Mª Victoria López Cordón indica que los elementos específicos del antiguo régimen demográfico dependen directamente del ciclo vital de las mujeres, en particular la fecundidad, que deriva de la edad del matrimonio femenino y de los espacios proto e intergenésicos. A su vez, cualquier cambio demográfico acarrea consecuencias sociales y culturales en el grupo femenino de singular importancia.12 En efecto, la edad del
matrimonio constituye un dato definitivo para determinar la fecundidad natural. Según Dopico, una mujer tenía su primer hijo al año y medio del matrimonio y paría luego entre cinco y seis hijos más, el último a los 40 años; no obstante, la elevada mortalidad infantil, que citábamos más arriba, tuvo como consecuencia unas estructuras familiares pequeñas. Desde finales del siglo XVIII, la población española mostraba una nupcialidad poco intensa, que encajaba dentro del modelo de matrimonio europeo occidental caracterizado por la edad avanzada al contraer matrimonio y por presentar una importante proporción de personas que no se casaban. Se trata de un modelo limitador del crecimiento de la población que influye notablemente en los ámbitos económicos, sociales, culturales o sexuales. Los estudios de Laslett y Hajnal han demostrado que la familia nuclear predominaba en Europa Occidental, donde eran frecuentes los matrimonios tardíos (nunca la edad del matrimonio era inferior a los veinte años). El retraso en la edad del matrimonio de las mujeres suponía un control indirecto del tamaño de las familias y otorgaba a las mujeres un período de máxima capacidad productiva antes de casarse que facilitaba el ahorro.13
El estudio de los Censos permite conocer la proporción de mujeres y hombres, y su situación respecto al matrimonio. A continuación, el Cuadro I-6 y el Gráfico I.1., muestran que durante la segunda mitad del siglo XIX, se mantuvo una misma tendencia: las solteras eran menos que los solteros y sin embargo las viudas doblaban en proporción a los viudos.
12 LÓPEZ-CORDÓN CORTEZO, Mª Victoria: «La situación de la mujer a finales del Antiguo Régimen» en CAPEL, R. Mª (coord.), Mujer y sociedad en España (1700-1975) Madrid: Mº de Cultura, 1982, pp. 50-107. 13 CACHINERO SÁNCHEZ, Benito: «Aspectos demográficos de la sociología de la familia: la edad del
matrimonio», dentro de CONDE, Rosa (comp.), Familia y cambio social en España. Madrid: CIS, 1982, pp. 63- 87.
Los casados y casadas están igualados en el censo de 1857 y, sin embargo, en los censos de 1860 y 1887, los casados superan en un punto a las casadas.
CUADRO I-6.
REPARTO DE LA POBLACIÓN SEGÚN EL ESTADO CIVIL.1857-1887
AÑOS HOMBRES MUJERES
Solteros Casados Viudos Solteras Casadas Viudas
1857 4.521.453 2.784.057 364.901 4.307.166 2.790.485 695.702 1860 4.544.211 2.859.602 361.462 4.343.158 2.862.015 702.800 1887 4.864.486 3.356.723 391.103 4.724.428 3.387.034 841.423 Fuente: Elaboración propia a partir de los respectivos censos de población.
GRÁFICO I.1
REPARTO DE LA POBLACIÓN SEGÚN EL ESTADO CIVIL
Solteros/as Casados/as Viudos/as
Hombres Mujeres 1857 59% 36% 5% 55% 36% 9% 1860 58% 37% 5% 55% 36% 9% 1887 56% 39% 5% 53% 38% 9%
Otro aspecto común a todos los censos es el predominio de los varones hasta los 15 años; a partir de este grupo de edad dominan las mujeres, hecho que se hace más evidente a medida que aumenta la longevidad. No obstante, en determinados grupos de edad (entre 21 y 23 y de los 31 a los 40 años), se produce un bache en la población femenina, evidente tanto en 1857 como en 1860. Estos desequilibrios se explican porque todavía en 1860 las fiebres puerperales eran la segunda causa de las defunciones femeninas después de las enfermedades infecciosas, siendo entre los 20 y 25 años el único período en que las mujeres casadas morían más que las solteras.14
Si atendemos a la distribución de la población por regiones según el sexo, en 1857 aunque la cifra global de mujeres es más alta, éstas solo predominan en 17 de las 49 provincias en que está dividida España; la provincia con mayor desproporción es Pontevedra, con 247.132 mujeres y 181.754 hombres. Le siguen en importancia La Coruña, Lugo, Almería, Baleares y Canarias. Con la excepción de Orense, Logroño, Salamanca y Soria, la mayoría femenina se asienta en circunscripciones marítimas. El Censo de 1860 recoge un total de 7.765. 275 hombres y 7.907.973 mujeres. Con un 52% de población femenina aparecen Almería, Canarias, Coruña, León, Logroño, Lugo, Orense, Oviedo, Pontevedra, Santander, Soria y Vizcaya.
