2. BULGARIA 1 LEGAL COMPATIBILITY
2.3. GOVERNMENT BUDGETARY POSITION 1 Developments 2004-
En contra de esta multiplicidad de arqueologías con nombres variopintos, se han
situado otros autores como Pollard y Banks, coeditores del Journal of Conflict Archaeology. En
el editorial del primer número de esta revista ya se posicionan cuando nos hablan de «battlefield archaeology, military archaeology and other spheres of conflict archaeology» (Pollard y Banks 2005, 3). Un poco más adelante, critican el abuso del concepto de Arqueología de los campos de batalla en estos términos (Pollard y Banks 2005, vii):
Despite the fact that battlefield archaeology represents an important element of our own research interests, there is obviously much more to the archaeological study of conflict than battlefields (our own contribution to this volume being a case in point), which is why we have not produced a journal of battlefield archaeology. What has become apparent over the last two or three years [...] is that the subject is in danger of becoming something of a ghetto, in which participants pay little heed to what is happening in the wider world of their subject. We believe that one of the biggest challenges facing battlefield studies today is to integrate them with other forms of conflict archaeology and with the archaeological mainstream. The journal will therefore consider conflict in its broadest possible sense, providing a vehicle for a wide variety of approaches, promoting diversity and a holistic outlook. Examining musket balls does serve a purpose, but the archaeological study of conflict is capable of so much more than telling us which part of a field a particular regiment stood on at a particular time on one particular day.
Siguiendo esta línea, en el ámbito español Kavanagh y Quesada ya definieron la Arqueología militar romana como el estudio de «armas, campamentos y campos de batalla» (Quesada y Kavanagh 2006, 67). Por contraposición, también resulta interesante ver qué materias dejan fuera para entender su concepto de Arqueología militar, en este caso, todos aquellos trabajos que se centren en fuentes históricas o bien numismáticas. La justificación reside en que «su metodología y enfoque se alejan de la temática arqueológica» y por su carácter en ocasiones especulativo en lo referente a la situación geográfica de los campamentos y batallas tratados (Quesada y Kavanagh 2006, 86).
El mismo Quesada critica en otro artículo la pretensión de establecer la Arqueología de los campos de batalla como una “sub-sub-disciplina” independiente. No se niega en ningún caso la distinción a nivel metodológico, que requiere la formación específica del investigador, pero resulta impensable plantear un análisis histórico que se centre exclusivamente en las batallas, como si fueran entidades complejas por si solas. Esto, además, amenaza con parcelar la investigación y empobrecer el discurso histórico final (Quesada 2008, 21).
Coincidiendo con estos autores, consideramos que el concepto de Arqueología de los campos de batalla puede llegar a ser igual de reduccionista que el de Arqueología militar, entendida como Arqueología de los campamentos. Comprendemos que este término surge como reacción a la producción científica anterior, y denota una voluntad de distanciarse de ella, pero en ningún caso es sostenible plantear el estudio independiente de la batalla como objeto único de estudio, sin ponerlo en relación con el resto de aspectos del mundo militar.
Así pues, en referencia a la terminología, un aspecto generalmente escabroso y que no siempre conduce a una mejora de los resultados científicos, consideramos que Arqueología militar o de
la guerra –término no muy habitual, pero que hemos usado aquí para distanciarnos de otras posturas– deberían ser ambivalentes, pues militar es justamente el adjetivo relativo a la guerra, aunque se le haya querido restringir el significado sólo al ejército. Arqueología del conflicto, en cambio, si es un término más amplio, pues hace referencia a todos los enfrentamientos violentos, ya sean sólo entre militares, o incluyan también a la población civil. Por esta misma razón, hemos querido incluir ambos conceptos en el título de nuestra tesis. En efecto, pretendemos buscar el reflejo no sólo de los conflictos entre ejércitos romanos (contra púnicos, ibéricos o los mismos romanos), sino también el impacto directo de éstos sobre la población civil, con especial atención a los asedios y a la destrucción violenta de asentamientos, donde la repercusión sobre las comunidades indígenas fue aún más intensa. Queríamos reflejar así el interés por estudiar el impacto de la presencia militar romana sobre el resto de la población, y no centrarnos únicamente en el estudio de las propias campañas bélicas.
Aún así, como concepto global nos inclinamos más por el uso de Arqueología de conflicto. Desde nuestro punto de vista, este término supera a todos los anteriores, pues abarca todas las manifestaciones posibles de la actividad del ejército –que es lo que debería entenderse por Arqueología militar– e incluso aquellas consecuencias del conflicto armado que afectan a la población civil, y que en principio no se verían incluidas en el término militar, muy evidentes en las guerras del siglo XX, pero que seguro también existieron en época antigua y son
susceptibles de ser documentadas arqueológicamente5.
De todo lo dicho se desprende la importancia y utilidad de la aproximación arqueológica a la historia militar, ya sea con el estudio de yacimientos con evidencias de violencia directas (campos de batalla o asedios) como el de los que nos hablan de ella de forma indirecta (campamentos, fuertes u otros asentamientos militares). Todos ellos nos aportan información muy valiosa para reconstruir el funcionamiento del ejército romano, tanto en batalla como en campaña, y que no podría obtenerse a partir de otro tipo de fuentes.
Al mismo tiempo, hemos podido comprobar cómo el estudio específico de algún tipo de yacimiento concreto ha llevado en ocasiones a limitar la parte por el todo en la definición de Arqueología militar, o por reacción contra ello, a intentar escindirse del resto de investigadores como una subdisciplina autónoma. Desde nuestro punto de vista, todo tipo de estudios son igualmente válidos y aportan sus datos, por lo que, de hecho, deben interaccionar para poder ofrecer una visión de conjunto.
5 Véase como ejemplo las evidencias de destrucción de la ciudad de Valentia (Ribera Lacomba y Calvo Galvez 1995;
Alapont 2008; Alapont, Calvo Galvez, y Ribera Lacomba 2010) o del asentamiento ibérico del cerro de la Cruz (Almedinilla) (Quesada, Kavanagh, y Moralejo Ordax 2010).
29
I stand alone
And gaze upon the battlefield
Wasteland
Is all that's left after the fight
And I'm searching a new way to defeat my enemy
Bloodshed
I've seen enough of death and pain.
Sabaton (“The Art of War”, The Art of War)