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Hexagonal and Face-Centered Cubic Redistributions

En mi afán del “eterno retorno” al mejor estilo de la novela de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, regresé a El Socorro después de graduarme como Administrador Público, lleno de ilusiones por los retos que significaba trabajar la gestión pública en mi propio pueblo, de tal forma que se me asignó por parte de la alcaldesa de turno la tarea de sacar adelante un proyecto fracasado y estancado durante varios años como era la construcción y operación de la Terminal de Transportes del municipio de El Socorro. Esto significó una fantástica vivencia por el reto que se me planteó al tener al frente un ambiente que desde mi niñez me había sido tan próximo, volver a contactar a antiguos transportadores o descendientes de los que ya habían desaparecido.

Fotografía #4. Parque de “San Victorino” El Socorro, Santander (2012)

Poder trasladar del antiguo parque de San Victorino una actividad transportadora que conocía a plenitud, lo consideraba como mi aporte trascendental a una gestión pública local que quedaría en los anaqueles de las pequeñas historias de los pueblos. En lo local este tipo de proyectos son muy complicados, como ha sucedido en el caso del municipio de Barbosa

en Santander, en donde han transcurrido ya unos quince años intentando realizarla sin éxito a pesar de la urgencia de la obra.

Me vi casi espontáneamente al frente de un terreno municipal al cual ya se le habían invertido una gran cantidad de recursos financieros pero que debido a la improvisación de los sucesivos funcionarios los resultados se habían convertido en un elefante blanco más. El fracaso se originaba en la falta de concertación con el sector comercial y los transportadores. El municipio en cabeza de la alcaldesa, pretendió hacer una construcción y obligar a los transportadores a trasladarse a ella, no contando con los recursos limitados de la administración local y el rechazo por parte de quien ejecuta una u otra labor industrial y comercial a elevar sus costos de producción. Si se puede ejecutar tal o cual actividad a bajo costo, no tiene sentido elevarlos. Esta es la primera reflexión de los empresarios del transporte y comerciantes en su pragmatismo mercantil.

Indagando sobre obras semejantes, el modelo que mayor aceptación tenía y tiene en la actualidad es el de crear Empresas de Economía Mixta -inversión de recursos por parte del sector público y privado-, en tanto este tipo de establecimientos recogen en un solo sitio una serie de servicios afines al desplazamiento de personas y pequeños volúmenes de mercancías. Tres tipos de actores con intereses por momentos disímiles o enfrentados- usuarios, transportadores y comerciantes- hacen parte de lo que se ha pretendido recoger en las Terminales de Transporte. Esto ha hecho del transporte público de pasajeros un escenario de constante conflicto por el alto grado de competencia mercantil que existe entre los transportadores y entre comerciantes por el “favor del pasajero”. Es usual y obligatorio, entonces, que a las administraciones locales les resulte imperativo el ordenamiento de la movilidad con seguridad de las personas, ya que el abordaje y descenso del pasajero y como producto de la “competencia” de las empresas transportadoras por éste, genera - indistintamente del tamaño del municipio o localidad- un desorden permanente en las áreas urbanas.

Fotografía #5. Terminal de Transportes de El Socorro, patio de operaciones (2014)

Para darle forma a lo que se llamó como la Terminal de Transporte de El Socorro –TTS- mi estrategia se basó en tres actores claves: los usuarios, los comerciantes y los transportadores minoritarios. Con los usuarios no se requirió demasiados argumentos pues era claro que las personas requerían con urgencia un lugar cómodo que les permitiera descender y abordar los medios de transporte. Al sector comercio se le motivó con la posibilidad de tener una muy concreta concentración de clientes potenciales en un sólo lugar, lo que requería una contraprestación de parte de ellos con una vinculación, no como propietarios de locales comerciales del proyecto, como es usual en ciertos proyectos de esta índole, sino como accionistas generales de la empresa.

Por otra parte, el sector transportador es catalogado en todas las instancias locales, regionales y nacionales, de acuerdo al nivel de influencia y preferencia que tienen sobre el mercado o prestación del servicio. Debido a ello está definido que existen empresas de primer, segundo y tercer orden. Los transportadores de segundo orden tenían claro que al concentrar la oferta en un lugar específico, el usuario tenía mayor posibilidad de elegir entre diferentes empresas ofertantes, como a la postre ocurrió. Con esta motivación las empresas de segundo orden o con poca influencia local y regional, optaron por lo que

significaba contar con un lugar de desembarque y abordaje en igualdad de condiciones con las dos empresas que mantenían la mayor relevancia en el municipio y la región.

Al estar convencidos los transportadores con menor protagonismo en el mercado, que la decisión de formalizar los servicios estaba tomada por parte de la administración local, se plegaron al proyecto, en tanto que los mayoritarios no tuvieron más alternativa que negociar el tipo de participación económica en igualdad de condiciones con los demás transportadores. No se puede dejar de mencionar que el mercado del transporte está “regulado” ineludiblemente por un marco de influencias políticas de todo orden, pues en estos espacios locales y regionales el peso de las decisiones lo tienen los factores políticos. De esta manera se logró concretar un proyecto que generaba mucha desazón e inquietud en el municipio y a la vez me ha permitido posteriormente “medir” y entender ciertas lógicas y comportamientos en las cuales se mueve el mundo del transporte.

Con lo dicho, es claro que los procesos de formalización del transporte son una necesidad política fundamental. Emergen estos procesos de formalización, como un mecanismo o instrumento de control del ímpetu que el propio sentimiento de movilización en el capitalismo se genera en el individuo, Castro-Gómez (2009: 191) lo define como el “ímpetu de las máquinas deseantes”. De ahí que las “ansias de progreso” manifiestas en el automóvil, tengan que ser reguladas por las instancias gubernamentales.

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