CHAPTER TWO: CONCEPTUAL FRAMEWORK AND LITERATURE REVIEW FOR SOLID WASTE MANAGEMENT
2.1 Conceptual Framework of Solid Waste 1 Overview on Solid Waste
2.1.4 Hierarchy of Solid Waste
de 11,g~,„ajac„44,49A,40,09erigaslutamet...mzelaci¿in CAtall#34P§LieiaciAL, donde_sesonstituzl„su„rieseo, El obsesivo perma-
nen e hu Es un tema muy importante
e e en a neurosis obsesiva, sobre todo porque está tan relaciona •o con el erotismo anal. Es algo que ya viene del sujeto ani-
-C M "- — mal, podríamos decir. El animal marca su territorio, marcklp poco
de
simbólico gilLálidtelailLegk- .11#9r.i0k 1114n101,11tameAte. 9,9P elolor de sus excrementos, y allí va la huella ea aleo querepresenta al sujeto. Hay animales que dentro de su territorio son muy fuertes y un paso más allá ya se comportan como seres enteramente tímidos e indefensos; no existen del mismo modo fuera de su territorio. Tomen esto como una metáfora que nos proporcionála etológia. Podemos imaeinar que para el mamífero ya existe la huella y la relación de la huella con lo excrernencial como re resentante del sujeto. Podemos imaginar que esa relacién viene de e an~
`
es'
dfeia incrusión del sujeto en lo simbólich7—Pero
e sujikáile lo simbólico ya no trabaja con huellas como signos de su presenclaj sino con sifflificanteaique,,más que huellasson
quein-tentan borrar laihué
ll
as.Desplazar, condensar, deformar,tñralpfZi7M1Zf8Mr, sor - ffité i - ntos del sujeto de borrar sus hue-
llas, que la memoria del deseo que aparece en un significante seaTa- pada por otro significante. Erirgrilficantlmfente, el significante siem- pre miente y eso erútilizado por el obsesivo fiara escgnderse, pára disimular el deseo, aunque siempre el resultado es p7écilrio7Podria- ince decir que
ler:ufo
-le quiste un poco de
- .XL DUX° DXL OTRO •
Para finalizar retornemos el tema del que habíamos partido: iómo dietingue Lacan estos dos elementos hetero éneos ue a2arecen en la fase sádico-anal, y retornémoslo a partir detema la angustf que recen es voy a leer directamente una página de Lacan; comienza después de hacer un breve racconto de la manera en que él empieza a construir los cinco registros que ya mencionamos y dice:
"En el último piso (el de la voz), ¿qué es lo que hay a nivel del Otro?: . . . provisoriamente diremos que es allí donde debe emer- ger bajo una forma pura, en el Otro, e) deseo . . ." —el deseo del Otro, que está presente en todos los pisos, puede entonces emerger en una forma pura en el to registro— 44. . y lo que nos lo
confirma en el ejemplo del que em s partido, a saber el ob- , masivo, es la dominancia manifiesta de la angustia en su fenome-
nología. Es el hecho estructural del que únicamente nosotros nos damos cuenta hasta un cierto momento del análisis, que gellouier flosaLque haga, hasta cualquier refinamies antas-finas y_sus prácticas, conque el obsesivo se enguentresiempre es g,pn el deseo en el Otro. Es en nrmedidaalTretorno de ese-deseo, en
eTOtro en
lariliejfiren
él (en el obsesivo) está esencialmente reprimido, que todo es comandado (es decir, bajo mandamiento) en la sintomatología del obsesivo, que todo aparece como ordenado por el Otro, y especialmente en los síntomas, donde la dimensión de la causa es advertida como angustiante. La solución, ya la conocen: 411~11etkeyWeesija Jiterae unaue es el recurso a la deman del Otro. Observen un obsesivo
po I J
en su comeme que Lacan remite aquí al comportamiento biográfico, no a los síntomas), en lo que yo he llamado hace un rato sus tentativas de pasaje respecto de su deseo. Sus tentativas' por más audaces que sean. están siempre ~atlas
por una -si di en~al a no alcanzar su ob Por más refina- das, por iFib. coWujuriosas y por más perversas que sean sus
tentativas de peaje, sIginpait ssneassdp~» autorizar, es necesario que el Otro le demande eso se lo plda. Ese es el resorte,5657ede lo que se produce en un cierto momento de todo análisis de obsesivo. En la medida en que el análisis sostiene una dimensión análoga, la de la demanda . ," (en.lainedidain
que el .analista-deraancla.injakmedicil en_q.ua,eUDAU rete
metafóricamente-y-ncunetoambién puede pasar eso. Generalmente las interpretaciones del analista son metáforas, son
inte—rp—reticióneá tales, ue Séiatáialais-Córid pédidcia-íiór erobsesivo. tiitóiicest en la 'riada en que el obsesivo puede hacer unu-so-Trugestwo, un uso de obedienik de esas interpretaciónes del
analatir". . . o subsisteIturta un punto muy avanzado de este modo de escapato crelóbsleivci"."
