Una vez que el Hombre Espiritual Interno ha descartado sus cuerpos físico y etéricos, permanece en un CUERPO SUTIL, compuesto de sustancia ASTRAL y MENTAL. El alma, entonces, se refugia normalmente, en el segundo subplano o nivel del Plano Astral (el sexto, a partir de arriba), en donde pasará un cierto tiempo dedicado a lo que esotérica y místicamente se denomina "EXAMEN DE CONCIENCIA". Este período de tiempo, considerado de acuerdo con nuestro concepto tridimensional del tiempo, puede ser corto o largo, desde días o meses hasta muchos años, dependiendo en todo caso de la evolución espiritual alcanzada por el alma. Cuanto menos evolucionado se esté mayor será el tiempo de permanencia.
Ahí, en este nivel, tiene lugar también UNA SEGUNDA RECAPITULACIÓN enteramente astral, y consiste en recapitular o memorizar todos los acontecimientos astrales vividos por el alma a través de los DESEOS, EMOCIONES y SENTIMIENTOS durante el proceso de la encarnación física. Si el difunto pudiera dejar tras sí todos sus deseos, se desprendería bien pronto del cuerpo de deseos o astral, quedando así libre para entrar en el Mundo Celeste situado en el Plano mental. Pero no sucede así generalmente. La mayoría de los hombres, especialmente si mueren en la primavera de su vida, tienen muchos lazos y mucho interés por la vida de la tierra. Al perder su cuerpo físico, no por eso son alterados sus deseos. Y, en realidad, muy a menudo sus deseos son AUMENTADOS por un anhelo intensísimo de volver. Y esto obra sujetándolos más al Mundo del Deseo o Plano Astral en una forma poco agradable, aunque desgraciadamente no lo comprendan así. Por otra parte, las personas viejas y decrépitas, y todos los que han sido debilitados por una larga enfermedad y están cansados de la vida, pasan por él rápidamente.
Mientras el hombre mantenga deseos relacionados con la vida terrestre, debe permanecer en su cuerpo de deseos; y como el progreso de un individuo requiere que éste pase a las regiones superiores, la existencia en el mundo del deseo debe ser forzosamente PURGADORA, tendiendo a Purificarlo de las cadenas de sus deseos. El cómo se efectúa, será bien comprendido tomando algunos ejemplos definidos:
"El avaro que ama a su oro en la vida terrestre lo sigue amando
igual después de la muerte; pero, en primer lugar, no puede ya adquirir más, porque no tiene cuerpo denso a su disposición para adquirirlo y, lo que es peor de todo, ya no puede guardar lo que ACUMULÓ durante su vida. Y sus parientes se lo repartirán, posiblemente hablando muy mal del viejo avaro. Éste entonces SUFRIRÁ INTENSAMENTE, su sufrimiento será tanto más horrible porque no es completamente mental. En el Mun-
do Astral este sufrimiento tiene amplia expansión, y el mísero sufrirá
hasta que aprenda que "oro" puede ser una calamidad o un azote. En esta forma se va contentando gradualmente con su suerte y se LIBERA, por último, de su cuerpo de deseos o astral y puede seguir adelante...".
Tomemos otro ejemplo:
" En el caso de un bebedor. Tiene tanto gusto por los licores
después de su muerte como antes de ella. no es un cuerpo denso el que le pide bebida. Se ha enfermado por el alcohol y no puede pasar sin él. Vanamente protestará de manera diversa, pero el cuerpo de deseos del bebedor exigirá la bebida y obligará al cuerpo denso a tomarla, para que así resulte una sensación de placer, pues aquel producto aumenta la vibración. Este cuerpo astral subsiste después de la muerte del cuerpo denso; pero el bebedor que se encuentra en su CUERPO DE DESEOS no tiene ni boca ni estómago capaces de contener licores físicos. Puede, y así lo hace, ir a los bares o cafés donde interpola su cuerpo astral denso del
de los bebedores para aprovecharse así un tanto de sus vibraciones por
inducción; pero es demasiado débil para darle satisfacción. Puede mantenerse dentro de un tonel de aguardiente; pero esto tampoco le da resultado porque un barril no produce vapores que sólo se generan en los órganos digestivos del bebedor. No tiene el menor efecto sobre él y se encuentra en parecidas circunstancias a las que se encuentra el hombre que en un barquichuelo estuviera en medio del océano... "agua, agua por doquier, pero ni una sola gota para beber", y, en consecuencia, sufre
intensamente. Con el tiempo aprende, sin embargo, la inutilidad de desear bebidas que no puede saborear. De la misma manera como sucede con
muchos de nuestros DESEOS DE LA VIDA TERRESTRE , todos los
deseos en el mundo astral mueren por falta de oportunidad para satisfacerlo. Cuando el bebedor ha sido así PURGADO, está preparado, en lo que concierne a esa costumbre, para dejar el estado de "PURGATORIO" y ascender al Mundo celeste.
