La espiritualidad del encuentro cuenta también con la estrategia de crear nuevo sentido de vida. El desplazamiento forzado genera un despojo absoluto de los bienes materiales, pero no solamente eso, la situación se agrava pues muchos de los desplazados han sido torturados o les han matado a familiares y seres queridos. Estas personas han sido arrancadas de la tierra y el entorno que les ha dado identidad. Al perderlo todo, los desplazados también pueden experimentar que se les esfuma el sentido de la vida. El pasado es doloroso y el futuro produce incertidumbre y angustia. Estas personas pueden caer en una terrible desesperación, depresión o ansiedad al no poder regresar a su estado original y no saber hacia dónde conducirse, qué ruta tomar en la vida.
En esencia, la reconciliación representa un lugar, el punto de encuentro donde se pueden aunar los intereses del pasado y del futuro. La reconciliación como encuentro plantea que el espacio para admitir el pasado e imaginar el futuro son los ingredientes necesarios para reconstruir el presente. Para que esto suceda las personas deben descubrir formas de encontrarse consigo mismas y con sus enemigos.140
La construcción del nuevo sentido a sus vidas retoma las fortalezas del pasado, los aprendizajes y la identidad originaria de quienes han sido desplazados; y además proyecta el futuro de manera realista pero esperanzada. En algunas ocasiones la planificación del futuro requiere incluir a los victimarios, es decir, procesar el modo como se relacionarán con ellos ya sea de manera directa o al contactarlos mediante los recuerdos. Si la relación es de rabia o con deseos de venganza, entonces se permanecerá con un anclaje en el pasado aún sangrante, pero si la relación es de búsqueda de paz, de proactividad o, mejor aún, de perdón, entonces se abrirá paso a un futuro prometedor. La construcción de sentido no desecha ni trata de anestesiar el dolor de lo ocurrido, sino que lo utiliza como motor y fuerza para crear oportunidades de vida nueva.
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Las palabras de Ares Mateos son muy iluminadoras al expresar:
El proceso de reconciliación convierte a la víctima y al perpetrador en nuevas personas. En ocasiones, se puede imaginar que el resultado del proceso de reconciliación llevaría a la víctima y al victimario al estado inicial, pero esta situación idílica podríamos decir que no existe. Víctimas y perpetradores sufren cambios en nuevos espacios de relación, por lo que el proceso de reconciliación lleva a ambos a un nuevo estado o lugar. Dios lleva a ambos a un nuevo estado donde no se niega, ni se olvida el pasado, pero se pone en un nuevo marco que convierte a víctima y victimario en nueva creación141
Con esto queda claro que no se ha de procurar negar o borrar el pasado por más doloroso que sea, ni prometer el regreso a la situación inicial. Ni las víctimas ni los victimarios volverán a ser los mismos. Es menester reinventarse de manera creativa. El encuentro con agentes de reconciliación puede darles nuevos horizontes de realización, comprometerlos en actividades que los entusiasmen y se enganchen con sus deseos de superar su situación de vulnerabilidad extrema. Es increíble el agua de vida que puede surgir a partir de una situación de muerte. Aquí la acción de Dios se manifiesta a través del encuentro con realidades esperanzadoras, con nuevas oportunidades productivas y educativas, formas novedosas de organización y el acercamiento a la atención personal desde lo emocional o espiritual. Esto se suele combinar con la conformación de comunidades que en sí mismas dotan de sentido la vida.
Para la creación de sentido, la memoria juega un papel medular. A través de la construcción de la memoria personal y colectiva se propicia una narrativa de los hechos que puede decantar hacia un himno de lamentaciones o hacia el empoderamiento de la propia historia pasada, presente y futura. Son múltiples las experiencias en las cuales “la memoria de las víctimas los ha llevado a generar procesos, crear organizaciones sociales, a crear representaciones artísticas y diversos tipos de textos que buscan hacer visibles sus historias frente al resto de la sociedad.”142 Con el hilado de una memoria resignificada, se pretende
generar mayor conciencia sobre la situación de injusticia y promover cambios a nivel social e institucional.
Es muy importante generar espacios y caminos seguros para las víctimas, en los cuales sean capaces de reformular y reelaborar dichos recuerdos. Nuestra identidad está constituida por historias de vida, y para que esa identidad se vaya construyendo desde el proceso de
141 Ares Mateos, “Reconciliación y migraciones: un proceso que nos pone en camino”, 40. 142 Servicio Jesuita a Refugiados Colombia, Herramientas para la reconciliación, 58.
