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3.4 Interactive Prototypes

3.4.4 Geographical map

Nuestro interés por rastrear el mito de Ixión a lo largo de toda la literatura griega nos ha llevado a toparnos con Flavio Josefo y su Guerra de los judíos, un autentico clásico del judaísmo que es fruto y, en cierta medida, culminación de una larga tradición de la literatura hebrea en lengua griega267. Josefo, como muy

pronto se le reconoció, fue el más importante historiador hebreo, nacido en Jerusalén de una familia aristocrática y sacerdotal hacia el año 38 d. C. Entre los años 75 y 79 se fija la composición de su primera obra presentada bajo dos títulos diferentes: la tradición cristiana habla de  haciendo referencia a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén, mientras que las ediciones modernas van encabezadas habitualmente por , la guerra judía. Hoy en día se tiene por originario y verdadero el título de la Guerra de los judíos.

Se debe destacar que el texto de la obra que nos ha llegado nos viene presentado como una traducción al griego, que se remonta al propio Josefo, aunque no es el idioma originario de la primera versión, ya que ésta estaba escrita en arameo, la lengua materna del autor. En realidad no es una simple traducción, sino una reescritura, una paráfrasis, de ese relato anterior escrito en su propia lengua. Josefo no debía aún a sus 36 años tener dominada totalmente la lengua griega, con lo cual se sirvió de algunos colaboradores para poder transmitir su obra268.

La obra se presenta dividida en siete libros, división que se remonta al mismo Josefo, de los cuales los dos primeros son una amplia introducción histórica que narra los antecedentes, desde la rebelión de los Macabeos hasta los sucesos próximos a la guerra, en donde se inserta nuestro fragmento con la alusión a Ixión; los restantes libros relatan la guerra de los romanos contra los judíos.

267 Para más detalles de todo lo que se va a exponer acerca del autor y la obra se puede

acudir a Ricciotti (1963) y a la introducción de Nieto Ibáñez (1997).

LA GUERRA DE LOS JUDÍOS, II, 156, 1-7

En sus siete libros, a lo largo del relato de todos los incidentes, intrigas y batallas de la guerra y de su historia precedente, el autor desarrolla una serie de excursos sobre aspectos geográficos, institucionales, religiosos, filosóficos, etc., del mundo judío y romano. Así, encontramos en uno de estos excursos que Josefo hace en el libro II sobre las sectas judías, en especial, sobre los esenios y sus doctrinas divinas acerca del alma, a cuatro de los personajes de la mitología griega que se han convertido en paradigma de castigo: Sísifo, Tántalo, Ixión y Ticio. δοκοῦσι δέ μοι κατὰ τὴν αὐτὴν ἔννοιαν Ἕλληνες τοῖς τε ἀνδρείοις αὐτῶν, οὓς ἥρωας καὶ ἡμιθέους καλοῦσιν, τὰς μακάρων νήσους ἀνατεθεικέναι, ταῖς δὲ τῶν πονηρῶν ψυχαῖς καθ' ᾅδου τὸν ἀσεβῶν χῶρον, ἔνθα καὶ κολαζομένους τινὰς μυθολογοῦσιν, Σισύφους καὶ Ταντάλους Ἰξίονάς τε καὶ Τιτυούς, πρῶτον μὲν ἀιδίους ὑφιστάμενοι τὰς ψυχάς, ἔπειτα εἰς προτροπὴν ἀρετῆς καὶ κακίας ἀποτροπήν. (BI. II, 156, 1-7)

Me parece que los griegos, según esta misma idea, asignaron las Islas de los Bienaventurados a sus hombres, que llaman héroes y semidioses, mientras que para las almas de los seres malos les tienen reservado el lugar de los impíos en el Hades, donde la mitología cuenta que algunos personajes, como Sísifo, Tántalo, Ixión o Ticio, reciben su castigo; de esta forma establecen, en primer lugar, la creencia de que el alma es inmortal y, en segundo lugar, exhortan a buscar la virtud y a alejarse del mal.

Josefo, presentándonos las doctrinas que los esenios tienen acerca del alma, las compara con las griegas y halla entre ellas significativas coincidencias, como él mismo dice. Así, en primer lugar las almas buenas, tanto de los griegos como de los esenios, una vez separadas del cuerpo mortal, pasan a un lugar que les está destinado sólo a ellas. El lugar donde residen las almas esenias es descrito por Josefo como un locus amoenus269:

καὶ ταῖς μὲν ἀγαθαῖς ὁμοδοξοῦντες παισὶν Ἑλλήνων ἀποφαίνονται τὴν ὑπὲρ ὠκεανὸν δίαιταν ἀποκεῖσθαι καὶ χῶρον οὔτε ὄμβροις οὔτε νιφετοῖς οὔτε καύμασι βαρυνόμενον, ἀλλ' ὃν ἐξ ὠκεανοῦ πραῢς ἀεὶ ζέφυρος ἐπιπνέων ἀναψύχει· (II, 155, 3-5)

Creen al igual que los hijos de los griegos, que las almas buenas irán a un lugar más allá del Océano, donde no hay lluvia, ni nieve ni calor, sino que siempre le refresca un suave céfiro que sopla desde el Océano.

Para los griegos este lugar agradable donde residen las almas buenas pertenece a las islas de los Bienaventurados270.

En cuanto a la ubicación de las almas malas al morir también existen coincidencias entre ambas culturas. Así Josefo nos dice:

 (II, 155, 6-7)

(Los esenios) establecen para las almas malas un antro oscuro y frío, lleno de eternos castigos.

Mientras que los griegos:

 (II, 156, 3-6)

Para las almas de los seres malos les tienen reservado el lugar de los impíos en el Hades... donde reciben castigos

Josefo considera que todas las almas humanas son inmortales y, por ello, su castigo o premio al morir es eterno. Este pensamiento se aparta de manera radical de la tradición mítica más generalizada que consideraba que los castigos eternos, como los que Ixión, Ticio, Tántalo o Sísifo recibieron, fueron la consecuencia de haber obtenido previamente la inmortalidad por otros medios, que no de nacimiento. En el caso de Ixión y Tántalo cuando compartieron la mesa de los dioses271.

270 Esta idea aparece ya en Hesiodo Trabajos y Días, 167 – 173. Cf. Gelinne (1988) 225-

240; Martínez Hernández (1992); Bremmer (2002).

271 Cf. Para Ixión: Luc. De Sacrificiis, 9; Sat. 38; DDeor. 6, 1; Sch. In Od. XXI, 303.