1.5 Organization
2.1.3 Graph Data Management
consejo Nacional; los municipales, integrados por diez miembros nombrados por los departamentales, y los comités estarán integrados por once miembros nombrados por el consejo seccional municipal104.
Se observa una lógica piramidal de dependencias en los nombramientos, que reproduce la organización del Estado en sus órdenes territoriales y de encadenamiento descendente de escalera, en últimas dando cuenta de formas organizativas propias de los gamonalismos políticos. Las decisiones, por lo tanto seguían este curso de concentración de poder en el nivel central, en los representantes nacionales. Se dice además que cada miembro es elegido por un año, siendo removidos o reemplazados por el nivel del consejo que corresponda, por ausencias permanentes.
En su manifiesto fundacional derivado de las conclusiones del evento, dejan claro que se trata de un organismo no racista, no separatista. No es política, nace como respuesta ante la “discriminación no declarada” y el racismo de iguales características que se refleja en la exclusión estructural de las regiones donde la población negra habita mayoritariamente. Este documento recoge varios tópicos desde la centralidad de la exigencia del derecho al trabajo, pasando por su valoración sobre la necesidad de recuperar la historia desde África y vincularla al aparato escolar, hasta un detallado programa de contenidos para los seis niveles de bachillerato sobre los aportes de los africanos en la historia y los de los afrocolombianos en la construcción del país. Pero hay en este un llamado de unidad a los explotados, que requieren ser vinculados a la propuesta: indígenas y obreros, marginados del desarrollo económico y cultural.
En nuestro plan de lucha defenderemos como necesidad primaria el derecho al trabajo; es nuestra intención promover a todos los negros, declarando que no le tenemos miedo al crecimiento demográfico y que tampoco queremos seguir siendo instrumento útil de los politiqueros que, a no dudarlo han sido causa y efecto del empobrecimiento de estas zonas que no pueden seguir siendo marginadas del macro desarrollo nacional. Como colombianos estamos, además, dispuestos a defender nuestros derechos en favor de una Colombia más grande, buena, justa, prospera y generosa (V. Moreno, 1995:9).
Necesitamos fortalecernos a través de la educación, de una educación que nos reencuentre culturalmente con nuestra madre África y, por ende, con nuestra historia y
los valores que nos cobijan; una educación integral nos abrirá la puerta que nos han venido cerrando a cada paso (Ibíd.:11).
Es la manera más clara en que se expresan sus ideas sobre la negritud que aparece en el discurso como sinónimo de negro sin ninguna carga ideológica especial, connotando mucho más una referencia colectiva que reemplaza la de negros, casi como un requisito discursivo del momento, de la actualidad. En este enfoque de lo educativo se revela de mejor manera algún acercamiento a la propuesta de la negritud por un lado y por el otro, a los desarrollos de la política por los derechos civiles en los Estados Unidos en su dimensión más pragmática.
Se trata de una imbricación entre algunos elementos prácticos de estas dos vertientes de pensamiento, en donde tiene más peso la segunda, para plantear la necesidad de una integración al aparato del Estado, manteniendo la singularidad de ser negro en la visibilización de su trayectoria histórica y de sus aportes. Éstos son fundamentos de lo que hoy llamaríamos ciudadanías diferenciadas y los antecedentes contemporáneos de la etnoeducación afrocolombiana en una de sus líneas.
Las reacciones no se hicieron esperar, en el periódico “El País” del 25 septiembre se les acusa de movimiento racista y de ser un peligro para la estabilidad social. A lo cual su presidente Valentín Moreno dio una respuesta que ilustra la incomodidad de su posicionamiento, las dificultades que tendría el proyecto organizativo y las ambigüedades y contradicciones que incubaba. También desde luego los cuidados y las cautelas discursivas para no ser víctimas de persecuciones individuales, dadas las difíciles situaciones de orden público y seguridad que vivía el país para el momento:
No se trata de nada que busque enfrentamiento entre los colombianos, ni de aquello que por las calendas de 1939 forjaran los ideólogos de la negritudes con Aimé Césaire, Alioune Diop, Leopold Sedar Senghor, citados por usted, como una derivación del subrealismo en boga. Tampoco de cosa que se parezca al Movimiento de Liberación de los Negros "anglo-hablantes" del Caribe, quienes con Marcus Garvey propugnaron por el retorno a África. Nuestro foro busca una integración nacionalista, que nada debe tomar de la filosofía revolucionaria de los "musulmanes negros", los del "Black Power", uno de cuyos líderes más osados que, entre otras tesis, sostiene la muy peregrina de que "no hay blanco bueno" es Stokely Carmichael; y esto, porque entre otros motivos que la excluyen, en Colombia no se da, estrictamente hablando, el caso (V. Moreno, 1995:3).
