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Presentar al Dr. Pedro Cattáneo en esta Academia es para mí motivo de gran satisfacción, como lo es segura­ mente para todos sus miembros reci­ birlo en ella.

Conocí al Dr. Cattáneo hace ya mu­ chos años — debía ser a mediados del 60— gracias al Ing. Lorenzo Parodi. Yo quería utilizar un aparato que. se­ gún el Ing. Parodi, el Dr. Cattáneo te­ nía en su laboratorio y fui a visitarlo. Después de ese primer encuentro coin­ cidimos ocasionalmente en reuniones sobre diversos temas, hasta que, hace poco tiempo, un estudiante de agro­ nomía oriundo de la ciudad de Trelew vino a pedirme orientación para su trabajo de intensificación (una especie de tesina que tienen que hacer los estudiantes para obtener el diploma). Quería que el tema tuviera que ver con la Patagonia. Entonces le redor- dé que el Dr. Cattáneo, con dos de­ sús colaboradores, había estudiado ha­ cía 40 años el aceite de la semilla del coliguay, una planta indígena de nuestro país que crece en áreas veci­ nas a Trelew, y le propuse un trabajo sobre el coliguay, con el objetivo final de hacer de esta planta una especie explotable y, de ser posible, cultivada. El Dr. Cattáneo, con su habitual buena disposición, acogió a este estudiante en su laboratorio del Pabellón 2 de la Ciudad Universitaria, me imagino que con los temores que puede despertar un estudiante procedente de la Facul­ tad de Agronomía, con muy escasa práctica de laboratorio. ¿Cuántos ma­ traces y refrigerantes me irá a romper este estudíente?, habrá pensado quizás el Dr. Cattáneo. Lo cierto es que aque-

Ila estadía en el laboratorio del Dr. Cattáneo ha sido sin duda uno de !o«í

puntales del éxito con que el entonces estudiante de grado lleva a cabo ac­ tualmente su tesis doctoral en la Uni­ versidad de Arizona, en un tema de química vegetal, las resinas de Grin- delfa chiloensis — otra planta patagó­ nica— cíe aparente gran futuro por su sim ilitud con las resinas de pino. Es­ to estudiante de agronomía no era más que un brote reciente en el frondoso ramaje de íes is tos que, fo rm a re ^ una lista caci increíble, se han doctorado con el Dr. Cattáneo. Los temas de di­ chas tesis, íntimamente ligados, como es lógico, a sus temas de investiga­ ción, señalan claramente el alto signi­ ficado que tiene para esta Academia el incluir entre sus miembros al Dr. Cattáneo. Puede afirmarse que toda su actividad durante más de 50 años ha estado dedicada a la química de alimentos, sobre todo de origen ve­ getal.

Toda la ciencia y la técnica de la producción agrícola, dirigida fundamen­ talmente a alimentar a la humanidad ha tenido en la quím ica uno de sus pilares, por lo menos desde la época y obra de Justus von Liebig. Las re­ laciones entre la agricultura y la quí­ mica se han ido profundizando y cre­ ciendo en com plejidad con los avan­ ces científicos y con la necesidad de enfrentar problemas cada vez más serios, como el crecim iento de la población mundial y las alteraciones del ambiente. Baste recordar los es­ fuerzos por incrementar el contenido de lisina en algunos granos, las inves­ tigaciones que tienen que ver con la

calidad de los ácidos grasos y el me­ tabolismo del colesterol en el hombre, el reconocimiento de principios antinu- tricionales, de micotoxinas, residuos de biocidas, compuestos radioactivos, etcétera.

La obra de don Pedro Cattáneo, rica y versátil, ha estado centrada en el grupo de los lípidos y constituye para el cuerpo de los conocimientos agrí­ colas un componente de inestimable valor. Su obra no sólo aporta ideas originales, métodos e información ca­ suística, sino que señala rumbos en momentos en que todos los países del mundo reconocen la necesidad de prac­

ticar una agricultura sustentante, es decir, cuyas técnicas aseguren al má­ ximo mantenimiento de ciertas relacio­ nes entre los componentes del sistema agrícola, dentro de las cuales la recir­ culación de ciertos elementos y la re­ ducción de los desechos juegan un papel fundamental. Si bien algún autor ha identificado la aplicación de una agricultura sustentante como el fin de la “ era quím ica” de la agricultura, re­ firiéndose al fin del auge del empleo de fertilizantes y biocidas, en realidad,

la “ era biológica o ecológica” requie­ re y requerirá más que nunca la coope­ ración estrecha de la investigación agrícola con la investigación química, entre otros fines, para el desarrollo en los cultivos tradicionales de las ap­ titudes requeridas por las nuevas téc­ nicas, para acrecentar el reducido nú­ mero de dichos cultivos con los hoy denominados nuevos cultivos y para avanzar en el descubrimiento y las manipulaciones de los alimentos lla­ mados saludables (los “ heilthy foods” de los norteamericanos).

En casi todas estas direcciones se han movido las investigaciones del Dr. Cattáneo. Sus trabajos en aceites vegetales de un alto número de es­ pecies tanto tradicionalmente oleagino­ sas como no explotadas, incluidas al­ gunas consideradas malezas, sus apor­ tes a la química de los amarantos, el daikón y ciertos subproductos de la industria de alimentos atestiguan su valiosa contribución no sólo a la agri­ cultura de la que ha sido y es con­ temporáneo sino también a la del por­ venir.

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