Dentro de esta área de investigación son muchos los trabajos que se han realizado a lo largo de la historia de la psicología trans- cultural y son también muchos los aspectos que se han analizado. Nosotros nos dedicaremos a presentar una muestra de los estudios realizados sobre tres temas que nos parecen de especial relevancia: el tipo de clasificación realizada, el cambio de criterio de clasificación y el uso de explicaciones verbales de la categoría y criterio elegido.
Con relación a los trabajos que estudian el tipo de clasificación podríamos citar, por ejemplo, las investigaciones clásicas realizadas por Bruner, Oliver y Greenfield (1966) y Greenfield y Bruner (1969) y algunas más actuales como los de Blount y Schwanenflugel (1993), Cubero y Ramírez (1998), Lin, Schwanenflugel y Wisenbaker (1990), Mishra (1997) o Wassmann y Dasen (1994). Estos, al igual que Luria, se centraron en la influencia de la escolarización en el tipo de clasifi- cación realizada. En particular, analizaron dos aspectos de las agru- paciones. Por un lado, el criterio de clasificación elegido y, por otro, el número de rasgos utilizados para elaborar el concepto. Bruner y colaboradores, por ejemplo, trabajaron con niños escolarizados y no escolarizados de la tribu Wolof, de la campiña del Senegal, a los que proponían una tarea de clasificación de dibujos de objetos en distin- tos grupos en función de su parecido. Los objetos podían ser agru- pados según tres criterios: color –rojo–, forma –redondo– y función –ropas–; y dos de los objetos pertenecían a la vez a dos de los tres grupos posibles –una ropa roja y un objeto redondo rojo–. Las clasi-
ficaciones elaboradas fueron analizadas en función de los dos aspec- tos especificados unas líneas más arriba.
Estos autores destacaban como conclusión más importante que la educación escolar influía de manera decisiva en el tipo de agrupa- ción realizada, así como en las argumentaciones esgrimidas por los sujetos para constituir los grupos. De hecho encontraron datos de que los niños no alfabetizados, a diferencia de los alfabetizados, ela- boraron, preferentemente, clasificaciones apoyándose en el color, y utilizaron normalmente una gran variedad de características de los objetos como base de sus agrupamientos. Esto último justifica, se- gún Greenfield y Bruner (1969), que estos niños rara vez menciona- ran la categoría a la que pertenecía cada conjunto de dibujos. A partir de estas dos características, los autores concluían que los sujetos no alfabetizados empleaban preferentemente conceptos concretos o establecidos sobre la base de operaciones psicológicas concretas. La ejecución de los sujetos alfabetizados, sin embargo, reflejaba el resultado contrario. Su preferencia por el color era muy baja e incluso descendía más en función de que aumentara la experiencia escolar. Este aumento del grado de escolaridad correlacionaba, también, con un incremento en la preferencia por el uso de criterios como la forma o la función. Además, estos sujetos, elaboraban clasificaciones sus- tentadas en un único rasgo común a todos los dibujos pertenecien- tes a ese grupo y que no caracterizaba a ninguno de los dibujos pertenecientes a otro concepto o grupo. De estos datos los auto- res concluían sobre el uso que hacían los alfabetizados de conceptos y operaciones abstractas.
Estos mismos datos pueden encontrarse en investigaciones más cercanas a nosotros, por ejemplo en los trabajos del Laboratorio de Actividad Humana (L.A.H.) (1988, 1993) con alumnos de las escuelas de educación de personas adultas de Andalucía. En concreto, es- tos autores utilizaban como materiales fotografías de objetos cotidia- nos que podrían clasificarse por criterios formales del tipo: plantas, animales, medios de transportes, prendas de vestir, tipos de vivien- das, etc., o criterios más contextuales dependiendo de la experiencia particular de cada sujeto. En estos trabajos se estudiaban los tipos de clasificaciones que realizaban alumnos con distinto nivel de alfa- betización, tanto cuando el objetivo era clasificar, como cuando se utilizaba tal estrategia como medio para el recuerdo. También en es- tas investigaciones se encontraron diferencias significativas en lo concreto o abstracto de la agrupación empleada en función del nivel
educativo. Uno de los datos que avalaba tal afirmación era que las personas con nula o muy escasa experiencia escolar, a diferencia de los alfabetizados, no utilizaron nunca la agrupación en tareas de me- moria y cuando se les decían explícitamente que agruparan, lo hacían aludiendo a su experiencia directa con los objetos que representaba el material a agrupar. Es en este sentido que el L. A. H. (1988) con- cluía que mientras más experiencia escolar tenían los sujetos, más abstractas eran las agrupaciones que realizaban y más probabilidad existía de que las emplearan no sólo como objetivo en sí, sino tam- bién como medio para facilitar el recuerdo. Estos autores, al igual que Luria, sugieren que las demandas de la escuela, distintas a las de la vida cotidiana de estos individuos, son las responsables de la utili- zación de nuevas operaciones psicológicas o nuevas formas de clasi- ficar el mundo.
