• No results found

Uno de los aspectos menos comentados por las investigaciones oficiales norteamericanas ha sido el referido a las cartas dirigidas a Oswald desde Cuba y que fueron recibidas o interceptadas en los Estados Unidos después del magnicidio. Por tal razón, y por constituir este capítulo junto con el de México las piedras angulares del proyecto de inculpación contra Cuba, se resalta a continuación los detalles que resultaron esenciales durante la investigación realizada.

La única referencia de que se dispone en el informe de la Comisión Warren sobre el incidente de las cartas, se ofrece al abordar los alegatos de conspiración que fueron investigados por ésta y dice textualmente:

...fue recibida una carta de alguien en La Habana, alegando el remitente haber asistido a una reunión donde había sido discutido el asesinato como parte de un plan que pronto incluiría la muerte de otros líderes no comunistas en las Américas...

Sin embargo, todas las informaciones públicas posteriores sobre las cartas que llegaron a los Estados Unidos señalan la existencia de cuatro más, ninguna de las cuales contiene un texto similar al expuesto en el informe de la Comisión Warren.

En el informe del Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre Asesinatos no aparece ninguna referencia al capítulo de las cartas. Según la información en nuestro poder, el incidente de las cartas se originó de la forma siguiente:

El 5 de diciembre de 1963, a las 12:40 p.m., fue recibido el mensaje siguiente por el teléfono del inspector Thomas J. Kelly, en Dallas: Anoche en la corres- pondencia recibida aquí por la Sra. Marina Oswald que fue entregada por la

oficina de Correos, había una carta para Lee Harvey Oswald dirigida a la central de correos de Dallas, Texas, USA, timbrada en La Habana, Cuba, el 23 de noviembre de 1963. Su contenido era el siguiente:

La Habana, 10 de noviembre de 1963. Amigo Lee:

Te he escrito repetidas veces desde la última vez que nos vimos en Miami. Tú llevaste los libros en español para el hotel y yo apenas tengo alguno. Te diré que hay planes de visitar al hombre allí pronto y tú debes cerrar los negocios tan pronto como sea posible, como yo te dije con anticipación en Miami. Te recomiendo mucha prudencia y no hacer ninguna locura con el dinero que yo te di. Confío en que tú no me defraudarás y que nuestros sueños serán realizados. Después del negocio te recomendaré con alto precio al jefe, quien con mucho gusto estará muy interesado en conocerte porque ellos necesitan hombres como tú.

Le dije a él que tú puedes apagar una vela a 50 metros y no me cree, pero logré que te creyera porque yo te vi con mis propios ojos. El jefe quedó asombrado. Bien Lee, practica tu español bien, para cuando vayas para La Habana, la tierra de la libertad, de las mujeres hermosas y el rico tabaco Habano. No olvides hacer todo lo que yo te dije en la carta y no dejar cualquier cosa que pueda dejar un rastro, etc., y cuando tú recibas mis cartas, destrúyelas como siempre. Después del negocio, te enviaré tu dinero y nos veremos aquí en Miami, en el lugar acostumbrado.

Siempre sinceramente, Pedro Charles

Sobre esta carta, la parte cubana cuenta con una fotocopia del reporte recibido por el inspector Kelly en Dallas, que describe su contenido. No se dispone de copia del original de la misiva. Es importante señalar que, si se tiene en cuenta las dificultades del correo en aquel entonces, era prácticamente imposible que una carta timbrada en La Habana el 23 de noviembre llegara a los Estados Unidos doce días después.

Otra carta fue recibida el 8 de diciembre de 1963, a las 6:00 p.m., en las oficinas del editor del Diario de New York. La copia del texto de esa carta, según se consigna, fue traducida para la Comisión Warren, el 30 de diciembre de 1963, por Rafaele A. Vaccari. Sin embargo, la Comisión Warren la omitió en su informe junto con las acciones investigativas realizadas alrededor de esta evidencia, si es que las hizo. Su contenido es el siguiente:

La Habana, noviembre 27, 1963. Para el director del Diario de New York,

Parte Segunda 127

New York. Estados Unidos de América. Estimado señor:

Es un placer escribir esta carta para informarle que el asesinato del presidente John F. Kennedy fue pagado por el Sr. Pedro, agente en México de Fidel Castro. Este hombre llegó a ser amigo del ex-marine y experto tirador, Lee H. Oswald. Ellos fueron vistos juntos frecuentando varios night. El arriba mencionado Sr. Pedro Charles le había entregado $7 000 a Oswald como anticipo por los preparativos. Más tarde él le había entregado $10 000 al completar el trabajo. En otras palabras, el crimen fue acordado por $17 000.

