tó la pluma de Sánchez Carrión estuvieron marcadas por la edición de su periódico El Tribuno de
la República Peruana en 1822 y por la preparación de las circulares y oficios que suscribió como
Ministro General de los Negocios del Perú en 1824 y 1825.
El Tribuno de la República Peruana (anunciado en su prospecto como El Tribuno del Pueblo Peruano) apareció desde el 28 de noviembre hasta el 26 de diciembre de 1822 con nueve núme-
104 PERÍODO 1 [ CAPÍTULO 3 ]
se aprueba la
consTiTuciÓn de la
repÚblica federal de
cenTroaMÉrica, Que
coMprendÍa los
acTuales TerriTorios
de cosTa rica,
nicaragua, honduras,
el salvador y
guaTeMala. en esTe
docuMenTo, se
coMTeMplaba la
independencia
gubernaMenTal y
adMinisTraTiva de
cada uno de los
esTados anTes
Mencionados.
novieMbre
1824
[ CENTRO AMÉRICA ]22
de las leyes del pueblo, su felicidad el cumplimiento de esas leyes; precipítate sobre ellas y serás esclavo”. ¿Qué debían ser las leyes según Sánchez Carrión? Vínculos entre la libertad y la indispen- sable necesidad de disfrutarla. La emancipación civil de un país debe tener como base el amor de las propias instituciones; si no es así, hállase en verdadera esclavitud. El Perú necesita para su felicidad solo sabiduría en las leyes, energía en su aplicación y docilidad en el cumplimiento de ellas. Decisiva es la importancia de que los diputados se inspiren como legisladores en la verdad, la justicia y el pro comunal y no en pasiones viles o en menudos intereses.
Sánchez Carrión no es, por otra parte, un optimista ingenuo. Hay una herencia de bajeza y de adulación en el Perú (“Consideraciones sobre la dignidad Republicana”, en el N° 3 de 5 de diciem- bre de 1822).
Particularmente le interesa el problema de los empleos en el Estado. Para resolverlo presenta cinco puntos: “1° Los empleos han de graduarse por la necesidad de ellos y por los verdaderos merecimientos del que llega a obtenerlos. 2° El gobierno está en obligación de solicitar a los ciudadanos para que los sirvan, guardando una rectitud y justicia tan calificada que el más leve descuido en esta parte es un delito de lesa ciudadanía. 3° Debe tenerse a la vista en toda provi- sión un censo calificativo de los servicios y aptitudes respectivas. 4° Jamás mantenga la República en su lista otros individuos que los necesarios al servicio de ella. 5° Debe haber un veto eterno a toda petición, empeño o manifestación agonizante de querer ser y figurar; siendo, por la inversa, motivo decisivo sobre las demás cualidades, para destinar a un ciudadano, su moderación y probada prescindencia de este linaje de solicitudes” (N° 4, de 8 de diciembre de 1822).
Con palabras enérgicas, combate el desprecio ante el industrial, el comerciante, el menestral y el agricultor. “Solo el trabajo y la ocupación personal multiplicada en razón de las aptitudes y de las necesidades comunes producen las ventajas nacionales (...) Finquemos nuestra grandeza en traer un vestido llano y sin más insignia que la de la honradez, la de la delicadeza republicana, la de la austeridad civil; y he allí a los peruanos árbitros del continente” (N° 4, cit.).
Por su parte, se revela enérgico y hasta implacable. La guerra es necesaria para la libertad de la patria. “Que corra la sangre”, exclama. Elogia con júbilo la llamada “excomunión civil” de Monteagudo decretada por el Congreso. Es decir, es tremenda su saña contra quienes él consi- dera que son enemigos de la República. Por otra parte, prueba que no es solo un fanático. “Los cuerpos deliberantes (escribe en el W 9 sin saber acaso que estaba condenando al Congreso) deben tener siempre en consideración que nada es más opuesto a la estabilidad y crédito de las nuevas formas, que el prurito de despreciar lo viejo por abrir campo a proyectos flamantes. Así hemos visto venirse abajo magníficos edificios, levantados sobre el cimiento de la novedad y, lo que es más, se ha visto adorar otra vez ídolos que se cayeron destruidos solo por caminar a impulsos de la novelería. El espíritu público se forma tolerando las debilidades de unos, condes- cendientes con las flaquezas de otros y agradando a todos en cuanto sea compatible con el nuevo orden de cosas”.
