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El cambio efectuado del pensamiento o actitud contemplativa ante el mundo hacia la abstracción permitió en la historia un proceso creciente de construcción de objetos técnicos desde instrumentos hasta obras: carreteras, barcos, la brújula, el astrolabio, el timón; en lo militar, pasar de la catapulta al cañón. Pero más allá de lo tangible representado en grandes y pequeñas invenciones, se trataba de un cambio profundo en la concepción del mundo y en las categorías de tiempo y espacio, que allanaban el camino del individuo hacia la modernidad.

Según Gómez (1991), el nacimiento de los gremios como una fuerza productiva de importancia propició la aparición de las primeras escuelas tradicionales de aprendices industriales que, posteriormente, se convertirían en escuelas de artes y oficios públicas, ello, a medida que los conocimientos empíricos requerían de fundamentos conceptuales de las teorías científicas (p.108). Pero al parecer, el vínculo entre las escuelas artesanas y el desarrollo industrial no fue tan nítido como se piensa, por el contrario, fueron las clases dominantes de

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Centros Regionales de Educación Superior donde la mayoría de la oferta educativa se concentra en programas técnicos profesionales y tecnológicos.

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De acuerdo con datos del Ministerio de Educación Nacional, la oferta de programas en áreas agropecuarias es tan solo del 2% y en ciencias básicas del 3%.

entonces, primero las familias feudales y luego las clases mercantiles, a excepción de España, las que utilizaron el complejo tecnológico y los instrumentos mecánicos en beneficio particular, lo que permitió de todas formas, la expansión del mercado, el aumento de la producción y un sistema comercial nunca antes visto iniciado con el descubrimiento de América y la conquista, hasta el siglo XVIII con la producción de objetos inútiles pero llamativos que se exhibieron como mercancía en las Exposiciones Universales. No obstante, tanto en el ámbito de la industria mecánica como en el de las artes y los oficios, se plantea una articulación entre el conocimiento y la industria, el aprendizaje y la práctica de una cultura económica de la producción y podría constituirse en el origen de la “tecnología” como una articulación de la técnica y de la fundamentación científica; sería el esbozo muy tenue de lo que hoy se denomina conocimiento tecnológico y que aún busca su identidad.

Los siglos XV y XVI fueron de impulso creativo hacia la invención de aparatos que permitieran dominar distancias y espacios nunca antes alcanzados, como velocípedos o aparatos voladores que quedaron plasmados como los sueños irrealizables de D´Vinci. En el siglo XVI se produjo una serie de perfeccionamientos de tipo técnico en masa propiciados por la independencia de los sistemas mecánicos de otro tipo de relaciones. Ello se logró porque los productores de las máquinas diluyeron su deseo de reproducir en ellas los cuerpos y funciones orgánicas, logrando crear objetos como sus equivalentes abstractos, por ejemplo, la grúa, el molino de agua y la lámpara eléctrica. A hombres de la ciencia del siglo XVII como Galileo, Descartes, Leibniz, Newton y Pascal se sumaron otros que desarrollaron la ciencia experimental como Roger Bacon y otros monjes que trabajaron en la mecánica, la cual se convirtió en el centro del mundo productivo, como punto de partida de las ciencias físicas y de los perfeccionamientos técnicos, había aparecido la percepción del mundo mecánico como modelo

de investigación aplicada y paralelamente también se percibía un nuevo sistema económico de previsión, experiencia y demostración.

Así, al conocimiento técnico en ámbitos como la construcción, la transformación de metales, la navegación marítima y la hidráulica se sumó el saber científico en el desarrollo inicialmente de la mecánica clásica, esto es, en la geometría, el cálculo y la aritmética entre otros conocimientos que concluyeron en el siglo XVII hacia la mecanización industrial. Simultáneamente se daba un empeño por unir los oficios y ocupaciones con el dominio de un campo de conocimiento, como esbozo de las profesiones.

De acuerdo con Víctor Manuel Gómez (1991),

La primera institución de formación de “tecnólogos” como tal en el mundo, fue la Escuela de Ciencias Matemáticas y Navegacionales de Moscú fundada por Pedro El Grande en 1.701. No obstante, la formación científico-tecnológica comenzó realmente a consolidarse a finales del siglo XIX y principios del XX con la creación de los llamados Politécnicos vinculados fuertemente con la industria y una explosión de los mismos a partir de la revolución de 1917.

De esta manera, la formación tecnológica ha estado desde sus albores ligada a la aparición y fortalecimiento de la industria y a las obras civiles como ámbitos de fusión de la técnica con la ciencia teniendo como punto de partida la mecánica; así lo demuestra, por ejemplo, la apertura en Francia en 1.794 de la “Ecole Polytéchnique” para el estudio de las artes mecánicas y de las ciencias, cuyo principal objetivo era sustituir la tradicional formación práctica, instrumental, característica de las antiguas Escuelas de Artes y Oficios por una formación científica básica para las diferentes técnicas industriales (p. 109).

En Alemania, también en el siglo XVIII, se crearon las universidades técnicas que establecieron claras diferencias curriculares y conceptuales entre el saber técnico y el tecnológico que era equivalente, este último, al de “ingeniero práctico”. Simultáneamente en los Estados

Unidos e Inglaterra se establecieron institutos constituidos por las propias asociaciones de artesanos y obreros interesados en profundizar su formación de tipo práctico por una de carácter más científico. De esta manera, desde la academia se empezaba a impulsar un saber sobre “el cómo hacer” inherente al conocimiento tecnológico.