y transformaciones de los dispositivos
menos, convendría hacer aquí algunas precisiones. Considerare- mos mediático a cualquier proceso por el cual se producen y/o reconocen textos o “mensajes” (de cualquier naturaleza material \ VLJQL¿FDQWH FRQ DOJ~Q JUDGR GH GHVIDVH WHPSRUDO \R HVSD- cial y/o intercorporal entre sendas instancias de producción y de reconocimiento.1 Vale decir, que cualquier soporte autónomo de producción de sentido (autónomo con respecto a quienes se LQWHUUHODFLRQDQDWUDYpVVX\RSRVLELOLWDXQSURFHVRmediático: DPRGRGHVLPSOHHMHPSOL¿FDFLyQSRGHPRVHQXPHUDUGHVGHXQ diario íntimo hasta una fotografía, pasando por la dimensión decorativa de un objeto funcional –en tanto que comunica un VHQWLGRGHSHUWHQHQFLDRGHLGHQWL¿FDFLyQ±HWFpWHUD
Pero por mediatización entenderemos estos mismos proce- sos de signos autónomos producidos en una escala cuyas con- diciones de reconocimiento involucran la construcción de lo co- lectivo.2 Por colectivo no hacemos referencia únicamente a un quantum plural;; bien podría ser, para desgracia de sus gestores, TXHXQ¿OPHRXQSURJUDPDGHUDGLRVHDYLVWRRHVFXFKDGRSRU un único individuo “receptor”;; este caso no iría contra lo que aquí entendemos por dimensión colectiva. Son otros dos aspec- tos, de índole cualitativa, los que operan como implícitos nece- sarios, tanto en producción como en reconocimiento:
1. el texto es materialmente idéntico en todas las instancias GH VX UHFHSFLyQ WDQWR DTXHOORV TXH RSHUDQ FRPR UpSOLFDV
1 Retomamos estas nociones (desfase, producción, reconocimiento) de la teoría de la discursividad de Verón (1993).
2 Evitamos emplear la denominación de masivo, ya que la noción de masa propone otros problemas que no vamos a tratar aquí. Sin embargo, algunos autores como Luhmann (2000) la emplean para referir a lo que aproximadamente aquí caracterizamos como mediatización a secas.
múltiples (los impresos son el caso más obvio, pero esto tam- ELpQ HVWi DVXPLGR HQ OD GLVWULEXFLyQ GH WRGR WLSR GH HMHP- SODUHV GH JUDEDFLRQHV FRQ HO VX¿MR gráfícas ¿OPRJUi¿FDV IRQRJUi¿FDVIRWRJUi¿FDVYLGHRJUi¿FDVHWFpWHUDFRPRORV de distribución instantánea de señales por sistemas broad- casting (como la radiofonía o la televisión).
2. la interpelación al sujeto receptor no es singularizante o individualizante, sino que sólo es invocado como formando parte de un colectivo: implica un gesto generalizante.3 Según esta hipótesis, esta doble operación es la condición de posibilidad de que la circulación de un texto construya el muy difundido pero no por eso menos particular proceso de media- tización, para lo cual debe interpretarse de tal modo tanto en producción como en reconocimiento.
El otro sobrentendido concierne a la naturaleza de lo público. Puede advertirse que el título expone algo a discutir: el acceso a lo público. El peligro es que por ello se sobrentienda que lo público es algo previo a su proceso de publicación. Tan es así, que es frecuente escuchar que la mediatización (sólo) posibilita (o restringe) su acceso. En lugar de ello, estamos con las tesis que sostienen que en las sociedades mediatizadas lo público se construye en la mediatización. Esto implica que lo efectivamen- te público no es algo preestablecido formalmente, ni responde a una inherencia independiente de sus condiciones empíricas de circulación social, lo que lleva a tener que trabajar forzosamente
3 Ampliamos esta perspectiva en una investigación en curso: “De los medios a las me- diatizaciones (I). Estado de la cuestión.”, Programa de Incentivos (MECyT), Área Trans- departamental de Crítica de Artes, Instituto Universitario Nacional del Arte, 2013-2014.
sobre condiciones empíricas y materializadas de producción de sentido. El acceso no es así un lugar que abre o clausura, que devela u oculta, sino por donde se llega, por donde se toma con- tacto invariablemente a lo público. Inclusive: analizar el acceso es analizar variantes de ese contacto, y analizar los recorridos, ODVWUD\HFWRULDVODVELIXUFDFLRQHV\FRQH[LRQHVTXHVRQHQGH¿- nitiva, la sustancia misma de lo público. Por tanto, acceder pro- mueve siempre tensiones entre producción y reconocimiento;; \VDEHPRVELHQSRULQYHVWLJDFLRQHVTXHGHVGHKDFHGpFDGDVVH ocuparon de ello, que no hay estrategia en producción que tenga un único proceso posible de reconocimiento.
