• No results found

En Villarino se estimó, a través de las entrevistas a los productores, que se cazaron 1,5 pumas por año por 100 km2 mientras que en Patagones esta tasa de mortalidad fue de 1,1 pumas por año por 100 km2. En la Área chica se registró un total de 14 individuos cazados, que equivale a un promedio de 1,36 pumas por año por 100 km2 (Figura 13).

Figura 13. Individuos de puma cazados por productores locales en los dos partidos de Patagones y Villarino como consecuencias de eventos de predación de ganado ovino.

-1 -0,8 -0,6 -0,4 -0,2 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 Monte

Cultivo Pastizales Pastizales con arbustos

148 4. Discusión y conclusiones

La predación del ganado puede provocar altos costos a los medios de subsistencia locales, especialmente en comunidades económicamente pobres (Sillero- Zubiri y Laurenson 2001, Thirgood et al. 2005, Dickman et al. 2013). El estudio de los conflictos carnívoro-ganado requiere datos confiables sobre las reales consecuencias de la predación. Este estudio es el primero que evaluó los aspectos socio-económicos y ecológicos de los conflictos puma-ganado a mediana escala, cuantificando, simultáneamente, la predación del ganado y la caza de pumas en un área caracterizada por un amplio rango de tamaños de propiedad, patrimonio ganadero y prácticas de manejo. Por lo tanto, la información reportada puede contribuir a aclarar las dinámicas de los conflictos puma-ganado en América Latina (Kissling et al. 2009, Walker y Novaro 2010, Anaya-Zamora et al. 2017).

Se evidenció que, en el Espinal argentino, los pumas son los protagonistas de un intenso conflicto con los productores ganaderos y que sufren una intensa persecución por parte de los mismos. Este felino causó pérdidas frecuentes y las mismas fueron percibidas por los productores como una amenaza hacia su patrimonio ganadero. Estos resultados concuerdan con la escasa información disponible sobre los conflictos entre el puma y la ganadería en Argentina. En un estudio realizado en la provincia de Santa Cruz, el 50% de los productores entrevistados (n=165) identificaron al puma como el principal responsable de la pérdida de ganado (Travaini et al. 2000). En otra investigación realizada en el sur de la Patagonia, se observó que el puma ocasionó, anualmente, la pérdida de un 3-9% del total de ovinos presentes en cuatro propiedades, en las cuales se cazaron 15 pumas cada año (Walker y Novaro 2010). También se registraron pérdidas en la Patagonia chilena, donde la predación de ganado por parte del puma resultó común (Franklin et al. 1999).

Aunque la predación por parte del felino fue generalizada en los partidos de Villarino y Patagones, afectando al 35,4-46,6% de las propiedades en los dos partidos, las proporciones de animales predados fueron mínimas para el ganado bovino (0,06- 1%) y bajas para el ovino (3,3-10,4%). Además, incluso cuando se consideraron únicamente las propiedades afectadas por la predación, y si se asume que los eventos de predación no fueron exagerados por los productores (Fritts 1982, Gipson et al. 1998), las pérdidas económicas sufridas, en promedio, fueron de 2134 USD por propiedad por año y en 3/4 de los casos fueron menos de 1000 USD. Es probable que esta cantidad represente una proporción muy grande de los ingresos familiares en algunos países en desarrollo. Sin embargo, el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita en Argentina, en el 2010, fue de 10332 USD (Banco Mundial, datos oficiales, 2016), y casi seguramente la mayoría de los productores afectados por la predación se

