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GRUTTER V BOLLINGER

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CIRCUIT, DATED JANUARY 18,

I. GRUTTER V BOLLINGER

El tema del nuevo tiempo axial en el que esta- mos inmersos, proviene de muchos frentes más que el de la nueva cosmología, pero es sin duda un factor importante, quizá el lugar central donde convergen la mayor parte de los factores en juego. Tiempo axial, desde Jas- pers,[14] se llama a aquel período que marcó un eje, un antes y un después, en el que se for- mó una nueva conciencia religiosa y espiritual de la humanidad, que nos ha llegado hasta hoy, varios milenios después. Calificar como axial también el tiempo actual no quiere decir que consideramos que registra transformacio- nes menores o superficiales, sino que estamos en medio de una metamorfosis: vamos a se- guir siendo espirituales, pero quizá la mayor parte de los rasgos religiosos de estos últimos milenios van a desaparecer, desafiados por una nueva visión, asentada sobre presupues- tos nuevos.

Estamos efectivamente en un nuevo tiempo axial, pero no acabamos de creerlo. Las insti-

[12] «Los antropólogos estiman que a lo largo de su his- toria la humanidad ha producido más de 100.000 religio- nes», JUAN ARIAS, La felicidad invisible, Maeva, Madrid, 2007, 18. 64. 83. «De hecho, en la actualidad existen unas 10.000 religiones diferentes», datos de FRANZ DAMEN, “Panorama de las religiones en el mundo y en América Latina”, en Agenda Latinoamericana Mundial’ 2003, Pa- namá, 2003, 34-35. Cf. También DAVID B. BARRETT, T. KURIAN GEORGE, TODD M. JOHNSON (eds.), World Christian Encyclopedia: A Comparative Survey of Chur- ches and Religions in the Modern World, I-II, Oxford University Press, New York, 2001(2).

[13] He abundado en la necesidad de reconsiderar el teísmo, y en el daño que nos hace como especie el persis- tir en él ingenuamente, simplemente por inercia o pere- za religiosa, en JOSÉ MARÍA VIGIL, Ante la catástrofe climática, una nueva visión y una nueva espiritualidad. Ponencia en el 12o Encuentro Internacional de CETR (Centro de Estudios de las Tradiciones Religiosas) de Barcelona 2016 (en línea), <eatwot.academia.edu/José- MaríaVIGIL> (consulta: agosto de 2017).

[14] Cf. KARL JASPER, Origen y meta de la historia, Alianza Editorial, Madrid, 1980.

naturaleza, al cosmos. Somos polvo de estre- llas... Somos concretamente Tierra que ha lle- gado a sentir, a pensar, a reflexionar, a vene- rar, a extasiarse...

¿Cuándo la religión va a trasladarse a este mundo real, tal como hoy lo conocemos por medio de la ciencia? ¿Por qué muchas religio- nes y teologías siguen en aquel viejo mundo precientífico de la antigüedad clásica y medie- val, con el cielo arriba y el infierno abajo, las almas, los espíritus, la gracia y lo sobrenatural sobre un mundo despreciable del que es mejor huir (contemptus mundi)?

2.6. Antropocentrismo epistemológico

El antropocentrismo ha contaminado todo el conjunto de nuestra cosmovisión. Es de todo el cosmos del que pensamos que somos la ra- zón y el objetivo. Por más que el judeocristia- nismo sea una de las cien mil religiones que han surgido[12] en este pequeño planeta de una estrella mediana y marginal en la Vía Lác- tea, que es una de los cientos de miles de mi- llones de galaxias que quizá haya en ese sólo 4% de universo que vemos... nos hemos dicho a nosotros mismos que somos la razón del cosmos, que tenemos la verdad absoluta y to- tal... Para un número creciente de personas, esta ignorante pretensión es la prueba más pa- tente de éste y de todos los espejismos en que hemos creído. No hacen falta muchos argu- mentos: hay también una jerarquía de eviden- cias.

