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Pedro Mercado fue historiador, filósofo y teólogo nacido en Riobamba en 1620. Ingresó a la Compañía de Jesús en 1636244. Fue rector de los colegios de Honda, Tunja, el Colegio de las Nieves, y el Colegio Javeriano de Santa Fe en 1684, hasta llegar a asumir el cargo de Viceprovincial245. La obra ascética de Pedro Mercado circulaba en Madrid, Sevilla, Valencia, Cádiz, y las “Obras espirituales” fueron publicadas en Ámsterdam en 1699246. En el tratado de Pedro Mercado S.J. “El cristiano virtuoso: con los actos de todas las virtudes que se hallan en la santidad”, desarrolla detenidamente, en el Libro IX, las actitudes

virtuosas, que se deben llevar a cabo frente a los apetitos del cuerpo, del modo en que sus “Recetas de espiritu para enfermos del cuerpo” atraviesan transversalmente la experiencia del enfermo, desde la perspectiva jesuita con ánimo de mortificación y martirio. No son gratuitas las determinaciones de Pedro Claver247, ni la filiación que se halla con la obra de Pedro Mercado, o con el Padre Alfonso Rodríguez S.J., cuyo entramado está estrechamente relacionado de forma directa.

La impronta literaria jesuita, frente a la experiencia barroca del cuerpo, supone una marca fundacional, que constituye una espiritualidad muy específica en el mundo hispanoamericano y virreinal; anales que originaron un tipo de santidad jesuita, como se retrata en los manuales de Mercado, Godínez, y Rodríguez, pero que tienen otra fecha fundacional en Ignacio de Loyola, cuyos “Ejercicios Espirituales”, constituyeron la lectura

244Arellano, Fernando. “Una introducción a la Venezuela prehispánica: culturas de las naciones indígenas

venezolanas”. Universidad CatolicaAndres, 1987. Pp. 270-271.

245Op. Cit. 271.

246 De Mercado, Pedro. Historia de la Provincia del Nuevo Reino y Quito. 4. Vols. Biblioteca de la

Presidencia de Colombia. Bogotá 1957. En: Arellano, Fernando. Una introducción a la Venezuela prehispánica: culturas de las naciones indígenas venezolanas. Universidad CatolicaAndres, 1987. Pp. 270- 271.

247 “La biblioteca básica del padre Claver estaba compuesta por el Evangelio, San Bernardo, Kempis (Tomás

Kempis, escritor del libro de los siete libros de la “Imitación de Christo y el menosprecio del Mundo”. Allegado y Traductor de Eusebio de Nieremberg), escritos de Santa Teresa, las Meditacionesde los misterios de nuestra Santa Fe en la práctica de la oración mental sobre ellos, del padre La Puente (1605), el Libro de la guía de la virtud y de la imitación de Nuestra Señora, tres volúmenes editados en Madrid (1624-1646), y

otro, con 160 grabados, del padre Bartolomé Ricci, Vita D. N. Iesv Christi, impreso en Roma (1607). Otro

libro que alegró mucho al padre Claver en su última enfermedad, fue el escrito por el padre Francisco Colín, catalán: Vida, hechos y doctrina del Venerable Hermano Alonso Rodríguez, publicada en Madrid (1652).

“Bendito sea Dios -dijo nuestro Santo- que me ha dejado ver impresa cosa que tanto deseaba”. En: Iraburu, José María. Hechos de los apóstoles en América. Disponible en Línea en: http://hispanidad.tripod.com/hechos25.htm.http://hispanidad.tripod.com/hechos25.htm.

obligada de todos los tratadistas místicos, en un periodo que exaltó los gestos espirituales del cuerpo, al máximo, y llevó la experiencia del cuerpo a niveles inconmensurables. La “lectura intercomunicada” de la Compañía de Jesús, establecía lazos estrechos que determinaban un modo de ser en el mundo que partía del ordenamiento, y la preparación que exige hasta hoy formar parte la Compañía de Jesús. En el Libro IX, del tratado de Pedro Mercado S.J. se establece, “Quien es el hombre templado”, “El abstinente”, “El varon sobrio”, “los virgines”, “los castos”, “que cosa es ser púdico o vergonzoso”, y a partir del Capítulo 7, se trata con detenimiento la mortificación.