"Vemos, pues, que no hay tal dios vengativo que ha hecho el purgatorio o el infierno para nosotros, sino que los creadores de estos han sido nuestros propios actos y malos hábitos. De acuerdo con la intensidad de nuestros deseos será el tiempo que tengamos que sufrir para su
purificación".
El avaro se preocupó por su oro y el borracho por su bebida, y así la inconmovible LEY da a cada uno lo que necesita para PURIFICARSE de sus intensos deseos y malos hábitos. Esta es la LEY de CAUSA Y
EFECTO "KARMA" que regula todas las cosas, restableciendo todo el
equilibrio del universo. Los Evangelios dicen: "aquello que el hombre siembre, eso mismo recogerá". Tarde o temprano llega la cosecha, puede que pronto o puede que tarde en varias reencarnaciones después, pero siempre llega, porque la Ley Divina no es sobornable como lo puede ser la humana, y cada uno recoge el fruto de su siembra. Esta Ley es realmente como una BENDITA MEDICINA, ya que cura todos los desajustes físicos, emocionales y mentales. Enseñando al hombre, aunque sea por el sufrimiento el verdadero VALOR de sus acciones en los tres mundos.
Tras la muerte, en el mundo del deseo o Plano Astral esta Ley de Causa y Efecto obra PURIFICANDO o PURGANDO al hombre de sus deseos inferiores, corrigiendo las debilidades y vicios que obstaculizan su progreso, haciéndolo sufrir de la manera más adaptada a ese propósito. Si ha hecho sufrir a otros o se ha portado injustamente con ellos, tendrá que sufrir de idéntica manera -es lo justo-. Pero debe notarse, sin embargo, que si una persona ha estado sujeta por sus vicios o ha hecho mal a otros, pero ha conseguido al fin DOMINAR aquellos defectos o se ha arrepentido sinceramente y en lo posible REMEDIADO el mal causado, tal ARREPENTIMIENTO REFORMA y RESTITUCIÓN, lo ha purificado de esos vicios y malas acciones. El EQUILIBRIO ha sido
restablecido y la lección se ha aprendido durante esa encarnación y, por lo tanto, no causará sufrimiento después de la muerte. "Esa Es La Ley
Divina, Justa Y Misericordiosa Al Mismo Tiempo".
En el Mundo Astral se vive TRES VECES más rápidamente que en el mundo físico. Un hombre que haya vivido 50 años en el mundo físico viviría los mismos sucesos en el Mundo Astral en unos 16 años. Esto es, por supuesto, generalmente hablando. Hay personas que permanecen en el Mundo Astral mucho más tiempo que el que pasaron en su vida física. Otras, por el contrario, que han abandonado la vida con muy pocos DESEOS GROSEROS, pasan por ese Mundo en un período de tiempo mucho más corto, pero el tiempo indicado es el usual en lo que se refiere al hombre corriente del día. Debe recordarse que conforme el
hombre deja su cuerpo denso al morir, su vida pasa da se despliega ante el en imágenes, a orden inverso de acontecimientos, es decir,
empezando por la vejez, después la madurez, juventud y por último la infancia. Pero este recordatorio no produce ninguna tensión al hombre, ya que lo mira serenamente, como juez y observador a la vez.
Mas, durante su vida, en el Plano Astral estas imágenes de vida se despliegan hacia atrás, como antes; pero ahora tiene el hombre TODOS LOS SENTIMIENTOS que le es posible tener conforme las escenas van pasando una por una ante él. CADA INCIDENTE EN SU VIDA QUE ACABA DE DEJAR VUELVE A SER VIVIDA DE NUEVO.. a una velocidad sumamente rápida. Cuando ha llegado al punto en que ha INJURIADO a alguien, el mismo sufre el dolor que sufrió la persona injuriada. Vive toda la aflicción, y el sufrimiento que causó a los demás y
APRENDE cuán dura de soportar fue la herida o la aflicción que el causó. "El objeto del PURGATORIO es borrar los malos hábitos
haciendo imposible su gratificación. El individuo sufre exactamente lo que ha hecho sufrir a otros con su deshonestidad, crueldad, intolerancia o lo que fuera. Por este sufrimiento aprende a OBRAR cariñosa, honesta y benevolentemente y con toda paciencia para los demás en el futuro. Y en consecuencia de este beneficioso estado, el hombre aprende el valor DE LA VIRTUD y de la ACCIÓN JUSTA y RECTA".