¿Será posible un judeocristianismo renovado que acoja estas críticas sincera y penitencial- mente, que reconozca humildemente los espe- jismos sufridos, los sueños y mitos que ha confundido con relatos históricos o con revela- ciones indubitables, y que acepte reconvertir todo su patrimonio simbólico religioso y po- ner a un lado los símbolos, mitos, creencias que ya están muertos y perdieron hace tiempo su poder de evocación, y que, sobre todo san-

cione y elimine los que además nos resultan dañinos? Es una tarea casi enteramente pen- diente. El desafío está todavía por ser conside- rado.

Aquí, el orgullo del antropocentrismo se con- vierte en delirio epistemológico (éste es otro desafío, pero que no viene de las ciencias de la Tierra). Las religiones creen saber, y saber por revelación... por lo que no pueden dudar, ni debatir, ni dialogar, ni mucho menos cambiar de opinión... sino sólo repetir y repetir sin fin las soluciones que idearon sus ancestros, y morir de fidelidad a ese depósito de verdades estancadas... Quienes antropocéntricamente creen tener la verdad absoluta, no pueden sa- lir de la «dictadura del absolutismo» que esa convicción produce; continúan incapacitados para poder dar una palabra creativa y creíble a la sociedad de hoy; simplemente consegui- rán que las religiones, petrificadas releyendo sin fin sus verdades escritas en piedra, conti- núen hundiéndose lentamente, a la deriva, como ya ha ocurrido en buena parte en Occi- dente.

2.7. Teísmo

A pesar de que este desafío no proviene direc- tamente de la nueva cosmología, merece la pena aludirlo, por el hecho de que está en re- lación directa con el tema de la naturaleza, y no se suele abordar. Son sobre todo la arqueo- logía y la antropología cultural las que nos es- tán haciendo plantear el tema.

Desde «la noche de los tiempos», desde lo más profundo del Paleolítico inferior, no hemos te- nido «dioses», sino que parece que hemos ex- hibido un tipo de espiritualidad centrado so- bre la sacralidad de la naturaleza, la Divini- dad Cósmica Materna («gran ‘diosa’ madre» no deja de ser equívoco, porque no se trataba de una diosa, un dios-theos femenino), que da vida desde dentro al universo como un todo orgánico, sagrado y vivo, del que formamos parte los humanos, la tierra, las plantas, todos los seres vivos, como parte integrante de sus procesos.

Dicho brevísimamente: nuestra especie, homo et mulier sapiens, hemos vivido mucho más tiempo con diosa que con dios. Apenas en el último 2% del tiempo de nuestra existencia te- nemos un dios espiritual y masculino. En efec- to, hacia mediados del Calcolítico comienza el fenómeno nuevo de la ascensión de la divini-

dad masculina. Aparecen mitos nuevos de creación en los que el cielo es separado de la tierra, la naturaleza deja de ser divina y holís- tica, y pasa a ser «creada», fabricada o produ- cida por un «espíritu», inmaterial, inteligente y masculino, enteramente exterior a la natura- leza, a la que domina y sobre la que impone su poder y su racionalidad. La divinidad, que desde siempre había constituido la naturaleza de la naturaleza, resultó desgajada de la natu- raleza y expatriada hacia el cielo, morada del Dios trascendente, puro espíritu, masculino. En todo ello, además de la evolución propia de la revolución agraria y urbana, influyen decisi- vamente las invasiones kurgans que prove- nientes de Asia caen sobre la vieja Europa, Grecia, Próximo y Medio Oriente. Israel –y mucho después la Biblia– ya nace en el am- biente religioso-cultural en el que han dado el «golpe de estado» los dioses masculinos, espi- rituales y violentos. Los antropólogos ponen en pie de paridad todas las manifestaciones re- ligiosas de esta época (que ya está plenamente dentro del tiempo literalizado).

