La primera pregunta de las consultas era la siguiente: “en las democracias contemporáneas los partidos políticos deben desempeñar un papel central. ¿Ud. piensa que aquí en [el país del entrevistado] los partidos están desempeñando adecuadamente ese papel?”. La pregunta es muy general, y del conjunto de las
respuestas queda claro que para los entrevistados el desempeño de los partidos
incluye aspectos políticos y también socio económicos: abreviando, democracia y
desarrollo6. En las consultas (excepto en Costa Rica) el problema de la pobreza y
de las desigualdades sociales está normalmente presente; aún cuando no se encuentren referencias muy explícitas, parece claro que estos temas sobrevuelan la
conversación. Para las elites es un dato de sus realidades7. Teniendo en cuenta los
objetivos del estudio, sin embargo, la discusión que sigue presta especial atención a los aspectos políticos.
Las dos terceras partes de los consultados (67%) responden que los partidos no se están desempeñando adecuadamente; sólo algo más de uno de cada diez (14%) piensa que su desempeño es adecuado, y un quinto (18%) opina que en
parte sí, y en parte no8. Este juicio es francamente negativo. ¿Refleja genuinamente
la opinión de las elites políticas de la región? En primer lugar, este resultado confirma las conclusiones obtenidas en consultas similares anteriores (PNUD, 2004). Las actitudes hacia los partidos parecen ser hoy tan negativas como las observadas un año antes de estas consultas. En segundo lugar, como se documenta
en el capítulo siguiente, estas opiniones coincidencon las actitudes negativas hacia
los partidos registradas por las encuestas en todos los países de la región, incluyendo los juicios de los públicos más educados y políticamente más activos, que son normalmente los marcos de referencia culturales de la mayoría de las elites políticas. Estas opiniones también están empeorando.
En tercer lugar, estos juicios son compartidos por los diferentes sectores de las elites consultadas. Los menos críticos son los mayores (sesenta y cinco o más años de edad), y los más críticos, como se podía esperar, son los más jóvenes, pero todos expresan opiniones fuertemente críticas. Los observadores son aún más críticos que los políticos, pero incluso entre los políticos cerca de las dos terceras
6Como puede observarse en el Anexo 2.
7Dicho de otra forma: no hay discrepancias de fondo sobre los criterios que deben sustentar el diagnóstico. Las
diferencias importantes pueden empezar en lasvaloracionesde las performances, en las causasde las carencias observadas, y en los métodosapropiados para enfrentar esas carencias.
8Las entrevistas fueron grabadas (audio solamente), y al menos tres lectores independientes examinaron las
transcripciones de todas las entrevistas. Era evidente que algunos consultados no se definían positiva o negativamente en relación al desempeño de los partidos, porque mencionaban simultáneamente aspectos positivos y negativos de ese desempeño, y les asignaban aproximadamente el mismo peso a los dos aspectos. En consecuencia, al resumir el sentido de las respuestas fue necesario incorporar una categoría intermedia, "en parte sí, en parte no". Lo contrario implicaba forzar una definición de lo dicho por los consultados, definición sobre la cual diferentes lectores podían discrepar (y a veces efectivamente discrepaban).
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partes expresan juicios negativos. Finalmente, los miembros y simpatizantes de los partidos de gobierno son tan críticos como los opositores (Cuadro 4.1). Las opiniones de los distintos sectores de las elites consultadas son similares; se satisfacen así los requisitos mencionados en la sección anterior. En suma: la convergencia simultánea de todos estos criterios indica que los resultados de las consultas reflejan genuinamente las opiniones de las elites políticas de la región: el desempeño de los partidos es insatisfactorio.
* Excluye las respuestas de los consultados cuya actividad principal es difícil de establecer, y las de los entrevistados cuya adhesión o preferencia partidaria no es pública.
** No necesariamente suma 100, debido a redondeo.
Partiendo de este juicio negativo sobre el desempeño de los partidos, varios entrevistados deducen conclusiones graves. Para un consultado hondureño,
“estamos frente a una crisis de representación del sistema democrático. Hoy los miembros del parlamento son cuestionados, la gente no cree en sus dirigentes ni en sus partidos (...) no se siente orgullosa de su gobierno, ni de sus dirigentes ... [entonces,] el problema no es sólo de los partidos políticos, sino que es un problema de la democracia misma”.
El vacío que dejan los partidos políticos estaría siendo ocupado por otras organizaciones que sustituyen o complementan a los partidos en algunas de sus funciones. Parte de esas funciones, como la representación de intereses de algunos grupos, las cumplen algunas ONG. En El Salvador, por ejemplo, uno de los entrevistados dijo que
“ante la imposibilidad de los partidos de resolver los problemas (...), terminan siendo resueltos por las ONG, o cualquier otro tipo de institución (...). De esa forma, los partidos políticos no [satisfacen las] demandas de la población, lo que lleva en definitiva a que el ciudadano común se pregunte para qué existen los partidos políticos”.
En suma: la conclusión es clara (el desempeño de los partidos es
insatisfactorio), y esto, a juicio de muchos consultados, podría tener consecuencias potencialmente muy negativas para la democracia (y para los propios partidos). Sin embargo, de aquí no necesariamente resulta que la responsabilidad de ese mal
desempeño sea única o principalmente de los partidos. La performance de los
partidos puede ser insatisfactoria por diferentes razones. Algunos argumentos al menos plausibles son:
? podría ocurrir que la constelación de problemas que los partidos deben
enfrentar fuera realmente muy difícil; en ese caso, en países cuya acumulación de capital humano y social es reconocidamente modesta, ¿por qué habría de esperarse que los partidos tuvieran un desempeño sobresaliente? ¿Por qué se debería esperar de los liderazgos políticos un desempeño significativamente mejor que el de las otras elites regionales? Un consultado nicaragüense, por ejemplo, sostuvo:
“[un] problema de la clase política aquí es la escasez de formación. Tanto la falta de cultura como la de educación conducen necesariamente a la incompetencia (...) cuando yo era diputado, la mayoría de los otros diputados no leía la prensa porque la Asamblea no se la pagaba”.