68 reconciliación, los recuerdos necesitan ser “desintoxicados” hasta que la narración y el entramado de relaciones puedan ser puestos en correlación con la gran historia vital de la víctima, y a ser posible también del victimario.143
Las narrativas construyen realidad y sentido, por ello son un mecanismo altamente eficaz para promover la reconciliación. De hecho la capacidad de crear sentido es un signo de reconciliación y ésta se logra mediante el encuentro con nuevas perspectivas, oportunidades, personas motivadoras o inspiradoras, la comunidad y el encuentro con su realidad personal más escondida o inexplorada.
Se puede decir que el encuentro con el sentido de vida es el encuentro con el Dios de la vida, que es capaz de vencer cualquier situación de muerte, pues, como se palpa en la pascua de Jesús, siempre después de la cruz viene la resurrección con toda su fuerza glorificadora.
Las cuatro estrategias presentadas en este capítulo se hallan estrechamente vinculadas: verdad, perdón, comunidad y sentido, se fortalecen unas a otras y la vivencia de una redunda en beneficio de la vivencia de la otra. Se puede decir que el fomento de una de ellas, genera condiciones de posibilidad para que las otras se desarrollen más fácilmente.
“Una vez que se esclarece la verdad, acompañada con el proceso de perdón y justicia, y se produce una sanación de los recuerdos junto a una nueva narrativa, es entonces cuando se ven algunos frutos.”144 Uno de los más importantes, es que la persona desplazada o
violentada recobra su capacidad para tomar las riendas de su vida. Pasa de ser excesivamente dependiente a ser más autónoma, a ser protagonista de su propia historia.
143 Ares Mateos, “Reconciliación y migraciones: un proceso que nos pone en camino”, 42. 144 Ibíd.
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Conclusiones
A lo largo de este trabajo se ha dejado en claro que, ante la situación de vulnerabilidad extrema que padecen las víctimas de desplazamiento forzado, es recomendable trabajar una espiritualidad que venza los meros rituales, las doctrinas y la centralidad de los dogmas, para salir al paso de una espiritualidad encarnada en la realidad.
Las religiones tienen como fortaleza que dotan de sentido la vida humana, sin embargo, resulta más viable proponer una espiritualidad, independientemente de la religión a la que los grupos de desplazados estén afiliados. Si bien es cierto, que la espiritualidad no es la solución a los problemas de hambre, carencias, inseguridad, etc., lo que sí provee es de las certezas y la fuerza necesarias para enfrentar dichas problemáticas. Se trata de que estos hombres y mujeres renazcan con esperanza y se proyecten hacia una nueva vida con determinación y empoderados de sus propias vidas.
La espiritualidad propuesta se caracteriza por el encuentro con la realidad. En palabras de Jon Sobrino, la espiritualidad ha de permanecer fiel a lo real sin encubrirla o manipularla. Es la misma realidad la que marca la pauta para el avance o crecimiento espiritual. El encuentro con la realidad empobrecida es el punto que detona una respuesta activa y a su vez enraizada en un sentido profundo de trascendencia. El encuentro con Dios se realiza mediante el encuentro con el otro y sus vivencias de dolor y también de celebración cuando es el caso. Mirar a Dios en los desplazados ha de impulsar en los cristianos, el deseo por construir el Reino de Dios en medio de ellos y junto con ellos.
El fundamento de esta espiritualidad se halla en la Trinidad. Es precisamente en Dios Trino en quien se encuentran claves para entender la humanidad. Dios es relación: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son ellos mismos a través de las relaciones que entablan unos con otros. La relacionalidad es parte constitutiva de Dios. De este modo, Dios es dinámico, vinculado y vinculante. Es pluralidad en unidad.
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El hombre no es de la naturaleza de Dios, dado que ha sido creado, sin embargo, el ser humano sí está llamado a existir del modo como Dios existe. Es importante subrayar que el hombre se constituye a sí mismo a través de las relaciones que establece, del modo como se vincula con otros, solo se llega a ser persona gracias a las relaciones con los otros.
El modo de ser de la Trinidad, es modelo de vida personal y comunitaria para el hombre. El dinamismo divino y humano de donación y recepción que crean la danza amorosa entre las personas divinas así como también entre las relaciones humanas. Esto coloca como punto central el encuentro entre las personas (tanto divinas como humanas) para lograr ser quien se está llamado a ser, es decir, para la plenitud.
De aquí se desprenden los aspectos que conlleva el encuentro que son: el tú único, el carácter mutuo, la libertad-gratuidad y la nueva creación. El encuentro es la clave de acceso a toda la realidad, y Dios se revela a través de la realidad, luego entonces, el encuentro posibilita el contacto con Dios, aquí radica su importancia.
