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El libro de Esdras en su primer capítulo presenta un cuadro de la situación de los judíos con el reinado de Ciro. Su lealtad a los cultos autóctonos se traduce en un permiso para que el templo de Jerusalén sea reconstruido. Con ese motivo, los deportados por los babilonios obtienen el permiso de regresar a su patria. Ciro aparece como arquitecto supremo del templo hierosolimitano y devuelve los utensilios litúrgicos que habían sido saqueados por Nabucodonosor, entregándolos a un funcionario babilónico llamado Sesbasar, que desempeñaba la función de comisario del gobierno persa en Judá (Esd 1,7-11). Sin embargo, la iniciativa pudo partir no del rey persa, sino de un grupo de exiliados que le indicaron la existencia e importancia para su pueblo de ese remoto templo.
De todas formas el templo no se reconstruyó inmediatamente, porque el sátrapa de Transéufrates ya en tiempos de Darío I (después de 521 a.C.) informó de que se estaba reconstruyendo un templo en Jerusalén sin su conocimiento. Desde Jerusalén se justificaron las obras en un edicto del rey Ciro que les autorizaba a hacerlo. Darío ordenó buscar el documento en los archivos y, tras hallarlo, confirmó la autorización y quiso darle impulso a la obra.
OTRAS FUENTES – El edicto de Ciro
El decreto o edicto de Ciro lo conocemos por la parte aramea del texto de
Esdras y hace referencia al primer año de su reinado, pero tenemos que
entender que se trata del primero de su gobierno sobre Babilonia, es decir, 538 a.C. Se nos dice que el documento se conservaba en el palacio real de los medos en Ecbatana (Esd 6,3-5):
El rey Ciro ha dado esta orden respecto a la casa de Dios en Jerusalén: que la casa sea reconstruida para ser un lugar en que se ofrezcan sacrificios y holocaustos, tendrá 60 codos de alto, 60 de ancho y tres hiladas de piedra tallada y una de madera, siendo abonado el coste por la casa del rey. Además, los utensilios de oro y plata que Nabocodonosor sacó del templo de Jerusalén, trayéndolos a Babilonia, serán devueltos y llevados al templo de Jerusalén, al lugar donde estaban, y depositados en la casa de Dios.
Respecto al pago del importe de la obra hay una contradicción entre el edicto y Esd 1,4, porque éste pasaje lo hace recaer en los hebreos y silencia la aportación de un rey extranjero, quizá por el mismo orgullo de pueblo que hace
que se disimulen en las Crónicas los trabajos de los fenicios en el templo de Salomón.
Mapa 57. El regreso del exilio
El edicto de Ciro no habla del regreso de los judíos a Palestina, aunque realmente el rey persa no podía tener mucho interés en que se quedaran en Babilonia. Tampoco el regreso debió de ser inmediato y masivo, dado que la generación de los deportados había desaparecido y los jóvenes tenían que emprender un largo viaje hacia una tierra que no conocían, aunque se les prometiera como la patria de sus antepasados. Puede que con motivo de la campaña de Cambises contra Egipto en 525 a.C. fuera ocasión para la repatriación de un grupo numeroso.
Lo cierto es que hasta que no hubo suficientes personas que contribuyeran a la reconstrucción del templo, esta obra no se pudo poner en marcha. Además, los recién llegados se ocuparon en primer lugar de su acomodo, de lo que se queja el profeta Ageo (Ag 1,2-4 y 9). La obra fue concluida en la primavera de 515 a.C.
BIBLIA – Monoteismo y plan divino
Los hebreos siempre habían creído sólo en un dios, pero en la tierra palestina convivían con las creencias de otros pueblos en otros dioses. En el exilio en Babilonia se produjo la firme creencia en que en todo el universo sólo existía su dios, Yahvé. Todo lo que ocurría en la Tierra formaba parte de un plan divino y las desventuras del pueblo del Israel eran una prueba, un castigo o una fase del plan redentor del creyente.
Todo lo que ocurría al pueblo elegido de Israel formaba parte de ese plan, por eso Ciro fue acogido como un enviado de Dios. Paralelamente a este fenómeno se produjo la conciencia de la responsabilidad individual por las propias acciones (Ez 18) y la preocupación por fijar por escrito la larga tradición oral del pueblo, que fue reintrepretada con esta nueva concepción. A su regreso de Babilonia, los hebreos volvieron convertidos en el pueblo judío con unas señas de identidad que perdurarían durante siglos hasta nuestros días. Durante los primeros tiempos tras el regreso del exilio se relajaron las costumbres tradicionales y cúlticas, al menos a los ojos de profetas como Malaquías, que se queja de la elección de animales con taras para los sacrificios y, sobre todo, de los matrimonios mixtos. Esta crítica se hacía especialmente a las clases dirigentes que, en el entorno de tolerancia del gobierno persa, buscaban establecer lazos con los pueblos vecinos. Esta mentalidad internacionalista y abierta era considerada por los sectores más conservadores como un atentado a las tradiciones y modo de vida israelita.
PERSONAJES – Malaquías
Fue el último de los profetas escritores. Se dirigió a los judíos de Judá en algún momento entre la consagración del templo en 515 a.C. y el regreso de Esdras a Jerusalén en el 458 a.C. Durante su predicación el pueblo de Judá pasaba por una época de letargo espiritual y de peligro de asimilación con pueblos paganos. Evidentemente el brillante futuro profetizado por Ageo y Zacarías no
se había hecho realidad, el culto se había descuidado y el pueblo se había alejado de la espiritualidad.
Sirviéndose de una serie de seis disputas, Malaquías condenó los pecados sociales y religiosos del pueblo, incluidos el divorcio, el matrimonio con mujeres paganas, la explotación de los pobres y la ingratitud de aquellos que rehusaban pagar el diezmo de Dios. Predijo el juicio a los que no tenían fe y la liberación para los que temían al Señor y guardaban sus preceptos. Malaquías concluye su profecía con la promesa de una figura como la de Elías antes de que sobreviniera un nuevo día de juicio y liberación.