La noción de interseccionalidad hace referencia a un sistema complejo de estructuras de opresión que son múltiples y se dan de forma simultánea (Bidaseca, 2015). En el presente trabajo, asumir esta perspectiva supone observar en principio los modos en que las condiciones de clase y género se entrelazan a la hora de caracterizar “quiénes viven de la ES”.
En términos de clase, el abordaje de esta cuestión remite centralmente a dos planos, que Gramsci distingue con los términos “grupo social” y “clase social”. El primero
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corresponde a “las relaciones establecidas en la producción y reproducción de la vida material, signadas por la división del trabajo, la posición respecto de la propiedad de las condiciones materiales de existencia y la función en la producción”, mientras el segundo al “de la lucha por realizar los intereses de los grupos sociales conformados por aquellas relaciones, de la que los individuos toman diferentes grados de conciencia” (Iñigo Carrera, 2014: 79). En este punto, se desarrolla el primer plano, en tanto el eje se coloca en la conceptualización de las expresiones materiales de las intersecciones clase-género.
En lo que refiere a la posición respecto de la propiedad de las condiciones materiales de existencia basadas en la división del trabajo y el desarrollo de las fuerzas productivas, se distinguen, en principio, aquellos que se ven expropiados de dichas condiciones, debiendo reproducir su vida como “atributos del capital” y los propietarios de las mismas. En las formaciones sociales capitalistas se encuentran, además, otros grupos “que corresponden a otros modos productivos que el capitalismo incorpora, mantiene e incluso genera. Entre ellas las basadas en la pequeña propiedad y cuyas personificaciones son, por ejemplo, los campesinos, artesanos, pequeños comerciantes” (Iñigo Carrera, 2014, p.80). De este modo, se identifican cuatro grupos sociales fundamentales, que a su interior contienen diferentes fracciones (remiten a la división del trabajo en la sociedad) y capas (ligadas a las condiciones en las que se reproducen)18: el proletariado y semiproletariado; la pequeña burguesía pobre; la pequeña burguesía acomodada y la gran burguesía. Considerando los rasgos ya mencionados de la ES, se entiende que sus trabajadorxs podrían pertenecer en principio a los primeros dos grupos. El proletariado y semiproletariado estaría constituido por:
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Rosati y Donaire cuestionan el acuerdo metodológico en los análisis de estratificación social que parte del supuesto de que las clases sociales son empíricamente verificables si se da cuenta de cierta homogeneidad en las condiciones de vida y las actitudes, concepciones político-ideológicas. Los rasgos que se tienen en cuenta para considerar el grado de homogeneidad son, por ejemplo, tipo de ocupación, nivel educativo, monto de ingresos. El problema de esta mirada, con exponentes como Germani y Torrado, es que puede determinar la existencia de tantas clases como criterios de homogeneidad se consideren válidos. En este sentido, los autores advierten: “La acumulación de categorías por sí misma resulta problemática en tanto se corre el riesgo de perder de vista las relaciones sociales centrales que estructuran una forma de cooperación específica e histórica entre los seres humanos para la producción de la vida social” (Rosati & Donaire, 2012, p.91).
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…la población desposeída de sus condiciones materiales de existencia, que sólo puede sobrevivir en la medida en que obtenga sus medios de vida bajo la forma del salario; cuando no puede hacerlo queda en la condición de “desocupado”, de población sobrante para las necesidades del capital (…) el incremento de la fuerza productiva social acrecienta la masa de esa superpoblación relativa, encubierta bajo diferentes figuras (desocupado, subocupado, subsidiado, mendigo). (Iñigo Carrera, 2014, p.83) Tomando en cuenta la falta de relevamientos que midan la situación de la ES, a partir del mencionado contexto de emergencia de las experiencias recientes, puede inducirse que parte lxs trabajadorxs de dicho sector pertenecen a esta clase social, especialmente bajo las figuras de subocupación y, considerando que la ES se constituyó en un eje de las políticas sociales, de subsidio. Por otro lado, la pequeña burguesía pobre incluiría a:
… propietarios de sus condiciones materiales de existencia, que no venden su fuerza de trabajo ni son dueños de medios de vida de otros, que apenas consiguen sobrevivir sin realizar ninguna acumulación y cuya principal fuente de subsistencia es la pequeña propiedad, supuestamente independiente, aunque generalmente subordinada por diversos mecanismos (por ejemplo, el crédito o la comercialización de sus productos en condiciones de oligopolios o monopolios de demanda) al gran capital. Alguna parte de ella es también población sobrante para el capital (Iñigo Carrera, 2014, p.84).
