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Los bosques urbanos21 son ecosistemas en los cuales los árboles son el aspecto dominante y el carácter de urbano lo dan varias características. Primero que todo, ellos se encuentran cerca de áreas densamente pobladas y por tanto ofrecen un alto porcentaje de facilidades para la recreación. En las ciudades, estos bosques han permanecido gracias a la acción del público y gobierno locales, que han intervenido en la definición de las políticas para su uso y manejo. Sin embargo, en la medida en que se expande sin control el proceso de urbanización, la presión es cada vez mayor sobre los bosques en las zonas periféricas; por esto para su conservación la participación ciudadana es imprescindible en la gestión de los espacios verdes urbanos.

Desde el anterior punto de vista, se podría definir sustentabilidad como la sobre posición de lo que es ecológicamente posible y lo que es socialmente deseado para la generación actual. Sin embargo, David Cibrián (entrevista, 2005) ve la sustentabilidad desde un punto de vista ecológico, es decir, que un “razonable” conjunto de poblaciones vegetales, nativas o exóticas valor universal y de su representatividad en términos de una región neocultural claramente definida y también por su capacidad de ilustrar los elementos culturales esenciales y distintivos de tales regiones” (p. 3). Pueden ser evaluados como potenciales tres tipos principales de paisajes culturales, denominados “World Heritage Sites” por esta organización: a) Paisaje claramente definido, b) paisaje orgánicamente evolucionado y c) paisaje cultural asociativo. En diciembre de 1992, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO aprobó los paisajes culturales como una categoría de los sitios del Patrimonio Mundial.

19 La huella ecológica de una ciudad es definida como la cantidad de tierra requerida para sostener su

metabolismo; esto es, para proveer las materias primas de las cuales se alimenta y procesar los productos de desecho que excreta (OneWorld, 2004).

20 Es curioso observar como durante las obras de construcción del distribuidor vial de San Antonio en el Distrito

Federal, en los meses de abril, mayo y junio de 2003, quien informa y justifica las acciones de ubicación de las “trabes” y los percances, es la misma Secretaria del Medio Ambiente y no el Secretario de Desarrollo Urbano o el de Obras Públicas, como debía de esperarse.

21 Preferimos en esta discusión emplear el término “bosque” y no “área verde” porque bosque implica presencia

de árboles y son estas plantas, por sus características de tamaño, presencia y longevidad, las que mejor pueden contribuir a la sustentabilidad de un espacio verde urbano.

se mantengan, con la ayuda del hombre, a través del tiempo y satisfagan necesidades de los habitantes de una ciudad. Ahora bien, si se aplican estos y los conceptos antes vistos, para que un bosque urbano sea sustentable, debe mantener altos niveles de beneficios ambientales, ecológicos, sociales y económicos a través del tiempo, es decir, de una forma sostenida. Masey citado por Clark y Matheny, (1998), sugiere que la sustentabilidad ecológica implica cuatro ideales:

1. Proporcionar un balance a largo plazo entre sociedad y recurso, hoy y en el futuro. 2. Tratar de incrementar la relación entre las posibilidades ecológicas y los deseos de la

sociedad.

3. Desarrollar herramientas de evaluación tanto para el recurso como para sus salidas (beneficios y/o servicios).

4. Restaurar los ecosistemas.

Por otra parte, en la actualidad es incuestionable la acumulación de problemas ambientales y la mayoría de las iniciativas de diseño urbano, están relacionadas con el cierre de las heridas causadas por las intervenciones de la era moderna (Ellin, 1996). Al respecto Dear (2000) sostiene:

“Debido al impacto de la apropiación de los ecosistemas (nuestra huella ecológica), y debido a la sinergia entre el pensamiento postmoderno y el ambientalismo revitalizado, la condición urbana posmoderna es axiomáticamente un tema ambiental” (p. 57).

Esta especie de homogeneización internacional del ambientalismo facilita las acciones, pero puede también ignorar la diversidad de los sistemas físicos y de las formaciones etnoculturales. Ahora se hacen juegos de palabras en el tema de la sustentabilidad y de la frase original: “piensa globalmente y actúa localmente” se pasa ahora a la siguiente: “piensa localmente y actúa globalmente”. Hay todo un trasfondo filosófico de tipo ecocéntrico en estas aseveraciones, es la globalización del ambientalismo (Ibid.).

Es en este sentido que la Dasonomía Urbana22 tiene un papel trascendente dentro de las diferentes perspectivas acerca de la política urbana ambiental, planteadas por Dear (op. cit.). Estas tareas tienen principalmente que ver con lo siguiente:

1. Manejo ambiental, que implica tomar medidas de tipo regulatorio;

2. Modernización ecológica, para adoptar acciones de prevención con el fin de proteger los derechos de futuras generaciones;

3. Uso prudente, para evitar los abusos ambientales; y

4. Justicia ambiental, para aliviar la distribución desigual de los daños ambientales, especialmente entre las comunidades pobres.

Podrían ser estos aspectos, entre otros, los que guíen el diseño de una política de desarrollo sustentable urbano contemplando los espacios verdes. Aunque en el caso de la realidad en la Ciudad de México es importante considerar un quinto aspecto, el de Educación Ambiental. Esta tarea tiene que ver con el diseño de políticas hacia el cambio de la percepción que actualmente se tiene del bosque urbano, del árbol y de las áreas verdes públicas en general, como espacios que no nos pertenecen y por tanto poco importa su conservación. No importa lo que pasa de la puerta de la casa hacia afuera, la gente se encierra y no quiere saber del espacio exterior donde se encuentran las áreas verdes23. La tarea es de todos, gobierno y ciudadanos, para alcanzar un desarrollo urbano sustentable.

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