pensamiento crítico.
Si acudimos a la etimología de la palabra, “crítico”, veremos que proviene del griego Kritikós, que quiere decir “crítico, que juzga
bien, decisivo (de Kríno, juzgar, distinguir)” (Quintana, 1987).
Crítico, específicamente, es definido en el diccionario de Raíces griegas del léxico castellano, científico (Quintana, 1987) como “relativo a la crisis o a la crítica; el que ejerce la crítica” (p. 431). Tal
definición marca un vínculo importante con otra palabra de raíz griega como lo es Krísis, definido en el mismo diccionario como “juicio, decisión (de Kríno, juzgar, distinguir)” (p.431). Este vínculo
establecido a partir de la etimología de la palabra pone en evidencia la relación existente entre crisis y crítica, sustantivo y adjetivo, lo que hace que indefectiblemente la presencia de uno invoque al otro.
En un mundo globalizado en donde los avances de la ciencia, el cambio de valores y la diversidad de maneras de comprender el mundo en todos los órdenes hacen de la crisis una condición constante, la crítica se constituye en una necesidad y en una constante igualmente ineludible.
Por su parte, la palabra pensamiento remite a otra, pensar, del latín pensare, “imaginar, considerar, discurrir; examinar bien
una cosa para formular dictamen” (Real Academia Española de la Lengua, 1970). En esta definición, se precisa que pensar es un verbo; se configura de esta manera la integración de tales palabras en un mapa de conceptos íntimamente relacionados como son: crisis, crítico y pensamiento.
Teniendo en cuenta lo anterior, pensar críticamente cobra importancia fundamental en un mundo que, agobiado por las crisis en todos los órdenes, sociales, políticos, y económicos entre otros, demanda cada vez más la presencia de hombres y mujeres capaces de actuar con criterio en la búsqueda de soluciones a los conflictos, cualquiera que sea su campo de acción.
Quienes cuentan con una formación profesional tienen una responsabilidad mayor en este proceso, dado que la distancia entre países ricos y pobres hace que para una gran mayoría el ser profesional sea un privilegio de pocos. Por otra parte, en manos de ese reducido grupo se encuentran las decisiones que afectarán a grupos humanos amplios. Juzgar bien no solamente es una definición, es una demanda categórica de lo que se espera de todos y cada uno de quienes seencuentran vinculados directamente e indirectamente con las crisis que afectan a nuestro mundo.
La enseñanza de la Historia, Geografía y Economía en la escuela se ha caracterizado por muchos años por ser del tipo
transmitivista. Es decir, el profesor proporciona al alumno información que debe memorizar, sin importar su significado y relevancia (Monereo, 2000).
Se ha considerado a la Historia, tanto por alumnos como por profesores, como un curso descriptivo que no necesita, necesariamente, poner en práctica procesos superiores del pensamiento (Coll, 2001). Esto se puede comprobar en diversas investigaciones realizadas, donde se ha mostrado las concepciones de los alumnos respecto a las habilidades necesarias para la comprensión de este curso (Monereo, 200). Así por ejemplo, Coll (2001) demuestra que un grupo de estudiantes europeos de secundaria consideran que la Historia es un curso repetitivo que contiene hechos del pasado y que no implica reflexión, análisis ni postura crítica para su comprensión (Coll, 2001).
Por otro lado, Carretero (et. al, 2005) muestra cómo un grupo de estudiantes españoles de séptimo grado consideran que la Historia es un conjunto de hechos del pasado y/o una crónica de acontecimientos que deben ser simplemente memorizados. Sin embargo, en los últimos años se ha ido modificando, o intentando modificar, estas concepciones dentro de la escuela. De estos cambios se ha obtenido nuevos objetos de estudio de la Historia, Geografía y Econocmía nuevos objetivos de su enseñanza. Algunas propuestas explican que su objeto de estudio es comprender el pasado desde el presente, asumiendo una postura crítica, reflexiva y analítica (Monereo, 2000).
En cuanto a su objetivo de enseñanza, se propone que los alumnos deben ser capaces de asumir una actitud activa y cuestionadora frente a las diversas fuentes de información que proporciona esta materia (Monereo, 2000). También se espera “dotar a los estudiantes de elementos de reflexión crítica que les
permitan la comprensión, inserción y actuación en la sociedad en la que viven” (Beltrán, et. al, 1999, pág. 26). A más largo plazo, debe lograr que los estudiantes construyan identidad (pues aprenden a asumir una postura a partir de argumentos sólidos y confiables), conciencia moral y una visión crítica del pasado para prevenir y evitar que se repitan los errores cometidos (Frisancho, comunicación personal).
