• No results found

2.5 High-dimensional linear regression

2.5.5 High correlations among the variables

El sujeto es el que vive y actúa en el espacio, habitándolo; de allí que sea necesario posicionarlo y definirlo. Así pues, la respuesta que daría comienzo sería la que responda a la pregunta ¿quién es este sujeto que habita los espacios? Para ello, es necesario entrar a pensar en la esencia del hombre como ser.

Heidegger (2014) considera que el ser no puede tener una definición en sí, ya que ser es esencia en sí mismo, por lo tanto, no es un ente, no corresponde por sí solo al mundo de la mundanidad (el mundo de las cosas); pero, si se quisiese hacer una aproximación, habría que consultar el origen de la palabra ser que es es y este es a su vez, significa existir, por lo tanto, una definición aproximada al ser sería el existir.

Pero el ser no puede manifestarse por sí solo, necesita un “en” donde des-encubrirse; así pues, Heidegger se apoya en el vocablo “en”, que se conjuga con el ser (ser en) proviene de habitar, detenerse, “en” es hábito, significa un ser ahí; sin un “dónde” el ser no puede existir. Este “dónde”, se va a solucionar con lo que el autor va a exponer como el mundo, entendiéndose este como el espacio en el que el ser puede encontrarse; así pues, el ser se completa y manifiesta su existencia como ser en el mundo, es decir, como existir habitando el espacio.

25 Machado, Antonio (2003) Proverbios y Cantares. Poema XXIX. Rescatado de:

49 Ahora bien ¿qué diferencia el ser del hombre al ser de cualquier otro ente de la intramundanidad? Heidegger (2014) afirma que este ente que hace parte de la intramundanidad solo cumple una labor de ocupación y existe en tanto haya unos ojos a los que exponerse y que le otorguen su existencia. En contraposición a esto, el hombre no ocupa sino que habita, es decir que es consciente de su existencia en el mundo; esto es, que el ser se apropia del mismo ser del hombre para hacer su des-encubrimiento: el ser sale al mundo para encontrarse a sí mismo. A este fenómeno el autor lo denomina como Dasein (ser ahí), que es el ser ya lanzado, expuesto en el espacio. Así pues, al salir al encuentro el ser toma forma de existente.

Este descubrimiento del propio ser es denominado como “espaciar” (Yory, 1998); en este orden de ideas, se habita espaciando, es decir, en este constante descubrimiento en el mundo que implica el ser y que es el habitar, la habitación se configura como forma de ser en el mundo: se es en cuanto se habita y se habita espaciando. La habitación es la forma de ser en el mundo del hombre.

Siguiendo los preceptos de Soja (1997) sobre el tercer espacio, el habitar se configura como un espacio vivido, en tanto implica que el sujeto “entra en valor”; o lo que es lo mismo, en “apropiada significación” con el espacio. (Yory, 2007). En esta vía el habitar humano se define entonces como un fuerte sentimiento de pertenencia al mundo, de apropiación de él.

El habitar está además directamente relacionado con el concepto de Topofilia, en tanto que esta última es configurada como un fuerte sentimiento de apego que liga a los seres humanos con los lugares con los que por una u otra razón se sienten identificados; la topofilia es pues la dimensión simbólica del habitar humano, quién permite que este sea una dimensión del espacio vivido.

Para Tuan la topofilia no se puede ver directamente en el espacio sino solamente en las relaciones que tienen los individuos con este (en tanto sentimientos o emocionalidad). (Tuan, en Yory, 2007). Pero, Yory (2007) afirma, en contraposición a lo propuesto por Tuan, que el habitar humano no puede reducirse simplemente a una relación emocional con los atributos del espacio, sino que ésta va mucho más allá, en tanto que es en el lugar donde se da el ser-en-el-mundo. A propósito de esta última aseveración, Heidegger (2002) afirma que la manera en que los hombres son en el mundo es el habitar, es decir que “Ser hombre

50 significa: estar en la tierra como mortal, significa habitar” (p. 2); el hombre solo es en cuanto habita.

El habitar es entonces la forma de ser más propia de los seres humanos, ya que es únicamente está la condición que configura el ser-en-el-mundo, y por lo mismo, quien permite mostrarse como ser espacial y espaciante. Es en el acto de habitación donde se entra a tener una específica relación con el espacio diferente a la de cualquier otro modo de ser de cualquier sujeto; es pues, donde se entra a hacer el acto de la significación.

Siguiendo este orden de ideas, cabe formular la siguiente pregunta ¿qué significa entonces habitar una ciudad de la actualidad? es decir ¿qué es ser en el mundo urbano actual? en respuesta a esto, Yory (1998) afirma que la ciudad moderna se encuentra en una gran marejada de signos (generalmente vacíos), velocidad y primacía de la imagen por encima de cualquier otro valor; la ciudad pues, se configura de este modo en tanto entra a hacer parte del proceso denominado “globalización”. En este contexto pues:

La habitación del hombre (...) tendría que decidirse entre la simulación -aparentar tener lo que no se tiene, o aparentar ser lo que no se es- y la disimulación -aparentar no tener lo que se tiene, o aparentar no ser lo que se es. (Yory, 1998, p.161)

Aquel que disimula simplemente finge, mientras que aquel que simula puede llegar a auto producirse como tal; así pues, mientras disimular es solamente un disfraz, es fingir, simular amenaza la diferencia entre lo real y lo imaginario, entre lo verdadero y lo falso, en tanto que el simulador tiene síntomas verdaderos.

En este marco del habitar de las ciudades, hace referencia a la situación actual de una ciudad marcada e imbuida por la globalización, en la que los habitantes “habitan” por medio de máscaras, entendiendo máscara no como aquello que oculta sino aquello mediante el cual se muestra lo que verdaderamente se es como persona, por medio de la simulación y la disimulación.

4.2 Caminos Copiados. Una ciudad genérica tras la expansión de la ciudad dentro de