Este grupo también contiene situaciones que se dan en el marco de la “economía social”. A través de diferentes mecanismos, entre los que se encuentran programas como los enmarcados en el Plan “Argentina Trabaja”, se ha aportado a la sustentabilidad de emprendimientos que elaboran diversos se posibilidad productos para la venta. Lxs “emprendedores/as” cuentan en general con cierto conocimiento previo o saber técnico y, a través del apoyo del Estado, tienen la que de acceder a herramientas de trabajo –que pasan a ser de su propiedad– y a financiamiento destinado a utilizarse como “capital” para el desenvolvimiento del proyecto, el cual por las condiciones materiales de quienes los solicitan, puede ser utilizado también para resolver la reproducción cotidiana.19
De esta manera, se considera que al interior de cada grupo, así como entre sus permeables límites, pueden ubicarse la multiplicidad de situaciones que contiene la ES. En
19 En el trabajo de tesis de grado, “Estrategias y prácticas políticas de los pobres en el marco de proyectos de
economía social en el barrio Villa Gaucho. Las organizaciones territoriales y sus relaciones con el Estado; 2001 al presente” (2012), se observó este uso en el caso de mujeres que participaban del programa de microcréditos “Banco Popular de la Buena Fe” en el barrio Villa Gaucho de la ciudad de Tandil.
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este sentido, se retoma el concepto de “masa trabajadora y explotada”, formada por aquellos “grupos sociales que trabajan, no se apropian de trabajo ajeno y están sometidos a distintos mecanismos de expropiación y expoliación, es decir, el proletariado, la pequeña burguesía en proceso de proletarización y el conjunto de la pequeña burguesía pobre” (Iñigo Carrera, 2014, p.85). Así definido, se infiere que este grupo englobaría las distintas pertenencias de clase de quienes viven de la ES.
Este enfoque permitiría determinar el espacio que la ES y sus trabajadorxs ocupan en la disposición de las relaciones de fuerzas sociales objetivas –en términos de Gramsci–, así como observar tendencias generales y evaluar el significado histórico de la consolidación de este sector. Sin embargo, si bien se distinguen capas y fracciones al interior de las clases, la especificidad de las divisiones por género no es explicitada. En este sentido, no permitiría abordar una sencilla pregunta: ¿por qué las mujeres son mayoría en la ES?
Arruza se refiere a este problema:
Pensar la clase solamente en masculino es equivalente en primer lugar a no entender, entender sólo de un modo parcial, el modo en que funcionan y se estructuran las relaciones de producción y explotación y, por consiguiente, a no comprender o comprender de un modo parcial cómo funciona el capitalismo. En segundo lugar, a no entender cómo la opresión de género ofrece un poderoso instrumento de división de la clase, de creación de jerarquías en su seno y de control ideológico. (Arruza, 2010, p.106) Esta cuestión, ha sido objeto de debates teóricos y políticos en el seno del movimiento feminista, vinculados a las relaciones entre marxismo-feminismo.
Se ha intentado interpretar el género utilizando los instrumentos de la crítica de la economía política, hacer de la opresión de género una extensión de la relación de explotación entre capital y fuerza de trabajo, o bien leer las relaciones entre hombre y mujer en términos de antagonismo de clase, o aún de afirmar la prioridad de la opresión patriarcal respecto a la explotación capitalista. Se ha intentado interpretar la relación entre capitalismo y patriarcado en términos de interrelación entre dos sistemas autónomos y, al contrario, leer el modo en el que el capitalismo ha subsumido y profundamente modificado la opresión patriarcal (Arruza, 2010, p.20).