Al margen de las imprecisiones en sus afirmaciones, lo que hay en el fondo es la abdicación pública a estas ideologías, que anunciaría por lo tanto la construcción de principios ideológicos nacidos de la experiencia colombiana; sin embargo en el transcurso la elaboración de estos no se encuentra dentro de su propuesta programática, de tal suerte que como se ha anotado, su noción de negritud queda en el vacío y su visión de los derechos civiles vía la integración es un asunto mecánico de igualdad en la distribución de los puestos en el poder burocrático estatal, asumiendo en últimas la ideología homogenizante de la colombianidad, del ciudadano.
A lo largo de 1975, vemos como crece aceleradamente este movimiento realizando encuentros en el Chocó, en el Capitolio nacional de Bogotá, Medellín, Tumaco, etc. creando en su recorrido distintos consejos municipales y departamentales, hasta comités de vereda, estos últimos especialmente en la zona rural del sur del Valle y norte del Cauca, Jamundí, Quinamayo, Puerto Tejada, entre otros.
Es con estos comités y a partir de esta región en particular, cuando aparece el tema del problema agrario y la pérdida de los territorios que devoraba a pasos agigantados el desarrollo de los ingenios; para el caso del Pacífico también aparece el problema de la llamadas “tierras baldías”, para las cuales se solicita titulación al
INCORA. Este tema aunque no se desarrolla como un elemento central dentro del movimiento, si aparece repetido en las temáticas tratadas de varias reuniones. Su expansión fue básicamente en el occidente, con intentos en la costa Caribe específicamente en Barranquilla y Cartagena, manteniendo su epicentro en Cali, desde donde se dinamizaba y se tomaban la mayoría de decisiones.
No obstante, esta estructura revelaría rápidamente su fragilidad y son frecuentes las acusaciones mutuas de incumplimientos de los miembros, la inmovilidad y el poco funcionamiento de los distintos consejos y comités. Este es un rasgo característico permanente durante la vida de la organización, en esta primera fase el papel de la Universidad Tecnológica de Chocó “Diego Luis Córdoba” fue crucial; tanto por su apoyo intelectual con distintos líderes entre los administrativos y académicos, así como por su apoyo logístico.
Hacia marzo de 1976 nos encontramos que el Congreso de negritudes colombianas, reunido en Medellín, en la sala del Consejo municipal ha decidido apoyar la candidatura presidencial del doctor Juan Zapata Olivella, con lo cual entraba de lleno en la arena electoral que definiría al mandatario de la República para el período presidencial entre 1978 y 1982. Esta candidatura había sido una iniciativa individual del doctor Olivella fraguada entre Cartagena y Bogotá, por cierto él no pertenecía a la organización y según consta en una comunicación a través de la cual se le había solicitado su colaboración para realizar una reunión en Cartagena, no había dado respuesta alguna, por lo tanto su cercanía con el movimiento no existía. Meses después, reunidos en Cartagena el presidente del movimiento y el candidato se
oficializa la constitución del ala política denominada "Movimiento de Negritudes y Mestizaje de Colombia".
Cumpliendo con lo acordado de realizar los encuentros nacionales cada año el 24 y 25 de septiembre de 1976 en el teatro Colombia en la ciudad de Quibdó, se lleva a cabo el segundo encuentro, resultando un amplio programa de acciones que se articuló en seis ejes básicos:
1. Facilidades para la culturización del negro; entre las cuales se pidió básicamente instituciones educativas en los territorios de poblaciones negras; fortalecer la Universidad del Chocó, la creación de una universidad en Buenaventura, la Universidad del Pacífico; y la Universidad Domingo Biojó, en el Palenque de San Basilio. Además de ampliar la cobertura de primaria y bachillerato introduciendo la cultura negra dentro del pensum, pero además exigió también el ingreso de los negros a las escuelas de aviación, marina y a la carrera militar. 2. Salubridad para los pueblos negros; dotación de infraestructura de salud: hospitales, centros y puestos de salud. 3. Las vías de comunicación; con la exigencia especial de la creación de una flota de transporte fluvial para el Pacífico que permitiera el transporte de productos a la ciudad. 4. Incremento en la agricultura, ganadería y minería de la población negra. 5. Industrialización; partiendo específicamente de la electrificación. 6. Fomento para los pueblos negros; planes de vivienda, saneamiento ambiental.
