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Las grandes farmacéuticas tomaron represalias11. Primero

fue GlaxoSmithKTine. El gigante británico de medicamentos empezó a exigir a las farmacias canadienses no vender me- dicamentos Glaxo en los Estados Unidos como condición para recibir los embarques. La siguió Pfizer, que les exigió a algunas farmacias canadienses solicitar los medicamen- tos directamente a la compañía y no a mayoristas. De ese modo la compañía podía seguir el rastro de los pedidos y suspender el abastecimiento si las farmacias almacenaban más medicamentos que los necesarios para sus clientes lo-

cales. Eli Lilly les comunicó a sus mayoristas que estarían incumpliendo sus contratos si abastecían a las farmacias de Canadá que hacían negocios en los Estados Unidos. Astra- Zeneca, otra compañía británica, dijo que iba a limitar los embarques a las farmacias de Canadá que hicieran pedidos grandes poco comunes. Y así sucesivamente. El resultado es que las farmacias canadienses que hacían negocios con los Estados Unidos han tenido que acudir a otras empresas para conseguir los medicamentos, lo que incrementa sus gastos y sube los precios que les cobran a sus clientes estadouniden- ses. Y lo que es peor, ha generado escasez de medicamentos en Canadá. Irónicamente, esa escasez podría llevar a lo que las compañías farmacéuticas afirman que quieren prevenir: el incremento de mercados de medicamentos no regulados de otras partes del mundo.

Las compañías farmacéuticas dieron dos justificaciones para sus medidas. Una es el temor, no muy verosímil, de que ingresen drogas falsificadas a los Estados Unidos desde Ca- nadá, un argumento que, como mostré, es poco convincen- te. Además de que es difícil tomarlo en serio, este argumento insinúa que hasta las compañías británicas, como GlaxoS- mithKline, están más preocupadas por la seguridad de los estadounidenses que por la de los canadienses. La segunda justificación es que las compañías farmacéuticas necesitan las enormes ganancias de las ventas en los Estados Unidos para financiar su I & D. Ese argumento tampoco es muy convincente, como ya hemos visto. Demás está decir que las compañías farmacéuticas no venden sus medicamentos a pérdida ni en Europa ni en Canadá; sencillamente sus márgenes de ganancia son mayores en los Estados Unidos. El hecho es que la regulación de precios en otros países no amenaza en absoluto la I & D. Aunque las compañías far- macéuticas no obtuvieran ganancias en otros países, dado que la mitad de sus ventas se realizan en los Estados Unidos, ello sólo disminuiría sus márgenes de ganancia a la mitad:

( 244 ) LA VERDAD ACERCA DE LA INDUSTRIA FARMECÉUTICA

de un diecisiete por ciento del total de las ventas para las diez primeras compañías estadounidenses en 2002, a un muy respetable 8,5 por ciento.

Tal vez se pregunten qué hacía el Congreso mientras la controversia se intensificaba. La respuesta es: quería ambas cosas a la vez. Presionado al mismo tiempo por los electores y la industria farmacéutica, en el año 2000 aprobó una ley que permitía la "reimportación" de drogas de Canadá, pero estipulaba que el secretario de Salud y Servicios Sociales, con la asesoría de la FDA, tenía que certificar que el proce- dimiento fuera seguro. En el momento justo, la secretaria (entonces Donna Shalala) dijo que no podía garantizar esa seguridad. En la administración Bush, Tommy Thompson hizo lo mismo, haciendo las mismas advertencias calamito- sas según las cuales los medicamentos de Canadá podrían de algún modo transformarse en veneno con sólo cruzar la frontera. Pero los electores no se la creyeron, y el Congreso no pudo salir del atolladero.

En el verano de 2003, la Cámara de Representantes, a pesar de la oposición de sus líderes y de las fuertes presiones de las grandes farmacéuticas y de la FDA, sorprendió a todo el mundo al votar a favor de la legalización de la importa- ción de medicamentos aprobados por la FDA de Canadá y Europa. Y esta vez no se exigió que el Ministerio de Salud y Servicios Sociales certificara que el procedimiento era segu- ro. No había "salida". Esto dio la medida de la importancia que el tema había adquirido entre el público. Alarmada, la asociación de Investigación Farmacéutica y Fabricantes de los Estados Unidos (PhRMA) acudió al Senado para detener el proyecto. Y, por supuesto, 53 senadores firmaron una carta pesimista y agorera dirigida a sus colegas en la que les ad- vertían que la legalización de la importación de Canadá iba a causar poco menos que una catástrofe de magnitudes insos- pechadas. Luego, The New York Times reportó que la propia PhRMA había hecho circular la carta entre los senadores. En

respuesta, el senador Rick Santorum (R-Pa.) declaró ser el promotor de la carta, pero reconoció que efectivamente PhRMA se había encargado de hacerla circular. "No tengo tiempo para ir a ver a todas esas personas y conseguir sus firmas", explicó12. Más adelante, en 2003, hubo grandes pre-

siones para permitir la importación de Canadá como parte del subsidio de medicamentos por prescripción de Medi- care, pero el Congreso no cedió esta vez y permaneció fiel a las grandes compañías farmacéuticas: mantuvo el requisito de que el Ministerio de Salud y Servicios Sociales otorgara un certificado de seguridad. Sin embargo, propuso que el asunto fuese sometido a estudio, lo que al menos entreabre la puerta un poco.

Nada la gustaría más al Congreso que hacer desaparecer este tema de su agenda para no verse obligado a elegir entre los electores y la industria farmacéutica. Pero esto no va a ocurrir. Los electores están decididos a obtener algún alivio con respecto a los altos precios de los medicamentos por prescripción. Desde el punto de vista práctico, resulta algo absurdo tener que comprar medicamentos de Canadá. En primer lugar, aumenta los gastos operativos. Pero el hecho de que aun así sean más baratos saca a relucir el problema de base: la estafa de los precios en los Estados Unidos. La importación de medicamentos de Canadá es sólo un ali- ciente para hacerle frente a un problema que, para empezar, ni siquiera deberíamos de tener. Tiene mucho más sentido importar el sistema canadiense de control de alza de los precios que importar sus medicamentos.

LOS ESTADOS LUCHAN CONTRA