La “falta” que supone, en palabras de Arruza, “pensar la clase en masculino”, no se resuelve simplemente con el agregado “ad-hoc” sobre “la situación de la mujer”; es necesario, en cambio, enriquecer y reelaborar esta perspectiva en función de dar cuenta
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de los modos en que interactúan explotación de clase y opresión de género. Iris Young aporta elementos en este sentido a partir de su crítica a la teoría de los sistemas duales, teoría que sostiene como premisa que el patriarcado designa un sistema de relaciones distinto y autónomo de las relaciones de producción. De esta manera, aun exponiendo la “ceguera de género” en el análisis marxista de las relaciones de producción y su desenvolvimiento histórico, dicha perspectiva termina aceptándolo al adosarle una concepción de las relaciones de género. Este “modelo de esferas separadas” no podría dar cuenta de la opresión específica de las mujeres por fuera del hogar.
Como superación, Young propone elevar la categoría división del trabajo a una posición fundamental y, en este marco, plantea la noción de “división del trabajo por género”. La misma refiere a “toda diferenciación del trabajo estructurada, según el género, dentro de una sociedad” (Young, 1992, p.8) y el análisis de la sociedad en esta clave apuntaría a responder las siguientes preguntas:
¿Cuáles son las líneas principales de la división del trabajo por género dentro de una formación social particular, y cuál es la naturaleza y significado social de las tareas prescritas por el género? ¿Cómo esa división sustenta los otros aspectos de la organización económica, y cómo lo hace en el caso de las relaciones de poder y dominación dentro de una sociedad, incluyendo a la jerarquía del género? ¿Cómo se relaciona la división del trabajo por género con la organización de las relaciones sexuales y de parentesco? ¿Qué explica el origen y transformación de esta estructura particular de división del trabajo por género? ¿Cómo han conducido las transformaciones en esa división, a los cambios en las relaciones entre hombres y mujeres, otras relaciones económicas y políticas así como de las estructuras ideológicas? (Young, 1992, p.8) De esta manera, el análisis de la división del trabajo por género permite, a diferencia de las teorías de los sistemas duales, colocar las relaciones de género en el centro del análisis, proponiendo así una reelaboración del análisis marxista desde el feminismo y desde el propio marxismo. De no ser así, dejar de analizar la situación específica de las mujeres en las relaciones sociales de producción conllevaría “no sólo el disminuir o ignorar el significado de la dominación masculina, lo que ya es de por sí reprochable, sino que también acarrea la pérdida de elementos cruciales de la estructura de las relaciones económicas y sociales” (Young, 1992, p.8)
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Los planteos de Young enriquecen así la comprensión de la disposición de fuerzas objetivas, en tanto permiten visibilizar los trabajos que las mujeres han realizado históricamente como resultado de la división sexual el trabajo y, sobre esta base, logran politizar lo cotidiano, lo restringido a la esfera de lo “privado”.
3.2. “Economía social”: de la estrategia ante la crisis a la consolidación. Entre la supervivencia y la organización.
Como se planteó anteriormente, en sentido amplio, el periodo a analizar se abre con la crisis del 2001-2002. Es en este contexto que es posible comprender las condiciones de vida de los sectores trabajadores y los niveles de conflictividad social que llevarían a recrear emprendimientos de carácter asociativo y autogestivo, como alternativas de subsistencia, de resistencia y creación/desarrollo de proyectos políticos. En este escenario, el Estado interviene en la dinámica del conflicto social, desplegando como una de las líneas de acción la incorporación de la ES como eje de la política social y la convocatoria a las organizaciones de la sociedad civil.