Para un entrevistado salvadoreño la situación sería aún peor, porque estaría actuando un proceso de auto selección negativa:
“la política se ha ido convirtiendo en el resumidero de los desempleados, de aquellos que no [pueden] ganarse la vida en otra parte. Se ha llenado de incompetentes, ya que todos sabemos que aquel que es un profesional exitoso no busca la política.”
? como estas democracias son muy jóvenes (excepto Costa Rica), y sus partidos
también lo son (excepto los partidos tradicionales hondureños), se podría sostener que para lograr desempeños realmente satisfactorios es necesario pasar primero por procesos de aprendizaje colectivo difíciles y prolongados, procesos que aún están en curso. La región recién estaría en las etapas iniciales de esta curva de aprendizaje. Panamá, dice un entrevistado panameño, “al ser una democracia nueva, está formada por gente nueva, y no se puede aspirar a que los partidos hagan un trabajo político perfecto, si quienes lo integran no han terminado su proceso de formación política. (...) nos hace mucha falta una cultura política democrática (...) los cuadros no están funcionando, salvo en el caso de los partidos que están vinculados a las grandes internacionales, como la socialdemócrata o la de los demócratas cristianos”;
? también podría ocurrir que el impacto de la influencia y de la ayuda de los
países ricos, sin duda considerable, fuera en realidad ambiguo (o, en ocasiones, directamente negativo). La discusión reciente sobre los eventuales méritos de
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algunas de las políticas sugeridas por el Consenso de Washington muestra que algunos observadores, no hostiles a lo que ese Consenso representaba, tienen sus dudas al respecto. El impacto de las acciones de los países ricos también es mencionado en situaciones inesperadas. Según un entrevistado dominicano, “aquí el tema de la droga es serio, y se ha agravado más después del deterioro de Haití (...) el ejército haitiano, que era un muro de contención en la frontera, fue destruido por los EEUU. Existe entonces una zona de libre tránsito de droga hacia EEUU que ni siquiera los propios EEUU previeron”;
Para un consultado salvadoreño, reflexionando sobre la posición de los partidos y de la política en la sociedad salvadoreña,
“parte de [su mala imagen ha sido] fabricada por los mismos organismos (...) internacionales. Cuando tú defines la sociedad civil como el lugar de la pureza, y la política como el lugar de la corrupción, estás falsificando la realidad.” En las situaciones recién descriptas (y la lista no intenta ser exhaustiva) la insatisfacción con el desempeño de los partidos no tiene por qué expresar un juicio
general condenatorio sobre ellos9. El problema de fondo estaría, más que en los
partidos políticos en sí mismos, en las circunstancias que les toca vivir (y que no
eligieron).
Sin embargo, también podría ocurrir que las causas del desempeño insatisfactorio de los partidos fueran de otra naturaleza. Por ejemplo:
? los partidos podrían ser patrimonialistas y/o corruptos. Para un entrevistado
costarricense,
“la política en general se ve asociada al enriquecimiento de unos pocos, a través de negociados y del propio clientelismo. Por otro lado, (...) los problemas no se resuelven, lo que necesariamente lleva al incumplimiento reiterado de las expectativas”;
? podrían prolongar la influencia de antiguas (y no tan antiguas) elites más o
menos oligárquicas. Uno de los consultados en Guatemala sostuvo que “[lo] que podemos denominar oligarquías económicas (...) han hecho lo imposible para [evitar] el financiamiento del Estado a los partidos políticos, [volviéndolos] dependientes [de ellas], y por lo tanto les impide cumplir [su] rol central de intermediarios entre los diversos actores de la sociedad”;
? podrían ser, ellos mismos, muy poco democráticos. En parte por esa razón,
más que expresar las demandas de bases sociales relativamente amplias,
Las voces de los líderes
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podrían representar los intereses y preferencias de pequeñas minorías que los controlan. Según un consultado hondureño,
“si Ud. recorre Honduras, la mayoría de los consejos o comités locales están cerrados, no se consulta a la gente en forma alguna.”
Si el desempeño insatisfactorio de los partidos surgiera de estos factores, o de otros similares, entonces los problemas no estarían tanto en las circunstancias, sino en los defectos y carencias de los partidos en sí mismos. El problema, o buena parte
de él, estaría enlos partidos.
Desde el punto de vista de los consultados, en consecuencia, hay al menos dos familias de argumentos que podrían explicar el desempeño insatisfactorio de los partidos. Una de ellas pone énfasis en las circunstancias que les tocaron en suerte, circunstancias no elegidas por los partidos y de las cuales no son responsables. La otra familia de argumentos apunta directamente a posibles fallas de los partidos;
las dos familias incluyen argumentos dignos de consideración. A priori no son
fácilmente descartables, y tampoco son mutuamente excluyentes: el desempeño insatisfactorio de los partidos podría tal vez explicarse por una combinación de argumentos de las dos familias.
Por otra parte, las “explicaciones” en cuestión no son mecánicas ni determi-
nistas. Al menos a corto y mediano plazo lo que los partidos son(el conjunto de sus
características individuales, incluyendo sus fallas) no necesariamente determina lo que hacen(incluyendo el grueso de sus políticas, policies, y los resultados de esas políticas, esto es, su desempeño). Por ejemplo, los honestos pueden ser incom- petentes, y los pícaros pueden ser afortunados.