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Chapter II: Who is to blame for the “xenophobic” violence?

II. Who is to be held responsible for the violence?

La universidad fue abolida en todo el país en septiembre de 1793 por la convención de la Francia revolucionaria. Se consideraba una representación del viejo régimen contra el que se había luchado en la revolución (Monit, 1991: 31),por su comportamiento corporativista, se vio en la necesidad de darle un nuevo enfoque a la versión con la que había nacido en la Baja Edad Media. En la Revolución Francesa, se luchó por la reivindicación de los derechos del hombre y del ciudadano, la igualdad, fraternidad y la justicia; la universidad representaba, de alguna forma, la contraparte de la revolución, ya que había sido formada por corporaciones que dieron pauta a la clase burguesa y estaba siendo respaldada por la iglesia y el monarca, cuya vida política estaba en detrimento como el mismo país. Aun cuando toda educación aspira a la libertad de pensamiento del hombre, las circunstancias sociales estaban en contra de cualquier representatividad de la autoridad que gobernaba.

Francia fue un referente de movilizaciones ideológicas, no sólo para sí, sino que su ideología se extendió más allá del continente. Fuertemente representó la cultura y pensamiento de la ilustración. Los impactos que padecieron las instituciones fueron radicales y de una trascendencia sin precedentes, tanto en sus estructuras organizacionales como en las estructuras ideológicas, la universidad, como es de comprenderse, no sería la excepción. “Tras la revolución se consolida la dicotomía entre docencia e investigación, que denotaba una universidad como mero centro docente, permitieron otros centros de

enseñanza que fueron alternativa de formación dada la ineficacia de la universidad del siglo XVI y XVII” (Porta, 1998: 30). Entre las variadas funciones que van nutriendo el espíritu universitario, la constante de formar profesionales en esta época expresa una de sus mayores peculiaridades y, por ende, toma una relevancia particular; ya que el Estado Francés veía, con interés particular, la idea de promover una formación universitaria que diese respuesta a la necesidad de profesionales para el renovado Estado y la sociedad post- revolucionaria. La tendencia de formación estaba condicionada prioritariamente por el interés del Estado para advenirse de recursos humanos preparados formando funcionarios, por lo que traería como consecuencia una clara división del trabajo por especializaciones (Porta, 1998: 31) y renovaría fuertemente esta función primigenia de la universidad prioritariamente a las demás funciones.

“En Mayo de 1806, Napoleón instituía su nombre a la Universidad Imperial, era una corporación pública que disfrutaba del monopolio de la enseñanza” (Monit, 1991: 36). La universidad napoleónica centralizada y controlada por parte del Estado, perdía con ello algunas cualidades de su autonomía institucional. Estableció que: preparar y formar a los ciudadanos era un privilegio y una responsabilidad del Estado, y no había opciones ya que no había lugar a universidades no estatales. “La universidad Imperial, está formada con una estructura coordinada, jerarquizada y centralizada, ella retoma su misión para ir más lejos obedeciendo a un sólo maestre, con una disciplina severa, y sólo un punto la distingue de la orden religiosa, que es laica” (Monit 1991: 36). Los miembros de la universidad juran acorde al conocimiento de los estatutos y reglamentos, prometiendo y comprometiéndose en obediencia al maestre por bien del emperador y de la enseñanza. Se empiezan a condicionar las clases para no salirse de la doctrina marcada y establecida públicamente. La universidad Imperial, de marcado corte autoritario, logró sobrevivir gracias a la forma de la universidad Royal, la que trajo renovaciones por la intervención de Luis XVIII; tomando en cuenta que: el Emperador Napoleón había reformado inicialmente la universidad con mucha precipitación, y que ésta necesitaba adaptarse a las nuevas circunstancias para que tuviera progreso. Luis XVIII, poco a poco, prueba un buen sistema sin imponer los cambios, apoyándose en ciertas personalidades verdaderamente relacionados con el gobierno actual y reemplazan los puestos claves, tomando estas decisiones en una comisión

compuesta por el emperador, el maestre, el consejero, el canciller y el tesorero (Monit, 1991: 36-37).