Y continúa diciendo:
"Vean cuáles son las consecuencias. Es en la medida en que la evi-'\ tación del obsesivo es la cobertura del deseo en el Otro por la de- manda en el Otro, es en esta medida que a, el objeto como causa, viene a situarse allí donde la demanda domina, es decir en el esta- dio anal, donde®no es el excremento pura y simplemente, sino' así: el excremento en tanto pedido. eg_tInt9 demakdgdo."
"Ahora bien, nada ha sido jamás analizado de esta relación al objeto anal en las coordenadas que damos aquí, que son las coordenadas verdaderas, Para compfender la fuente de lo que se puede llamar angustia anal en tanto que ella sale de un análisis de obsesivos proseguido hasta aqui -lo que no sucede jalada, dice Lacan entre guiones- la verdadera dominancia, el carácter de núcleo-irreductible y casi en algunos casos indominable de la
aparición de la angustia en este punto, que debe ser un punto-término, es lo que nosotros podremos ubicár la próxima vez a condición de
articular todo lo que resulta de la relación del objeto anal causa del
deseo, con la demanda que lo requiere (a ese objeto) y que no tiene en
realidad nada que ver con ese modo del deseo que es, por esta cause., determinante."
Es decir que él sostiene que los análisis de los obsesivos por lo ge- neral no superan este punto en el cual permanece el obsesivo coordi-
ción de que haya alguien que lo autorice. Se lo va a preguntar a
a lguien. Alguien que como en el caso del Hombre de las Ratas, o en el
de Hamlet, puede ser el espectro del padre muerto. "¿Te parece que está bien?, ¿Lo hago o no lo hago?". Si se siente autorizado puede llegar a cometer cualquier acto que, visto desde afuera, podría pasar como algo del orden de la perversión. En tal caso, podemos decir que se trata de un ersqpor bedie
¿Qué diferencia ui i' ein uelo que ésdélirden de la voz, de un mandamiento que es del orden de la voz? No es sencillo res- ponder a esto. Les quiero dar al menos un esbozo de respuesta, en primer lugar a partir de los efectos que producen las intervenciones del analista.
Si lo que el analista dice puede ser inmediatamente entendido por el paciente, puede ser comprendido, si cree saber qué es lo que el Otro quiere, si lo que el Otro quiere puede entrar íntegramente en el orden del saber, en el orden del significante, entonces el decir del analista es reductible a una demanda del Otro, donde no hay margen para el deseo del Otro, y el efecto de ese decir es necesariamente sugestivo. (Cpmo de costumbre es conveniente que tengan cuidado al articular estas nociones en la práctica. A veces, sobre todo en las entrevistas preliminares en el primer tiempo- iré-S triiiisTerencia, puede
ser impottante que el analista sugiera, demandé, explique,incluso
.
La introducción del deseo delOtro, del deseo del éril
liaóima que adquiere en_e1 nivelsie la voz, no puede_ hacerse en -,
d-oiTos casos de un modo brutal, desde er comienzo, al menos si seii•Co qtliere evitarqueelpeciénte huya despavorido). .6- -Si por el contrario «Mili dé-iiiiillitérpretación enigmática, una
interpretación donde no se sabe muy bien qué es lo que el Otro quiere decir, ni siquiera se sabe si me pide algo o si no me pide nada, donde el decir del analista deja un margen de incomprensión, un margen que deja al sujeto ante la interrogación más o menos angustiarte: ¿qué quiso decir este tipo? ¿qué quiste dé mf? ¿qué me quiere? Si queda ose margen de incomprensión, de enigma, entonas sí puede aparecer algo del orden de lo que tiene que ver efectivamente con un deseo del Otro depurado da la demanda, y cuyo soporte es la voz, pero no la voz del Otro.
