comisión R” (Figuras 4 y 5). Este resultado indica la manera en la que interactúa el control inhibitorio y la toma de decisiones en los resultados obtenidos por los participantes, permitiendo su clasificación con distintos grados de precisión.

En el caso del Nodo 1, el árbol muestra que los valores inferiores a -8 en el índice general de toma de decisiones clasifican a un número mayor de adolescentes que pertenecen al grupo de estudio que al grupo de control. Específicamente 80 integrantes del grupo de estudio presentan un índice inferior a -8, mientras que 38 son parte del grupo de control. Este nodo interactúa además con el control inhibitorio, mostrando que los valores inferiores a -8 en aquellos participantes que no cometen errores de comisión corresponden solamente al grupo de control. Este resultado indicaría que las dificultades en la toma de decisiones que se muestra a través del IGT en estos adolescentes no se debe necesariamente a dificultades en el control inhibitorio, sino que pudieran estar relacionados con otros procesos ejecutivos u otros factores no específicos (Fairchild, van Goozen, et al., 2009).

Por su parte, los bajos índices de toma de decisiones cuando se acompañan de errores de comisión R (seleccionar un estímulo que debe ser ignorado) clasifican adecuadamente a un importante número de adolescentes del grupo de estudio. Específicamente la comisión de más de 12 errores hasta alcanzar los 16 clasifica globalmente 20 adolescentes, el 70% de ellos en el grupo de estudio.

Por último, del total de participantes que cometieron más de 16 errores de comisión y presentaron puntuaciones inferiores a -8 en la toma de decisiones solamente 2 correspondieron al grupo de control (Nodo 6), y 66 al grupo de adolescentes con trastorno disocial (97.1%) (Nodo 7). Los resultados obtenidos en esta primera rama muestran que la combinación entre valores negativos en el índice de toma de decisiones y la elevada comisión de errores de comisión R (dificultades en el control inhibitorio) son una combinación que permite detectar con elevada sensibilidad aquellos participantes que cumplen los criterios para el diagnóstico de Trastorno

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Disocial. El Nodo 2 (Figura 5) muestra que una parte importante alcanza valores en el índice general de toma de decisiones entre los -8 y los -10, clasificando un número importante de participantes en ambos grupos que alcanzaron estos valores en el Test de Cartas de Iowa (Nodo 2). Las diferencias entre ambos grupos se presentan de mejor forma a través de las interacciones entre la variable de toma de decisiones y el control inhibitorio (Nodos del 8 al 12).

Figura 5. Interacciones del Índice General de Toma de decisiones con los errores de comisión R. (Las ramas del Nodo 1 se encuentran ocultas (Ver figura 3).

Fuente: SPSS 21.0.

Como muestra la figura 5, cuando los valores bajos en la prueba de toma de decisiones se acompañan igualmente de pocos errores de comisión de la letra R se puede clasificar correctamente un importante número de participantes en el grupo de

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control (Nodos 8, 9 y 10). Incurrir en menos de 10 errores en la variable de inhibición y hasta 14, con índices incluidos en el rango -8(-10) clasifican adecuadamente en el grupo de control a 94 adolescentes. Sin embargo, cuando disminuye el control inhibitorio (mayor cantidad de errores de comisión R) el número de adolescentes con conducta disocial se incrementa considerablemente (Nodos 11 y 12).

En este caso, de 120 adolescentes del grupo de estudio que inicialmente fueron clasificados en el Nodo 2, 110 (el 51% del total de la muestra) fueron agrupados en los nodos 11 y 12. Consistente con los resultados descritos en el Nodo 1 (Figura 4). La comisión de más de 14 errores en la variable de control inhibitorio es un buen indicador para la agrupación de los integrantes del grupo de estudio, siendo la comisión de más de 16 errores un valor crítico para la interacción con la toma de decisiones (Nodo 12). Por último los Nodos 3 y 4 no mostraron interacciones con el control inhibitorio, correspondiendo a las puntuaciones elevadas en el índice de toma de decisiones. En este caso el rango de puntuaciones entre 11 y 21 y más de 21 clasifica acertadamente un grupo importante de participantes del grupo de control, siendo muy bajo los miembros del grupo de estudio los que alcanzan puntuaciones elevadas en la toma de decisiones (solamente 12 adolescentes).

En el caso particular de estos adolescentes la inexistencia de interacciones con el control inhibitorio y las puntuaciones adecuadas en la toma de decisiones podrían indicar la presencia de falsos positivos al diagnóstico de Trastorno Disocial. Este planteamiento no puede absolutizarse pues podrían corresponder a adolescentes con niveles insipientes de manifestación del trastorno o que presentan otra alteración psicopatológica. De igual forma, se aprecia que el proceso de control inhibitorio posee una importante participación en los resultados obtenidos en la prueba de toma de decisiones. En este sentido, las particularidades entre los grupos en cuanto a estos mecanismos y sus interacciones permiten no solo diferenciarlos neuropsicológicamente, sino además, clasificarlos clínicamente con elevados niveles de certidumbre.

Los resultados expuestos en este epígrafe aportan evidencia empírica sobre la posibilidad de establecer marcadores neuropsicológicos para el diagnóstico del trastorno disocial, elemento que favorecería su detección temprana con fines

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preventivos y permitiría la elaboración de programas de atención para estos menores. En concordancia con este planteamiento se encuentran los estudios que han planteado que las dificultades en el control inhibitorio son más frecuentes en los adolescentes con Trastorno Disocial si se compara con el resto de las alteraciones psicopatológicas que se diagnostican en esta edad (Mathias, et al., 2008; Pihet, et al., 2012; Thompson, et al., 2006).

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