El virtuoso mortifica los ojos: Con la primacía poética que otorga Garcilaso de la Vega, a la vista corporal como “el más hacedero y el más amado de los sentidos”248. La desarrolla Mercado en el siguiente orden, empezando conscientemente por la “vista”:

1. “Tengo de mortificar mis ojos, dexando de ver las cosas, que no son necessarias, ni utiles”.

2. “He de evitar la curiosidad de ver como días, toros y otros expectaculos de gusto”. 3. “He de privar la vista de bayles, juegos, y otras cosas deste jaez”.

4. “He de huir la vista de palacios, huertos amenos249, piedras preciosas, baxillas ricas, etc.”

5. “Quando entrare en las casas no he de escudriñar con los ojos las cosas, que ay en ellas, sino mirar solamente lo necesario”.

6. “Quando fuere à alguna parte no de debolver el rostro por vana curiosidad, à mirar à los que pasan, o vienen tras mi”.

7. “Tengo de mirar quales son las cosas, que sentirè no mirar, y essas tengo que dexarlas de ver”250.

248Díaz, Orozco, Emilio. Lara, Garrido, José. Grandes poetas renacentistas. Universidad de Málaga, 2004.

Pág. 189.

249 Tal y como Pedro Claver: “Si salía al campo que era por milagro no dejaba esparcir la vista a las

amenidades que podían hacer deleite en ella”. Fernández, Josef. Apostólica y penitente vida de elv.p Pedro Claver de la compañía de Jesús, Diego Dormer, Zaragoza, 1666. Pág. 511. Citado en: Cuerpo y mortificación en la hagiografía colonial neogranadina. Pontificia Universidad Javeriana. TheologicaXaveriana, vol. 57, núm. 162, abril-junio. Bogotá. 2007, pp. 259-285.

250 De Mercado, Pedro S.J. “El cristiano virtuoso: con los actos de todas las virtudes que se hallan en la

Refiere Teodoreto que: “El Grande Eusebio escribe que una vez mirando unos labradores se divirtio de la lecion sagrada, que estavan leyendo. Reparò en el defecto, y lo castigò por espacio de quarenta años, y mas, no levantando los ojos para bolver à mirar al campo; preguntandole, porque mortificava tan severamente la vista? Respondio: Ne adversarius de rebús magnis besium gerat, conorsilum ad ver

paritraducere. Porque el demonio no me haga guerra en cosas grandes, lè procuro

diverar a estas batallas pequeñas. Grande sentencia para que procuremos mortificarnos aun en cosas minimas”251.

Lo que constituyen las cosas “mínimas” en Pedro Mercado, va a constituir la totalidad de la corporalidad, a la hora de fundamentarla en la espiritualidad de partida Ignaciana. Ignacio de Loyola en el primer preámbulo, trata la “composición de lugar” a partir de de la mirada:

“Aquí es de notar que en la contemplación o meditación visible, así como contemplar a Cristo nuestro Señor, el cual es visible, la composición será ver con la vista de la imaginación el lugar corpóreo, donde se halla la cosa que quiero contemplar. Digo el lugar corpóreo, así como un templo o monte, donde se halla Iesu Cristo o nuestra Señora, según lo que quiero contemplar. En la visible, como es aquí de los pecados, la composición será con la vista imaginativa y considerar mi ánima ser encarcelada en este cuerpo corruptible y todo el compósito en este valle como desterrado: entre brutos animales, digo todo el compósito de ánima y cuerpo”252.

El siguiente sentido por mortificar son los oídos según Pedro Mercado253:

1. “Andarè atendiendo, que es lo que gusto oir para privarme de ello, y que es lo que disgusto oir, para escucharlo”

2. “Si hablare conmigo alguno, cuyo mal modo de decir, ò cuya indiscrecion, ò cuyo poco entendimiento atormenta, le escucharè con sufrimiento por mortificarme”.

251Op. Cit. Fol. 160. Libro IX.

252 De Loyola, Ignacio. Ejercicios Espirituales. Linkgua digital, 2006. Pág. 23.

253 De Mercado, Pedro S.J. “El cristiano virtuoso: con los actos de todas las virtudes que se hallan en la

3. “Si oyere lo mal que hablan de mi, si me dixeren injurias ò otras cosas, que escuecen las oreias, no he de apartarme de la platica, sino estarme mortificando en oirla”.

