Por todo lo que queda dicho o insinuado en las páginas precedentes se puede señalar que los métodos pedagógicos seguidos eran los mismos o similares a los que Zipitria practicaba, con gran éxito. Se trataba de métodos activos y participativos, dentro de un ambiente de total familiaridad y cercanía.
A partir de aquí, y antes de pasar a analizar algunas de las prácticas generales, conviene subrayar que tampoco faltaron ciertas novedades, derivadas de las circunstan- cias particulares en que se desarrolló el curso y, sobre todo, por el hecho de contar con un grupo de niños castellano-parlantes, la primera experiencia que se hacía en este sentido en el mundo de las ikastolas. Hasta ese momento, se actuaba normalmente con sólo niños euskaldunes; la presencia de niños que desconocían la lengua vasca venía a introducir un elemento novedoso, para cuyo tratamiento se necesitaba hacer un seguimiento cuidadoso y responsable de la marcha del curso, además de contar con una fuerte dosis de imaginación y espíritu de trabajo. Ya no se trataba sólo de defender el euskera, sino que había que planificar, al mismo tiempo, la euskaldunización del grupo, aunque éste fuera, de momento, poco numeroso. Al parecer, los resultados fueron excelentes en el terreno del bilingüismo, si bien, y mirado todo desde la perspectiva actual, hubieran podido ser aún mejores y más rápidos de haber llegado, desde un comienzo, a su plena integración en el grupo general. Sabemos que estas cosas se corrigieron en los cursos siguientes, en la medida de las posibilidades.
Como una gran parte de los niños se encontraban en la fase de la enseñanza preescolar, más que de contenidos, hay que hablar del desarrollo de las características personales y afectivas, a base de estimular adecuadamente las funciones de cada edad; lo que más tarde se conocería con el nombre de psicomotricidad, entonces se practicaba, con más o menos rigor, a través de los cantos, textos y cuentos pensados y orientados como verdaderos juegos. La creación y uso de pequeños cuentos, canciones, teatros, imágenes y láminas se convirtieron en un ejercicio bastante corriente, al servicio del desarrollo de las funciones del pensamiento, la afectividad y el comporta- miento social y religioso.
La representación e identificación de las imágenes formaban parte del quehacer diario en el aula: Estas imágenes se usaban para contar historias, representar los principales acontecimientos y fiestas religiosas, así como para jugar a las matemáticas.
(13) La presente cita forma parte de una información más amplia, proporcionada por Isabel Andía
LAS KASTOLAS DE BIZKAIA, 1957-1972
He podido observar uno de los pocos blocks escolares que se conservan de esos primeros años de la ikastola (14) y es constante y repetitivo el uso de las representaciones y dibujos para simbolizar tanto el mundo de la religión, como el de la geografía y las matemáticas, algunas de las materias más cuidadosamente atendidas a través de todos los cursos. Si para expresar el significado de la Navidad no se encontraba mejor camino que la representación de un belén, con un texto explicativo al lado, lo mismo se hacía a la hora de escribir las primeras letras y las operaciones de sumar y restar.
Para el caso de las matemáticas era bastante normal la utilización de canicas de diversos tamaños y colores, variadas tabletas y otros materiales de la vida corriente; al igual que lo practicaba Zipitria, a la hora de contar unidades y decenas, se hacía cantando la siguiente frase:
«En la tienda la señora Josefa cambia canicas por otra cosa... Si a cambio de éstas diera una que vale diez...»
Todos los niños tenían sus blocks de clase que, a diferencia de lo que sucedía en el caso de Zipitria, estaban perfectamente rayados, con el objeto de servir, simultáneamente, para los ejercicios de caligrafía. Entre los tres y cuatro años, se usaban para hacer grafismos libres o dirigidos y también para hacer los dibujos; aquéllos se efectuaban con lápices de colores y éstos con pinturas corrientes. Entre los cuatro y cinco años, se iniciaban en el aprendizaje de las vocales, siempre con minúsculas. Después de las vocales, venían las consonantes, entre los cinco y seis años. En este curso es cuando se aprendía a leer y escribir. El material en uso a partir de este momento era Txomin Ikasle, un abecedario muy extendido en las ikastolas. A partir de seis años y más, Xabiertxo era el libro de clase por antonomasia, de donde se sacaban los temas de cada día, además de servir como excelente libro de lectura. Paralelamente, se ejercitaban en las cuatro operaciones matemáticas conocidas.
