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Literatuur

Chapter 4. General Procedural Provisions [2330-2348]

La concepción comunalitaria de la vida no sólo se refiere a la vida de carácter político-social, sino también a la concepción de la relación hombre-mundo –el mundo como cosmos–, en una relación de pertenencia-dependencia, es una manera de entender que hay otra forma de concebir la cultura, manifiestada en el conocimiento de lo material y las distintas formas de expresión simbólica.

Los pueblos originarios de Abya Yala, en su trayecto histórico, tienen otra manera de situarse y relacionarse en y con el mundo, por lo que su expec- tativa tiene otro horizonte; en estos momentos de destrucción de la madre tierra-habitación-hogar, para poder reencauzar esa situación requieren des- colonizarse (Young, 2006: 2) críticamente sobre lo realizado hasta hoy.

El hecho de plantear la comunalidad como una forma distinta de compren- der la relación hombre-mundo, implica que es necesario desplazarse de la centra- lidad en que se han ubicado y ejercido las concepciones que vinieron de otro lugar –por ejemplo de Europa, que ha implantado su concepción civilizatoria–, formas de pensar que los Estados surgidos de la colonización asumieron como pro- pios y que inciden en la vida local; como lo mira Turaine (2006); estas miradas que se generaron en otras geografías fueron trasplantadas y/o transpoladas sin mediación, es decir, no se consideró que la cultura, en sus tres dimensiones: material, político-social y simbólica, es producto de situaciones contextuales en cuanto a tiempo y espacio.

La noción de ser y vivir que se impuso desde y por los colonizadores euro- peos, se objetiva en ciertas formas de vida que han influido en las prácticas loca- les en Abya Yala; el problema no reside ahí, sino en la forma cómo se relaciona el hombre con su entorno natural; aquí se plantea que sólo habrá de considerarse como otra perspectiva civilizatoria y no como la única posible, válida y verda- dera; la descolonización considera necesario descentrar lo venido de Europa (Castro-Gómez, 2007: 293), para repensar la mirada y otras formas de conocer,

32 Ésta, es una construcción colectiva en diálogo académico con la doctora Patricia Medi-

na y el maestro Severo López.

33 Para fundamentar este trabajo con información de corte etnográfico obtenida en la

comunidad de San Sebastián Tlacolula (ÑNgúu), se retoman fragmentos de entrevistas y

el ser/estar, la organización social, concebidas como prácticas culturales que se sitúan en otro horizonte y que están presentes en las comunidades de los pueblos nativos de Abya Yala; miradas, formas de entender y situarse en el mundo que en estos últimos años de calentamiento global, cambio climático acelerado y so- ciedad global violenta34 thanática, ya no representan una opción viable y factible

para replantear el ser/estar, vivir/habitar y caminar/transitar por la vida en esta nuestra única morada que es la madre tierra.

En referencia al ser/estar, ya enunciado, se parte de que el ser que se configura desde el pensamiento y filosofía occidental, es en la lógica personal-particular, retomando a Ferrater:

…el ser para sí requiere la trascendencia y hasta, (…), la completa tras- cendencia. Por lo general, se advierte que el “para sí” no debe interpretarse como un repliegue del ser sobre sí mismo para desentenderse enteramente de lo ajeno; (…) El “para sí” expresa más bien —para emplear de nuevo el vocabulario psicológico— la intimidad (v.) y, por consiguiente, la posibilidad de manifestarse continuamente a sí mismo e inclusive la de trascenderse incesantemente a sí mismo (Ferrater, 1905: 655).

Sin embargo, la trascendencia de ese ser es su ser como sujeto persona, por lo tanto es en su singularidad y su inmanencia –su aquí, su objetuali- dad–, de tal manera que sólo en su yo egocéntrico –distinto al de ipseidad de Levinas (2000: 9)–, puede afirmarse a sí mismo y ante un otro para transitar en el tiempo y la materialidad. Por otra parte, desde la lógica comunalitaria, se plantea el estar al lado del ser, puesto que como sujeto social, el ser para sí

implica trascendencia como sujeto particular, pero sólo afianza su ser para sí, si en su ipseidad reconoce la huella del otro; en el caso de la comunidad en comunalidad que aquí se refiere, se requiere transitar del ser como sujeto per- sona –que así se convierte en sujeto, como actor y autor de su manifestación fenoménica que plantea (Kosick, 1963: 27)– al sujeto colectivo; es decir, para constituir el sujeto colectivo, se requiere del ser para sí pero en un estar que implica aportar ese ser para sí al colectivo con la posibilidad de incluso dejar un tanto su ser para sí, para configurar el sujeto colectivo que se convierte en- tonces el ser para sí; cuando se logre el ser para sí comunalitario, se trasciende al sujeto colectivo que puede configurar otro ser para sí a nivel macro; así será posible que como sujeto particular, logre constituir un sujeto colectivo, es de- cir, un ser para sí como comunidad en comunalidad.

El estar comunalitario se manifiesta cuando no se piensa en el yo sino en un nosotros, un nosotros que camina con personas singulares que tejen el entrama- do comunal, sólo en un estar con otros, es cuando se piensa colectivamente. El estar implica manifestar y teñir con su diferencia individual un colorido paisaje de contrastes y matices, no permite alterar o desentonar, sino acoplar y mostrar las posibilidades policrómicas de la diferencia hecha cuerpo y espacio sin ex- cluir u opacar al otro; la diversidad es la riqueza que contrasta sin desplazar, es presencia en el colectivo, es la urdimbre multicolor nosótrica.

En el proceso colonizador se intentó borrar el estar comunal y su mani- festación cultural para imponer su concepción de mundo, planteando una estrategia para afianzar su dominación; los conquistadores europeos negaron y subalternizaron nuestras epistemes, nuestras formas de representar y nom- brar el mundo; sin embargo, éstas aún persisten, por ello, es imprescindible re-conocerlas, es decir: volver a conocerlas, mirarlas, cuestionarlas y reapro- piárnoslas; de otra manera, habremos perdido una herencia construida his- tóricamente y seguiremos siendo objeto de intereses ajenos, alienados y no sujetos de nuestra propia historia.

De acuerdo con la crítica de Mignolo (Walsh, 2003: 2-3), emerge así la necesi- dad urgente de repensarnos como herederos de otra racionalidad que generaron

34 La violencia a la que aquí se refiere, no es únicamente la provocada por emergencias

políticas venidas de los distintos gobiernos, como últimamente se ha estado manifestando en la cultura árabe e incluso en el sur de Europa, sino a la violencia con la que los organismos internacionales proceden, la violencia con la que se vulnera a las economías locales con la implantación de tratados comerciales, afectando las economías locales; la violencia que se genera al alterar sus códigos simbólicos, mediante prácticas de homogenización de miradas sobre el mundo, etcétera.

los pueblos nativos de Abya Yala, re-pensar nuestras epistemes, formas de cono- cer y entender el mundo y desde nuestras experiencias cognitivas y vivencias, construir un horizonte de futuro acorde con nuestras prácticas comunalitarias presentes en el diario vivir de las comunidades y pueblos originarios de Abya Yala (Yépez, 2010: 117-120).

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