La yozeilmazité_nitcyffliffél5-4 exterior por lo tanto al Otro de lo
simbólico, Es m' emergente delo real, algo que no es significantizable -es su diferencia más importante coñ la demanda-. Decir que la voz es un a, o una forma del a, implica decir que-se,Ue un tocu-
ya resádaiizo es sensorial, sino más bien, digamos, matemática. teiliTticas" deriva etimológicam-ate del griegc(MITTI U-no?, que quiere decir: aprender, transmitir acostumbrarse a. ¿Como aprender, cómo aprehender algo que no es significantizable? Es el obstáculo episte-mológico que explica que el objeto más importante para el
analítico lo pescó en sus redes -son redes hechas con nudos borromeos-. Lacan 190
lo designa mediante una letra, a, que admite ciertas manipulaciones en el reducido álgebra al que ahora losanaristas tratamos de acostum- brarnos. También invita a intuírlo —o a mostrar cómo es imposible intuirlo— mediante ciertos manipuleos de objetos topoiógicos ele- mentales: el cross-cap, los nudos borromeos.
Es, por otra parte, el objeto de la pulsión invocante, la pulsión cuyo fin es hacerse oír. ¿Pero hacerse oír desde dónde? El decir es unozto que_ennrge_sielnare desde el linar del Otro. Aún el decir-
mas genuino, mas compromaído, se ef desde el unto S desde el punto en que el Otro, lejos de garantizar
lo
que digo, mues-tra—Cu inconsistencia. Tampoco entonces puedo afirmar que sc;57Vo quien lo digo, porque ¿quién garantiza que soy yo?, ¿quién garantiza que yo soy yo? —sólo Dios pudo afirmar "yo soy el que sor—. ¿Y quién soy yo, por otra paree? Ustedes ya no ignoran que el yo es una instancia imaginaria, una falsa identificación d suieto.ntaamát¡Cb:-(jPo entinc4liori).
1‘12u1siónInitonces es el eco, la resonancia en el
cuero,
delde
-1é un milagro que el cuerpo sea sensible al decir, qué el decir llegue a ser lo que más lo afecta. Parece un milagro que la interpretación del analista opere sobre el cuerpo, disolviendo por ejemplo tal o cual síntoma histérico padecido durante años, o aún que produzca el efecto convulsivo de la risa, o el efecto glandular del llanto. Eso muestra que el cuerpo es sensible al decir. Y si es sensible al decir es porque el decir entra por algún lado. Ya Freud prestó mucha atención a los orificios del cuerpo, pero no al más importante para el humano, el único que no puede cerrarse: la oreja.
Porque existe tal' orificio,
que no ea un hecho solameneLrWii~EUlréttretiá:e~o—del cuerpo, que sin embargo se diferencia radicalmente del ronroneo del gato. El ronroneo del ga también afecta a todo el cuerpo, es un he. cilio palpable, pero la v a diferencia d neo, es algo entrecot• tado, que nos conmuev más por la los silencios bruscos, por lea p, las t, las m, las consonantes oc u vas, que por las vocales.
En efecto, eto silenci ec surge en en el bebé no cuan o gri —eso o ce e e que na-
ce, antes de encontrarse con el Otra—, sino cuando, por ejemplo, en vez,de gritar aaaa pasa a decir
p
-,0,,, dos silencios, dos p.
Ida
onces,es ona, no se escuc aunqueeaté_articaladapon la materialidad fonica del siificainte.
No preeerai t• liTeirdedes intuyan; mtWicís que crean, que
esos cortes en la cadena significante, eugUntrvlinsc OIX, rnPtg "ria
6n119~11o1414941gUlmeaj~ que allí la01bni~: sa el dese,. Tal vez comiencen a intuirlo cuandoPillaiii7—arg—una vez, con sorpresa, que más importante que lo que se dijo en una sesión fue el momento en que se produjo el silencio —sea porque cesaron las asociaciones, sea porque el analista interrumpió la sesión—, )