En el periodo que va desde la crisis de 2001-2002 a fines del 2015 –cuando asume el gobierno la “nueva derecha” expresada en Alianza Cambiemos20– la ES se consolida como sector, dejando de ser una mera reacción a la emergencia.
Al interior del periodo definido, es posible distinguir momentos críticos o de quiebre, particularmente en el 2008-2009, donde se condensan cambios a nivel global y local: el “estallido” de la crisis global, el conflicto “campo-gobierno” que polarizó la opinión pública y las fuerzas políticas en el país, la derrota en las elecciones legislativas por parte del partido gobernante (FPV) y la salida de la crisis de legitimidad con medidas políticas, entre las cuales se encuentra la aprobación del Plan “Argentina Trabaja”,
20 La noción de “nueva derecha” refiere a un entrecruzamiento entre conservadurismo y liberalismo que se
da en fuerzas y líderes emergentes de derecha a nivel global. Ver conceptualización en: Dossier “¿Nueva derecha?” de Le Monde Diplomatique, Nro. 198. En: http://www.eldiplo.org/index.php/archivo/198-nueva- derecha/
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destinado a la promoción de empleo en ES.21 Posteriormente, durante el tercer gobierno del kirchnerismo (iniciado en diciembre de 2011 con el 54% de los votos), se visibilizan las limitaciones del “modelo neodesarrollista” a partir de, por ejemplo, el estancamiento en la creación de empleo formal e industrial. A diferencia de los “años de bonanza” y recuperación económica –identificados con el gobierno de Néstor Kirchner–, este momento se caracteriza por el estancamiento del crecimiento económico, produciéndose una fuerte caída en el 2014; acompañada del deterioro del salario real a partir de la devaluación y los altos niveles de inflación.
En este marco, el proceso de consolidación de la ES y, en sentido general, de las condiciones precarias de trabajo; expresa una característica del desarrollo capitalista de época: la tendencia de crecimiento de los segmentos de población pertenecientes a la “masa trabajadora y explotada” que queda por fuera de la relación asalariada formal y de las actividades económicas de mayor productividad. Estas poblaciones, por más “expulsadas”, “marginadas” y “sobrantes para el capital” que sean; existen. Existen, practican diferentes estrategias de supervivencia y, con el tiempo, se organizan y le plantean demandas específicas al Estado.
21 “Argentina Trabaja” (AT) es, según la Resolución del MDS N°2476/2010, una marca colectiva que actualiza
las líneas programáticas del Plan Manos a la Obra. Junto a “Familia Argentina” representan uno de los ejes centrales de intervención del Ministerio de Desarrollo Social. El “Plan Argentina Trabaja” se identifica con el Programa de Ingreso Social de Trabajo, aprobado en el 2009. El mismo, propuso la creación de cooperativas para la realización principalmente de obras de infraestructura y saneamiento urbano, a partir de una gestión compleja, que supone la coordinación entre diferentes niveles del Estado: “El Programa “Argentina Trabaja” se implementa a través de módulos constructivos para realizar obras. Cada cooperativa puede contar con uno o más módulos asignados, lo que depende del perfil socio-laboral de los cooperativistas. La asignación de los módulos es definida en los convenios firmados por los entes ejecutores (municipios y provincias…) y el MDS a partir de la identificación de necesidades de obras por parte del primero de estos actores. Estos módulos están relacionados con diversas tareas necesarias para llevar a cabo las obras: limpieza de arroyos; saneamiento urbano; forestación urbana, refacción y mantenimiento de edificios, son algunos de los ejemplos más usuales” (Fernández, 2012, p.23). Ciolli se refiere a cómo el lanzamiento de este programa supuso modificaciones en el PMO: “El PAT reemplazó el financiamiento de proyectos socio-productivos (individuales o asociativos) por la asignación de una transferencia monetaria individual fija que estaba condicionada a la integración de los perceptores a cooperativas de trabajo. De este modo, si bien la modalidad de financiamiento a emprendimientos productivos autogestionados no se desactivó por completo, dejó de ser una línea de trabajo prioritaria en el MDS (….) *dejando+ de tener entidad propia para contabilizarse dentro de un gran conjunto de acciones vinculadas al autoempleo, a la economía social y a las microfinanzas” (Ciolli, 2016, p.112)
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De esta manera, en este contexto se observa la emergencia de organizaciones que se distinguen de otras que la clase trabajadora viene ensayando desde su formación, como lo son el movimiento obrero y el cooperativista.