Con base en lo anterior, el encuentro es la puerta de entrada para la espiritualidad. En este trabajo se presentaron las cuatro características de la espiritualidad del encuentro basadas en la Trinidad: kénosis, perijóresis, amor ágape y la creación. Éstas invitan a un estilo de vida, que implica incorporarse al dinamismo del Espíritu divino, fluir con Dios, dejarse conducir por Él a través del encuentro cercano, auténtico y profundo con los otros. Actuar en consecuencia de los encuentros genuinos que se tienen es permitir a Dios hacer su obra sirviéndose de sus criaturas.
Desde esta espiritualidad es posible responder a la realidad de desplazamiento forzado que se vive en Colombia, y para ello se presentaron cuatro perspectivas del encuentro que pueden contribuir a la reconciliación espiritual: el encuentro como acceso a la verdad, como camino hacia el perdón, como apertura a la comunidad y como creación de sentido.
Estas perspectivas que se desarrollaron en el tercer capítulo, pretender abrir camino de reflexión para la creación de estrategias pedagógicas específicas que contribuyan a que la reconciliación se haga palpable en la sensibilidad y afectividad de quienes han sido víctimas y victimarios. Es el corazón humano el primer sitio donde se han se sembrar semillas de reconciliación para que ésta vaya germinando a nivel comunitario y socio-político. No se
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quiere decir con esto, que no se puedan trabajar los otros niveles de manera simultánea, por el contrario, apostar por el trabajo reconciliatorio en todas sus dimensiones ayuda a que se fortalezcan unas a las otras. Lo que se intenta remarcar es que el punto de origen y de llegada en cualquier proceso de reconciliación es la persona misma. Desde la persona surge la reconciliación y es en ella en quien recaen los beneficios consecuentes.
La espiritualidad del encuentro coloca las bases para la comprensión de un ser humano en sus posibilidades más elevadas, en el sentido de que actualiza la divinidad que ya posee y que está llamado a desplegar con toda su fuerza de transformación.
El traslado de la posición de víctimas hacia ser humanos en plenitud es un salto abismal que requiere acompañamiento cercano y de encuentros que les reflejen su ser más auténtico. Por ello la importancia de generar espacios propicios de encuentro y de que los agentes que facilitan estos espacios sean personas altamente reconciliadas consigo mismas, con su entorno y con lo Trascendente para que puedan transformar a las víctimas a través del encuentro. Esto es mucho más radical y eficaz que el diseño de métodos de intervención y metodologías específicas para enseñar la reconciliación que en muchas ocasiones acaban en el olvido.
Los encuentros formativos en torno a la reconciliación, han de tener como fortaleza principal la calidad de los encuentros que se establezcan, los vínculos sanadores que se generen y las necesidades humanas que se solventen a través de la comunidad que se vaya tejiendo. Pues el encuentro, el vínculo y la comunidad nos hablan del ser de Dios, un Dios que ha reconciliado todo y a todos en sí mismo.
El camino que se propone para reconciliar apuesta por la grandeza de la humanidad, grandeza venida de Dios que es amor y que ha colocado el amor como centro de la identidad humana más radical. Esto puede parecer demasiado ambicioso, pero también es cierto que después de la cruz viene la resurrección, es decir, cuando el hombre ha llegado hasta los límites del dolor y del despojo, es posible que, en su afán por salir de esta situación de duelo, opte por afianzarse de la balsa salvadora de la espiritualidad y se entregue por completo a ella, dejándose conducir con esperanza.
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Es así como la espiritualidad del encuentro se convierte en una herramienta para la reconstrucción social que tanto clama el pueblo Colombiano, pues reconoce la dignidad que hombres y mujeres poseen por su identidad de hijos e hijas de Dios, resignifica sus dolores, les renueva el sentido de vida, los hermana con otros formando comunidad y los impulsa a ser agentes para la creación del reino de fraternidad, justicia y paz.
Finalmente, cabe afirmar que la espiritualidad del encuentro, en su promoción por la búsqueda de la verdad, el acompañamiento a procesos de perdón, la vinculación de unos con otros en tejido comunitario y la resignificación activa de la memoria, impulsa decididamente la reconciliación. El encuentro real con el prójimo que proponen estas cuatro estrategias, puede verdaderamente reconstruir a las personas víctimas de desplazamiento forzado, les abre posibilidades de comenzar de nuevo y de reconciliarse en todas sus dimensiones.
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