4. “Quando oyere algun ruido desapacible à los oídos, me he de alegrar, porque se me mortifica este sentido, y . g. Quando oygo el canto de los sapos; el de zumbido de los zancudos, &c.”254

5. “He de mortificar mis oídos, en no escuchar musicas; especialmente si son profanas”.

6. “He de escusar el oir palabras, que suelen ser sabrosas al oído; v.g. chocarrerias, donayres, adulaciones, murmuraciones y otras palabras semejantes; huyendo buenamente de los que suelen hablar essas cosas”.

7. “Escusarè el preguntar nucuas, y otros rumores que dan gusto al oído, y ningún provecho al alma”.

8. “No tengo de escuchar, ni querer saber lo que otros hablan en secreto”.

9. “Quando gustare de oir cosas buenas, no las he de oir por el gusto que siento, sino porque doy gusto a Dios en oírlas”.

A lo que Mercado concluye que: “Nuestro Padre San Ignacio fue tan mortificado en oir las palabras que suelen espinar los oídos, que yendo de Venecia à Padua le encontrò un Pastorcillo, que comenzò a reírse, y hazer burla del Santo; pero como tal, no apresurò el passo para no oírle; antes bien se detuvo, y se parò a escucharle con mucha alegria”.

254 A raíz del llamado vehemente de atención por parte de Claver a las “galas impropias” de una mujer en la

Iglesia donde Claver confesaba especialmente esclavos “El padre rector oyó el alboroto; era el padre Francisco Sarmiento; bajó a la iglesia, y en presencia de todo el pueblo reprendió severamente al padre, diciéndole que los religiosos no eran los reformadores de los hábitos de las mujeres y que para eso estaba el confesonario o el púlpito. El padre Claver calló todo el tiempo”. En otra ocasión, “envuelto el padre Claver en su famoso manteo, cubierto por algo que dicen fue un sombrero, calzado siempre con zapatos de desecho, colgada al hombro una bolsa con toda clase de socorros para los pobres, aquel santo espantajo, a veces un tanto desabrido con los ricos, que convertía su celda en almacén para pobres, con vino y todo, que metía en su cama negros enfermos, que apenas comía nunca en la primera mesa, que llenaba portería y templo con negros y miserables, aunque era generalmente estimado como santo, no siempre era comprendido y aprobado, ni

siquiera por sus compañeros jesuitas. Muchos, tomando ocasión de su paciencia y mansedumbre, le despreciaron y trataron ignominiosamente, llamándole ignorante, simple, impertinente, sin letras ni prudencia y que no sabía gramática”. El solía responder a estos chaparrones con el silencio, o a veces poniéndose de rodillas y pidiendo perdón. Pero no parecía verse demasiado afectado, pues, a no mediar la obediencia, él seguía a su aire, que era el del Espíritu Santo”. En: Iraburu, José María. Hechos de los apóstoles en América. Disponible en Línea en: http://hispanidad.tripod.com/hechos25.htm.

Ignacio de Loyola añade en sus “Ejercicios Espirituales” en la 8ª adición: “No reír, ni decir cosa motiva a risa”255.

Mortificaciones del olfato:

1. “No tengo de traer conmigo pañuelos, ni otras cosas llenas de buen olor”.

2. “Tengo de privar à mi olfato del gusto de coger, y oler alguna flor, ò redoma olorosa, quando se ofrecieren las ocasiones”.

3. “Quando por visitar algun enfermo, ò por servirle, ò por exercitar alguna otra obra de caridad, se ofreciere sufrir mal olor, lo tengo que tolerar con voluntad y animo de mortificar mi olfato”256.

La mortificación del gusto257:

El sentido del gusto no solo es objeto de la abstinencia, y sobriedad; también es blanco de la mortificación, quando se tira à darle disgusto, y sinsabor, con los actos, que se siguen:

1. “Mientras estuviere sano, no he de pedir manjares que se me antojen”.

2. “De lo que mas me supiere, he de dexar algo, por mortificarme, y hazer este servicio a Dios, en agradecimiento de que me da el sustento corporal”.

