Por ello he optado por recordar aquí y ahora sólo algún ―clásico‖ pasaje en el que se pone de relieve la extraordinaria función de las libertades informativas en todo Estado que se precie de democrático:
Recordemos de entrada algo obvio pero tan sumamente incómodo a los poderes públicos: la expresión es libre porque es connatural con el ser humano; por más que se haya tratado de desfigurar y de adecuar a los intereses imperantes en cada momento, la idea es bien clara en cuantas culturas han sido florecientes. Algún ejemplo:
Ya Sófocles puso en la imagen de Antígona la idea de rebelión ante la decisión tiránica, ciega al sentir del pueblo. Cuando, tras larga discusión de Hemon (tratando de defender a Antígona que desobedece la decisión de Creonte de no dar sepultura a sus propios muertos) con su padre Creonte en la que le pone de relieve el sentir de su pueblo, viendo que éste se empeña en desconocerlo imponiendo por encima de todo su decisión, el hijo le espeta: ―Tú has nacido, padre, para gobernar tú solo una ciudad de muertos‖. Desantes nos recuerda cómo Milton hizo en su Areopagítica la primera defensa de la libertad de expresión públicamente expuesta en plena Ilustración; pues bien, en el prefacio a su discurso ante el Parlamento inglés, avala su valiente posición con dos versos griegos de ―Las suplicantes‖, comedia de Eurípides: ―Esta es la verdadera libertad, cuando los hombres que han nacido libres, queriendo dirigirse al pueblo, pueden hablar libremente‖. Tal efecto surtió en el auditorio que en el mismo momento (1795) dejó de renovarse el Estatuto de censura (de 1743) hasta entonces vigente.
Marco Aurelio nos aporta también entre sus meditaciones, tan influidas por la Estoa (e indirectamente también por Sócrates), su convicción sobre la
libertad tan inherente al hombre como su propia naturaleza sociable, inmanente asi mismo según la definición del hombre (animal político): ―Mientras que los demás seres son mantenidos en unión por diversas fuerzas, la Inteligencia (dianoia), por un privilegio singular, tiende a establecer vínculos entre los hombres y a satisfacer así la necesidad de comunicación, más allá de todos los obstáculos…‖ (Soliloquios, X, 30). La influencia socrática es obvia: ―Mientras que todas las cosas en el universo, desde las inferiores a las superiores, siguen espontáneamente el impulso que las lleva a buscar a sus semejantes y a fundirse con ellos, el hombre es el único ser que, olvidando su condición razonable y social, puede marginarse de la sociedad y aislarse, rompiendo los lazos que le unen a los demás hombres. Pero es un intento vano, puesto que la naturaleza «es siempre la más fuerte» (Soliloquios, IX, 9)5.
Stuart Mill6 argumentó contra todo dogmatismo y su obra es un fenomenal alegato en defensa del pluralismo político fundamentando la importancia de la libertad de expresión en razones diversas: Así, en primer lugar, ―si se acalla una opinión puede que sea cierta, si negaramos que pueda ser cierta estaríamos afirmando nuestra propia infalibilidad…‖. En segundo lugar, aunque una opinión sea errónea podría contener una porción de verdad: ―…es muy raro que la opinión general o mayoritaria comprenda toda la verdad, es posible que una opinión minoritaria tenga algo de verdad…‖. Tercera: si la opinión que se acepta no solo es cierta sino que contiene toda la verdad, si no se permite que sea atacada vigorosamente aunque contenga toda la verdad, la mayoría de los que la reciben lo harán como un prejuicio, sin comprender o sentir su fundamento racional. Y por último, si se acepta como un dogma se convertirá en una forma incapaz de cualquier bien, que estorbara e impedirá el desarrollo de cualquier convicción verdadera. En definitiva,
―Nunca podemos estar seguros de que la opinión que tratamos de ahogar sea falsa, y si lo estuviéramos, el ahogarla sería también un mal… Negarse a oír una opinión, porque se está seguro de que es falsa, equivale a afirmar que la verdad que se posee es la verdad absoluta. Toda negativa a una discusión implica una presunción de infalibilidad‖.
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Cfr. DAZA MARTINEZ, J. Ideología y Política en el Emperador Marco Aurelio. http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/4493/1/Lucentum_03_13.pdf
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La enumeración seria inacabable si buscamos en la idea originaria de la expresión libre como natural manifestación de la sociabilidad humana. Basten los ejemplos recordados. Como bastará una general alusión a las permanentes cortapisas con que el poder ha interpretado o simplemente ignorado tal naturaleza sociable del hombre7.
3. ¿En qué medida la técnica ha contribuido a la recuperación de la información como alma de la sociedad política?
La cuestión, llegados a este punto es en qué medida la técnica ha contribuido al mantenimiento (mejor, a la recuperación) del sentido originario de la información como alma de la sociedad política. Es de sobra conocido que la técnica ha permitido el desarrollo político y económico en los últimos siglos y que, en el mundo de la comunicación, la invención de la imprenta marcó el inicio de una imparable evolución en que a los medios escénicos clásicos se han ido sumando más y más técnicas que han acabado superponiéndose en la multiplicidad de soportes con que hoy podemos transmitir la opinión, la noticia y la más directa crítica política. Sin embargo, no siempre las técnicas han alumbrado mayor libertad aunque sí han proporcionado a los poderes mayores medios de control. No en vano Xifra titulaba uno de sus libros ―La libertad de prensa, una libertad frustrada‖8
. Y hoy mismo; si nos atenemos a la gubernamentalización de los medios audiovisuales, cualquiera que sea su ámbito, estatal o autonómico, no parece que la proliferación de medios de todo tipo, ni las reiteradas quejas de grupos minoritarios, desaliente a los partidos (protagonistas de nuestra actual partitocrazia) en su permanente manipulación de la libertad de expresión y de información.
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Muy ilustrativa de la doble perspectiva apuntada resulta la lectura, entre tantos, de un autor nada sospechoso de radicalismo, CONSTANT, B. ―La liberté de la presse‖ (pag. 1178 y ss.) o ―De la liberté des brochures, des pamphlets et des journaux consideré sous le rapport de l‘intéret du Gouvernement‖ (pags. 1220 y ss.), en OEUVRES. Editions Gallinard, 1957.
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La idea es muy repetida. Recientemente, SINOVA, J. da este título a su libro de 2006: La Prensa en la Segunda República Española. Historia de una Libertad frustrada. Otro ejemplo ―clásico‖ nos permitiría recordar cómo en los años más revolucionarios del primer Liberalismo la opinión pública acabó siendo un concepto elitista y cómo, incluso, la idea de pueblo, a través de ―técnicas‖ lingüísticas y ficciones jurídicas, acabó reconduciéndose a la de nación (burguesa).
Es justamente la aparición de la Red, su perfeccionamiento y consolidación como medio al tiempo gigantesco9 e incontrolable, lo que parece que, por vez primera, permitiría recuperar aquella idea clásica de libertad ajena a todo límite, a riesgo de que el sistema político pierda sus connotaciones democráticas o, mejor, de justicia e igualdad. En definitiva, volver a los principios como proponía Escobar, es hallar el modo de extraer de las nuevas técnicas las garantías para el orden jurídico democrático que otras técnicas precedentes no nos han podido proporcionar.
4. El clásico “ius communicationis” y la comunicación sin fronteras