A grandes rasgos, se identifican tres modalidades de alcance regional y nacional que toman específicamente las demandas de la ES: a) La reapropiación de la herramienta sindical a través de asociaciones gremiales y de una Central; b) La creación de nuevas Federaciones de Cooperativas de Trabajo; c) La organización de Foros, Mesas, Redes de articulación multisectorial.
A continuación, haciendo referencia ahora la dimensión política-subjetiva de la categoría “clase” identificada por Gramsci22, se reseñan brevemente estas experiencias de agregación vinculadas a la ES, procurando atender a sus modalidades de organización, acciones, demandas y visiones sobre la ES.
a) Organizaciones que se reapropian del modelo sindical.
Si bien ya en los años noventa la Central de Trabajadores de la Argentina había planteado el debate en torno a la organización sindical de trabajadorxs desocupadxs o informales, es en los últimos años que surgen organizaciones específicas que nuclean a las capas más empobrecidas de la clase trabajadora argentina. Se destaca en este grupo la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), con creciente gravitación en el escenario político.
La CTEP surge hacia fines del 2013 y nuclea a diferentes organizaciones sociales y políticas: el Movimiento Evita, el Movimiento de Trabajadores Excluidos (Cartoneando-
22 Esta dimensión remite a los grados de organización, autoconciencia y homogeneidad, ligados al ámbito de
la relación de fuerzas políticas. Gramsci considera tres momentos o niveles de conciencia política colectiva. El primero y más elemental sería el económico-corporativo, vinculado a la unidad del grupo profesional. El segundo momento, aquel en el que se alcanza la conciencia de la solidaridad de intereses en el marco del
grupo social, aun en el plano de lo meramente económico. El tercer momento, es aquel en que los intereses propios del primer y segundo momento se convierten en los intereses de otros grupos subordinados. Este momento, el más estrictamente político, señalaría el pasaje de la estructura al plano de la superestructura; constituyendo el momento en el que las ideologías existentes se transforman en partido, confrontándose hasta que una de ellas o una combinación de las mismas tiende a imponerse y difundirse, “determinando además de la unidad de los fines económicos y políticos, la unidad intelectual y moral, (…) creando así la hegemonía de un grupo social fundamental sobre una serie de grupos subordinados.” (Gramsci, 1990, p.42)
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MTE), Movimiento Popular Patria Grande, Movimiento Nacional Campesino Indígena, Movimiento Popular Seamos Libres y Quebracho; siendo lxs integrantes de la primera lxs que adquieren una mayor referencia, con presencia en el Congreso.
Se propone representar a “los trabajadores de la economía popular”, a “los excluidos”, presentándose como una “organización gremial independiente de todos los partidos políticos”. Así se (auto) definen23:
La CTEP es una herramienta de lucha reivindicativa para la restitución de los derechos laborales y sociales que nos arrebató el neoliberalismo y que aún no hemos recuperado.
La CTEP es necesaria porque a pesar de todos los avances paridos por nuestro Pueblo durante los últimos años, lejos estamos de vivir en una Patria Justa (…)
Los millones de excluidos del mercado formal de trabajo, los millones de expulsados del campo y los que aún resistimos en nuestro territorio, nos fuimos buscando un lugarcito en la periferia social, inventándonos nuestro propio trabajo, aferrándonos a los programas sociales, también sudando en pequeñas empresas informales que no garantizan condiciones dignas de labor. De a poco nos fuimos organizando, formamos