4.2 Self-Supervised Learning Pipeline
4.2.1 Heightmap Definition, Artificial Generation and Collection from Simulation
Refiriéndonos al capítulo anterior podemos afirmar con Gerold Hilty que
“El estado espiritual y cultural de la época alfonsí no es, naturalmente, una creación ex nihilo. Sus precedentes se revelan al examinar las fuentes de la inmensa obra del Rey Sabio. Un estudio muy sumario muestra ya la gran variedad lingüística de estas fuentes […]. Casi todas necesitaban ser traducidas, y esto equivale a decir que una de las ocupaciones primordiales de la corte literaria de Alfonso el Sabio fue la traducción.”170
No solamente no es una creación ex nihilo, sino que en la España alfonsí se vuelve a repetir lo que cinco siglos antes ya se había efectuado en el Próximo Oriente: la lengua vernácula experimenta un impulso evolutivo desde fuera, entrando en contacto con otra lengua más antigua y más acabada en su evolución, a través de numerosas traducciones realizadas bajo el mandato de la corte.
Este contacto consciente de lenguas171 se efectuó en la época Abbasí entre el árabe y sobre todo el griego, además del páhlavi, del siríaco y del sánscrito. Mayormente, los filósofos griegos se tradujeron en los tiempos de los califas como al0 Man ūr (754–75), al0Mahdī (775–85) o al0Maɇmūn ibn Hārūn al0Rašīd (813–33)172. Después de haber conquistado parte del Imperio Bizantino, los Abbasíes se vieron ante la gran herencia cultural y literaria greco-bizantina, de la cual hicieron uso y la tradujeron al árabe, la lengua vulgar de los conquistadores.
De igual manera, en la segunda mitad del s. XIII, con la reconquista bastante avanzada y con las ciudades importantes como Toledo (1085), Córdoba (1236), Valencia (1238), Murcia (1243) y Sevilla (1248)173 ya en manos de los cristianos, estos últimos se vieron ante la herencia árabe contenida en las bibliotecas musulmanas
170 Hilty (1954, XXXVI). 171 Véase Haßler (2001, 154).
172 Comúnmente, el califa al0Man ūr es considerado como el iniciador de las traducciones árabes del
griego etc. Como Alfonso X, el Sabio, tuvo mayor interés por la astronomía y astrología. Véase Gutas (1998, 29s.).
conquistadas174. Por lo tanto, con el reinado de Alfonso X, el Sabio, se inició una gran empresa de traducciones a la lengua vulgar, el romance. Así como antes el griego y el páhlavi habían estimulado al árabe, ahora el árabe, ya acabado en su evolución, estimuló a la joven lengua castellana que aún estaba en vía de desarrollo. Así, el castellano antiguo se halló ante el reto de expresar conceptos nuevos, tanto lexicales como sintácticos, que anteriormente no habían pertenecido a su repertorio. Este reto parece aún más grande si se considera el hecho de que ambas lenguas pertenecen a dos familias lingüísticas distintas y que difieren mucho en cuanto a su estructura.
Georg Bossong, en su estudio magistral Probleme der Übersetzung
wissenschaftlicher Werke aus dem Arabischen in das Altspanische zur Zeit Alfons des Weisen, lo expresa de esta manera:
“Eine kulturell noch wenig entwickelte Gemeinschaft, deren Sprache bis dahin nur als ein lokales
vernácula verwendet worden und daher in ihren Ausdrucksmitteln wie in ihrer Verwendbarkeit
beschränkt geblieben ist, kommt in Kontakt mit einer hoch entwickelten Gemeinschaft und ihrer Sprache, die als Trägerin einer umfassenden Kultur über eine reiche und differenzierte Ausdrucksskala verfügt.“175
Además afirma que
“Die Notwendigkeit von Übersetzungen wirkt somit als Katalysator, der in der Zielsprache Prozesse in Gang setzt, die sie schließlich dazu befähigen, ebenso wie die Ausgangssprache als Trägerin einer umfassenden Kultur zu fungieren. Erst nach solchen Übersetzungsbemühungen und der durch sie bewirkten Bereicherungen und Ausweitungen kommen in der bis dahin weniger entwickelten Zielsprache eigenständige Werke zustande, die denen der befruchtenden Kultur gleichrangig sind.”176
Este proceso de influencia de una lengua sobre otra a través de la traducción, lo llama aculturación (Akkulturierung).
