CHAPTER 8 CONCLUSIONS AND FUTURE WORK 171
8.2 Future Work 174
Un apartado importante lo constituye el debate con el psicoanálisis, que ampliará en Des
choses cachées… Hasta Los orígenes de la cultura no acometerá esta confrontación de
nuevo, que extenderá críticamente al estructuralismo de Lévi-Strauss.
El pensamiento freudiano del deseo pivota según Girard sobre dos polos: su naturaleza mimética y el deseo objetual (inclinación hacia la madre), no siendo el primero un punto suficientemente clave para el psicoanálisis como para desarrollar una teoría en torno al mismo. Cuando se presenta la necesidad de elegir entre los dos principios, siempre se decanta hacia el segundo. Las nociones freudianas que parecen derivadas del mimetismo son, por ejemplo, las identificaciones del niño con respecto al padre, con una gran
semejanza al deseo mimético, ya que esta identificación orienta el deseo hacia los objetos del padre. Con esta noción Freud se acerca al mimetismo, sin involucrarse totalmente, y continúa en la explicación del complejo de Edipo, al expresar que el padre señala al hijo lo deseable deseándolo él mismo. Sin embargo, a pesar de que Freud intenta inicialmente desarrollar la explicación del complejo sobre la base de un deseo mitad objetual, mitad mimético, termina descartando esta última al no decantarse por la desobjetualización no consciente, sino por sentar las bases sobre el objeto maternal y
118 Cf. V&S., pp. 173-175.
la conciencia. Más explícitamente, Freud, aparta los elementos miméticos que había introducido en un inicio al cambiar el orden de identificación con el padre e inclinación libidinal hacia la madre, pasando a ser más importante lo segundo que lo primero. Ya no es el deseo mimético el que le dirige hacia la sustitución del padre, sino la libido, que pasa a ser algo inmotivado, pero consciente.
bind119. Las relaciones entre el superyó y el yo ego– implican el consejo ‘sé así’, y la prohibición ‘no seas así’. El niño ante esos dobles imperativos contradictorios que se refieren a todo lo posible, sin especificación, no logra entender la diferencia, separar cuándo debe ‘ser así’ y cuándo no, puesto que se trata de términos generales. Con esto, Freud limita los efectos miméticos al superyó sin darse cuenta de que el triángulo edípico hijo-padre-madre no es el del complejo eterno, sino el de una mímesis contrariada
modelo-obstáculo120. Y por supuesto de carácter relacional afectivo y no sexual.
El análisis exhaustivo de Freud deja notar una cierta intuición del deseo mimético, pero no llega a reconocer la dinámica. Ve la transición de los sentimientos positivos del hijo condenados a convertirse en negativos, pero no es capaz de referirse al esquema obstáculo-modelo. No es consciente de que la rivalidad mimética podría explicar
profundamente el complejo freudiano y la naturaleza mítica del parricidio y del incesto. El modelo de la mímesis evitaría la ambivalencia en la que cae Freud al determinar la figura paterna como un rival para el Edipo, y como un modelo venerado en forma de superego.
En nuestra sociedad, al tiempo en que la figura paterna se debilita, se produce la entrada en juego del double bind porque, aunque el padre siempre es el modelo, sin embargo, al posicionarse el padre y el hijo en un mismo nivel se convierten en obstáculos el uno del otro y entran en el vaivén del imítame no me imites. Esta falta de diferencias de nivel cultural –no está de moda la autoridad– entre los protagonistas ha permitido a este fenómeno negativo afianzarse
119 Concepto que ya introdujimos en la nota 38 y que recordamos… doble información contradictoria: ‘imítame, no me imites’.
120 Cf. V&S., p. 187.
en la sociedad cada vez más fuertemente durante los últimos años121. Son innumerables los títulos de libros que detectan esa ambivalente relación del hijo con el padre, por su ausencia, por su permisividad, como novedades, frente al autoritarismo con el que siempre había sido asociado122.
