En el marco de la investigación que se presenta darle lugar al concepto de representación es darle lugar al sujeto (el docen- te) y a la matriz simbólica que lo determina desde múltiples mediaciones, determina el sentido de su vida, de su trabajo y su visión del mundo como ser individual y colectivo. Así, lo que expresa en el nivel consciente mediante su opinión, evidencia en nuestro caso las características adjudicadas desde su percepción a la tecnología y la posibilidad de incorporación en el proceso educativo, el rol atribuido a docentes y alumnos y a su propia relación con la tecnología.
Para Denise Jodelet (1986), la noción de ‘representación social’ surge en sociología, de la mano de E. Drukheim, y luego de ser retomado por la psicología infantil a través de Jean Piaget, (1926) fue recuperado por S. Moscovici (1961), quien se propuso el desarrollo de una teoría dentro de la psicología social para demostrar cómo las representaciones sociales son sistemas cognitivos que nos permiten descubrir y ordenar la realidad.
La autora plantea que para la mayoría de los investigadores, las representaciones sociales son el punto de intersección de lo psicológico y lo social, por cuanto son el producto y el proceso de un trabajo de elaboración psíquica y social de la realidad. A su vez, la representación revela la relación de un sujeto con un objeto (un hecho, una institución, una persona, una cosa),
Pero fundamentalmente, las representaciones manifiestan la
relación de un sujeto (individual o colectivo) con el mundo y las cosas, siendo además tributarias de la posición de ese individuo en la sociedad.
El concepto de representación social designa una forma de
conocimiento específico:
- el saber de sentido común, opuesto al conocimiento
científico
- una forma de pensamiento social, es decir un cono- cimiento socialmente elaborado y compartido - una forma de conocimiento práctico cuyo objetivo es la comunicación con los demás, la comprensión y el dominio del entorno social, tanto material como ideal.
Por otro lado, las características fundamentales del concepto se relacionan con el aspecto de la significación, de la creatividad y de la autonomía.
Respecto al primer aspecto, representar implica sustituir algo por otra cosa, sustituir un objeto real o un objeto pensado, por otro objeto real o pensado. Es hacer presente en la mente (en la conciencia de un sujeto) un objeto del mundo real- percibido. Esta evocación se expresa a través de una imagen
mental. Por ello figura y sentido son dos caras indisociables
de la representación y por lo tanto se puede asociar a la noción de símbolo, de imagen.
No obstante, no se trata de una reproducción pasiva de un exterior en un interior. Tanto en la creación de la imagen como del sentido, intervienen lo imaginario individual y colectivo. Por ello, la representación siempre entraña algo social, que son las categorías que la estructuran y expresan, en tanto su contenido puede variar. Aquí precisamente reside la determinación de las imágenes individuales por parte de los
imaginarios sociales, que una vez producidos gozan de relativa autonomía, se autonomizan (al decir de Castoriadis, 1993). Sin embargo, también cabe la posibilidad de que el sujeto
ponga en juego su creatividad al momento de re-significar
estos imaginarios sociales.
Por otro lado, en la relación de sujeto/objeto ambos se de-
terminan y modifican mutuamente, por lo que en el acto de
representación siempre hay una actividad de construcción y reproducción.
Por su parte, J.P. Di Giácomo (1997)) sostiene que los procesos representacionales son un requisito del funcionamiento de las colectividades en tanto tales.
Afirma que si bien existen opiniones, juicios evaluativos
compartidos colectivamente por grupos con características comunes acerca de distintos objetos del ambiente, esto no sig-
nifica que estemos en presencia de una representación social.
Para este autor, existen una serie de características que deben
tenerse en cuenta para poder identificar una representación.
En primer lugar, la misma está estructurada en torno a un
núcleo central que determina su significación y organización.
Esta estructura se expresa a través de un modelo, (de allí su carácter modélico) dada la capacidad de la representación de integrar elementos nuevos del ambiente. Esto implica la existencia de ciertos aspectos o informaciones que funcionan
como categorías dotadas de un valor clasificatorio más grande
que otras. El sujeto, entonces, posee un modelo categorial de interpretación de la realidad que le permite situar cada objeto en su categoría de pertenencia.