Utilizando, a continuación, la terminología de Bossong177, podemos formular los fenómenos expuestos arriba de este modo: como lenguas primarias de estímulo, tanto el griego como el páhlavi, el siríaco y el sánscrito aculturaron por medio de las traducciones al árabe entre los siglos VIII y X. En aquel entonces, el árabe tuvo la función de una lengua de reacción. Ya propiamente aculturada y acabada en su evolución, la lengua árabe misma desempeñó el papel de una lengua de estímulo (secundaria), aculturando asimismo a la joven lengua castellana en el s. XIII en España. Se puede esquematizar este proceso de la manera siguiente178:
174 Entre estas obras árabes también se encontraron las traducciones de los filósofos griegos realizadas
siglos atrás. Pero, mayormente, se tradujeron estas obras filosóficas en el s. XII al latín. Véase más abajo.
175 Bossong (1979a, 3). 176 Bossong (1979a, 3).
177 Véase Bossong (1979a, 3–9). Bossong (1979a) introdujo esta terminología en el marco de una teoría
de aculturación.
Para presentar un esquema más completo, incorporamos el latín, el cual fue aculturado también por el griego, pudiendo así aculturar posteriormente asimismo al castellano y a las otras lenguas romances a través de innumerables traducciones.
Referente al esquema expuesto arriba, hay que subrayar otro hecho: al principio de la prosa narrativa en lengua vulgar, tanto en el caso del árabe como del castellano, hay una traducción del libro de *Karirag ud Damnag, una vez del páhlavi al árabe en el 750, y otra vez del árabe al castellano antiguo en el 1251, exactamente cinco siglos más tarde.
Si bien no sabemos mucho sobre la técnica de los traductores de la época Abbasí179, tenemos, en cambio, un conocimiento bastante amplio de la escuela de traductores de Toledo180. Hay que distinguir dos períodos en el trabajo lingüístico toledano: uno que abarca el s. XII, con el auge del obispo don Raimundo (1124–52)181, incluyendo unas décadas de transición hasta principios del s. XIII182; y otro que empieza con el infante Alfonso y comprende todo su reinado (1252–1282).
Las dos épocas tienen en común que la fuente era el árabe. Sin embargo, la lengua destino era distinta. En el primer caso, las traducciones se realizaron del árabe al latín. Juan Hispalense nos indica más específicamente la manera en la que se elaboraron las traducciones:
me singula verba vulgariter proferente, et Dominica archidiacono singula in latinum convertente, ex arabico translatum.183
179 Véase Gutas (1998, 136ss.).
180 Por el hecho de que prevalecía una cierta técnica de traducción, hablamos de una “escuela”.
181 Véase Rivera (1966, 125). Entre los traductores más importantes hay que mencionar Juan Hispalense
(1130–1150), Domingo Gundisalvi (1130–1180) y Gerardo de Cremona (1167–1187).
182 Allí destacan Hermán el Alemán, Miguel Escoto, Moricio Hispano y Marco de Toledo como
traductores principales.
183 Cita según Menéndez Pidal (1951, 364). El pasaje proviene del prólogo al tratado De anima de
Esto quiere decir lo siguiente: había un equipo de (por lo menos) dos personas; uno, que sabe árabe184, tradujo el texto oralmente palabra por palabra a la lengua vulgar185, es decir, al romance; el otro que sabe latín y esta lengua vulgar186, tradujo el texto oído palabra por palabra al latín. Este último texto se apuntó como traducción latina, la traducción oral no se notó187.