Especial interés reviste en El Tribuno su constante preocupación por el Perú. Inserta artículos sobre la des población, la topografía, el clima, la evolución histórica del país. En algunos de ellos cita a Garcilaso y a Cieza. Incluye también, aliado de algunas poesías cívicas, una canción indígena. Las circulares y oficios de Sánchez Carrión en 1824 y 1825 (reunidos en un tomo por Luis Antonio Eguiguren) forman el más inesperado colofón de su obra como literato y pensador. Abundan allí los detalles que evidencian las angustias y necesidades de la guerra. Hay alusiones a cupos y contribuciones; aparecen órdenes para que los curas realistas sean removidos y los prohombres rivagüerinos, desterrados; otra nota dispone que a los prisioneros les guisen las comidas las mujeres godas para que sean bien asistidos; no faltan las referencias al periódico El
Centinela que debe divulgar su propaganda entre el pueblo y el ejército y ser introducido en
Lima y Jauja por las guerrillas, por la escuadra o por cualquier otro conducto. Una comunicación dirigida a Buenos Aires el 9 de julio de 1824 parece tener como destinatario a la posteridad
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[ CAPÍTULO 3 ] PERÍODO 1
desde 1819, el maestro y doctor en leyes
argentino integró las filas lideradas por san Martín. Luego de la proclamación de la independencia del Perú fue elegido ministro de Guerra y Marina. Apoyó a san Martín en sus ideas monárquicas, diseñando un régimen de gobierno aristocrático constitucional. También participó en la Batalla de Junín. Murió asesinado en Lima.
cuando afirma que las fuerzas de la libertad no son otras “sino las que el Perú ha levantado en su propio seno a expensas de sacrificios inauditos y con los auxilios de Colombia”.
Pero también preocupan al Ministro General muchos otros asuntos, aparte de los de carácter bélico. Da minuciosas instrucciones a los visitadores de provincia para el reparto y venta de tie- rras: la finalidad de estas medidas es (conviene tomar nota de ello) no solo aumentar los intereses fiscales sino también promover la agricultura y ha de efectuarse con el estudio de las necesida- des locales, manteniendo a los indios en el goce de sus propiedades y otorgando títulos a las otras castas solo cuando no hubiere fraudes y con un precio a justa tasación. Los prefectos e intendentes han de hacer un estudio geográfico, estadístico y económico de sus circunscripcio- nes. Quienes expolien al pueblo deben ser ejemplarmente castigados. El juicio de residencia ha de continuar sustanciándose. Los funcionarios ladrones merecen especial sanción. Hasta los que quitan gallinas a los vecinos necesitan ser investigados (Instrucciones para el pueblo de Huarmey, de 30 de noviembre de 1824). Los requisitos exigidos para conferir empleos no se diferencian en lo sustancial de los sugeridos por El Tribuno. Exquisito cuidado ha de ponerse en escoger a quienes desempeñan cargos municipales. No falta tampoco las disposiciones sobre ordenamiento de hospitales, organización del servicio de correos y desarrollo de la educación con el fin de multiplicar las escuelas gratuitas de primeras letras y dar rentas a establecimientos de educación superior. Casi inmediatamente después de la victoria de Junín, desde Huancayo el 26 de agosto de 1824, propugna que se establezca la tranquilidad y se auspicie la unión entre los vecinos para impedir que dominen el rencor, la venganza, la codicia que son consecuencia de una educación innoble y servil.
Y así, en un periódico del que no existe una colección completa en ninguna biblioteca de Lima y en unas circulares y oficios solo reunidos en 1954 y leídos por muy pocas personas, están dispersas las límpidas ideas del hombre más eminente de la Emancipación peruana.
Sánchez Carrión llegó a recibir de Bolívar la huerta conocida por La Menacho, en el valle de Ate, que había pertenecido a un español, así como una casa en Lima en la calle Núñez y una barraca en el Callao.