El Sr. Pedro Charles, quien utiliza otros nombres ficticios y un pasaporte diplomático para entrar y salir de México y los Estados Unidos, está actualmente en la residencia del embajador cubano en México, de acuerdo con las últimas informaciones en mi poder.

Yo quiero que usted conozca antes que ningún otro la verdad acerca del asesinato en Dallas del presidente Kennedy.

(Firmado) Miguel Galván López

ex-capitán del Ejército Rebelde Exiliado Cubano

Tampoco de esa segunda carta se cuenta con copia de su original en Cuba. De acuerdo con la fecha de la carta y en el supuesto de que haya sido cancelada el propio día 23, no tuvo tiempo de llegar en esa fecha a los Estados Unidos, salvo que se organizara un correo aéreo especial para esa correspondencia.

Llama la atención también en la misiva que al pie de la firma aparece la expresión “Exiliado Cubano”, lo que es incomprensible, si se trata supuestamente de una carta que ha sido enviada desde Cuba. Por “exiliados cubanos’’ son conocidas las personas que emigraron hacia los Estados Unidos por diversas razones, tras el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.

Reportes de prensa de 1977 resucitan el episodio de las cartas. El diario The Miami Herald, de diciembre 8, y el U.S. News & World Report, de diciembre 19 de ese año, reproducen un despacho en el que dan cuenta de que “una segunda carta proveniente también de La Habana fue dirigida al fiscal general, Robert Kennedy’’. Ésta expresaba que Oswald había asesinado a Kennedy por orden de “Pedro Charles”, un agente cubano que, según se decía en la misiva, había viajado a los Estados Unidos bajo varios nombres falsos, que Oswald se había reunido con Charles en Miami hacía varios meses, y recibido $7 000 de éste. La carta estaba firmada por “Mario del Rosario Molina”. Según la noticia, ambas

cartas (ésta y la firmada por Pedro Charles, dirigida a Oswald y fechada el 10 de noviembre de 1963) fueron remitidas desde La Habana al día siguiente del asesinato y se determinó por el análisis pericial que “las dos habían sido escritas por la misma máquina de escribir”.

Esta carta, supuestamente recibida por Robert Kennedy, tiene un texto similar a la enviada al director del Diario de New York, pero la firma otra persona distinta. Todo parece indicar de que hubo cinco cartas (incluso la referida en el informe de la Comisión Warren): cuatro que lograron llegar a sus destinatarios en los Estados Unidos y una que quedó en poder de las autoridades cubanas.

Una quinta carta fue obtenida, de forma accidental, en el correo cubano, al producirse un principio de incendio el 23 de noviembre de 1963 en las oficinas encargadas de procesar los envíos postales con destino al exterior. Un empleado, que los revisaba minuciosamente, para ofrecer las disculpas a sus destinatarios y encauzar el resto, encontró un sobre dirigido a Lee Harvey Oswald.

Como era pública ya la noticia del arresto del presunto asesino y su nombre circulaba desde el día anterior por los medios de difusión nacionales e internacionales, el empleado informó inmediatamente a su jefe y éste lo hizo a las autoridades competentes.

La tenencia de este único original nos posibilitó llevar a cabo acciones periciales e investigaciones que explicamos a continuación. La carta con que se trabajó tiene el texto siguiente:

La Habana

14 de noviembre 1963 Lee Harvey Oswald Miami, Fla. Amigo Lee:

Te escribo para preguntarte cómo están tus asuntos en La Florida, por aquí no hay mucho que contar. Te diré que el asunto de que me hablaste la última vez que estuve en México contigo sería un plan perfecto y eso debilitaría la política del fanfarrón Kennedy, aunque sí hay que tener mucha prudencia porque tú sabes como andan por ahí los contrarrevolucionarios que trabajan para la CIA. Bueno, Lee acuérdate de mandarme por vía Méjico el asunto que me dijiste y en cuanto a que te vas a Houston a ver a una familia tuya te deseo lo mejor, en cuanto al otro asunto que todo salga perfecto.

Te abraza y saluda, Jorge

Parte Segunda 129

PD. Escríbeme a la dirección de siempre. Margaret la rubia de Flager vive aquí con un oficial rebelde que le tiene montado un apartamento. Te enviaré los libros de español en la próxima.

Patria o Muerte Venceremos

¡Viva la Revolución Cubana! ¡Abajo el Imperialismo!

Tanto esta carta como la firmada por “Pedro Charles”, mantienen un mismo hilo temático, lo que nos hizo pensar que fueron confeccionadas por un solo autor, a pesar de estar firmadas por diferentes personas. Esta reflexión fue sometida posteriormente a comprobación pericial, con el objetivo de determinar si una sola persona pudo haber fabricado no sólo éstas, sino también la que fue dirigida al fiscal general, Robert Kennedy, firmada por “Mario del Rosario Molina”, y de la cual estaba determinado había sido confeccionada por la misma máquina de escribir que la firmada por “Pedro Charles”.