El Censo de 1887 al incluir la clasificación cruzada de sexo, edad y estado civil, permite un estudio más preciso de la nupcialidad. Entre los 31 y los 60 años en torno al 85% de los varones están casados, frente al 70% de las mujeres. Los solteros y los viudos de estos tramos de edad, son menos que las solteras y las viudas, particularmente a partir de los 50 años, momento en que muchas mujeres viven solas o incrementan el número de adultos en los núcleos familiares.
14 LÓPEZ CORDÓN, Mª Victoria: Art. Cit., pp. 56-58 y Censos de la población de España de los años 1857, 1860 y 1887.
CUADRO I- 7.
ESTADO CIVIL POR SEXOS Y TRAMOS DE EDAD
(% sobre mujeres o varones de cada tramo de edad).1887
SOLTEROS CASADOS VIUDOS EDAD
Varones Mujeres Varones Mujeres Varones Mujeres
12 (M) 14 (V) a 20 99,59 95,73 0,40 4,24 0,01 0,05 21 a 30 años 56,98 38,53 42,29 59,69 0,73 1,78 31 a 40 años 11,71 13,50 85,45 79,74 2,84 6,76 41 a 50 años 7,54 10,24 86,56 74,14 5,90 15,62 51 a 60 años 6,21 9,38 81,05 60,75 12,74 29,87 61 a 70 años 4,92 8,29 69,18 44,81 25,90 46,90 Mas de 70 años 6,27 9,02 47,61 23,97 46,12 67,01
Fuente: Elaboración propia a partir del Censo de 1887 (se prescinde del número de individuos que no manifiestan la edad o el estado civil).
El sombreado que se destaca en la tabla pone de manifiesto los rasgos predominantes en las diferencias entre los sexos: la soltería definitiva es mayor entre las mujeres de todos los tramos de edad superiores a los 41 años; la tasa de casados muy superior a la de las casadas entre los 31 y los 60 años, y el claro predominio de las viudas sobre los viudos a partir de los 41 años. En 1887, las viudas menores de 50 años representaban el 24,21% del total, como puede comprobarse más adelante en el cuadro que hace referencia al estado civil según los tramos de edad. La mayoría de estas mujeres tenía que hacerse cargo de las obligaciones familiares que, con frecuencia, comportaban la manutención de hijos menores.15
15 Algunos autores del siglo XIX (Jiménez Agius, Concepción Arenal), relacionan la responsabilidad familiar con ciertas variaciones en el ciclo vital femenino, atribuyendo la sobremortalidad de las viudas respecto a las casadas hasta los 40 años a las penosas condiciones de trabajo que muchas de ellas tenían que soportar para mantener a sus hijos.
GRÁFICO I. 2
HOMBRES Y MUJERES, SEGÚN ESTADO CIVIL Y TRAMOS DE EDAD 1887
Fuente: Elaboración propia con datos del censo de 1887
Durante todo el período la proporción de casadas en el conjunto de la población femenina es inferior a la de casados respecto al total de los varones; por el contrario, las viudas son mucho más numerosas que los viudos; la consideración de ambos aspectos nos muestra que los hombres contraen segundas nupcias con más frecuencia que las mujeres. Disponemos de datos precisos para los años 1867 y 1868 que permiten corroborar la anterior afirmación.
CUADRO I. 8.
