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HIV Prevention

CHAPTER 6: PUBLIC HEALTH SERVICES

6.2 DISEASE CONTROL

6.2.1 HIV/AIDS

6.2.1.1 HIV Prevention

La primera reacción la tendrá Dolores en una carta a “Vicente Uribe y a todos los camaradas del Buró Político”, el 28 de junio de 1952. Es un alegato brutal contra las guerrillas y su responsable máximo, Santiago Carrillo, aunque se utilice en todo momento el “nos” que hace la responsabilidad compartida: La existencia de los guerrilleros hacia creer a los campesinos que la caída del régimen está próxima y al no producirse el hundimiento del franquismo, los guerrilleros quedaban en una situación difícil y han ido perdiendo el apoyo de la población campesina a medida que ha pasado el tiempo y Franco continuaba en el poder. Las cosas habían llegado a tal extremo que en algunos lugares los campesinos aleccionados por tristes experiencias llegaban a decir: “preferimos ver a un guardia civil que a un guerrillero”... y esa renuncia a trabajar en las organizaciones de masas franquistas y esas impaciencias de que habla el camarada Carrillo y esa huelgomania y ese afán de enviar al país armas y dinero y camaradas a costa de lo que fuese..., no son errores del camarada Carrillo solamente, son errores de todos nosotros...

En su carta, Pasionaria, respondió a los argumentos de Carrillo que señalaban la ausencia de análisis sobre el “repliegue” de la posguerra con una acusación semejante: él tampoco había percibido el repliegue necesario del movimiento guerrillero, siendo como era el principal responsable y el hombre más cercano a lo que ocurría en el interior. El procedimiento para taparle la boca no podía ser más torpe: si tú nos acusas de no haber estudiado la retirada al final de la guerra, aplícate el mismo cuento en el tema guerrillero. Aunque a decir verdad el argumento de uno y otro venía a reflejar que la incompetencia y la irresponsabilidad de la dirección del PCE venía de largo, y que Pasionaria, al asumir los errores de Carrillo como colectivos, también cubría los suyos.

Pero la carta a Uribe y al Buró Político tenía no obstante otra meta; Carrillo quedaba de momento exonerado, pero sobre... el camarada Antón... yo lamento no sentirme tan satisfecha como al parecer estáis vosotros... El camarada Antón ha eludido el verdadero fondo de la cuestión con un vocablo “caciquismo”... pero la actitud del camarada Antón tiene otro nombre que expresa algo mucho más grave que un vicio caciquil. Este nombre es fraccionismo y fraccionismo además de la peor especie...

La autocrítica que Antón había redactado casi al unísono de la que hacía Santiago, había sido rechazada. Pasionaria no se conformaba con sus explicaciones ni con su propósito de enmienda. La acusación de “fraccionismo”, en 1952, en pleno furor del monolitismo y con los últimos coletazos de procesos estalinianos, era más que una definición o la clasificación de una conducta, era sencillamente pasar de golpe al otro lado de la barricada. Mientras no constara lo contrario, el “fraccionista”, que

dice Pasionaria en vez de fraccionalista, es un enemigo, y ya se sabía cómo se trataban a los enemigos. Acaba de comenzar el viacrucis de Antón. Reunido días después el Buró Político, presentes Uribe, Carrillo, Mije, Delicado, Errandonea y Líster, ausente Dolores, Antón da una vuelta más a la tuerca que va ahogarle. Es el 2 de agosto de 1952. Las mismas fechas en que se detenía a Slansky en Praga; el número dos del Partido Comunista checoslovaco. Entonces se iniciará un paralelo biográfico entre estas dos figuras, que apenas si se conocían, pero que van a estar unidas por el tiempo, el castigo y a punto estuvieron también de encontrarse en el destino.