3. “He de alegrarme, quando la comida està desabrida, y no he de echarle sal, ni otro faynete para salçonarla”.

4. “De los manjares, que me dieren, he de escoger los menos gustosos para mi apetito. 5. “Quando estuviere enfermo, he de esforçarme à comer por atormentar el sentido del

gusto”.

6. “Con el mesmo fin he de tomar los brebajes amargos al paladar, saboreándome en que me mortifico por amor de Dios”.

255 De Loyola, Ignacio. Ejercicios Espirituales. Linkgua digital, 2006. Pág. 30.

256 Recordemos que señala Fernández acerca de Claver: “las piezas, pues, o zuhurdas en que yacen estos

pobres negros, para el V. padre eran jardines, las llagas flores; los manantiales de postemas, fuentes de dulzura; los vapores hediondos, exhalaciones de ámbar, no por que lo dejara de sentir, sino porque a fuerza de mortificación llegó a hacer gusto el tormento”. Fernández, Josef. Apostólica y penitente vida de elv.p Pedro Claver de la compañía de Jesús, Diego Dormer, Zaragoza, 1666.pág 200

257 De Mercado, Pedro S.J. “El cristiano virtuoso: con los actos de todas las virtudes que se hallan en la

7. “He de sufrir la sed, y abstenerme à vezes del agua, no tanto por la salud, quanto por mortificar el gusto por Dios”.

Pedro de Mercado sabía que Pedro Claver, aún faltando casi doscientos años para su canonización pese a la fama de santidad, describió al final de la lista anterior:

“quando iba à comer à la mesa, llevava ocultamente las hojas de una yerva muy amarga258, y las echava en el plato con que aheleava el manjar, y el gusto en memoria de la hiel, que Christo probò por nuestro amor. Mientras comia tenia debaxo de la sotana un pie levantado con que no dava en vago su mortificación”259.

Mortificaciones del tacto260:

1. “He de afligir mi cuerpo (que es el enemigo de mi espiritu) con silicios y diciplinas”.

2. A vezes he de estar con los braços en forma de Cruz. Otras, ponerme de rodillas, para sentid dolor en ella. Otras, andar algunas estaciones à pie, para sentir el cansancio. Otras no sentarme, sino estar en pie, aunque estè cansado.

3. Quando estuviere sentado, he de dexar de arrimarme, y tener al disimulo un pie vago.

4. He de quitarme algunas comodidades de la cama, y a las vezes dexar de dormir algo de lo necessario, y levantarme siempre de la cama à buena hora, aunque lo sienta mucho el cuerpo261.

5. He de sufir con la alegriapossible las cosas, que molestan el tacto, v.g. El calor, el frio, lo dolores, las enfermedades, &c,.

258 Del modo en que Antonia Cabañas llevaba una en su boca según su biógrafo: ”llevaba consigo una hierba

amarga en la boca por tener en que imitar la amargura de la hiel y vinagre que el divino cordero de Jesús gustó”. Solano, Diego, Vida illustre en esclarecidos exemplos de virtud de la modestísima y penitente virgen doña Antonia de Cabañas. Biblioteca Nacional de Colombia, Sala de Raros y Curiosos, Manuscritos No. 4. c.a 1670.

259 De Mercado, Pedro S.J. “El cristiano virtuoso: con los actos de todas las virtudes que se hallan en la

santidad”. Por IosephFernandez de Buendía, Madrid. 1672. Fol. 180. Libro IX.

260Op. Cit. Fol. 164. Libro IX.

261 84 2ª Manera: “Cerca del modo del dormir; y asimismo no es penitencia quitar lo superfluo de cosas

delicadas o motes, mas es penitencia, cuando en el modo se quita de lo conveniente, y cuanto más y más, mejor, sólo que no se corrompa el subiecto, ni se siga enfermedad notable, ni tampoco se quite del sueño conveniente, si forsan no tiene hábito vicioso de dormir demasiado, para venir al medio”. De Loyola, Ignacio. Ejercicios Espirituales. Linkgua digital, 2006. Pág. 24.

6. Iamas he de admitir comodidad ninguna del cuerpo, por el gusto, ni por el deleyte, que èl siente, sino por otros fines santos, y siempre he de sentir, que el cuerpo reciba gusto aun en lo necessario”.