MATRIMONIOS. CLASIFICADOS SEGÚN EL ESTADO CIVIL DE LOS CONTRAYENTES.1867-1868
SOLTERO CON VIUDO CON
Soltera Viuda Soltera Viuda TOTAL
1867 1868 1867 1868 1867 1868 1867 1868 1867 1868
En las
Capitales 11.682 10.873 833 821 1.670 1.595 685 648 14.870 13.937 Pueblos 84.468 79.959 3.843 3.779 10.145 9.500 5.083 4.512 103.539 97.750 Provincias 96.150 90.832 4.676 4.600 11.815 11.093 5.768 5.160 118.409 111.687
Fuente: Elaboración propia a partir de datos de BONA, F. Javier de: Anuario administrativo y estadístico de la
provincia de Madrid para el año 1868, Madrid: Oficina Tipográfica del Hospicio, 1868 y 1869.
Aunque se aprecia una menor nupcialidad en el año 1868, en ambos casos el matrimonio de viudo con soltera es muy superior al de soltero con viuda. En el cuadro siguiente puede apreciarse la mayor frecuencia de las segundas y terceras nupcias entre los varones.
CUADRO I. 9.
CONTRAYENTES EN PRIMERAS, SEGUNDAS Y TERCERAS O MÁS NUPCIAS.1868
PRIMERAS NUPCIAS SEGUNDAS NUPCIAS TERCERAS O MÁS NUPCIAS Varones Mujeres Total Varones Mujeres Total Varones Mujeres Total
TOTAL
En las
capitales 11.694 12.468 24.162 2.208 1.449 3.657 35 20 55 195.500 Pueblos 83.738 89.459 173.197 13.476 8.028 21.504 536 263 799 223.374 Provincias 95.432 101.927 197.359 15.684 9.477 25.161 571 283 854 27.874
Fuente: Elaboración propia a partir del Anuario administrativo y estadístico de la provincia de Madrid para el año 1868, por D. Francisco Javier de Bona.
Los sistemas nupciales en España son distintos de los de la Europa noroccidental y presentan una variabilidad regional muy superior a la de otros países europeos. La nupcialidad masculina y femenina en la cornisa cantábrica es, desde antiguo, bastante restringida (edad de las mujeres al casarse por encima de los 23 o los 25 años y celibato femenino superior al 10%); estos niveles son similares a los vigentes en Inglaterra, Alemania e incluso Irlanda. En la zona del Pirineo y Cataluña, la nupcialidad masculina sería relativamente restringida pero la de las mujeres no. Las regiones de nupcialidad intensa se centran en la meseta inferior y en grandes zonas de Levante y Andalucía, más próximas a los niveles de los países del Este que a los del sistema europeo.
La edad media de acceso a las primeras nupcias,16 que era relativamente baja en la España de
1800, mostró una tendencia ascendente, sobre todo en el caso de los varones, a lo largo del periodo estudiado. Simultáneamente se produce una caída del celibato definitivo (disminución del celibato religioso) que se prolongó hasta los primeros años del siglo XX. Las circunstancias que determinaban la edad de acceso al matrimonio son de diversa índole: en zonas del Pirineo navarro, aragonés o catalán, la generalización de la sucesión única y a menudo el aplazamiento en la designación del heredero, provocaba un retraso de su matrimonio y el de sus hermanos, que debían optar entre emigrar o permanecer solteros integrados en la explotación familiar.
Factores económicos y laborales como el grado de vinculación a la tierra, a través de la propiedad y el trabajo agrícola, desempeñaron un papel importante. Así, en Andalucía,
16 La edad media al matrimonio en España para los hombres era de 26,97 años en 1887 y 27,36 en 1900, mientras que para las mujeres el primer año era de 24,19 años y en 1900 de 25,06 años.
grandes sectores de la población mantenían vínculos muy inestables con la tierra: la proporción de propietarios era muy baja y elevado el número de jornaleros con empleo temporal; esta población no encontraba en el matrimonio expectativas de promoción social ni de acceso a la propiedad o a un trabajo regular y estable, lo que les permitiría formar nuevos hogares a una edad temprana.17 Las zonas de edad al matrimonio más elevada para
los hombres corresponden a la cornisa cantábrica, el Pirineo, Cataluña y los dos archipiélagos, con algunos núcleos de edad relativamente baja (zona costera de Galicia, zonas de desarrollo industrial en Asturias, en la comarca del Ebro, del País Vasco y la zona sur de Cataluña).
