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Historical examples of the State as a social engineer

día siguiente Manuel Martín Ferrand, nada sospechoso, que es una extraña persecución la que tolera tan apocalípticos pronunciamientos. Aparte de que en la propia Iglesia hay no pocas voces que no se reconocen en ese dis­ curso, para la sociedad civil no puede haber otra legitimidad que la inma­ nente de los “apoyos más o menos minoritarios”, es decir, la democrática,

Confirmación de la asunción: D e ahí las reacciones de perso­ nas y medios públicos contra determinadas homilías y declara­ ciones de los obispos (contra el aborto, el matrimonio entre homosexuales, y ,1a experimentación con células embrionarias, citados anteriormente).

A m plificación de la confirmación·. Por eso las amenazas al mantenimiento de la Iglesia, que confirman una campafia enca­ minada a “despedazar a la Iglesia”, “cuando proclama la ver­ dad, aun a costa de persecución, cuando lo apuesta todo por el hombre y señala que su camino es e l hombre”. “Esto no se tolera y, en consecuencia, viene el acoso, la descalificación o la persecución misma”.

Conclusión·. La Iglesia no debe callar ante la sociedad actual que “ha implantado una cultura de muerte que trata de secar las fuen­ tes de la vida humana o de eliminarla legalmente antes de nacer o si se considera inútil, o de manipularla con otros fines”.

Dado que el ámbito de la retórica es el de lo discutible, fá­ cilmente el entimema se desliza para convertirse en falacia o sofisma: (1) ‘La virginidad produce cáncer’, (2) ‘vacúnate’, de parecida forma gramatical y parecidas presuposiciones al enti­ mema del tabaco, pero claramente un chiste, porque si el nexo entre ‘fumar’ y ‘cáncer’ es probable, el que hay entre ‘virgini­ dad’ y ‘cáncer’ sólo existe porque lo pone el que emplea la frase. Por cierto que hay un verbo griego títhemi que significa ‘colocar’, ‘poner’, de donde viene precisamente tesis, aquella afirmación que se pone en el discurso para defenderla o reba­ tirla; como la quaestio latina se relaciona con el verbo quaero, ‘preguntar’, ‘investigar’.

Algunas retóricas clásicas o posteriores añadían a este trata-

en nombre de la cual se ha de legislar para la totalidad de los ciudadanos y no según el particular criterio de creencia específica alguna.

miento diferentes tipos de argumentos además del entimema, como la inducción, el dilema, o el sorites.

La inducción generaliza a partir de casos particulares, lo que los antiguos llamaban ‘de las especies al género’, aquellas afir­ maciones de alcance limitado de las que, sumadas, se puede extraer una conclusión que las reúne todas. Si nada como un pato, vuela como un pato y se alimenta como un pato, proba­ blemente es un pato. En la inducción siempre hay un salto, como aprendió muy bien el pavo inductivista en el ejemplo de Russell, que del hecho de que durante años a medio día llegase el granjero y le diera de comer, indujo que medio día es la hora de comer. Se llevó el gran susto cuando el 24 de diciem­ bre el granjero llegó pero para torcerle el cuello y convertirlo en cena. El siguiente es un ejemplo clásico, en el que una serie de casos particulares confirma la afirmación general que rema­ ta el fragmento:

Cumple por tus virtudes tu triste papel, la difícil gloria progresa por un camino abrupto. ¿Quién conocería a Héctor si Troya hubiese sido feliz? Por las desgracias públicas se abre el camino de la virtud. Tu arte, Tifis8, es superfluo, si la mar no está agitada; si los hombres están sanos, tu arte, Febo9, está de más. Escondida, desconocida de los buenos tiempos, la virtud se manifiesta y se afirma en la desgracia

(Ovidio, Tristes, IV 3, 73-80; trad, mía)

En el dilema se acorrala al contrario mediante una disyunción excluyente igualmente negativa para él, de forma que si preten­ de eludir un lado, caiga en el otro. El ABC del 16 de agosto de

8. Prim er piloto de los argonautas. 9. Apolo, patrono de los médicos.

2004 titula uno de sus editoriales “Un análisis muy poco sol­ vente” (p. 4), y termina su penúltimo párrafo con un buen ejem­ plo. Se trata de un informe socialista presentado en el Congreso en el que se augura un importante deterioro de la situación eco­ nómica, y dice: “Quizá los socialistas se estén poniendo la venda antes de la herida por si se produce un empeoramiento de la economía española achacable a su propia política. Por otra parte, y si tan pésimo es el panorama, la opinión pública debería preguntarse cómo el Gobierno no suspende sus vacaciones y se pone inmediatamente a trabajar en una solución que pueda paliar los efectos de la subida del precio del petróleo”.