No obstante la acerada crítica, Girard reconoce al psicoanálisis su mérito y acierto a nivel intuitivo. Este es el caso de Tótem y Tabú y sus observaciones respecto a las
prohibiciones del incesto. Advierte la cercanía de Freud a la tesis de la víctima
propiciatoria y el origen del orden cultural123. Propone que en el libro más ignorado y rechazado del psicoanalista podemos encontrar los argumentos que sustentan el
‘homicidio colectivo’, sin llegar a descubrirlo. De hecho, «Freud es el primero en afirmar que cualquier práctica ritual, cualquier significación mítica tiene su origen en un
homicidio real»124. En Tótem y Tabú, Freud realiza una lectura sobre la tragedia que va en la misma dirección, hacia la víctima propiciatoria, pero sin descubrirla. Se trata de la
‘culpa trágica’, la que «el héroe debe tomar sobre sí, para redimir con ella al coro»125. El problema de este planteamiento reside en que Freud hace reaparecer la diferencia,
presenta al héroe como una víctima sin culpa alguna, ignora que la víctima propiciatoria es tan culpable como el resto, que forma parte de la misma violencia.
Además, hay un punto sorprendente en la obra, y es que en esta ocasión Freud no
menciona el mito de Edipo rey, y no parece ser de una forma fortuita, y es que la ‘culpa’ no puede aplicarse en absoluto a este personaje trágico. René Girard observa cómo Freud evita mencionar a Edipo rey debido a que no sería lógico vincular a un personaje
121 Cf. V&S., p. 195.
122 Anatrella, Tony. La diferencia prohibida, Encuentro, Madrid 2008; Cordes, J. El eclipse del padre, Biblioteca Palabra, 2ª edc. Madrid 2003; Aldo Noauri Padres permisivos, hijos tiranos. Ediciones B, Barcelona 2005; Evelyn Sullerot, Quel pères? Quels fils? Fayard, París 1993 ; Le grand remue-ménage Fayard, París 1997; La Crise de la
famille, Fayard, París 2000; Blankenhorn, David, Fatherless America. Confronting Our Most Urgent Social Problem, Institute for American Values, Haeper Collins Publishers, New York 1995.
123 Cf. V&S., p. 201. 124 V&S., p. 207. 125 V&S, p. 208.
que es reflejo de unos deseos inconscientes, sin llegar a realizarlos, con una
interpretación que relaciona la tragedia con un parricidio real. La tesis freudiana se
mantiene en darle prioridad al complejo de Edipo y transformar el homicidio colectivo en parricidio. Es esta obsesión por el padre lo que impide hacer una lectura de la tragedia y resolver la cuestión de las prohibiciones del incesto126, que él es el primero en proclamar su existencia, acercándose a vislumbrar el círculo de la reciprocidad en la pérdida del objeto del deseo. En sus textos se plasma la idea de que las hembras son deseadas en el mismo plano, no se desea por encima a sus madres o hermanas, simplemente éstas están más próximas, relacionándose con el sujeto. El padre y la madre son obsesiones que impiden a Freud entender el mecanismo de la rivalidad mimética. Las prohibiciones se basan en el intento de evitar la rivalidad que surgiría de una relación sexual de este tipo. Cuando se refiere a la génesis de las prohibiciones, Freud, vuelve a alejarse de la tesis que subyace en esta obra de Girard en cuanto a que se centra en el padre para explicarla, sin darse cuenta de que el mecanismo es independiente de la víctima elegida, que no tiene por qué ser el padre, sino cualquier figura que sea unificadora, congregadora127.
Freud es de nuevo pionero en cuanto a vincular el problema de los tabúes al sacrificio mediante su versión del homicidio colectivo128. Sin embargo, se encuentra lejos de vislumbrar que el surgimiento de las prohibiciones es igual a cualquier otra norma cultural, y que es en los lugares donde se ha desatado la violencia recíproca donde se instaura la prohibición. Las prohibiciones son el resultado de la propia violencia de una crisis anterior, pero estabilizada129. Relacionándolo con las prohibiciones de ámbito
sexual que interesan a Freud, podemos decir que la sexualidad forma parte de la violencia sagrada. Incluso la sexualidad legítima, referida a la del matrimonio, tiene su carácter sacrificial, se oculta en el seno familiar, evitando ser
126 Cf. V&S., p. 216. 127 V&S., p. 219. 128 Cf. V&S., p. 221.
129 «Las prohibiciones tienen una función primordial, y es que a diferencia de los animales, los seres humanos necesitamos un mínimo de no-violencia para que pueda desarrollarse la comunidad». V&S., p. 227.
propagada en el seno de la comunidad convirtiéndose en maléfica, como si de violencia se tratara. Girard observa que es la obsesión por la sexualidad la que le impide a Freud encontrarse con la mímesis. Si no hubiera sido así habría advertido que la mímesis es más omniabarcante que la sexualidad, y que ésta no es más que una parte de la primera, aunque muy importante.