• No results found

En el otro polo de este espectro, Sandra Ramos –directora del Mo- vimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas María Elena Cua- dra- recuerda las razones de su valoración más optimista del involu- cramiento político juvenil: “Los cipotes son el actor político emergente en este país. Este proceso estaba en construcción. Los jóvenes estaban interesados en la realidad de este país desde antes. Vos ves a los chava- los y chavalas en los semáforos pidiendo, por ejemplo, para ‘Operación Sonrisa’. Los mirás recolectando para el Teletón y Los Pipitos. Hacen trabajo con Techo de Nicaragua. Y lo miro aquí yo: aquí las obreras jó- venes vienen y hacen trabajo voluntario en esta organización para ense- ñarle a las mujeres a conocer sus derechos. Y todo ese voluntariado no lo hemos logrado reflejar.” Esta voluntad de rastrear el involucramiento de los chavalos en la política a través del voluntariado y su actividad en programas sociales coincide con el relato de Harley Morales. La ar- queología de esas otras formas de hacer política es una tarea pendiente. En circunstancias ordinarias, esas formas pueden coexistir con regíme- nes tiránicos y de políticas impopulares, sin alterar el funcionamiento de la Política con mayúscula, la que se refiere a quién toma las riendas del Estado y cómo ejerce el poder. Después de la rebelión de abril, y de rastrear los primeros pasos en política de algunos de los jóvenes líderes del movimiento, es inevitable revalorizar el rol de esos espacios como expresiones del interés por la cosa pública y potenciales peldaños hacia un involucramiento político de mayor aliento. Eric J. Hobsbawm sabía que las rebeliones no surgen de la nada y por eso rastreaba las raíces e inspiración de las rebeliones en las experiencias que sus integrantes

tenían de las asociaciones, trabajos colectivos e los lugares de debates informales como las tabernas.291 Las organizaciones voluntarias han

servido como escuela y núcleo inicial de los movimientos sociales.292

Ramos enfatiza que las diferencias en el abordaje de la política en- tre su generación y la actual se explican porque su generación fue em- pujada a ciertas acciones por una guerra. El contexto era muy distinto y condicionaba los métodos de lucha. Su experiencia personal directa con la juventud también le da otra perspectiva: “Yo soy mamá de dos jóve- nes varones. El menor tiene 27 años. En él yo no miraba eso que decían de los millennials. Él tenía sus planteamientos y críticas, no muy públi- cas, sino en el mundo de los chavalos. Igual acá, en el Movimiento Ma- ría Elena Cuadra, en el caso de las mujeres obreras jóvenes, vimos otra cosa. Cuando empezó el régimen de zona franca, en los años 90, vimos entrar una generación de obreras un poco adultas, con una experiencia que impregnaron en sus puestos de trabajo: no permitían que las humi- llaran, habían centenares de huelgas en esas fábricas… Había opresión, pero también la gente tenía una respuesta. Cuando esta generación sale y entra la nueva, las maquilas se llenan de mujeres y chavalos jóvenes que están saliendo de la secundaria o de la primaria, sin completar o ya terminadas. A la maquila iba el sector de los jóvenes que no tienen más oportunidades de educación en este país y que son lanzados a un mercado precarizado. Y ahí sí miré una acción muy lenta en la defensa de sus derechos. Pero para eso estamos las organizaciones. Empezamos a darles a conocer sus derechos en el mundo del trabajo y para que ellas decidieran cuándo defenderlos. Yo vi ese proceso. Todo está en cons- trucción. Sólo que unos se transforman para mal, como Daniel Ortega, y otros se transforman para bien, como estas chavalas y chavalos.”

Aunque las nuevas generaciones parecieran menos politizadas, Ra- mos recuerda un estallido lleno de significado: “Hay aspectos que han sido poco estudiados: los chavalos saliendo a defender un derecho labo- ral y económico, que es el tema de la jubilación. Eso fue OcupaINSS. Hay que estudiar la vinculación que hay ahí de lo económico, lo laboral y lo social. ¿Por qué estallaron los chavalos con un problema que es de adultos? Porque los adultos no salimos a defender a los ancianos, como si creyéramos que eso no es asunto nuestro. Muy en su interior, segu- ro pensaban que ellos van a ser profesionales y a enfrentar un día esa misma situación. Eso de trabajar y jubilarte es una meta. Puede ser que

291 Hobsbawm y Rudé, 1978, pp.72-73. 292 Ibíd., p.74.

esa no haya sido la bandera principal, pero sí está en el subconsciente de la memoria, me imagino. Los empujó lo que se ve y se habla en la familia. Si mi abuelo es jubilado, aunque recibe una pensión miserable, vos oís sobre ese derecho. Ellos se involucran por su vínculo con sus abuelos: ellos ven en esos ancianos que se manifestaron a sus abuelos o a sus padres mayores de edad. Se pusieron en su piel y eso significa que nunca fueron ajenos a la realidad de este país.”

Una posición hasta cierto punto intermedia entre las de la profe- sora y Sandra Ramos –aunque no equidistante- es la de Karla Lara, profesora de la Universidad Centroamericana (UCA): “Los estudiantes estaban involucrados en muchas actividades sociales. Desde que soy docente nunca he creído que los estudiantes son apáticos. Creo que las formas como se quiere que ellos reaccionen están condicionadas por los comportamientos que los adultos tuvieron en algún momento de la historia. Pero no se detienen a analizar el contexto actual y cómo es el tipo de joven de hoy. Eso hay que analizarlo primero, antes de decidir qué método vas a utilizar para involucrarlo. Cuando pasó lo del 2013 [OcupaINSS] los estudiantes dieron una muestra altísima de dignidad, coherencia y valores. Porque en ese momento empezaron su despertar…. No, su despertar no: su incidencia política pública.” Karla Lara sabe que, en un ámbito relativamente privado, los jóvenes estaban activándose en política, a medida que se hacían cargo de programas de radio, asistían a conferencias y elegían asuntos sociales y políticos como temas para sus monografías de graduación.

Related documents