Este programa fue presentado por una comisión al Presidente de la República Alfonso López Michelsen; obteniendo, según la evaluación de Valentín Moreno un 10% de lo solicitado, especialmente en lo relacionado con presupuesto para la Universidad del Chocó, avance en plan de vivienda y la construcción de algún centro
de salud. No obstante, esta primera experiencia fue evaluada como altamente positiva porque los colocaba en dirección de la integración deseada. Este programa sirvió para insuflar la candidatura, avanzando hasta abril 29 de 1977 cuando se celebró el tercer Encuentro nacional en Cartagena para lanzar al candidato presidencial; en adelante todo el movimiento se pone en función de la campaña y es absorbido en consecuencia por el ala política que se dedica a tratar de convertir los consejos departamentales, municipales y los comités en células políticas electorales, "comandos" según el lenguaje de la época.
Un mes después ya eran muchas las dudas sobre el candidato, por parte de un sector del movimiento, tal vez el sector más radical liderado por el abogado Perlaza, ante todo por sus inclinaciones a una valoración, según estos, “exagerada” del mestizaje y por que en algunas declaraciones ante los medios de comunicación negaba y desconocía la discriminación racial, tratando de no mostrarse radical y evitando ser acusado de racista. A pesar de todo, la campaña continuaba desarrollando actividades en varios sitios para la consecución de recursos económicos; esta coyuntura se valoró como una osadía por parte de los negros colombianos, quienes aparecían proponiendo la primera candidatura presidencial en el continente, según Valentín Moreno.
En un ambiente colmado de sorna, los medios de comunicación se verían obligados a registrar este insólito hecho, contextualizado en un lenguaje racista y estigmatizante; sin embargo, tanto la trayectoria académica como profesional del candidato, dejaba poco espacio a que estos señalamientos prosperaran.
Las vacilaciones del candidato se confirmaron cuando en el periódico “El Espectador” del 12 febrero 1978, apareció declarando la declinación de su aspiración y
su adhesión a la candidatura liberal del doctor Carlos Lleras Restrepo, quien después de lisonjearlo, le había brindado un banquete público en Cartagena. La reacción de rechazo del movimiento fue inmediata, al siguiente día se le solicitó explicación y se hizo público a través de los medios de comunicación, el retiro de su respaldo. Sin embargo, los efectos habrían de ser demoledores a tal punto que el movimiento quedó fragmentado y no pudo volver a recuperarse. En adelante al posible electorado se dio la orden de dejarlo en la libertad de regresar a las huestes de los liberales y conservadores, diluyéndose el intento en una serie de rivalidades internas, distanciamientos y acusaciones mutuas con las cuales Valentín Moreno, todavía su presidente, quedó prácticamente sólo.
Los años posteriores fueron de sus acciones individuales, encontramos a Valentín desarrollando algunos intentos de rearticulación organizativa, pero sin ninguna estabilidad, así lo muestran las distintas actas; él además fue percibido como un autócrata que quería eternizarse en el cargo de presidente y en últimas apropiarse de manera personal de un esfuerzo que era colectivo. Así llega hasta 1984, haciendo alianzas con liberales y conservadores y solicitando a cada gobierno participación, sin tener ninguna respuesta concreta y por el contrario siendo ridiculizado por los sectores políticos del país.
Se puede afirmar que esta estructura aparentemente viable, fue en parte lo que hizo inoperante a la organización y a la postre la llevó a su fracaso, en la medida en que las decisiones importantes se encontraban fuertemente centralizadas, casi reproduciendo el centralismo anquilosado del Estado, más aún resultaba inapropiada, tratándose de trabajos en su totalidad voluntarios que debían asumir sus miembros en
cada nivel territorial. En estrecha relación con lo anterior, se da la agudización de las posiciones políticas regionales de los partidos tradicionales, que a larga imposibilitaron la cohesión de los negros en torno a este movimiento, determinando, los jefes partidistas correspondientes su proceder. Es decir, no era posible para este movimiento tan nuevo, con las debilidades organizativas e ideológicas y programáticas que presentaba, soportar tales presiones, de dónde en la práctica dependía la subsistencia de la mayoría de sus miembros directivos; empleados públicos o de profesiones liberales vinculados a las clientelas regionales y locales de diferentes formas.
Finalmente debe comentarse que su visión de la cultura negra en la educación, en la investigación y en las artes, fue solamente una retórica momentánea que no se concretó en ninguna acción específica. Igualmente nunca desarrolló una base ideológica consistente, se trató mucho más de posiciones coyunturales que si bien reconocían la situación estructural de exclusión, no lograban articular una respuesta consultando a las bases que decían representar. En 1984 Valentín Moreno deja de funcionar con su proyecto, en medio de supuestas conjuras y acusaciones de traición a varios de los miembros, y lo que es más grave señalamientos de ser “comunistas” y de desviar los intereses hacia posiciones radicales que no tenían que ver con el ideario, ni con los estatutos del Consejo Nacional de Población Negra colombiana totalmente diluido y confundido con él Movimiento Nacional de Negritudes y Mestizaje de Colombia. Este movimiento se trataba entonces en lo fundamental, de una posición medianamente reformista.