A su vez, esa estructura no es aleatoria. Por el contrario, res- ponde a un conjunto de orientaciones ideológicas del grupo,
relacionadas con su situación y posición en el conjunto social. Por otro lado, intervienen en la representación social elemen-
tos emocionales, está unida a comportamientos específicos,
de allí su carácter funcional.
Di Giácomo descarta la idea de que estos criterios clasi-
ficatorios sean de origen científico, atribuyéndoles origen
ideológico cuando afirma “creo que es de esta forma como
debemos pensar en el proceso de R.S.: disponemos de criterios de evaluación de las realidades de nuestro ambiente. Estos
criterios no son origen científico sino ideológico, no tienen una función verificadora sino pragmática. Estos criterios son sociales, dicho de otro modo, son específicos a una colecti- vidad dada y poseen una función social”. (1987: 293-294) Por último, en el estudio de las representaciones sociales es ne- cesario desplazar el acento puesto en los procesos cognitivos para comprender el nivel de lo simbólico “esta imbricación curiosa entre pertenencia al grupo, emociones y procesos cognitivos. Observar una R.S. es observar el proceso por el
cual un grupo se define, regula y compara con otros”. (1987: 294-295)
Darío Páez (1987) en tanto, incluye las representaciones so- ciales en la problemática de la Sociología del Conocimiento. Sostiene que éstas se inspirarían tanto en los discursos ideo-
lógicos como científicos dominantes.
El autor define a las representaciones como la forma vulgar,
pre-sistemática de la ideología, expresada en el discurso de sentido común. Toma de Gramsci los cuatro niveles de la ideología, a saber la Filosofía, las Normas de acción y la Moral (producidas y transmitidas por los intelectuales en el marco de las instituciones) el Sentido común y el Folklore,
conformando este último nivel el discurso de sentido común de las clases dominadas.
Desde esta perspectiva, las representaciones sociales forman parte del conocimiento de sentido común destinado a legitimar el orden social.
Aunque reconoce que los sujetos no reproducen simplemente
la ideología, sino que además la reinterpretan, afirma que
“son las representaciones de la ideología dominante las que estructuran las representaciones colectivas y sociales de los sentidos comunes de las clases, mediante la concreción de las legitimaciones de tercero y cuarto orden de la Filosofía en las legitimaciones de segundo y primer orden de las Normas y la Moral”. (1987: 298)
Es decir, las representaciones sociales se forman por la difu- sión y reinterpretación del conocimiento y la ideología, por lo cual tienen la función de legitimar el orden social a través de la constitución del nivel normativo vinculado a las decisiones colectivas de acción.
Sintetizando el proceso de formación de las representaciones sociales, Páez sostiene que éste tiene como características:
1. Privilegiar, seleccionar y retener algunos hechos relevantes del discurso ideológico concernientes a la relación del sujeto en interacción, o sea, des- contextualizar algunos rasgos de este discurso. 2. Descomponer este conjunto de rasgos en cate- gorías simples, naturalizando y objetivando los conceptos del discurso ideológico referente al sujeto en grupo.
3. Construir un “mini-modelo” o teoría implícita, explicativa y evaluativa del entorno a partir del discurso ideológico que impregna al sujeto. (...)
sobre la sociedad y el hombre que son compar- tidas por colectividades y grupos. (...)
4. El proceso reconstruye y reproduce la realidad otorgándole un sentido y procura una guía ope- racional para la vida social, para la resolución
de los problemas y conflictos.” (1987: 316-317) En el caso de la presente investigación, se tomaron como in- dicadores de esta variable las opiniones y creencias explícitas de los docentes acerca de:
• Las tecnologías en general, y las informáticas en particular
• La utilización de tecnologías informáticas en el aula
• El equipamiento escolar y el uso de tecnologías por parte de los profesores
• La influencia del género, la antigüedad en el ejercicio
de la docencia y las áreas del conocimiento de las que provienen los docentes, en el uso de la informática en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
• La relación de los alumnos con las nuevas tecnologías en general
• La posibilidad de incorporar tecnologías informáticas en la propia práctica educativa.
Estas opiniones expresan sus representaciones, en tanto cate- gorías a través de las cuales los profesores seleccionan y eva- lúan los aspectos del discurso social acerca de las tecnologías, y construyen un modelo que orienta sus prácticas docentes y el uso que hacen de las tecnologías informáticas en ellas.
3.4. Las prácticas de apropiación y uso