El origen del desarrollo del pensamiento crítico sin lugar a dudas se remonta, a la antigüedad con Sócrates y el llamado método socrático, pero cobra fuerza en los años setenta del siglo XX. Durante esta década en algunos países industrializados, sobre todo en los EUA, Gran Bretaña y Canadá se descubrió que muchos estudiantes que ingresaban a las Universidades no aprendían adecuadamente las materias debido a que no poseían o no habían desarrollado las habilidades académicas básicas de leer, escribir, o realizar operaciones aritméticas, pero sobre todo porque no razonaban adecuadamente ni poseían capacidad para el pensamiento abstracto, lo cual fue considerado, sobre todo por los grupos conservadores o de extrema derecha uno de los principales factores que provocaban la disminución del nivel de competitividad económica que experimentaban esos países y, por ello constituía un problema que debía ser enfrentado casi como si fuera un asunto de seguridad nacional. Desde los años setenta EUA dejó de ser la potencia económica hegemónica que había sido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y se enfrentó a la competencia de otros países, sobre todo de Japón primero y luego de las naciones Europeas.
Por otro lado, en la década de los ochenta en el siglo XX, se origina la era de la “revolución del conocimiento”. El conocimiento siempre ha existido, pero a partir de los ochenta se tiene claridad en que los conocimientos se han hecho más complejos, pues con la investigación y desarrollo en cada uno de sus ámbitos de la
sociedad han aportado incremento a los mismos, a tal grado de ser la principal fuente de desarrollo, pero que nunca son suficientes para el desarrollo de un país.
En América Latina a finales de los ochenta, los inicios de crecimiento delos países y desarrollo en el campo educativo no consideraban tantos aspectos que hoy en día existen, pues con la creciente expansión demográfica y desarrollo delos países los objetivos eran solo educar para servir, prestar un servicio, “simplemente robotizados” ya fuera a los mismos gobiernos o a una fábrica sin pensar lo que se requería, solo en cumplimiento de los mandatos generales de las leyes de Educación. En la educación solo se le daba importancia a la cobertura sin importar la calidad.
Iniciada la era de la sociedad del conocimiento, se puede afirmar que el mundo actual reclama profesionales con capacidad de tomar decisiones, de decidir eficazmente y eficientemente.
La ciencia y la tecnología, sobre todo, las relacionadas con la información, se han convertido en las principales fuerzas productivas. Y, como parte de ello la información se ha vuelto la mercancía más valiosa. Pero el incesante avance tecno científico hace que la información caduque rápidamente, así que lo importante ya no es tanto su posesión sino la capacidad de adquirirla, procesarla y aplicarla.
En el terreno de la Economía, el sector terciario o de los servicios crece por encima del primario o de la agricultura así como del secundario o de la industria. Y, por consecuencia, el trabajo intelectual predomina cada vez más sobre el manual, pues incluso la labor de los obreros ya no consiste en repetir de manera mecánica cierto número de operaciones puramente físicas sino, más bien, en supervisar y optimizar el funcionamiento de los
sistemas o procesos de producción automatizados o computarizados.
Además, la mundialización o globalización han hecho que lo que ocurre en una parte del planeta pueda influir y ser influido por lo que sucede en otros lugares debido a lo cual la competencia económica no sólo se ha vuelto más difícil sino, inclusive, ha alcanzado ribetes de barbarie.
Por estas razones, las empresas demandan que las escuelas y universidades generen una fuerza de trabajo flexible, capaz de adaptarse a situaciones nuevas, seguir aprendiendo, capacitarse continuamente, solucionar problemas y tomar decisiones de manera crítica, creativa y con iniciativa, es decir, que posea habilidades del pensamiento de orden superior o complejo que hasta hace algunos años no se estimaba ni necesarias ni mucho menos deseables en todos los empleados.
En la actualidad las empresas demandan egresados de las escuelas o de las universidades individuos eficientes y eficaces que puedan mejorar la productividad y competitividad de sus empresas a través de su participación activa e inteligente en los procesos de producción
1.2.2. Análisis del proceso de enseñanza – aprendizaje en el Perú, la