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países de América hispana a una reunión en Panamá. Aparte de los planes en favor de una liga continental que Monteagudo apoyara en un escrito notable poco antes de morir, existían simul- táneamente en ese momento el problema de la amenaza de la Santa Alianza (al que suponíase, a veces, en connivencia con el imperio del Brasil) y el de la futura suerte de Cuba y Puerto Rico, conservados todavía por España y que se temía fuesen posible cabeza de puente para intentonas restauradoras de la antigua metrópoli, amenaza acerca de la cual no faltaban alarmistas rumores. A todo ello se agregaba el problema del reconocimiento de los nuevos Estados por los Estados Unidos y por los países del Viejo Mundo.
Chile, sumido en la anarquía y desconfiando de Bolívar, no mandó delegados a la cita de Panamá. Argentina, también por recelo al Libertador, se abstuvo. Los representantes de la flaman- te República de Bolivia no llegaron a embarcarse. Concurrieron, pues, el Perú, Colombia (que abarcaba entonces la República que hoy lleva ese nombre, Panamá, Venezuela y Ecuador), México y Guatemala, que entonces comprendían a toda América Central. Antonio Larrazábal y Pedro Molina representaron a las Provincias Unidas del Centro de América, José Mariano Michelena y
117 [ CAPÍTULO 4 ] PERÍODO 1
siMÓn bolÍvar
dirige un MensaJe
al congreso
consTiTuyenTe. en
Él soliciTÓ una
recoMpensa para
los soldados Que
lucharon en las
baTallas de JunÍn
y ayacucho.
asiMisMo, hiZo un
recuenTo de las
obras de su
gobierno, Que
incluÍan la
reorganiZaciÓn
polÍTica del
esTado, la lucha
conTra la
corrupciÓn y el
esTableciMienTo
de leyes
fundaMenTales.
10
febrero
1825
[ PERÚ ]José Domínguez a México; Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez a Colombia; Manuel Lorenzo de Vidaurre y José María de Pando y luego (en reemplazo de este) Manuel Pérez de Tudela, al Perú.
Los delegados peruanos llegaron a Panamá en junio de 1825, con un año de anticipación. Santander, en nombre de Colombia, invitó a los Estados Unidos, uno de cuyos representantes murió y el otro llegó después del traslado del Congreso a Tacubaya. A la cita de Panamá acudió, además, un agente inglés, Eduardo Dawkins y uno de Holanda, Van Veer.
inGLEsEs Y EsTAdOUnidEnsEs En PAnAMÁ.- Bolívar escribió a Santander el 30 de mayo
de 1825: “Los americanos del norte y los de Haití, por solo ser extranjeros, tienen el carácter de heterogéneos para nosotros. Por lo mismo, jamás seré de opinión de que los convidemos para nuestros arreglos americanos”. Se ha pretendido decir que hay contradicción entre esta carta (ya antecedida por otra del 27 de octubre de 1825) y un documento en que habla “del nuevo mundo” a propósito de Panamá; pero es probable que ese no fuera, en su concepto, el iberoamericano. Bolívar llegó a pensar en federar toda América hispana integrándola bajo la protección de Inglaterra (carta a Santander, 28 de julio de 1825). “En la infancia (agregaba) necesitamos apoyo, que en la virilidad sabremos defendernos”. Sin embargo, a Inglaterra solo le interesaba, por entonces, el respe- to del Derecho marítimo británico, el desarrollo del comercio con las nuevas Repúblicas, poner freno a la influencia norteamericana, cortar los designios expansionistas (tanto de Colombia y México, como de Estados Unidos y Francia) sobre Cuba y Puerto Rico; y propiciar, si ello era posible, un acuerdo sobre el reconocimiento de los nuevos Estados por España.De la correspondencia de Vidaurre se deduce que la llegada del representante inglés a Panamá fue interpretada por él y por Pérez de Tudela como acto unilateral de la delegación colombiana cuyo propósito habría sido obtener la alianza británica; ellos expresaron su discon- formidad con ambas cosas.
Según Harold E. Davis en su libro The Americas in History la invitación formulada a los Estados Unidos para que participaran en el Congreso de Panamá “halló fuerte oposición en el Congreso (estadounidense) en donde el voto sureño impidió el envío de delegado” precisamente “por el riesgo de que el congreso (de Panamá) aboliera la esclavitud en América”. Y Samuel Eliot Morrison y Henry Steele Commager en su tratado que se titula The Growth of the American Republic afir- man que, al aceptar el presidente John Quincy Adams la invitación de Colombia, tuvo como objeto práctico “inducir al Congreso a mantenerse alejado de Cuba (para evitar un choque con España) y adoptar los principios norteamericanos de la nación más favorecida y de la libertad de los mares”. Adams manejó mal el asunto y fue prácticamente vencido en el Senado. La oposición fue principalmente política pero ciertos senadores del sur eran profundamente opuestos a que los representantes de Estados Unidos se sentaran en la misma asamblea con generales de sangre mestiza, y otros “temían compromisos peligrosos”.
LAs TREs insTRUCCiOnEs A LOs REPREsEnTAnTEs PERUAnOs.- Las primeras instruc-
ciones a los representantes peruanos, firmadas por el colombiano Tomás Heres el15 de mayo de 1825, eran favorables a una unión, liga y confederación renovando los pactos de 1822. Debía enviarse, además, auxilios pecuniarios y contingentes humanos para la libertad de Cuba y Puerto Rico (cuya suerte futura no aparecía clara) y aun para hacer la guerra en territorio español. Las ins- trucciones reiteraban la oposición a intentonas europeas en América; favorecían una alianza ofen- siva y defensiva entre los Estados contratantes contra la anarquía, reconociendo así el principio de intervención; y propiciaban el arreglo de la frontera Perú-colombiana sobre la base del uti posside-tis con tendencia a fijar los límites de acuerdo con la naturaleza, a través de grandes ríos y montes.
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