Algunos pueden pensar, que ¿cómo habiendo anteriormente pasado por el purgatorio en pasadas vidas no hemos aprendido la lección ?. La respuesta es sencilla, en nuestra actual situación sí que conocemos en gran medida lo que está bien y lo que está mal, de hecho
cuando obramos mal siempre hay una vocecilla en nuestras conciencias que nos advierte, y a veces nos da remordimientos. Esa vocecilla es LA
VOZ DE LA CONCIENCIA, sabia y justa, ella es el resultado de todas
nuestras experiencias y, de hecho si la siguiéramos, seríamos Hombres Sabios. Por lo tanto, en nuestro interior, si hemos aprendido la Lección, pero muchas veces nuestra Naturaleza Inferior nos gana la partida y en consecuencia sufrimos y seguimos haciendo sufrir con lo cual sufriremos aún más...
La Religión Cristiana llama a el sufrimiento producido por los Deseos Inferiores en el Plano Astral "LA MUERTE SEGUNDA", ya que ha de morir en sus deseos terrenales antes de seguir su ASCENSIÓN en los Mundos Superiores. Cuando el hombre ya está libre de toda ATADURA EMOCIONAL abandona su cuerpo astral y, pasa entonces al
PLANO MENTAL libre de las amarras del deseo animal. Por lo tanto el
hombre desencarnado, SALE por completo fuera de la esfera de atracción de la tierra.
La muerte no cambia a un hombre en manera alguna; éste si-
gue siendo el mismo en todo respecto, excepto en haber perdido su cuerpo físico. Sus pensamientos, deseos y emociones, son exactamente los mismos, y su felicidad o desgracia dependen del grado en que lo hubiere afectado la pérdida de su cuerpo físico. A menudo no cree él que está muerto, ya que mira sus antiguos objetos familiares y sus amigos alrededor de sí, pero empieza a darse cuenta de la realidad en cuanto ve que no puede comunicarse con ellos. Les habla poco después de su muerte y parece como que ellos no lo oyen, trata de tocarlos, pero con sorpresa ve que no hace ninguna impresión en ellos. Durante algún tiempo trata de persuadirse de que está soñando, pero gradualmente descubre que, después de todo, ya “murió”. Entonces, por regla general, empiezan los muertos a sentirse decepcionados de las enseñanzas que recibieron. No comprenden donde se hallan o que les ha sucedido, ya que su situación no es la que esperaban desde el punto de vista ortodoxo. Como lo dijo un general Inglés al encontrarse en condición semejante: "¿Entonces, si estoy muerto, en dónde me hallo? Si este, es el cielo, no me parece gran cosa. Y si es el infierno, está mejor de lo que yo es- peraba"
Y así, a causa de esta infundada y blasfema teoría del fuego in- fernal, se ocasiona gran cantidad de inquietud y aún de agudo sufrimiento,por completo innecesario, pero prontamente se encuentra el
desencarnado con un protector astral o con algún otro muerto ya bien instruido y aprenderá por él que no hay causa alguna de temor y que hay una vida razonable que puede vivirse en este mundo nuevo lo mismo que en el que abandonó. Entonces descubre él, por grados, que hay mucho que es nuevo y mucho que tan sólo es contraparte de lo que ya conoce, pues en este mundo astral los pensamientos y los deseos se expresan en formas visibles, sí bien están compuestos, en su mayor parte, de la ma- teria más fina del plano. Esto se hace más y más patente a medida que avanza su vida astral y que él se va retirando más y más dentro de sí mismo. A medida que el tiempo transcurre, presta menos y menos atención a la materia inferior que forma la contraparte de los objetos físicos, y se ocupa más y más de la materia superior de la cual se construyen las formas mentales, esto es, hasta donde sea posible que las formas mentales aparezcan en el mundo astral; y así su vida se va transformando en una vida en el mundo del pensamiento, y se desvanece de su horizonte la contraparte del mundo que él ha dejado tras de sí, no porque él haya cambiado de localidad en el espacio, sino porque su interés ha cambiado de centro. Todavía persisten sus deseos, y las formas que lo rodean serán en gran parte la expresión de tales deseos, pero las felicidades o contrariedades de su nueva vida dependerán principalmente de la naturaleza de aquellos deseos.
Toda la vida astral después de la muerte es un proceso constante y firme de retrotraerse el Ego dentro de sí mismo, y cuando a su debido tiempo llega el alma al “límite” de aquel plano, muere para él de la misma manera que murió para el mundo físico, es decir, desecha el cuerpo de la materia de aquel plano y lo deja tras de sí, pasando a una Vida más elevada y más plena en el mundo Celeste.
