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Chapter 7: Final Discussion 135 

7.1 General Discussion 136 

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Amir Jusraw Dihlawl, YamI, Yünus Emré, Fuzüll, etc., una difusión extraordinaria.

E l tema báquico empieza a desarrollarse, también de modo independiente, hacia el fin de este episodio. Con anterioridad algún que otro autor, como Abü Mih- yán (m.c. 637), intentó desbrozar el terreno, pero con poco éxito. El pietismo reinante durante el período de los califas ortodoxos (.a l-ra s id iw ) veía con muy malos ojos no sólo a los bebedores— Abü Mihyan era una cuba— , sino también a sus panegiristas. Versos como éstos llegaron a ser populares y fueron imitados poste­ riormente por otros autores;

Cuando muera sepultadme al pie de una vid para que sus raí­ ces rieguen mis huesos bajo tierra.

No me sepultéis en un erial; me asusta pensar que, muerto, ya no podré saborear el vino.

¡Ojalá el vino color de azafrán riegue a su prisionero, aquel que lo bebió toda la vida!

¡Por la mañana, al despuntar la aurora; al mediodía y en el ocaso!

Pero el verdadero desarrollo del género se debe al califa Walld II (m. 743), que, además de califa, fue buen poe­ ta, bailarín y cantor. Tomando como base de inspiración al preislámico cAdi b. Zavd, escribió una serie de versos cortos, muy rítmicos, frecuentemente dialogados y aptos para recibir acompañamiento musical que despertaron las iras de sus piadosos súbditos y le valieron morir ase­ sinado un año después de subir al trono.

La prosa, la escasa prosa que se escribe en este perío­ do, es muy distinta de la preislámica y la del Corán. En general, y siempre que se emplea, tiende a la concisión.

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Los sermones (jutba) de tipo político-religioso que las pri­ meras autoridades de cada ciudad pronunciaban los vier­ nes no gustan de circunloquios. Así, al-Hayyáy b. Yüsuf (m. 714) no se anda con chiquitas cuando toma posesión del gobierno de la inquieta Kufa y, tras unos cuantos ver­ sos de introducción, increpa directamente a sus ciuda­ danos:

¡Por Dios! ¡Vengo cargado de mal y calzo sus sandalias! Pago el mal con el mal. Veo muchas cabezas maduras para ser sega­ das... yo las segaré. Entre los turbantes y las barbas que cubren los pechos veo sangre... ¡Por Dios, gentes del Iraq! Sois teso­ ro de discordia e hipocresía y tenéis costumbres depravadas. Ni la calumnia ni el ruido me inmutan. Mi inteligencia ha sido examinada, he sido puesto a prueba y corro en busca de la meta. El Emir de los Creyentes ha sacado las flechas del carcaj, ha mordido su madera y ha visto que yo soy la más amarga y la más difícil de romper. Por eso me ha enviado a vosotros y os ha arrojado a mis manos. Place tiempo que estáis inquietos, os acostáis en el lecho del error y seguís la senda del extravío. ¡Juro por Dios que os doblaré como se dobla un bastón, os golpearé como se hace con el pedernal, os ataré como las ra­ mas de un árbol al que se va a sacudir para que caigan las ho­ jas; os apalearé como si fuerais camellos rezagados! Sois como las gentes ele «una ciudad segura, tranquila, cuyo sustento lle­ gaba abundantemente de todos los lugares, pero no creyó en los beneficios de Dios y Este le hizo probar el hambre y el mie­ do en pago de lo que hacían» (Corán 6, 1 1 6 ) . «Yo, por Dios, cumplo lo que prometo, hago lo que pienso y, sí compro tela, corto un traje. ¿Que significan esos conciliábulos y esas reu­ niones? ¿ Y esos dimes y diretes? ¿Y esos chismorrees? ¡Por Dios! O andáis por el buen camino o hago sentir a cada uno de vosotros y en propia carne el castigo. Si encuentro aquí dentro de tres días a alguien que pertenezca al cuerpo de ejército de

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al-Muhallab lo mataré, me incautaré de sus bienes y derribaré su casa.

Ziyád b. Abihl (m. 673), al asumir el gobierno de Baso- ra, en su discurso de presentación olvida la fórmula protocolaria inicial de «¡L oad o sea D ios!» (de ahí que el parlamento en cuestión se llame batra o mutilado)

y,

tras unas breves consideraciones destinadas a señalar el castigo que Dios reserva a los infieles, añade:

Ahogaremos a quien ahogue a alguien; quemaremos a quien queme; horadaremos el corazón de quien atente contra la pro­ piedad y enterraremos vivo a quien profane una tumba... Os exigimos que obedezcáis en aquello que nos plazca y vosotros podéis exigir que seamos justos en lo que mandemos.

La misma concisión encontramos en los escritos oficiales desde el pacto de alianza de Mahoma con los medineses (623), afortunadamente conservado, hasta las cartas que envió, en las postrimerías de su vida, a los soberanos de Bizancio, Persia y Etiopía; igual ocurre con parte de los discursos, órdenes, escritos, cartas, exhortaciones, etc., que se atribuyen (muchos autores los consideran com­ pletamente apócrifos) a Ali b. abl Talib y que fueron re­ cogidos por el sarlf al-Rida (m. 1016) en un libro titula­ do Nahy al-halaga y en la supuesta alocución de Tariq b. Ziyád a sus soldados en el momento de emprender la conquista de España.

Al lado de esta prosa coexiste otra de tipo didáctico, analítica y expositiva, destinada a recoger las incipientes creaciones del islam. Así, los hadices o tradiciones desti­ nadas a conservar memoria de la vida cotidiana del P ro­ feta: si en su parte doctrinal o política muy probable­

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mente, como ha demostrado Goldziher, son espurios—