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Genotyping Using Sequenom MassArray

Chapter 2: Materials and M ethods

2.9 Genotyping

2.9.1 Genotyping Using Sequenom MassArray

Se sabe que la irradiación intensa puede determinar que la sustancia irradiada resulte radiactiva a su vez. Por lo tanto, para excluir esta posibilidad se efectuaron numerosos controles, ante todo en Estados Unidos y en Gran Bretaña, en mamíferos: ratas, ratones, perros, monos (a corto plazo, de cuatro a seis meses, y a largo plazo, de seis meses a dos años). Los alimentos sometidos a prueba fueron irradiados (2,8 a 5,6 rads en los Estados Unidos), envasados y almacenados como lo son para el uso humano. Los animales los recibían en una proporción que variaba del 35 por

ciento del peso seco de la ración alimentaria hasta el 100 por ciento. Se examinó su comportamiento desde el punto de vista del crecimiento, la fertilidad, la mortalidad, las constantes hematológicas y los efectos cancerígenos. El estudio de estos distintos criterios durante varios años y con millares de animales dio resultados favorables. Por otro lado, no se pudo detectar alteración alguna de la salud en setenta voluntarios alimentados durante 15 días con el 35 al 100 por ciento de alimentos irradiados (período demasiado corto como para extraer conclusiones valederas).

Por lo tanto, los alimentos irradiados no se vuelven radiactivos: las técnicas empleadas en la actualidad no lo permiten. Pero dejan de ser vivos. ¿A qué corresponde, para nuestra salud, esta pérdida del elemento vida? Lo ignoramos en parte, pero sabemos que es preferible no alimentarse de manera exclusiva con alimentos muertos.

Como todos los métodos de conservación, la irradiación provoca alteraciones, pero son fáciles de compensar, y la ventaja obtenida excede a este inconveniente.

Así, ciertas vitaminas son sensibles a la irradiación. En tanto que las vitaminas B2 y D no resultan influidas, las vitamina C, B1, B12, A, E y K sufren por la irradiación, y en una medida menor la vitamina B6. El caroteno de los tomates y las zanahorias pierde, asimismo, gran parte de su actividad vitamínica.

La irradiación no afecta la digestibilidad de las distintas proteínas. Pero las desnaturaliza, al atacar los aminoácidos azufrados que contienen; ello confiere al producto irradiado un olor característico, desagradable, y disminuye su valor biológico. Esta modificación aumenta con la dosis de irradiación. Sería muy ligera en las carnes y los pescados que han recibido entre 0,5 y 1 Mrad y para los huevos enteros que recibieron entre 0,5 y 5 Mrads. El trigo, rico en metionina, después de una irradiación de 5 Mrads pierde, en cambio, el 26 por ciento de su valor proteico por alteración de ese aminoácido azufrado.

También se ha formulado la pregunta de si la irradiación podía hacer aparecer en los alimentos compuestos químicos nuevos, potencialmente tóxicos, y tal vez cancerígenos o mutágenos (o dicho de otro modo, nocivos para el embrión). Las pruebas practicadas en los animales no revelaron actividad alguna de ese tipo.

Todos estos estudios fueron realizados en un plano internacional bastante amplio y con una duración de varios años.

En Estados Unidos se irradiaron primero patatas, con 5.000 y 10.000 rads; el tocino, con 4,5 y 5,5 rads, el trigo y la harina, con 20.000 a 50.000 rads. Después: las carnes de cerdo, de pollo y de vaca, los camarones, la carne enlatada, las hamburguesas, las salchichas de cerdo, las pastas de bacalao. La irradiación permite una prolongación del tiempo de venta de los mariscos y los pollos. Impide el desarrollo de mohos y la putrefacción, y permite la desinfección de los mangos, higos, cerezas, ciruelas, etcétera.

Las cabinas espaciales Apolo son esterilizadas mediante el calor y la irradiación. La alimentación de los astronautas se compone sólo de alimentos irradiados.

En el plano industrial se emplean radiaciones ionizantes para tratar las patatas (8.000 rads), lo cual permite su almacenamiento a 20 grados sin germinación. Se las trata en sacos de 5 a 10 kilos con la ayuda de una fuente móvil de cobalto 60, que se coloca cerca de los depósitos. La capacidad de tratamiento con semejante fuente es de una tonelada por hora. La pérdida de peso de los tubérculos se reduce, de tal manera, al 1 por ciento (en lugar de 12 por ciento) y la germinación queda anulada por completo. Los resultados obtenidos en Suiza con 9.600 rads han sido superiores a los logrados antes por medio de inhibidores químicos: ¡el clorofamo, derivado del uretano, veneno empleado también como herbicida, el profamo -isopropilpenilcarbamato-, cancerígeno multipotencial para la rata, y algunos otros productos cuya composición se conserva en secreto!

En Francia, las patatas irradiadas deben ser rotuladas para que el consumidor quede informado. Los bulbos (ajo, cebolla) también son irradiados para impedir su germinación (12.000 rads), y ello inmediatamente después de la cosecha.

La irradiación fue empleada para aumentar la conservación de frutos delicados, tales como los tomates, los albaricoques, las fresas y los melocotones, en dosis que varían de 40.000 a 150.000 rads.

La irradiación del pescado con 0,3 Mrad permite conservarlo durante 20 días, siempre que se lo refrigere, lo cual da el tiempo necesario para su distribución y su comercialización. Dosis más elevadas, esterilizantes, decoloran al pescado y le confieren un olor anormal.

Las carnes precocidas a 70 grados, irradiadas con 4,5 Mrad, pueden ser luego almacenadas durante veintidós meses (ejército de Estados Unidos). Una irradiación a 0,2 Mrad mata o impide la evolución de la triquina (verme parásito de la carne).

En la cría de gallinas en batería, los huevos cascados son recuperados, puestos en recipientes y congelados. Las cáscaras de estos huevos son contaminadas a menudo por salmonelas. Estos microorganismos han provocado intoxicaciones con gastroenteritis después del consumo de postres preparados con esos huevos. La irradiación (0,5 Mrad) de los huevos en estado de congelamiento ha resultado ser un buen método para evitar tales incidentes.

Los países productores de arroz y especias se muestran muy interesados por la irradiación de esos productos a fin de protegerlos de los predadores (0,5 a 0,8 Mrad).

Otros alimentos tratados son los espárragos frescos, los hongos y los camarones hervidos.

Las radiaciones ionizantes representan a veces el único método utilizable. Empleadas en dosis débiles y asociadas con otras técnicas (salazón, calor, refrigeración), permiten obtener buenos resultados.

La técnica de la radioconservación de los alimentos tiene la ventaja de mantener el aspecto inicial del producto, y hacerlo estable a la temperatura ordinaria, con un envasado liviano que evita cualquier contaminación posterior.

No existe método alguno para reconocer si un producto alimenticio ha sido irradiado o no, siempre que esto se haga con las dosis débiles autorizadas.

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