4.1. Una mañana de clase
Mª Angeles Garai, que me ha proporcionado la información precisa acerca de todos los puntos anteriores, ha hecho también el esfuerzo de recordar y describir el funcionamiento de una mañana cualquiera en la ikastola.
Por de pronto, los horarios de trabajo eran muy similares a los de cualquier escuela de su tiempo: Actuaban de 9,30 a 12,30 de la mañana, y por la tarde de 3 a 5. Los sábados había clase, mañana y tarde, pero, en cambio, los jueves eran de asueto, sin actividad escolar.
Sería exagerado decir que se hacían programas por objetivos, por trimestre o por cursos, pero siempre existía algún plan de trabajo de cara, sobre todo, al logro de los objetivos lingüísticos. Entre las pautas cotidianas de actuación, la repetición de las cosas experimentadas ocupaba, sin duda, un lugar preferente, dando también cabida a elementos nuevos y variaciones, de acuerdo con los intereses del niño y su necesidad de relacionar las cosas.
(14) El blok de clase en cuestión, que conserva su propietaria Jasone Irarragorri, abarca un trimestre del curso, aproximadamente: En los ejercicios realizados en el mismo y en la orientación general se observan unas grandes semejanzas con los blocks de los alumnos de Zipitria.
- La mañana empezaba invariablemente con la recogida de los niños, en el coche antes mencionado; para ello, las andereños iban a buscarlos a sus propias casas. Aunque no había en Bilbao tanto tráfico como en la actualidad, entre el acto de la recogida y la llegada a San Nicolás se podía tardar algo más de media hora, debido a la lejanía de algunos domicilios.
Al mediodía había que devolver a los niños a sus casas, para comer. Por la tarde, se repetía el mismo proceso de recogida y devolución.
- Después del saludo de entrada, se cantaba diariamente una canción religiosa, tomada del cancionero particular de Elvira Zipitria, y dedicada al Señor o a la Virgen. La letra de ambas canciones era la siguiente:
«Jainko ederra On-ona eta aundia Zeruko Aita: Oiuka zure aurtxoa: Gora Jainkoa! Zurea ni oso-osoa!»
La canción dedicada a María decía así: «Etxean ba det ama,
Jainkoak emana. Zeruan beste Ama, Andre Mari ona. Bien eskutik noa Zeruko Aitagana».
- La siguiente actividad, bastante corta en el tiempo, consistía en la presentación del tema del día y la búsqueda de diversos objetivos en torno al mismo: Objetivos psicomotores y de conocimientos, así como la realización de las diarias operaciones matemáticas, la confección de letras, el dictado y escritura de textos etc., todo ello según los grupos y edades.
- A continuación, se interrumpía el trabajo escolar para tener una media hora de recreo, en el que se juntaban los niños de ambos grupos. Durante este tiempo, se realizaban juegos libres y dirigidos, con la presencia y participación de las propias andereños, con el objeto de marcar unas pautas conducentes a una mayor integración de todos los niños y al logro de los objetivos lingüísticos propuestos, también a través de juegos al aire libre.
- Tras el recreo, y en la segunda parte de la mañana, se realizaban unas actividades más flexibles y menos intensas que en la parte anterior, a fin de lograr un ambiente más relajado y más lleno de afectividad e intercomunicación; era el momento de la introducción y la explicación de diversos cuentos y leyendas, incluida la participación dialogada de los niños, seguido todo ello de una propuesta de interpretación y dramatización de los mismos. También se incluían otras actividades de carácter placentero, como el dibujo de elementos conocidos y, en general, la exploración táctil.
- Antes del término del horario de la mañana, se cantaba el acostumbrado saludo del mediodía a la Virgen María: «Aingeru batek Mariari...» Acto seguido, se salía a la calle con mucho cuidado para evitar los ruidos y tumultos, que podrían llamar peligrosamente la atención de los vecinos.
Afortunadamente, el coche les esperaba a la puerta, casi siempre con gran puntualidad.
LAS KASTOLAS DE BIZKAIA, 1957-1972