No escapó a nuestra atención el hecho de que el centro de operaciones del “agente Pedro Charles” fuera denunciado como ubicado en la Embajada de Cuba en Ciudad México, cuyo Consulado fue visitado por Oswald en su intento frustrado de viajar a Cuba. Está probado que de la Estación de la CIA en Ciudad México partió una serie de informaciones que, de forma directa o tendenciosa, inculpaban a Cuba con el crimen. Con ese propósito, se inventó y deformó acontecimientos, para sembrar la duda sobre los testigos y la visita de Oswald a esa ciudad.

Desde allí también se originó la versión del supuesto contacto de Oswald con agentes cubanos en el patio del Consulado, y durante el cual se le había entregado ese dinero como pago por el crimen que sería cometido. La fuente de esa información falsa, como ya fue dicho, fue un agente de la Inteligencia somocista, a las órdenes de David Atlee Phillips. Al resumir el incidente de las cartas, se extrae las siguientes conclusiones parciales:

1. Aparentemente, fueron cinco las misivas enviadas.

2. Aparentemente, cuatro de éstas fueron enviadas mediante el correo desde La Habana. La restante, según se infiere de su pie de firma, no parece haber sido enviada por esa vía, sin que pueda ser precisada su procedencia a partir de los datos con que contamos.

3. En Cuba sólo quedó un original; del resto sólo se cuenta con referencias extraídas de fuentes oficiales y públicas norteamericanas.

4. Son cuatro los supuestos remitentes, los cuales firmaron como: “Jorge”, “Pedro Charles”, “Miguel Galván” y “Mario del Rosario Molina”.

5. Es muy probable que las cartas firmadas por “Pedro Charles” “Jorge” y “Mario del Rosario Molina” hayan sido confeccionadas por la misma persona. 6. Dos de las misivas que lograron llegar a su destino salieron de Cuba un día después de la fecha del crimen, el 23 de noviembre de 1963; son las firmadas por “Pedro Charles” y “Mario del Rosario Molina”.

7. Dos de las cartas, las firmadas por “Pedro Charles” y “Jorge”, tienen fecha de confección antes del día del asesinato, 10 y 14 de noviembre de 1963, respectivamente. Una tercera, la firmada por “Miguel Galván López”, tiene fecha de 27 de noviembre de 1963. De las restantes no se tiene información. 8. En todos los textos de las cartas se vincula a Cuba con el magnicidio. En dos de éstas se acusa abiertamente a un supuesto agente cubano de haber planeado el crimen.

9. Dos de las cartas que llegaron a su destino lo hicieron en un término de once a trece días, lo cual resultaba imposible para el tráfico postal de la época, realizado entonces mediante una escala en México. En el supuesto de que en los Estados Unidos llegaran a su centro de distribución, se podrá comprender que no era posible que esto se realizara en tan pocos días.

Con todos esos elementos, nos trazamos diversas acciones investigativas:

a) Identificar las características de la máquina de escribir que fue utilizada para redactar la carta original que quedó en poder de las autoridades cubanas. b) Tratar de determinar si en Cuba residían o habían residido personas con iguales nombres a los utilizados por los presuntos remitentes, y llegar a la conclusión de si esas personas pudieron ser las autoras de las cartas. c) Someter la carta original en poder de las autoridades cubanas a un examen grafológico, para obtener elementos que ayudaran a caracterizar al autor o autores de las misivas.

d) Realizar análisis y llegar a valoraciones sobre el suceso.

No contar con fotocopias de los originales en poder de la parte norte- americana limitó sensiblemente el análisis y los resultados en las acciones investigativas (a) y (c). La acción (a) estuvo limitada porque no fue posible comparar nuestros resultados con los determinados por la parte norte- americana, y en correspondencia saber si sólo una máquina de escribir o más fueron utilizadas para escribir las cartas, y la acción (c), porque no fue posible llegar a determinar categóricamente cuántas personas intervinieron en las escrituras de las misivas. Aún con estas limitaciones, los resultados fueron los siguientes:

Parte Segunda 131

Ministerio del Interior de la República de Cuba, de fecha 14 de diciembre de 1977, concluyó que tanto los datos del destinatario en el sobre de la misiva como el texto de la carta enviada en el mismo sobre, fueron escritos en una máquina marca Remington, Modelo 16, Sistema Pica, de fabricación norteamericana.

El examen pericial para determinar la fecha de cancelación de los sellos de correos de la carta también se recoge en el mismo informe. En éste se concluyó que sólo fue posible revelar, en la zona correspondiente al timbre, las letras “N” y “O”, las que se estimó pudieran tratarse de las abreviaturas del mes de noviembre.