Aún en la época alfonsí, al traducir del árabe al latín se procedía así188. Entre el modelo árabe y la traducción latina, como objetivo del trabajo en equipo, en muchos casos había una versión oral intermedia en romance, es decir en la lengua vulgar comúnmente hablada por los dos traductores. Sin embargo, justamente en esta época, y aún más temprano cuando Alfonso era infante, hubo un cambio en el proceso de traducción. El árabe como lengua fuente y el trabajo en equipo se mantenían, pero el objetivo de la traducción ya no era el latín sino la lengua vulgar misma, es decir, el castellano toledano189, dando muestra de una nueva conciencia lingüística. Así leemos en los prólogos del Libro conplido en los iudizios de la estrellas y del Lapidario:
[…], el qui es el noble Rey do Alfonso, […], qui sempre desque fue en este mundo amo e allego a ssi las sciencias e los sabidores en ellas e alumbro e cumplio la grant mengua que era en los ladinos por defallimiento de los libros de los buenos philosophos e provados; por que Yhuda fi de Mosse Alcohen, su alfaquim e su mercet, fallando tan noble libro e tan acabado e tan conplido en todas las cosas que pertencen en astronomia, como es el que fizo Aly fi de Aben Ragel, por mandado del antedicho nuestro sennor, a qui Dios de vida, traslato-lo de lengua araviga en castellana. E este libro es dicho por su nombre el Libro conplido en los iudizios de las estrellas, porque el qui leyere en el y fallará conplimiento de lo que pertenesce en los iudizios de las estrellas.190
Et de que [Alfonso] este libro touo en su poder, fizo lo leer a otro su judio, que era su fisico et dizien le Yhuda Mosca el Menor, que era mucho entendudo en la arte de astronomia et sabie et entendie bien el arauigo et el latin. Et de que por este iudio, su fisico, ouo entendido el bien et la grand pro que en el iazie, mando gelo trasladar de arauigo en lenguaie castellano por que los omnes lo entendiessen meior et se sopiessen del mas aprouechar. Et ayudol en este trasladamiento Garci Perez, un su clerigo que era otrossi mucho entendudo en este saber de astronomia.191
184 En el caso de Juan Hispalense, se trata de un judío converso.
185 Hay otra interpretación por Burnett (1985). Para él, vulgariter proferente no significa que se tradujo
oralmente a la lengua vulgar, sino que, Juan Hispalense leyó el texto árabe en alto, siguiendo las reglas de pronunciación vulgar árabe de este entonces. Domingo Gundisalvi oyó las palabras, las tradujo palabra por palabra y las apuntó. Así, para él, no había esta etapa intermedia castellana. No es aquí el lugar para discutir exhaustivamente estas teorías. Solamente queremos indicar que esta tesis de Burnett merece ser mencionada.
186 Aquí es Domingo Gundisalvi.
187 Eso explica por qué Roger Bacon encontró hispanismos en un texto traducido. Véase Thomas (1904,
20–22). Hilty (1954, XXXIX) opina que el castellano como etapa intermedia en el proceso de traducción debe haber sido más frecuente de lo que está testimoniado en las fuentes. Para probar esto, se tendrían que realizar estudios en este sentido.
188 Véase Menéndez Pidal (1951, 365).
189 Niederehe (1987, 126) pone reparos a esta afirmación señalando que nunca se ha encontrado una
huella que compruebe tal existencia de una norma toledana. Utilizamos aquí el término para aludir al lugar donde se realizaron las traducciones.
190 Hilty (1954, 3). No hemos reproducido las abreviaturas en cursiva. 191 Rodríguez (1981, 19).
Como atestigua el prólogo del Lapidario, un equipo de dos personas192 tradujo el texto del árabe al castellano193. Esta nueva valoración de la lengua vulgar no se debe interpretar como parte de una política lingüística, sino, como nos sugiere Niederehe (1987, 125), Alfonso X sólo siguió el camino ya iniciado por su padre Fernando III quien había establecido la lengua castellana como lengua oficial de la Cancillería Real para llevar a cabo algunas reformas. Este cambio hizo al rey Alfonso X elaborar sus obras jurídicas, el Setenario y las Siete Partidas, en castellano, y no en latín. Los nobles del reino todos hablaron el idioma vulgar como lengua materna, y el latín ya les pareció una lengua extranjera.
