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Higher Heating Value, proximate and elemental analyses

3.4. Conclusion

6.3.1. Higher Heating Value, proximate and elemental analyses

En el proceso de reflexión en la política de cooperación y en el escenario de la elaboración del Plan Director 2005- 2008, se pretendía un cambio profundo en la relación de la Administración con las ONGD. Desde luego, éste era un aspecto relevante por el peso significativo de la cooperación que se realiza a través de las ONGD y, además, por el reconocimiento social2que estas organizaciones tienen.

Durante estos años se ha dado un crecimiento de las ONGD, no sólo atendiendo al volumen de sus fondos, sino también a su maduración y profesionalización. Este aspecto queda reflejado en las propias bases de mayo de 20053. Los términos de la relación trascienden los aspectos de financiación, de modo que deben ser tenidas en

cuenta en las políticas públicas de cooperación al desarrollo por su capacidad de movilización y articulación de la sociedad civil. Esta colaboración entre la Administración y las ONGD debe ser aprovechada de manera crecien- te por ambas partes en espacios de diálogo, reflexión y propuesta en el ámbito educativo en diferentes temas como canje de deuda, ayuda multilateral, e Iniciativa por Vía Rápida EFA-FTI, propiciando la articulación entre los diferentes instrumentos de financiación.

Cuando nos referimos a los nuevos mecanismos de financiación a ONGD debe subrayarse que lo que se pretendía modificar no era un aspecto concreto dentro del sistema de financiación, sino la relación entre la Administración y las ONGD en forma y fondo. Es por ello que había que hacerlo simultáneamente a la transformación global de los principios fundamentales que habían estado vigentes. El objetivo era superar las dificultades y deficiencias en la gestión de la ayuda y cambiar los instrumentos, que se consideran inadecuados, no acordes a los principios de coherencia, colaboración, complementariedad y calidad, que exponemos a continuación.

2 Según el estudio de percepción elaborado por la CONGDE en 2005, un 86% de la opinión pública española confía en la ayuda proporcio- nada a través de ONGD porque “el trabajo de las ONGD consigue que el nivel de desarrollo aumente en los países del Tercer Mundo”. El 55,54% de las personas encuestadas cree que son las ONGD las que gestionan el mayor volumen de fondos de cooperación, por delante del gobierno central y de los autonómicos. No sería erróneo concluir que la ciudadanía atribuye a las ONGD la mayor parte de responsabilidad en la gestión de estos fondos, cuando la realidad es que únicamente son responsables de la gestión de un poco más de la cuarta parte de todos los fondos públicos destinados a la cooperación.

2.1 Coherencia y alineación con marco de cooperación internacional

Como marco de la relación se presenta el principio de coherencia con los principios, objetivos y prioridades de la política española de cooperación internacional. En las bases citadas de mayo de 2005, se hace una mención explí- cita a la colaboración con el desarrollo de los objetivos compartidos: Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y los objetivos contenidos en el Plan Director. La alineación con la agenda compartida internacionalmente contri- buyó a poner a la cooperación española en la senda de la cooperación internacional, en lo que se refiere a los prin- cipios contenidos en la Declaración de París, a las tendencias geográficas y sectoriales, y a las prácticas. En lo que se refiere a los ODM, este marco amplio de fines compartidos se apoya en un consenso generalizado, con parti- cipación y trabajo de las ONGD españolas, tanto en los espacios de la Coordinadora de ONGD como en el pro- pio de la mayoría de las organizaciones (Pobreza Cero, etc.). De hecho, en el caso de la educación, las ONGD asumen los compromisos internacionales de los ODM y de la iniciativa Educación para Todos, profundizando en ellos (Jomtien, 1990 y Dakar, 2000).

La diversidad de actores de la cooperación española (cooperación centralizada y descentralizada) acentúa la nece- sidad de establecer directrices a nivel general, y que los diferentes agentes de la cooperación participen y sean teni- dos en cuenta en el proceso de diseño y gestación. Esto es fundamental si lo que se quiere es tener una política de Estado en cooperación y no una fragmentación de políticas. Todo el intenso esfuerzo planificador de AECID en este periodo contribuye a esta participación, pero se trata de un proceso dinámico, donde se requieren grandes dosis de flexibilidad y voluntad de llegar a acuerdos, en suma, de hacer cooperación.