Las ciencias actuales de la religión están plan- teando la superación del supuesto acrítico de que lo acontecido a partir del Calcolítico sería lo válido, y lo anterior –toda nuestra conviven- cia milenaria con la espiritualidad femenina y holística con la naturaleza divina– pertenecie- ra al reino de las sombras paleolíticas, irrele- vante para nosotros. Como si la «historia co- menzara en Sumer», como todavía hoy se sue- le considerar. La arqueología de la Vieja Euro- pa (Marija Gimbutas principalmente) se ha re- montado tres y cuatro mil años más allá de Su- mer, y lo puesto al descubierto no justifica ta- maña desconsideración. Más bien sorprende la calidad espiritual humana que aparece, muy superior a la cosmovisión dominadora, mascu- lina, violenta, depredadora y guerrerista –y de dioses masculinos violentos correspondientes– de los milenios siguientes. Lo cual hace que surja por doquier la pregunta: ¿dónde nos equivocamos en nuestro camino de evolución espiritual? ¿Por qué cambiamos nuestra con- cepción de la divinidad, para autoexiliarnos hacia una espiritualidad violenta, guerrera, patriarcal y dualista? ¿Cómo podríamos vol- ver al hogar espiritual (homecoming) del que nunca debiéramos habernos alejado?

El teísmo, tal como lo conocemos, cuya confi- guración filosófica final corresponde al mundo griego, está puesto seriamente bajo sospecha. La trascendencia, la pura espiritualidad, la so-

bre-naturalidad, la masculinidad de Dios, su carácter antagónico con la naturaleza, cada vez deja menos dudas de que ha sido un paso adelante negativo en nuestra evolución espiri- tual. Sus consecuencias llegan hasta hoy mis- mo, hasta la crisis ecológica epocal de destruc- ción de la naturaleza, a la que nos ha llevado la ruptura con un modelo anterior de espiri- tualidad que todo indica que fue exitoso. Ya son muchos –no tanto en la teología, que no ha entrado debidamente al tema, cuanto en las ciencias de las religiones– los que piensan que al teísmo clásico, sobre-natural, trascen- dente y patriarcal se le ha acabado su Kairós, e irá desapareciendo residualmente en la his- toria. La suerte ya está echada: vamos hacia el posteísmo, probablemente panenteísta. Aun- que soy consciente de que esto necesita argu- mentación, ahora sólo pretendo presentar el desafío.[13]

3. Conclusión: Un nuevo tiempo axial

El tema del nuevo tiempo axial en el que esta- mos inmersos, proviene de muchos frentes más que el de la nueva cosmología, pero es sin duda un factor importante, quizá el lugar central donde convergen la mayor parte de los factores en juego. Tiempo axial, desde Jas- pers,[14] se llama a aquel período que marcó un eje, un antes y un después, en el que se for- mó una nueva conciencia religiosa y espiritual de la humanidad, que nos ha llegado hasta hoy, varios milenios después. Calificar como axial también el tiempo actual no quiere decir que consideramos que registra transformacio- nes menores o superficiales, sino que estamos en medio de una metamorfosis: vamos a se- guir siendo espirituales, pero quizá la mayor parte de los rasgos religiosos de estos últimos milenios van a desaparecer, desafiados por una nueva visión, asentada sobre presupues- tos nuevos.

Estamos efectivamente en un nuevo tiempo axial, pero no acabamos de creerlo. Las insti-

[15] El mejor acceso a esta nueva visión es el estudio sistemático de los «nuevos paradig-mas» actualmente en curso. Cf. Véase una «bibliografía en línea» gratuitamente accesible sobre estos nuevos paradigmas: Servicios Koinonía, Nuevos paradigmas. Selección sólo de materiales disponibles en la red (actualizado el 1 de enero de 2016) (en línea),

<servicioskoinonia.org/BibliografiaNuevosParadigmas.pdf> (consulta: agosto de 2017).

tuciones religiosas, por su propia concupiscen- cia institucional, no pueden arriesgarse. La teología oficial, como parte de la institución que es, tampoco. Sólo la teología libre y creati- va podrá dar razón del radical cambio que nos impulsa y podrá intentar co-crear la nueva vi- sión que necesitamos.[15]

Para todo ser humano interesado por el bie- nestar del planeta y de la Humanidad, la aco-

gida de este nuevo tiempo axial, y la reflexión para acompañarlo desarrollando la nueva vi- sión que necesitamos, son urgentes. Estos desafíos aquí presentados contribuyen a dibu- jar el rostro concreto de esa urgencia. R

LA BIBLIA TENÍA OTRA

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