En 1848 se proclama la república, el cambio de régimen trae nuevas reformas a la universidad, basándose ésta en la nueva constitución donde se proclama que la enseñanza es libre; se autorizan con ello la creación de escuelas, colegios y liceos, dando por terminado el monopolio de la universidad napoleónica (Monit, 1991: 41). Se retoma y revitalizada la autonomía, surge una diversidad de instituciones que compondrán la estructura de formación de los ciudadanos en donde los vínculos con éste serán parte de la reinvención. El conjunto de todos los establecimientos de enseñanza universitaria del país pasó a constituir la Université de France y, paralelamente, los distintos ministerios ejercían la tutela de las Grandes écoles de su especialidad, centros de enseñanza superior dedicados a la formación de profesionistas de alto nivel. Este modelo de universidad se caracteriza por ser una organización fuertemente centralizada, con mayor autonomía en su funcionamiento comparado con el primer modelo post-revolucionario.

Desde inicio del siglo XIX, el modelo francés se tipificó por la característica de su relación con el Estado. Este fue visto como un signo de modernidad. Las universidades quedaban sujetas al control administrativo centralizado de éste, generando una homogeneidad relativamente grande en la enseñanza y los grados. Acorde con este modelo organizacional existía una clara diferenciación de funciones entre las facultades universitarias y demás instituciones de enseñanza, como la Ecole Polytechnique y las Grandes Ecoles, y los organismos encargados de la investigación y las labores intelectuales del nivel superior como el College de France, La Ecole Practique des Hautes Etudes y otros similares. Se crean así mismo organizaciones separadas para la investigación universitaria, como es el caso del Centre National de la Recherche Scientifique, que es el que da empleo regular a un alto número de investigadores los cuales pueden ser también contratados por las universidades (Brunner, 1990: 67). A partir de la segunda mitad del siglo XIX, desarrollando criterios de inspecciones generales contribuyendo a la mejora del sistema educativo francés, su misión es ser el puente entre el ministro y su administración con el cuerpo docente, por lo que el sistema sigue siendo de cierta forma homogéneo y centralizado (Porta, 1991: 39).

Curiosamente América Latina suele invocar a este modelo francés como el principal antecedente e influencia de la creación de las instituciones republicanas posterior a las independencias de los países y hasta la reforma de Córdoba. Se trata, al parecer, más de una influencia retórica que real, o de una mera inspiración normativa, entre otras cosas porque el Estado moderno no se consolidaba en latinoamerica (Brunner y Peña, 2011: 29-30). La raíz de la diversificación de los modelos universitarios se da como consecuencia de la Ilustración con la consolidación del Estado nación, en el ya no tan nuevo continente americano, exceptuando a Estados Unidos. Se encontraban las colonias peleando sus guerras de independencia para forjarse como nuevos países y la vida de las universidades era otra. Particularmente el modelo de universidad francesa se influyó en España a mediados del siglo XIX, en el que el ambiente intelectual y social, -como ya se mencionó en el sub-apartado anterior-, era diferentes a los de la Francia post-revolucionaria. El trasplante de modelo no llegó a recoger las ventajas y destacó los defectos que con el tiempo se hicieron insoportables para las universidades (Porta, 1991: 41), con lo que se refuerzan los anteriores argumentos de Ortega y Gasset respecto a limitar el esfuerzo creador a través de la imitación.

El modelo francés se difundió por otros países de Europa, entre ellos Rusia. En su país de origen se mantuvo vigente bajo sucesivos regímenes, comenzado a ser erosionado solo en el último tercio del siglo XIX bajo la influencia del modelo alemán. (Brunner y Peña, 2011: 29-30). Así el modelo específico de organización francés en donde se separaban las funciones de investigación y docencia, encuentra que el modelo alemán las proclamaba inseparables.