Como no se dispone de los datos de la identificación de la máquina de escribir logrados mediante el peritaje realizado por el gobierno norte- americano sobre las cartas firmadas por “Pedro Charles” y “Mario del Rosario Molina”, no fue posible llegar a una conclusión comparativa con respecto a los resultados del peritaje cubano sobre la carta firmada por “Jorge”. Esto sólo pudieran realizarlo los investigadores con posibilidad de acceso a los documentos necesarios para la comparación.

Investigación de los remitentes:

„ aunque la lógica hacía suponer que los nombres utilizados como remitentes eran ficticios, nos dimos a la tarea de comprobar este razonamiento.

„ Los nombres utilizados que ofrecían mayores posibilidades de ser ubicados eran los de “Miguel Galván López” y “Mario del Rosario Molina”, por contar ambos con sus dos apellidos. Éstos fueron comprobados en los Archivos Nacionales de Identificación y, como era de esperar, se obtuvo referencias de centenares de personas con nombres similares a los buscados. Un grupo de estas personas fue desestimado inmediatamente ya que, en 1963, no tenían ni la edad ni las posibilidades, ni ambas condiciones, para ser los autores de esas cartas. A pesar de esto, hubo que concentrar la atención en varias decenas de personas.

Finalmente, fueron seleccionados varios residentes en diversos lugares del país, como los de mayor cúmulo de posibilidades. De este grupo se investigó sus trayectorias, la tenencia o el acceso a una máquina de escribir similar a la utilizada para confeccionar la carta que quedó en poder de las autoridades cubanas y, además, se realizó un estudio de sus letras y firmas, con el objetivo de caracterizar sus estilos de escritura.

En conclusión, ninguno de los investigados acumuló un número tal de coincidencias que permitiera acreditarle categóricamente la autoría de la carta. Tampoco fue posible su vinculación a una máquina de escribir

similar a la que estaba en cuestión, ni sus trayectorias mostraron elementos de probabilidad de haber elaborado las misivas.

A pesar del amplio margen de búsqueda que entrañaba tratar de ubicar a los remitentes identificados como “Jorge” y “Pedro Charles”, por la carencia de apellidos, tratamos de obtener evidencias de personas con nombres o seudónimos iguales en los índices secretos de la Seguridad del Estado. Los pocos casos de personas investigadas o en proceso de investigación que aparecían con nombres o seudónimos iguales en esa época, fueron desechados a partir de la información acumulada sobre éstos y que hacía imposible que, en 1963, pudieran haber sido los autores de las misivas. El peritaje criminalístico que fue utilizado con ese grupo de personas para garantizar la fiabilidad de los resultados fue negativo. También se comprobó en los archivos de la Inteligencia cubana y ningún agente de ese servicio utilizó en ese año seudónimos similares a los buscados.

En consideración a esos resultados, concluimos que los nombres utilizados en los remitentes de las cartas eran falsos.

Examen grafológico:

„ la tenencia de un solo ejemplar de las cartas enviadas incidió de manera determinante en los resultados de ese tipo de peritaje. El texto escaso de la carta y su escritura en máquina condicionaron desfavorablemente el trabajo.

Un resultado útil logrado fue la caracterización individual del estilo del autor al escribir. Según el Informe del Peritaje No. 132-78, de fecha 9 de mayo de 1978, del Laboratorio Central de Criminalística del Ministerio del Interior de la República de Cuba, fueron comparados los contenidos de las cartas firmadas por “Pedro Charles” y “Jorge”, es decir, la enviada a Oswald a la oficina de Correos en Dallas, Texas, y la que quedó en poder de las autoridades cubanas, se pudo constatar que había un conjunto de coincidencias en diferentes áreas de ambas escrituras en cuanto al saludo, el uso de expresiones y palabras que se repetían en ambos textos, la puntualización de lugares, la temática, el uso y abuso de la variante pronominal “te”, el uso y abuso del pronombre relativo “que”, y el uso del punto y seguido solamente dentro del párrafo.

Aunque el resultado del peritaje no puede ser concluyente, porque se compara un original contra la traducción de un texto, estos indicios permiten afirmar la probabilidad de que hayan sido escritos por la misma persona, tal y como ya habíamos sugerido por el examen del hilo narrativo de ambas escrituras.

Parte Segunda 133

Hay que recordar que la carta firmada por “Jorge” pudo haber sido confeccionada con la misma máquina de escribir que se utilizó para las firmadas por “Pedro Charles” y “Mario del Rosario Molina”. Esto sólo podría ser confirmado por las autoridades norteamericanas.

Análisis y valoración del contenido de las cartas:

„ al analizar el contenido de las cartas que supuestamente fueron escritas

Related documents