Mercado señala que el Padre Salvador Pizqueda “mortificava su cuerpo con muchas asperezas, y tenia cuenta de darse tantos açotes, que dentro de algun tiempo igualassen al numero de los que le dieron a Christo. Davasetambien algunas bofetadas en memoria de las que recibio nuestro Salvador en el rostro. Assiprocurava el P. Salvador assemejarle al Salvador del mundo”262.

Se prosigue extensamente sobre la virtud del silencio. Como se refería en párrafos anteriores, acerca del “Yo pecador”, Mercado señala que:

“quando nos persignamos con la señal Santa de la Cruz, para q Dios nos libre de los males del pensamiento, palabra, y obra, no sin misterio pronunciamos la palabara: De inimicisnostris. No en la frente, ni en el pecho, ni en los ombros; sino en la boca, donde vive la lengua. Porque?Porque en la lengua ay muchos riesgos de enemigos grandes del alma, que son las culpas, que se cometen con palabras pecaminosas. Una emboscada de enemigos se oculta en la boca”263.

1. Siempre que hablare, ha de ser cosa útil ò necessaria; pero no à todas horas, ni en todos lugares, sino en los lugares, y tiempos agradables à Dios.

2. Antes de hablar, he de mirar primero si es bueno lo que quiero decir, y si es tiempo, y lugar conveniente para decirlo.

3. No he de pronunciar palabra ninguna ociosa, y mucho menos lasciva, ni torpe. 4. Si afirmare algo, no ha de ser con mentira, ni con juramente, ni encareciendo

demasiadamente la verdad.

5. No he de hablar bien de mi, ni mal de otros, ni descubrir secretos, que conviene callar, ni preguntar lo que no importa saber.

262Op. Cit. Fol. 165. Libro IX.

263 De Mercado, Pedro S.J. “El cristiano virtuoso: con los actos de todas las virtudes que se hallan en la

6. Si me dieren alguna pesadumbre, no he de decir injutias al que me la dio, ni echarle maldiciones, ni dar del quexas, sino quando lo dictare el mayor servicio, y gloria de Dios.

Las penitencias deben llevarse por tres efectos según Ignacio de Loyola: 1. Por satisfacción de los pecados pasador.

2. Por vencer a sí mesmo, es a saber, para que la sensualidad obedezca a la razón y todas partes inferiores estén más subiectas a las superiores.

3. Para buscar y hallar alguna gracia o don que la persona quiere y desea, así como si desea haber interna contrición de sus pecados, o llorar mucho sobre ellos, o sobre las penas y dolores que Cristo nuestro Señor pasaba en su pasión, o por solución de alguna dubitación en que la persona se halla264.

Los ejercicios y penitencias

“se han de hacer en la media noche y amaneciendo, y no para los que harán en otros tiempos”. En la 4ª Adición se debe “entrar en la contemplación, cuándo de rodillas, cuándo postrado en tierra, cuándo supino rostro arriba, cuándo asentado, cuándo en pie, andando siempre a buscar lo que quiero. En dos cosas advertiremos: la primera es que si hallo lo que quiero de rodillas, no pasaré adelante, y si postrado, asimismo, etc.; la segunda, en el punto en el cual hallare lo que quiero, ahí me reposaré, sin tener ansia de pasar adelante hasta que me satisfaga”265.

La conducción de la experiencia contemplativa en Ignacio de Loyola, tiene un lugar irrestricto sobre la interioridad. El substrato de la experiencia abarca la totalidad del sujeto que se sumerge en la escenificación de la “vista interior”, y en la exteriorización de la espiritualidad a partir de la comunión con el sí mismo y a su vez, la domesticación del sí mismo mediante la represión y el disciplinamiento, anclado al ejemplo interpelativo, al arquetipo ontológico que fundamenta el ideal de sacrificio y de martirio.

264 De Mercado, Pedro S.J. “El cristiano virtuoso: con los actos de todas las virtudes que se hallan en la

santidad”. Por IosephFernandez de Buendía, Madrid. 1672. Fol. 166. Libro IX.

El sacramento de la penitencia, llama a recordar los pecados escenificándolos, y exhorta a