CHAPTER 2 ARTICLE NO1 MICROSTRUCTURE CHARACTERIZATION OF
2.7. Hardness Maps
pulsión de presa.
El impulso de presa en su justa medida es algo muy buscado por los adiestradores, pues utilizamos el estímulo de la presa para recompensar al perro por sus buenos comportamientos en el trabajo. El perro que trabaja en la búsqueda y rescate de personas, o en el rastreo de drogas y
explosivos, obtiene como recompensa a su buen trabajo el estímulo desencadenante que desfoga su impulso instintivo de presa, que habrá de ser necesariamente alto y estar bien canalizado o
reorientado hacia el objeto que vamos a utilizar como refuerzo compensatorio. El adiestrador c guía
le va a entregar al perro un objeto que conocemos como mordedor precisamente porque cumple la función de desahogar sus ganas de morder, o, dicho mucho más correctamente, su necesidad instintiva endógena de apresar. Este mordedor no es más que un rodillo de arpillera, normalmente, aunque bien puede ser una pelota, y el buen guía sabe mantenerlo vivo en todo momento, como si de una presa real se tratase, para estimular de forma adecuada el correcto funcionamiento del impulso instintivo y no desmotivar al animal. El perro no busca la droga o el explosivo, sino que busca el juguete, que ha sido asociado, durante el adiestramiento y mediante condicionamiento clásico, al olor de la sustancia que se pretende encontrar. En la búsqueda de personas, a veces el animal se entrega realmente a la localización de las víctimas de forma desinteresada, pero, aun en esos individuos, el trabajo suele comenzar con la entrega del mismo refuerzo al impulso de presa.
El adiestrador experimentado sabe muy bien en qué nivel se encuentra el impulso de un perro y, de esta forma, de qué manera trabajar con dicho impulso. Es extremadamente delicado el trabajo del impulso de presa y se convierte en un arte el conseguir una mordida determinada en los perros de competición.
El impulso llega a su fin con la sacudida a muerte, es decir, esos movimientos reflejos instintivos que realizan lateralmente con la cabeza con brusquedad y que podemos observar, a menudo, en los cachorros que juegan con un trapo. Tienen como finalidad el acabar rápidamente con las presas pequeñas y mermar las condiciones físicas de las grandes.
El ser humano ha manipulado genéticamente el impulso de presa para hacer de él algo especializado, como hemos visto en otros casos. Así, encontramos perros con un impulso de presa muy alto, como los denominados precisamente perros de presa. En el lobo y los perros menos adulterados por la mano del hombre, el nivel instintivo se encuentra equilibrado con las funciones del cánido en la Naturaleza. En estos casos, el animal sujeta a la presa contundentemente pero con sagacidad, sin ser víctima del desequilibrado bloqueo nervioso que caracteriza a muchos de los susodichos perros de presa, como los bóxer, los bull & terrier y todos los descendientes de los alanos de España. Este bloqueo nervioso por exceso de impulso de presa, les lleva a morder sin soltar —no es, como a menudo se cree, que la mandíbula tenga un mecanismo de cierre— y a la incesante sacudida a muerte, que no parece terminar nunca.
4.5. EL TRANSPORTE DE LA PRESA
¿Quién no ha visto al cachorro agarrar un trapo o un calcetín y, después de sacudirlo fuerte y rápidamente con la cabeza —acción instintiva de la sacudida a muerte— salir corriendo con él entre las fauces portando bien alta la cabeza?
Aunque no me atrevo a decidir firmemente si es o no un impulso instintivo en sí, lo cierto es que, en la coordinación instintiva de comportamientos de caza, tras la muerte de la presa se produce, en caso de que la misma tenga un tamaño que lo permita, el transporte inmediato, en una actitud característica que denota cierta posesividad. De esta forma, lleva su botín a un lugar seguro. Los adiestradores solemos considerar este comportamiento como un impulso aislado dentro de la
coordinación instintiva de caza, y seleccionable y manipulable genéticamente; de esta forma, obtenemos buenos perros que recogen, transportan y traen objetos. De hecho, cuando un perro no muestra, para nosotros, un impulso de cobro suficiente para la función que necesitamos del animal, podemos potenciarlo a través del trabajo sobre ese último momento de la coordinación instintiva de caza, permitiéndole que transporte el objeto de caza e intentando por todos los medios que despierte en él la necesidad instintiva de llevárselo lejos. Por ello creemos que es un impulso instintivo por sí mismo.
Hay razas de perros que conocemos como «perros de cobro», que tienen una necesidad instintiva imperiosa de portar objetos en la boca. Esto es algo muy evidente en los perros de agua españoles y los retrievers, por ejemplo. Por ello es tan fácil enseñar a estos perros los ejercicios de recogida de objetos que se necesitan no sólo durante la actividad cinegética, sino también, por ejemplo, en el trabajo como perros de asistencia para discapacitados.
4.6. ACTITUD FINAL Y ACTO CONSUMATORIO EN LA CONDUCTA
DE CAZA
Hemos llegado al final de toda la coordinación instintiva de comportamientos de caza. Ahora sí, el cánido se echará con la presa inerte a sus pies y todo su ser respirará tranquilo. Es la actitud final de la coordinación instintiva, una vez el acto consumatorio ha podido, al fin, llegar a su natural término. Ahora descansa psicológica, física y fisiológicamente, restaurando así su alostasis, o equilibrio interno óptimo, en esa situación.
Tras ello, y a pesar de que, a menudo, vemos a los lobos empezar a comer de la presa abatida urgentemente, me atrevo a afirmar que se alimenta por el hecho de que tiene la carne a mano. La necesidad de comer ha creado unos mecanismos instintivos que son responsables de una serie de acciones que tienen sentido por sí mismas.