Entre las zonas donde la edad al casarse es más joven, situamos a las dos Castillas, el norte de Extremadura, la parte sur de Aragón y Levante, con la excepción de Valencia y su huerta inmediata y algunos partidos judiciales con centro en Madrid y parte de la provincia de Guadalajara que cuentan con una nupcialidad tardía, situándose dentro de regiones que cuentan globalmente con una nupcialidad masculina temprana.
Respecto a la nupcialidad femenina, las cifras oscilan entre los 20,96 años de la Unión (Murcia) y los 28,93 años de Villalba (Lugo). En la práctica totalidad de la cornisa cantábrica (incluye parte de León, Palencia, Zamora y Burgos), la edad al matrimonio es elevada. En el Pirineo y Cataluña (con excepción del litoral), la nupcialidad es moderada. Levante, Extremadura y Andalucía oriental, son regiones de nupcialidad precoz.
El celibato definitivo, presenta un bajo nivel al compararlo con Europa, especialmente entre los varones (no alcanza nunca el 10% de su generación); las solteras permanentes son más numerosas, con valores por encima del 10%. En 1900, en la mayoría de las regiones, se sitúa entre el 4 y el 8% de la población de ambos sexos, aunque en las de larga tradición emigratoria como Galicia, Asturias y Canarias sigue siendo del orden del 10% en los varones y alcanza valores del 20% y superiores en las mujeres.18
17 PÉREZ MOREDA, Vicente: Op. Cit., pp. 70-72
18 En 1887 el celibato masculino definitivo oscila entre el 0,9% de Extremadura y el 3,6% de Castilla la Nueva en los niveles más bajos, hasta el 10,6 % de Madrid y el 10,5 % de Guipúzcoa para los niveles más altos. Respecto al celibato femenino, la cifra más alta corresponde a Galicia (24,3 %) y Asturias (19,7 %), mientras en Aragón y Castilla la Nueva se sitúa en torno al 4,5 % (MIKELARENA PEÑA, F.: Demografía y familia en
CUADRO I.10.
PORCENTAJE DE SOLTERÍA POR EDAD Y SEXO. 1887-1900
HOMBRES MUJERES EDAD 1887 1900 1887 1900 16-20 99,4 99,5 92,0 93,3 21-25 81,6 81,5 52,4 55,2 26-30 31,2 34,2 24,9 26,3 31-35 14,1 16,5 14,4 15,8 36-40 9,6 10,5 12,0 10,0 41-45 7,8 7,6 9,5 10,2 46-50 7,3 6,4 10,9 10,2 51-60 6,2 6,0 9,4 9,5
Fuente: CAHINERO SÁNCHEZ: «Evolución de la nupcialidad en España (1887-1975)».
R.E.I. nº 20, 1982 pg.87
El descenso del celibato definitivo, respecto al siglo anterior, se ve influido por la notable disminución de los efectivos del clero y del estamento nobiliario, cuyas estrategias matrimoniales se transformaron a raíz de la supresión del mayorazgo a comienzos del segundo tercio de la centuria. La emigración también influye en las pautas matrimoniales (los niveles de celibato femenino más altos están en las tres regiones de mayor emigración a América).
El celibato definitivo masculino es bajo en el conjunto del país. En el siguiente mapa que refleja la soltería definitiva de los hombres se aprecia que es más alta en la cornisa cantábrica, particularmente en Guipúzcoa, el Pirineo, Galicia, Asturias, Madrid y parte de Andalucía (aquí los índices más altos se sitúan en Cádiz). Los niveles más bajos se encuentran en Extremadura, las dos Castillas y Murcia. Los porcentajes oscilan entre el l,37 % en La Unión (Murcia) y el 28,7 % en Sarriá (Lugo).
MAPAS I.119 y I.2
El celibato femenino era mayor en las ciudades que en el campo. Los índices más altos se situaban en Asturias y Galicia, por un lado, y también en Madrid y Guipúzcoa; era bastante elevado en el litoral y la huerta de la región valenciana. Los índices más bajos en este caso se sitúan en Castilla la Nueva (excepto Madrid) y Aragón, y los niveles intermedios en las dos Castillas, Andalucía, Cataluña y las zonas interiores de Valencia y Murcia, oscilando entre el 0, 78 % de La Unión y el 41,13 % en Ortigueira (La Coruña).20