149 encontraban por encima del nivel promedio de ingreso para este país. Las pérdidas indirectas de ganado (por ejemplo, por aborto, por pérdida de peso o por enfermedades) no fueron mencionadas por los entrevistados y, las mismas, no se midieron en estos análisis, lo cual puede haber llevado a una subestimación del efecto de la predación del ganado por parte del puma. De todos modos, es importante considerar que en algunos casos, en particular los pequeños productores de ovinos del partido de Villarino, el costo de la predación fue mucho mayor al promedio y pudo afectar su economía en forma crítica. Esto se confirma con algunos casos donde el entrevistado, en particular pequeños productores que sufrieron múltiples eventos de predación, anunciaron el abandono de la producción ovina ya que la misma, a causa de la predación, no resultaba sustentable económicamente. Un patrón similar, donde se dio el abandono de la producción ovina por elevadas tasas de predación, fue observado en el estudio de Schulz et al. (2014) en el sur de Brasil. Las investigaciones sobre la percepción del riesgo indican que las personas generalmente prestan mayor atención a los eventos de máxima pérdida en lugar de considerar el promedio de pérdida (Lehmkuhler et al. 2007), y esta distribución desigual de los riesgos de predación entre los productores podría afectar su intolerancia hacia los predadores. Estos efectos negativos sobre la conservación de los carnívoros han sido observado en otras especies, como los lobos Canis lupus en EEUU e Italia (Naughton-Treves et al. 2003, Gazzola et al. 2007, Muhly y Musiani 2009).

Aunque la preferencia que se encontró en el puma por ovinos y caprinos, en relación a bovinos (ver también Soto-Schoender y Giuliano 2011, Zarco-González et al. 2013, Anaya-Zamora et al. 2017), es probablemente una de las principales razones de la desigual distribución de las pérdidas de ganado entre los productores, también se encontró una fuerte variación relacionada con los partidos. Además del hecho que la predación del puma fue mayor de lo esperado en Villarino, también se evidenció que tanto la frecuencia de los ataques como el impacto de la predación tendieron a ser mayores en Villarino que en Patagones. Más aún, la caza del puma, en Villarino, fue más intensa y parecería estar en relación con los niveles de predación. Una diferencia similar en las actitudes hacia el leopardo de las nieves Panthera uncia, entre dos sitios contiguos en el Himalaya, se atribuyó a la desigualdad del valor económico del ganado entre estas dos áreas (Bagchi y Mishra 2006). En el caso de Villarino, se sugiere que la razón más probable por la cual los productores fueron menos tolerantes es que experimentaron mayores niveles de predación que en Patagones.

Varios estudios han identificado variables ambientales, como la proporción de bosques en proximidad de las propiedades, la distancia a ambientes con mayor cobertura y la cercanía a fuentes de agua, como predictoras de los conflictos con los

150 carnívoros (Polisar et al. 2003, Michalski et al. 2006, Palmeira et al. 2008, Soto- Schoender y Giuliano 2011). Si bien la mayoría de los sitios de predación inspeccionados en este estudio se encontraban próximos a ambientes con una alta cobertura de vegetación y lejanos a los cascos, no se registró ningún efecto significativo de estas variables en la intensidad de la predación por el puma. Sin embargo, la frecuencia de los ataques de puma fue mayor de lo esperado en el ambiente de cultivo y pastizales con arbustos. Debido a que el pastizal con arbustos fue uno de los ambientes preferido por los pumas en esta misma área de estudio (Capítulo III de esta tesis, Caruso et al. 2015, 2016), este hallazgo concordaría con la hipótesis por la cual la distribución de los ambientes asociados al puma explicaría, en gran medida, el riesgo de predación, en este caso de ovinos (Torres et al. 1996, Kissling et al. 2009, Tortato et al. 2015). Como ha sido mencionado en el Capítulo III de esta tesis, el pastizal con arbustos puede representar un ambiente donde la “capturabilidad” de las presas por parte del puma es óptima como así su disponibilidad (Laundré y Hernández 2003, Laundré 2010). Estos resultados necesitan confirmación porque podrían reflejar la presencia de las ovejas en el momento del ataque más que una preferencia por parte del puma en su actividad de predación. Sin embargo, sugieren, desde un punto de vista metodológico, que considerar únicamente la frecuencia de ataques en determinados ambientes sin tener en cuenta los valores esperados sobre la base del uso de los mismos por el ganado puede conducir a conclusiones engañosas sobre el efecto de los ambientes en el riesgo de predación.

Related documents