En cooperación se requiere también una coherencia interna de las intervenciones,tanto a nivel global como local. Es decir, debe darse una alineación en las orientaciones y en las grandes cifras agregadas de nivel macro, acordes con el contexto internacional, que a su vez tienen que responder a las lógicas, trayectorias, experiencias y recorri- dos a nivel local. La pertinencia de las intervenciones dependerá de los contextos concretos, de la vinculación con socios determinados, y es en estos escenarios reales donde se tienen que explicitar las planificaciones surgidas en despachos y oficinas. Esto presta realismo a lo que realmente se puede llevar a cabo en el terreno. En este desa- fío, los instrumentos de financiación, y todo el proceso de gestión en torno a los mismos, son claves para una mejor cooperación, partiendo de la trayectoria de las intervenciones, de la presencia en el terreno y del capital social cons- truido con socios locales. En definitiva, consideramos que debe darse un equilibrio entre las directrices u orienta- ciones que emanen de la Administración y la trayectoria y experiencias sobre el terreno de las ONGD.

Vinculados al principio de coherencia se presentan los principios de colaboración, complementariedad y calidad. Nuestra intención se centra en resaltar los aspectos específicos relacionados con las ONGD y, en concreto, con los convenios como mecanismo novedoso de financiación.

2.2 El principio de colaboración debe extenderse al diseño conjunto de la cooperación al desarrollo. Consi- deramos fundamental destacar el papel de la sociedad civil en la cooperación, y el papel esencial que juegan las ONGD como cauce de participación social. La colaboración tiene que estar unida al concepto de corresponsa- bilidad,puesto que la asociación entre Administración y ONGD debe estar presente en los fundamentos de la coo- peración, superando esquemas afines a cierta “subcontratación”, donde desde la AECID se compartan también las dificultades, logros y responsabilidades. Una de las principales inquietudes en el diseño de los convenios era cómo velar por el derecho de propuesta de las ONGD. En este cambio de enfoque, valoramos el papel fundamental de las Oficinas Técnicas de Cooperación (OTC), desde una visión que pasa de poner énfasis en los requerimientos y justificaciones financieras, a contribuir en la consecución de los objetivos comunes.

2.3 En relación a la complementariedad, el Plan Director 2005-2008 recoge una definición muy acertada del concepto de complementariedad, aludiendo al “carácter no concurrencial, ni competitivo de las acciones de unos y otros, sino al contrario, el carácter sinérgico, cooperativo, de estrategia común”.En las bases se menciona la agi- lidad operativa de las ONGD y sus posibilidades para acceder de manera directa a las poblaciones beneficiarias. Por ello, habría que procurar que este valor añadido que pueden aportar las ONGD específicamente, se aprove- chara en mayor medida como cauce de propuesta con las contrapartes o socios locales, potenciando su capacidad de propuesta y su mayor interlocución y cercanía con las poblaciones beneficiarias, y con los organismos de los países en los que se llevan a cabo las intervenciones. Especialmente en educación, las ONGD pueden tener un papel destacado por actuar en niveles complementarios a los de las intervenciones de los Ministerios o de instan- cias municipales, así como por ser facilitadores de la participación de instituciones locales, poblaciones y comuni- dad educativa en general.

En las diferentes fases de los convenios se ha recogido esta preocupación por la complementariedad, pero es nece- sario dar continuidad a estas intenciones y facilitar espacios de diálogo y encuentro que promuevan la coordina- ción sobre el terreno vinculada a intervenciones concretas.

2.4 Respecto al principio de calidad, consideramos que el momento actual de la cooperación española requie- re un salto cualitativo de todos los actores e instrumentos, orientado por la AECID. El reto de la calidad supone incorporar elementos del bagaje internacional de la cooperación y también resaltar los aspectos distintivos de la cooperación española, que implican adaptación en algunos casos y creatividad en la mayoría de ellos. Propiciar la calidad supone avanzar en las relaciones, pasando de una relación de orientación centrada en el control a una rela- ción de confianza. Se trata de poner en primer lugar el impacto, y ese proceso implica “desburocratizar” la relación, y potenciar una mayor confianza mutua, en la que los esfuerzos se centren en los fines y objetivos, frente a las ta- reas más administrativas.

Los esfuerzos se centran en los fines y objetivos, frente a las tareas más administrativas Lógica de la intervenciónObjetivo globalObjetivo específivoResultados esperadosActividades Indicadores O.V.Insumos Fuentes V.Costes SupuestosSupuestos de partida

IMPACTOS