Un segundo aspecto en los que, según las investigaciones trans- culturales, parece que influye la escolarización, con relación a las ta- reas de agrupación, tiene que ver con la posibilidad de hacer reclasi- ficaciones, en hallar más de un criterio sobre el cual agrupar. Sharp et al. (1979) realizaron una de las investigaciones más ampliamente cita- da a este respecto. Estudiaron a sujetos mayas y mestizos de distin- tas edades y con distinta experiencia escolar de áreas rurales de Yucatán (México). La tarea que se les proponía era agrupar unas fo- tografías en las que los objetos representados eran figuras geométricas que variaban en función del color, forma y número. Estos autores hallaron como dato interesante, a este respecto, que una vez que los sujetos realizaban una agrupación, les resultaba difícil cambiar de cri- terio y que la dificultad era mayor en la medida que se tenía menos experiencia escolar. Es por ello que se concluye que construir bue- nas clasificaciones no asegura poder reclasificar los mismos elemen- tos sobre la base de otro criterio. No son, por tanto, resultado de un mismo proceso. Precisamente según Cole y Scribner (1974):
“[...] es posible que una de las consecuencias de la instruc-
ción sea inculcar la noción de que cualquier grupo de obje- tos se puede manejar (clasificar) de diversas maneras; es de- cir, que no hay una manera correcta independientemente de la tarea que se ejecute” (ídem, 106).
Otro de los temas clásicos en las investigaciones transculturales sobre clasificación versa sobre el uso del lenguaje para describir las agrupaciones y el criterio sobre el que se han construido. En este
sentido, Scribner (1963, 1977); Scribner y Cole (1973, 1981) y Cole y Scribner (1974), trabajando con sujetos de las tribus Kpelle y Vai de Liberia, y Sharp et al. (1979) con sujetos de Yucatán, encontraron re- sultados comunes. Las diferencias entre los sujetos con distinta ex- periencia escolar se referían más a las explicaciones verbales dadas que a la naturaleza de las agrupaciones realizadas. Parece que las diferencias entre los sujetos de distintos países o tribus dependen, sobre todo, del nivel educativo, ya que éstas se mantenían incluso cuando se empleaban distintos materiales. En el caso de las investi- gaciones llevadas a cabo por los primeros autores citados (Scribner y Cole), el material por clasificar consistía en objetos comunes que pertenecían a categorías como enseres de caza, alimentos, utensilios de cocina, ropas y material de costura. En el caso del estudio de Sharp et al. (1979) el material consistía en figuras geométricas. En to- dos los casos, mientras que los más alfabetizados justificaban las clasificaciones realizadas en función de las propiedades semánticas que compartían los objetos de un mismo grupo, los no alfabetizados, cuando argumentaban, lo hacían apoyándose en criterios en los que se reflejaba la participación conjunta de los objetos que componían el grupo en una actividad práctica.
Todos estos trabajos nos llevan a concluir que existe una estre- cha relación entre estas dos variables. Parece ser que el que los suje- tos estén o no alfabetizados influye decisivamente, entre otros aspec- tos, en el modo de realizar agrupaciones, en cuándo se va a hacer uso de éstas, en la posibilidad de cambiar de criterio de clasificación y, sobre todo, en la manera en la que los conceptos son explicados. Precisamente el tipo concreto de explicación que esgrimen los suje- tos alfabetizados y no alfabetizados, así como un análisis más deta- llado de los aspectos en los que difieren éstos en los modos de clasi- ficar será el contenido específico del trabajo que Cubero y Ramírez presentan como parte de este material.