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El control de MP2,5 debe ser considerado prioritario en la zona Metropolitana de San José. Lo anterior porque en algunas estaciones de monitoreo del Área Metropolitana se alcanzan promedios anuales de MP2,5 que superan hasta 3 veces los niveles recomendados por la OMS. Para el año 2010 se determinó que el 50% de la población del Área Metropolitana se encontraba expuesta a concentraciones altas de MP2.5. Este contaminante constituye el más agresivo para salud en zonas urbanas, porque se compone de partículas suficientemente pequeñas que pueden penetrar en las vías respiratorias hasta llegar a los pulmones y los alvéolos.

Por otra parte, los vehículos diésel representan en zonas urbanas fuentes relevantes de emisiones de partículas y BC (Carbono Negro). El BC es el segundo contaminante en importancia después del CO2 por su efecto en el cambio climático y se ha demostrado un impacto en salud que supera ampliamente lo observado para el MP2,5. Otro antecedente que se debe mencionar es que la OMS clasificó a las emisiones de los vehículos diésel como cancerígenas en Junio de 2012. Mediciones realizadas en la zona céntrica de San José mostraron altos niveles de BC, equivalentes al doble de lo que se registra en el centro de la ciudad de Santiago de Chile. Con todo lo anterior, se recomienda que las medidas de control para MP2,5 consideren una focalización en las partículas diésel.

Para poder llevar adelante una estrategia de control de las emisiones del transporte, es clave poder contar con combustibles limpios, dirigida principalmente a introducir diésel con ultra-bajo contenido de azufre. Costa Rica es un país importador neto de hidrocarburos ya que a pesar de tener áreas “potencialmente petroleras” el gobierno ha estimado que los costos exploratorios son excesivamente altos para el Estado. En este marco, los combustibles fósiles representan el 48% del consumo final energético del país (para el año 2012). Una buena noticia es que, a diferencia de otros países de la región, Costa Rica ha estabilizado sus consumos de combustibles fósiles en las últimas 2 décadas.

El sector de transporte es el mayor consumidor de recursos petroleros en Costa Rica, representando el 47% del consumo final energético del país. Esto tiene como consecuencia que la contribución del sector transporte en emisiones de CO2 a nivel regional presenta los índices de emisiones más altos - cercanos al 70% - como porcentaje del total de la quema de combustibles en toda la región Centroamericana. Lo anterior determina que Costa Rica no podrá aspirar a la carbono neutralidad sino desarrolla una estrategia para aumentar la eficiencia en el transporte, lo cual requiere de combustibles limpios que permitan incorporación de tecnologías de última generación.

Actualmente Costa Rica cuenta con diésel de 50 ppm azufre y junto con Panamá (desde abril del 2015 cuenta con diésel con 15 ppm S) lideran esta materia en la región centroamericana. En la práctica, la mayoría del diésel que importa el país tiene un contenido de azufre menor a 15 ppm. En este contexto, Costa Rica debería hacer un esfuerzo regulatorio para limitar el contenido de azufre a 10 o 15 ppm como máximo, lo que le permitiría optar a las mejores tecnologías vehiculares disponibles a nivel mundial.

Por otra parte, en Costa Rica es esperable un crecimiento significativo de la flota vehicular asociado con crecimiento promedio del PIB en la última década del 4,6%, que ha determinado un aumento del parque automotriz liviano en los últimos siete años del 6% anual. De mantenerse esta tasa de

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crecimiento promedio, se podría esperar que el año 2025 estén circulando cerca de 1.600.000 automóviles en el país. En este marco, es urgente la adopción de regulaciones en este ámbito, o será imposible cumplir con el compromiso de neutralidad en Carbono que ha adoptado el País. Un beneficio adicional de adoptar normativas de eficiencia energética para los mercados automotrices, es la reducción de las futuras importaciones de diésel y gasolinas.

El mercado de vehículos livianos también tiene que ser normado respecto de las emisiones de contaminantes atmosféricos, ámbito donde Costa Rica presenta un atraso importante. Por ahora, se espera el que año 2017 entre en vigor la norma Euro 4/IV, mientras que en Europa ya está plenamente vigente la Euro 6/VI. Con la calidad de combustible que está disponible en Costa Rica se recomienda avanzar lo antes posible a la norma Euro 5/V.

El segmento de los vehículos pesados (HDV) es clave en el impacto en el cambio climático y en la salud, porque corresponde a vehículos de trabajo con un uso muy intensivo lo que genera un gran consumo de diésel. A nivel mundial, las normas que aplican a vehículos pesados se han concentrado en una reducción progresiva de las emisiones de partículas y de Óxidos de Nitrógeno, por lo cual su adopción en Costa Rica podría permitir una reducción importante de estas emisiones, especialmente si se prioriza la renovación de vehículos de transporte público. Junto con normas más exigentes, se debe promover la incorporación de filtros de partículas (DPF) lo cual es plenamente viable con la calidad actual del diésel.

En la simulación realizada para la flota de buses de transporte público se consideró la entrada de buses con retrofit (Euro III+DPF) y con tecnología Euro IV desde el año 2016, además de considerar desde el año 2017 tecnología Euro VI. Los resultados muestran que un cambio tecnológico como este permitiría considerables reducciones de las emisiones de MP, cercanas al 80% en 10 años. Este mejoramiento tambien tiene efectos en cambio climático, puesto que las emisionesde Black Carbon representan cerca del 70% de las emisiones de MP de combustible diésel.

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