El sorites es un tipo de razonamiento que se atribuía a los estoicos, y que va avanzando por medio de pasos pequeños, de manera que si se concede cada uno de ellos, inevitablemente se habrá de conceder el final. El siguiente es un ejemplo ciceronia­ no, de la quinta Tusculana: “Que sólo es bueno lo que es hones­ to, de esta manera se prueba: sea lo que sea lo que es bueno, eso hay que buscar; pero lo que hay que buscar, eso hay que apro­ bar, y lo que hay que aprobar, eso sin duda hay que tener como grato y acepto: así que también hay que atribuirle la dignidad. Así pues todo lo bueno es digno de loa. De lo que se sigue que lo que sea honesto, sólo eso es bueno”.

En cuanto a los indicios o tekméria (en términos aristotélicos, en general sémeia, latín signa) son, como muchas pruebas atéc- nicas, objetos perceptibles por los sentidos que acompañan a un estado de cosas (Lausberg § 358). El orador no los crea, pero, a diferencia de las pruebas atécnicas, no dicen de por sí relación con la causa, que debe ser justificada por el orador. El ejemplo de Quintiliano, traducción del aristotélico, es brutal y directo: haber parido la mujer es signo indudable de que no es virgen. Claro que hay signos dudosos y discutibles, y hace bien Laus­ berg (§ 365) en recordar cuánto juego ha dado en la literatura europea la observación de las reacciones físicas como signos de la pasión amorosa. De nuevo hay ejemplos de inversión humo­

rística muy interesantes en el Quijote, en I, xxxi, y de nuevo y sobre todo en Π, x.

Los ejemplos constituyen el tercer tipo aristotélico de prueba. La doctrina clásica los considera como un caso de inducción imperfecta, que procede de lo singular a lo singular. En efecto, es un caso exterior a la causa cuya relación con algún hecho o momento de ésta debe ser justificada por el orador, pero que si está bien escogido reviste indudable valor persuasivo. Otro ejemplo clásico, de Cicerón en el Pro Milone: “Niegan que sea lícito ver la luz a aquél que diga que ha matado a un hombre: pero ¿en qué ciudad hay hombres tan estúpidos que discutan esto? ¿no es en ésta que vio el primer juicio de pena capital con­ tra M. Horacio, fortísimo varón, que, aún no libre la ciudad10, fue liberado, sin embargo, por los comicios del pueblo romano, aun­ que dijo que por su propia mano había matado a su hermana?” El material de los ejemplos se toma de fuentes históricas, como en el caso de Cicerón citado, que recurrió a Tito Livio; o de fuentes literarias. No lejos del ejemplo se halla el recurso a las

auctoritates, en otros términos a las citas. La cita es tanto respal­

do de la propia posición por medio de autores valorados como ostentación de cultura. No escasean los diputados que suplen su carencia de lecturas con el diccionario de citas, o que se creen obligados a incursiones por terrenos literarios que no practican por lo general, lo que ha producido a veces efectos chuscos que no hace falta recordar aquí.

Veamos ahora el comienzo de la argumentación o confirma­ ción del Pro Milone que ya conocemos, en el que se puede apre­ ciar el encadenamiento de los argumentos de Cicerón. Dado que es imposible negar que Milón haya matado a Clodio, Cicerón

10. Aún no libre de la monarquía, es decir, antes de la República, Hora­ cio mató a su propia hermana, enamorada de uno de los Curiados, enemi­ gos de Roma. La ciudad le absolvió de su crimen porque no vio en él sino patriotismo.

quiere demostrar que aquél no ha hecho más que defenderse, puesto que es éste el malvado y el que pensaba beneficiarse de la muerte de Milón; más adelante añadirá que se debe incluso agra­ decer a Milón que haya liberado a la patria de la amenaza que para ella representaba Clodio. Todo lo cual, si se recuerda, viene ya preparado por el sesgo —el color— de la anterior narración:

32. Pero, ¿cómo se puede probar que es Clodio el que há pre­

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