Valga una última aclaración, ya que los hemos involucrado estrechamente: proceso de mediatización no es sinónimo de lo público, sino su condición de posibilidad;; pero en las sociedades mediatizadas, lo público es lo colectivo comprendido así, en sen- tido cualitativo y mediatizado.
Es conocida la tesis de que la organización del espacio pú- blico en la modernidad fue desarrollándose con especial apoyo en la mediatización generalizada de las sociedades.4 Para ello, coincidiendo con Luhmann, desde el siglo XVII se gestó paulati- QDPHQWHXQVLVWHPDVRFLDOPX\SDUWLFXODU\HVSHFt¿FRHQFDUJD- do de producir realidad colectiva: el sistema que llama medios masivos. La realidad colectiva en tanto sustancia de lo público, como todo otro modo de procesar realidad de manera intersub- MHWLYDQHFHVLWDPDWHULDOL]DUVHHVSHFt¿FDPHQWHHVXQDPDWHULD- OLGDG TXH SURGXFH VHQWLGR HQ EDVH D VXV FRQ¿JXUDFLRQHV 1RV preguntamos entonces por las formas de esa materialidad.
4 Cf., por mencionar sólo algunos estudios heterodoxos: Martin (1992), Ferry (1998), Luhmann (2000), Hjarvard (2008).
Está claro que un conocimiento de esta naturaleza puede GDUVHFRQP~OWLSOHVQLYHOHVGHJHQHUDOLGDGRHVSHFL¿FLGDGVH- gún se quiera o se pueda (según las condiciones de acceso a los materiales) analizar más o menos minuciosamente lo sucedido en tiempos y espacios históricos determinados. Desde ya, en la mayor parte de los casos, hace falta una investigación colectiva TXHDQDOLFHODVP~OWLSOHVVXSHU¿FLHVGHFRQVWUXFFLyQGHHVDUHD- lidad mediática, ya que el número y variedad de materialidades mediáticos disponibles en un espacio-tiempo dado fue desde sus RUtJHQHV LQDEDUFDEOH SRU GH¿QLFLyQ \ QR KD FHVDGR GH FUHFHU globalmente hablando, desde el comienzo de la mediatización de las sociedades.5
Por otra parte, quizás en los últimos 40 o 50 años –incluso más, según el caso– fue literalmente imposible para un mismo individuo, ver, procesar, apreciar, consumir toda la oferta del sistema local en una unidad de tiempo: leer todos los periódicos, escuchar todas las estaciones de radio, ver todos los canales de televisión de una ciudad, región o nación. Lo que de otra manera podría traducirse como la imposibilidad de tomar contacto con toda la realidad, metáfora con bastante de utopía, pero cuya vi- gencia se resiste a la extinción… Precisamente, a partir del punto en que esa imposibilidad se hace patente, es cuando el sistema medios masivos probablemente haya alcanzado el máximo de autonomía. No sólo se produce más información y evaluación sobre la realidad que la que se puede consumir, sino que se for- talecen crecientemente los mecanismos de diferenciación entre
5 Se pueden conocer las estrategias de indagación de los procesos de proliferación de impresos en las primeras centurias, en Martin (1962), Chartier (1994, 2000, 2006), Darnton (2003, 2010) o Eisenstein (2010), por citar los trabajos más reconocidos.
cada uno de los medios en competencia, como parte misma del proceso natural de “mejoramiento” del sistema.
En ese punto, lo público comienza a ser un universo al cual sólo se accede fragmentariamente. La totalidad es intensiva, ya TXHSURJUHVDKDFLDODKLSHUHVSHFL¿FDFLyQWHPiWLFD\WDPELpQH[- pansiva, desplegándose en el eje de la actualidad, o mejor dicho, de la actualización. La temporalidad tiende progresivamente al gesto de mimesis con el tiempo real, es decir, hace uso de la ecua- ción vagamente regular e isomorfa entre el tiempo continuo y la temporalidad subjetiva.
Es en función de ello que me parece sensato repasar esquemá- WLFDPHQWHFLHUWRVDVSHFWRVGHODVDUWLFXODFLRQHVRFRQ¿JXUDFLRQHV de la agenda.