Tendencia del mestizaje triétnico
Esta tendencia liderada por la familia Zapata Olivella, específicamente por Manuel y Delia al frente de la Fundación Colombiana de Investigaciones Folclóricas, creada entre 1975 y 1976, como un nuevo intento organizativo del otrora Centro de Investigaciones Afro-colombianas de los años 40, como ya lo habíamos anotado; fue la propuesta de crear una institución, un tipo de organización con incidencia nacional, cuyo eje transversal debía ser la investigación de la cultura autóctona de las comunidades afrocolombianas, parte central de la cultura nacional. Su proyección estuvo fuertemente centrada en la vida literaria de Manuel y el trabajo de danza y música folclórica de Delia, ambos con vinculaciones internacionales bastante importantes, que les permitían posicionar su imagen corporativa para el logro de recursos económicos, que les facilitaran la labor de investigación, publicaciones y difusión en general a través de presentaciones artísticas, talleres, conferencias y demás.
En esta propuesta que muy pronto tuvo el reconocimiento nacional e internacional, el ideario y el centro gravitacional estuvo en una dinámica de comprensión e interpretación del sentido de la cultura negra colombiana y de la negritud, ahora sí con sus implicaciones ideológicas y, con la función de los y las intelectuales en este marco. Hacía mediados de los 80, Manuel Zapata Olivella señalaba que la palabra negritud tenía la función de desnudar el racismo y la discriminación tanto de raza como de clase a los más discriminados de la historia y aún a los mestizos y blancos pobres; en esta dimensión, la negritud deviene en una matriz ideológica integral que permite la unidad de los subalternizados más allá de la pigmentación. Quiere ser ante todo un paradigma ideológico de articulación ante la
historia y el presente de múltiples exclusiones y mutilaciones culturales, busca por lo tanto resarcir y reintegrar al sujeto en el contexto de sus comunidades:
Negritud en América es indianidad, Áfricanitud, Américanidad, todas las connotaciones que quiera dársele menos el de colonización: dobles, mimetismo, castración, alienación, imitación. Negritud conciencia del violentado, del rechazado, del heroísmo y la resistencia total, nació América en la flecha envenenada del Caribe, en la palabra insumisa de todos los indios, en la defensa de la mujer y la tierra, sean cuales fueren el origen, la etnia y la cultura del colonizador.105
Este amplio enfoque de la negritud sirvió de fundamento y faro a la ruta de los Congresos de cultura negra de las Américas, que nacen bajo las inquietudes de este intelectual en diálogo directo con los autores de la negritud y con lo sucedido en África y los Estados Unidos. Al tiempo que Manuel va publicando su prolífica obra, Delia por su parte, recaba en las regiones, especialmente en el Caribe y la costa pacífica, en la búsqueda de las piezas tradicionales más olvidadas para llevarlas al escenario; enriqueciendo enormemente el acervo cultural del país con archivos que reposaban en la fundación y luego en su tarea de maestra del Instituto Popular de Cultura en Cali, en los archivos de esta institución. Constituyéndose en dos frentes de trabajo que tienen como punto de articulación inspiradora la negritud y la cultura negra que la alimenta, tipificando dos esferas de producción de pensamiento: la del intelectual letrado y la de la artista o gestora cultural.
Producto de su participación Manuel Zapata Olivella, nos hace saber que en el coloquio celebrado en Senegal (Dakar), enero de 1974, se delineó una amplia agenda para los Afroamericanos, esta tuvo avances significativos logrando concretar y dar continuidad a una tradición intelectual, con obvias conexiones entre esta comunidad
105 Manuel Zapata Olivella comp. Primer congreso de la cultura negra de las Américas. Bogotá, Editorial
de pensamiento siempre abierta al dialogo y la discusión expresados en los diferentes congresos y encuentros registrados a lo largo de ese siglo. Además logra revitalizar e institucionalizar un campo de reflexión con espacios específicos, de mucha importancia para la segunda mitad del siglo XX, tratando de encontrar maneras renovadas de explicar los problemas de la comunidad afrodiaspórica en América, partiendo de las realidades concretas y las experiencias vividas. Esta óptica va a representar de plano, la superación de las generaciones anteriores de los estudios afro, con mucha fuerza entre los años 20, 30 y 40, es decir los pioneros, muchos de los cuales participaron de sesgos y paradigmas racistas en sus estudios; tal es el caso de Fernando Ortiz y Nina Rodríguez106.
Se estaba gestando entonces un enfoque de ruptura, un paradigma renovado desde puntos de vista propios, que superara dichos lastres, generando una identidad discursiva y de acciones en la heterogeneidad característica de las experiencias nacionales. En su orden después del Coloquio de Dakar, se celebraron