3.3 An Alternative IS Strategy with Quadratic Temporary Impact
3.3.1 Genetic Algorithm for Numerical Optimization
Las manifestaciones de estas alteraciones pueden ser resumidas en:
a) Trastornos de las capacidades sensoriales: esto explica las difi-
cultades que pueden presentar los niños o las niñas en percibir y reconocer sus vivencias internas, así como para percibir las ame- nazas o peligros del entorno o distinguir lo que es producto de su imaginación o de sus deseos de la realidad.
b) Deficiencias en el reconocimiento y manejo de las emociones:
muy conectado con lo anterior, los hijos o las hijas maltratados pueden tener muchas dificultades en reconocer sus emociones o, mejor dicho, en discriminarlas. como sus experiencias relaciona- les tempranas les provocaron diferentes grados de sufrimiento y dolor, las vivencias que les embargan son el miedo y la descon- fianza. Esto explica que, frente a los estímulos relacionales actua- les, pueden reaccionar estereotipadamente con agresividad o, en el caso contrario, con temor. Diferentes investigaciones han mos- trado una mayor excitabilidad de la amígdala en estos niños, que es la región del sistema límbico en donde se percibe el miedo y las amenazas, y se dispara la agresividad.
c) Trastornos de la empatía: al sistema límbico se le atribuye ser el
asiento estructural de esta capacidad fundamental de los seres humanos, es decir, sintonizar emocionalmente con el otro y ac- tuar en consecuencia para apoyarlo o calmarlo cuando se percibe su sufrimiento o necesidad. La empatía, hija del apego seguro re- gistrada en las memorias implícitas, depende de la buena organi- zación y funcionamiento del sistema límbico. La empatía paren- tal es lo que les permite a los bebés y a los niños pequeñitos sentirse comprendidos por su madre o padre y atendidos en sus necesidades. Esto es lo que favorecerá la maduración del sistema límbico y el desarrollo de la empatía infantil, que será la base de las capacidades parentales cuando los hijos se vuelvan padres. sólo si un niño o una niña conoce esta experiencia puede sensibi-
lizarse para reconocer los estados de ánimo y los ámbitos emo- cionales de los demás y actuar en consecuencia. Los hijos y las hijas afectados por los diferentes tipos de malos tratos, con expe- riencias de negligencia y estrés, presentan un sistema límbico desorganizado y disfuncional. Por esta razón, pueden tener difi- cultades en sintonizar emocionalmente aun con las personas que intentan ayudarlos y cuidarlos. Pueden presentarse como niños o niñas egoístas y exigentes. Esto se manifiesta también en difi- cultades para obedecer y para manejar frustraciones.
d) La existencia de memorias emocionales traumáticas: las investi-
gaciones sobre el cerebro permiten hoy día distinguir dos tipos de memoria:
• Las memorias implícitas en las que no existe recuerdo, en el senti- do de una representación, pero sí una memoria de las percep- ciones, sensaciones, emociones y vivencias internas. Ésta es la memoria más importante en la infancia temprana, porque el ce- rebro no está aún listo para operar con una memoria explícita. • Las memorias explícitas corresponden a las representaciones de
lo que se vive internamente o de la realidad externa. Esto se traduce por la existencia de recuerdos. también esta memoria recibe el nombre de memoria narrativa.
Los niños y las niñas que han recibido diferentes tipos de ma- los tratos en su primera infancia no poseen un recuerdo o me- moria explícita de lo que les sucedió; todas sus experiencias se inscriben en formas de memorias implícitas, que corres- ponden, en su gran mayoría, a sensaciones dolorosas de pri- vación, estrés y dolor físico. Por esta razón, se utiliza el térmi- no de memorias implícitas traumáticas. Estos «recuerdos» no se pueden traducir en palabras porque el cerebro en esas eta- pas de su desarrollo no puede simbolizar lo que está pasando, por lo que la experiencia se manifiesta a través de comporta- mientos o manifestaciones somáticas específicos. Estos com- portamientos pueden parecer muy extraños, incluso para los profesionales de la infancia, porque su contenido e intensidad no está en relación con un hecho real, sino con la memoria traumática «almacenada» en el sistema límbico. En este senti-
do, se explica la frase que repetimos a menudo «el sistema límbico emociona, pero no piensa ni reflexiona».
e) Trastornos en la regulación del apetito, agresividad, frustración
y la excitación sexual: como ya lo hemos señalado, en el sistema
límbico o cerebro emocional se regulan las pulsiones que tienen que ver con el mantenimiento, la preservación y la protección de la vida. Para que esto ocurra es fundamental que los niños o ni- ñas desarrollen la capacidad de modular y educar estas pulsio- nes. son los contextos de buenos tratos en las edades tempanas, en especial hasta los tres años, los que crean las condiciones para que esto ocurra. cuando esto no es así, como en el caso de niños y niñas maltratados, son los contextos de buenos tratos ofrecidos por los sustitutos parentales y otras personas significativas los que pueden facilitar una reorganización del sistema límbico y, como resultado, una superación gradual de dichos trastornos. En este sentido, el papel que puede desempeñar la escuela, los pro- fesores y las profesoras es muy importante.