Pero hay que mencionar otra fuerza dentro de la sociedad hispánica del s. XIII que marcó la pauta para la evolución del castellano como lengua científica y literaria, a saber, los judíos. Ellos tendieron el puente entre el saber oriental y occidental, porque en la mayoría de los casos fueron ellos quiénes figuraron como traductores en la empresa alfonsí194. El estudio magistral de Américo Castro195 nos da testimonio de este importante papel de los judíos, sobre todo, porque no se sentían inclinados a la lengua integral del cristianismo europeo, es decir, al latín. Más bien, favorecieron la lengua vernácula, el castellano, para las traducciones realizadas por ellos. Por lo tanto, hicieron posible la creación de todas las obras históricas y jurídicas elaboradas por el mandato del Rey Sabio en la segunda mitad de su reinado.
Lamentablemente, no sabemos nada sobre los traductores del libro de Calila e
Digna. Pero, sí podemos suponer también una cierta intervención judía, por el hecho de
que la temática de los libros armoniza generalmente con los géneros de los libros traducidos al castellano: obras didácticas y morales, astronómicas y astrológicas, y también agrícolas.
192 No fue el rey Alfonso mismo quien “fizo” las traducciones, así como leemos en muchos manuscritos.
Ya Solalinde (1915a) indica, basándose en un pasaje de la General Estoria, que las obras se tradujeron por el mandado del Alfonso X: el rey faze un libro, non por quel escriua con sus manos, mas porque
compone las razones del, e las emienda et yegua e enderesça, e muestra la manera de cómo se deuen fazer, e desi escriue las qui el manda, pero dezimos por esta razon que el rey faze el libro. Otrossi quando dezimos el rey faze un palacio o alguna obra, non es dicho por quelo el fiziesse con sus manos, mas por quel mando fazer… (286)
193 Hilty (2005, XXIX) manifiesta, basándose en algunas notas marginales e interlineares en el Libro
conplido, que a pesar de la traducción oral al castellano, la cual se apuntó, aún había discusiones y
enmendaciones posteriores a la traducción primaria. Así concluye: “No hay que descartar la oralidad, sino sólo atribuirle un papel menos exclusivo en un sistema más diferenciado.”
194 Véase Gil (1985) y Roth (1990). 195 Castro (1983, 447–555).
Finalmente, nos falta mencionar un aspecto más acerca del proceso de traducción en la escuela toledana. Destacamos la existencia de un enmendador, así como nos dan testimonio algunas notas marginales e interlineares en el Libro conplido
en los iudizios de las estrellas196. En estas notas, el “emendador”197 corrigió
mayormente el contenido de los pasajes en cuestión, aludiendo sólo en un caso a un error lingüístico, y realizando una vez una corrección estilística. Como señala Gerold Hilty este enmendador no tiene el papel lingüístico como es sugerido por Galmés de Fuentes198:
“El traductor arabista, en su versión oral, se expresaría sin duda en lenguaje muy arabizado, que el traductor romanista, por propia función, trataría de evitar en todo momento. Pero, por si fuera poco, la versión así realizada con la colaboración de dos técnicos era revisada posteriormente por un escrupuloso corrector (nuestro emendador) hasta conseguir una prosa «en castellano drecho».”199
Más bien, lo que podemos deducir de la interpretación de las notas marginales e interlineares es que “también en la traducción del Libro conplido, Yehudá ben Mošé se valió de por lo menos un cotraductor (se mencionan «trasladores» en plural) y que de la traducción se hizo una revisión, sin recurrir otra vez al original árabe.”200