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HEURISTIC TWO: CURRICULUM MATERIALS SHOULD BE

Según Roland Barthes, “El relato está presente en todos los tiempos, en todos los lugares, en todas las sociedades; el relato comienza con la historia misma de la humanidad; no hay ni ha habido jamás en parte alguna un pueblo sin relatos.” (1980:7). Esta afirmación sostiene que la narrativa tiene un carácter universal e imperecedero: la humanidad siempre contó historias y presumiblemente siempre lo hará.13 El narrar formaría parte de las actividades que pueden

definirse como propiamente humanas, como explicar o argumentar. Narrar sería entonces una necesidad y a la vez una de las forma de estar y ser en el mundo. Desde luego, una actividad tan permanente como esta despertó la reflexión teórica desde muy temprano. El primer texto que interesa destacar es Poética, de Aristóteles (1977). El estudio se centra en una parte de la producción artística de su momento, como la epopeya, la comedia y, en especial, la tragedia. El autor incluye estas especies en el campo del hacer estético (poeio), que se realiza de acuerdo con cierto arte (o achné) reglado por una serie de normas. Poética se encarga entonces de dos tareas: por un lado, describe y clasifica distintas especies (en especial narrativas y representativas) y, por el otro, prescribe sus reglas. Por su sustancia, entonces, para las investigaciones posteriores

12 Es decir, como la actividad productora del relato y no ya como su producto. En conclusión, utilizo narración con un

valor discursivo.

13 Esta postura es puesta en discusión por algunos investigadores como Jack Goody (1999) y David Bordwell (1996).

sobre narrativa, este trabajo fue y es tanto un manual de preceptiva (piénsese en la obra de Nicolas Boileau o de Leandro Fernández de Moratín) como un disparador para la discusión y la reflexión teórica (como lo es para los formalistas rusos o Paul Ricoeur). A la vez, la autoridad con la que se lo invistió inauguró una orientación dominante para los estudios sobre narrativa: durante mucho tiempo, analizar los relatos fue tomar como modelo exclusivo el de la literatura.

En Poética, Aristóteles plantea el concepto de mimesis entendido de manera general como imitación. La obra literaria -sostiene el autor- imita las acciones humanas y al hacerlo transpone de alguna manera lo que se encuentra ya en la realidad. Pero esta forma de imitación posee sus propias reglas de configuración.14 La obra según Aristóteles indaga en lo particular, pero su

resultado es lo universal; de ahí su carácter artístico y su valor.15 La imitación se diferencia por

los medios que se usan, los objetos que se copian y los modos en los que se lo hace.16 En relación con estos últimos, Aristóteles hace referencia a dos grandes géneros: aquellos considerados

narrativos porque requieren de una voz que presente las acciones (como la epopeya) y aquellos representativos en los que se imita “haciendo obrar y actuar a todos los imitados” (como la

tragedia y la comedia). Esta diferencia inaugura la discusión posterior acerca de los criterios formales que permiten establecer las clasificaciones genéricas y, de manera más amplia y permanente, los debates sobre y desde la configuración narrativa. Analizaré ambos temas en el

capítulo N.º 2.

Si se comparte con Paul Ricoeur (1995) que la mimesis aristotélica entrecruza dos conceptos,

14 El poeta (un concepto central en el pensamiento clásico) organiza lógica y cronológicamente la imitación y su resultado no es

un espejo de la realidad sino un nuevo mundo ficticio que se impone a los espectadores primariamente por su carácter de posibilidad y no por su carácter especular.

15 Por eso, “la poesía refiere más lo universal, la historia en cambio lo particular (…) De lo dicho, se deduce también que no es

obra del poeta relatar hechos que sucedieron, sino lo que puede suceder, esto es, lo que es posible según la verosimilitud o la necesidad.” (1977: 60).

16 “La epopeya, pues, y la poesía de la tragedia, como la comedia y la poesía de los ditirambos, y en gran parte el arte de la flauta

y el de la cítara, coinciden en que son imitaciones, pero difieren entre sí de tres maneras, ya sea por los medios de imitación, ya por lo que se imita, ya en cuanto imitan de diferente modo y no del mismo” (1977: 35).

el de mimesis propiamente dicho (el acto de la imitación) y el de mythoi (el acto de la composición), puede afirmarse que Aristóteles asimila la idea de mimesis a la de ficción en la medida en que incluye el urdir de la trama como parte ineluctable del proceso narrativo. En síntesis, Aristóteles liga el relato con la realidad: no hay relato si este no copia de alguna manera las acciones de los seres humanos. Esta postura en apariencia dependiente, a la vez lo inviste de una importante autonomía: muchas de las reglas que organizan la narrativa son independientes del funcionamiento del mundo de lo real.17

Las normas de composición o de configuración son las que garantizan la verosimilitud del relato, concepto que en Aristóteles se asimila a necesidad. La verosimilitud es, por lo tanto, una condición para la comunicación de la obra. Por eso, el filósofo afirma que “Puesto que el poeta es imitador, lo mismo que el pintor o cualquier otro realizador de imágenes, es necesario que imite siempre de una de las tres maneras siguientes: o bien como son o eran las cosas, o bien como dicen o parece que son, o bien como deben ser.” (1977: 120). Sin autonomía, la tercera opción no tendría ninguna oportunidad en un relato. Por este motivo, para Aristóteles, como sostiene Lubomir Doležel, “…elaborar ficciones es un juego de existencia posible.” (1997: 94).

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