Pero un, ebrio, o un sensual que durante la vida física, hubieren sido presa del "vino" o de la lujuria al grado de supeditar a su vicio toda razón y sentimientos de decencia o afectos de familia, se encontrarán, después de la muerte, en las más bajas subdivisiones del mundo astral pues sus anhelos fueron tales que exigían un cuerpo físico para su satisfacción. Esas ansias se manifiestan como vibración en el cuerpo astral, y mientras el hombre vivió en el mundo físico, la mayor parte de su fuerza se empleó en poner en movimiento las pesadas partículas físicas. Pero hallándose en el mundo astral sin cuerpo físico para amortiguar y demorar la fuerza de las vibraciones del deseo, siente los apetitos tal vez centuplicados en su poder y sin embargo se mira
completamente incapaz de satisfacerlos por falta del organismo físico; y así su vida es entonces un verdadero infierno, el único infierno que existe. Empero, él se halla cosechando el resultado perfectamente natural de su propia acción y ningún poder exterior lo está castigando. Gran parte del sufrimiento resulta allí de la falta de satisfacción del vicioso deseo fortalecido y fomentado mientras usaba el cuerpo físico; el pecador es su
propio verdugo. Todo eso fue bien conocido en el mundo antiguo, aún
entre los Griegos quienes lo representaban fielmente bajo el mito de
Tántalo, quien constantemente sufría una rabiosa sed y estaba por
siempre condenado a mirar que el agua se alejaba de él a medida que sus labios estaban a punto de tocarla...
Un asesino que en Kámaloka (plano astral) está reconstruyendo una y otra vez las escenas del asesinato y los sucesos subsiguientes, repitiendo incesantemente su nefasto crimen y pasando de nuevo por todos los terrores de su arresto y ejecución, está sin duda experimentando un "infierno" en comparación del cual el fuego y el azufre son meras ficciones teatrales. En muchos casos, como el asesino piensa y piensa otra vez en el crimen cometido, por esta incesante meditación, medio maligna, medio terrorífica, producirá algo semejante a una obsesión de la escena de su violenta muerte. Pero ninguna de estas condiciones es eterna y ninguna es punitiva. Son el inevitable resultado de causas puestas en juego durante la vida en el mundo físico, condiciones que duran tan sólo mientras subsisten las fuerzas generadoras. Con el transcurso del tiempo se agota la fuerza-deseo, pero tan sólo a costa de terrible sufrimiento para el hombre; y como en el mundo astral el tiempo se puede medir únicamente por medio de sensaciones, ya que no hay otro medio de computarlo como los que tenemos en el mundo físico, cada día puede compararse a mil años. Por tanto la blasfema idea de la condenación eterna parece ser una tergiversación de este hecho.
El destino de Sísifo, en la mitología Griega, tipifica exactamente la vida astral del hombre de ambiciones mundanas. Sísifo estaba para siempre condenado a empujar una pesada roca hacia la cima de una montaña únicamente para mirar cómo la piedra rodaba de nuevo hacia el abismo ya al momento de obtener el ansiado éxito. El hombre de ambiciones egoístas alimentó durante toda su vida la costumbre de formar planes para su propio interés, por lo cual continuará haciendo lo mismo durante su vida en el mundo astral; él formula cuidadosamente sus planes hasta que, ya perfectos en su mente, se da cuenta de haber perdido
el cuerpo físico necesario para su cumplimiento; caen por completo sus esperanzas; empero, de tal manera se inculcó la costumbre, que continúa una y otra vez rodando su misma piedra hacia la cúspide de la montaña de la ambición hasta que llega tiempo en que el vicio se agota por completo. Por último se da cuenta de que no precisa empujar más su piedra y la deja que descanse en paz al pie de la montaña.
Con todo, excepto para una pequeña minoría, la situación después de la muerte es para todos más feliz que sobre la tierra, puesto que desde luego ya no hay necesidad de ganarse el sustento diario. El cuerpo astral no siente hambre, ni frío, ni sufre enfermedades; cada ser, en el mundo astral, por el sólo ejercicio de su pensamiento, podrá vestirse como guste. Por vez primera, desde su temprana niñez, el hombre se siente allí enteramente libre para emplear su tiempo en hacer exactamente lo que le plazca. - Las personas que tuvieren los mismos gustos y propósitos se agruparán, naturalmente, tal como lo hacen en el mundo físico; y nunca faltará ocupación provechosa para un hombre que abrigue intereses razonables, con tal de que éstos no requieran un cuerpo físico para su expresión. Un enamorado de las bellezas de la naturaleza podrá viajar rápidamente, a cientos de kilómetros por segundo, sin fatiga, hasta los más deliciosos parajes del mundo; otro cuyo goce sea el Arte, tendrá a su disposición las obras maestras del mundo entero, en tanto que el estudiante de ciencias encontrará abiertos todos los laboratorios del mundo; podrá visitar a todos los hombres de ciencia y captar sus pensamientos. Para un ser que durante su vida terrenal hubiere hallado sus complacencias en acciones altruistas y en el trabajo por el bienestar de otros, este será un mundo de la más vivida alegría y del más rápido progreso. Para un hombre que haya sido inteligente a la par que útil, que