Supón que estás inmerso en la siguiente situación:
Ésta es una posible versión del “dilema del prisionero”. Desde que el matemático Albert W. Tucker, de la Universidad de Princeton, lo formulara por primera vez en 1950, este problema de teoría de jue- gos ha sido utilizado en gran cantidad de ocasiones en ciencias sociales (Economía, Política y Sociología, etc.) y biológicas (Etología, Biología Evolutiva, etc.).
Las investigaciones sobre este enigma tratan de explicar la to- ma de decisiones en aquellas opciones en que nuestro acierto depen-
Junto con un compañero de fatigas, has cometido un delito. Te detienen y el fiscal te ofrece un trato: si denuncias a tu cómplice y él no te delata, sal- drás libre. A tu colega de fechorías, sin embargo, le caerán diez años de reclusión.
Claro que, puede ser que a él también se le ocurra denunciarte. En ese caso compartiríais el castigo, es decir, iríais cinco años a la cárcel cada uno.
Empiezas a dudar, porque el papel de delator no te convence. Pero, de repente, te das cuenta de la trampa en que estás metido. A tu compañero le van a ofrecer el mismo pacto. Y si él te denuncia y tú no lo haces, vas a tener que pasar diez largos años de reclusión.
De todas formas, por aquello de tener todos los datos, le preguntas al fiscal: ¿qué ocurriría si yo no denuncio a mi camarada y él tampoco me denuncia a mí? El letrado responde que en ese caso, y tal como están las pruebas, cada uno cumpliría un año de prisión. Para enterarte bien de la si - tuación dibujas una tabla como ésta con los posibles resultados:
Él confiesa
Él lo niega
Tú confiesas
Ambos sois condenados a 5 años.
Él es condenado a 10 años; tú sales libre.
Tú lo niegas
Él sale libre; tú eres con- denado a 10 años.
Ambos sois condenados a 1 año.
de de nuestra actitud ante los demás. Si se enfoca el problema par- tiendo de la base de la confianza y el motivo de cooperación, parece claro que a ti y a tu compañero os conviene no denunciaros: de esa forma, sólo cumpliréis un año de prisión cada uno.
Pero el panorama es diferente si no estamos seguros de la forma en que el otro va a resolver el dilema. En ese caso, tendemos a des- confiar y denunciarle para eliminar la posibilidad de pasar diez lar- gos años en la cárcel. ¡Y así acabaréis pasando los dos cinco años en la cárcel!
En teoría de juegos, a este resultado de competición mutua se le llama pierde/pierde, mientras que al resultado óptimo de colabora- ción mutua se le denomina gana/gana. Los otros dos resultados posi- bles son yo gano/tú pierdes, si yo te delato y tú no, y yo pierdo/tú ganas cuando yo coopero y tú no.
La teoría de juegos distingue entre dos tipos: el juego de suma cero, en el que lo que uno gana lo pierde el otro, y el juego de suma no cero, donde lo que uno gana no le resta al otro. Estos últimos sólo son competitivos en apariencia. Lo explica muy bien el actor Russell Crow en el papel de John Nash en la película Una mente maravillosa, cuando convence a sus amigos de no competir por la chica más gua- pa con el resultado previsible de ser rechazados posteriormente por las otras, por elegirlas “como segundo plato”.
Nash recibió el Premio Nobel de Economía de 1994 por su aporta- ción a la teoría de juegos. El equilibrio de Nash supone que los juga- dores se comportan siempre racionalmente y actúan para maximizar sus beneficios. En el dilema del prisionero, esta estrategia lleva a cada
Tú Yo Coopero Compito Cooperas Gana/Gana Yo gano/tú pierdes Compites Yo pierdo/tú ganas Pierde/Pierde
jugador a traicionar al otro, aunque ambos jugadores obtendrían un resultado mejor si decidieran colaborar, pues cada jugador está incen- tivado individualmente para defraudar al otro.
En contra de lo esperable por el modelo de homo oeconomicus, racional, que intenta maximizar su beneficio, los humanos reales muchas veces actúan irracionalmente y, en otras ocasiones, con racionalidad pero buscando el beneficio de un grupo mayor. El con- cepto de eficiencia enunciado por Pareto (óptimo paretiano) define la situación que se alcanza cuando no es posible beneficiar a nadie sin perjudicar a otros. Razonando desde la perspectiva del interés óptimo del grupo, el mejor resultado deriva de que los dos prisione- ros cooperen, ya que esto minimizaría el tiempo total de condena a dos años.
Robert Axelrod11 propuso el juego del prisionero iterado, en el
que se juega repetidamente, por lo que cada jugador tiene la oportu- nidad de castigar al otro por no cooperar en las jugadas anteriores. De este modo, el incentivo para defraudar se equilibra con la ame- naza de ser castigado. Descubrió que cuando se repiten los encuen- tros con muchos jugadores durante un largo período de tiempo, las estrategias “egoístas” tienden a ser peores a largo plazo que las de cooperación.
Suelen utilizarse juegos con planteamientos parecidos al dilema del prisionero, de tipo subasta, para sensibilizar a profesionales y directivos en la necesidad de cooperar en situaciones que son sólo aparentemente competitivas. En la mayoría de situaciones reales en los negocios y en política, al igual que el dilema del prisionero, la ganancia de un jugador no necesariamente se corresponde con la pérdida de otro. Un contrato o acuerdo comercial ha de suponer un desenlace de suma positiva, en el que cada uno gana algo, pues en otro caso no lo firmarían.
11nAxelrod, R. (1986): La evolución de la cooperación: el dilema del prisionero y la teo-