Aprovechando una frase de Dolores en su carta a “Uribe y al Buró Político” en la que apuntando con el dedo la aviesa conducta de Antón y su coherencia, que ella manipulaba para mejor ponerle ante la irremisible condena, Antón empieza su confesión ante un Buró Político mitad satisfecho y mitad estupefacto: Como Dolores dice acertadamente, “la lógica es brutal pero es lógica”... La camarada Dolores recuerda justamente que la experiencia que vivimos cada día en la actividad de los PC en las democracias populares es muy aleccionadora. El partido... debe tenerlas muy en cuenta. Ella las ha tenido y pone así de relieve, una vez más, sus excepcionales cualidades de gran dirigente comunista, de jefe indiscutible del partido... Yo no tenía una idea clara de la gravedad de mi conducta, ni de mi proceder... operaban en mí, con fuerza extraordinaria, los defectos que me caracterizan, me cegaba el orgullo y la suficiencia, me emborrachaban los vapores del envanecimiento... Los juicios y conclusiones de la camarada Dolores han sido para mí la sacudida definitiva... ellos son los que me impulsan a adentrarme aún más en mi interior... Y me he hecho la siguiente pregunta ¿dónde están las raíces más profundas de la suficiencia y el orgullo necio que me han ido dominando, de esa egolatría de la que tan evidentes pruebas he dado? Y para encontrar una respuesta satisfactoria... me he remontado muy atrás. He hecho un examen de mi vida desde que tengo uso de razón... Mi origen es muy humilde: hijo de campesinos pobres que se vieron obligados a emigrar a la ciudad como tantos otros de su condición. Los primeros años de mi infancia fueron penosos. Mi padre, con 3 hijos de corta edad, sufrió durante algún tiempo las angustias de la falta de trabajo. Más adelante —tenía yo alrededor de 4 años— la situación comenzó a cambiar. Mi padre encontró trabajo. Y mientras mi hermano mayor, que tenía 8 años, comenzó a ganarse la vida, yo fui enviado a un colegio. En él continué hasta los 12 años, recibiendo una instrucción que puede calificarse de media. Durante 4 años trabajé, primero de ayudante contable y después de taquígrafo-mecanógrafo, hasta que con 16 años escasos, obtuve por oposición una plaza de empleado en los Ferrocarriles del Norte... Mi sueldo cubría holgadamente mis necesidades... Pienso que estas condiciones particulares... crearon en mí los primeros elementos de sobreestimación de mis capacidades y cualidades, dieron nacimiento a un cierto espíritu de suficiencia pequeño burguesa... Desde los primeros momentos de mi ingreso en el partido me entregué a su actividad con el mayor entusiasmo y continuidad. Y empecé a ocupar puestos de gran responsabilidad... creo que es indudable que, como a otros muchos, la gloria me deslumbró, me emborrachó... El demonio de la suficiencia y del orgullo que había ido apoderándose de mí, iba a jugarme nuevas malas pasadas... Podéis comprender que yo no tenga ningún interés en adjudicarme defectos que no tengo. Ya son demasiados los que me caracterizan. Pero la condición absorbente, caciquil, es real en mí. Y no de ahora, sino muy vieja... Pero este mal o vicio que me caracteriza, no es el único. Considero que en mi conducta hay también elementos muy acusados de burocratismo...

Descargado del peso maligno que me oprimía... me empeño en irme sirviendo cada día mejor del arma infalible; el que la camarada Dolores señala al final de su carta: el estudio de los problemas políticos y de nuestra teoría marxista-leninista-estalinista. Este estudio ocupa ya un lugar más destacado y regular en mi actividad diaria... Y termino diciendo: una vez más, la camarada Dolores demuestra que el partido tiene en ella la guía clarividente, firme e intransigente frente a toda tentativa o peligro que amenace quebrantar o romper la unidad de la Dirección del partido, del partido mismo; pone de relieve las excepcionales condiciones y cualidades que hacen de ella el jefe

indiscutible, digno y amado de nuestro Partido Comunista. Y aunque realmente avergonzado quiero expresaría mi respeto y agradecimiento sinceros y emocionados. Y le ruego los acepte, por poco que los estime, junto con mi voluntad de marchar en adelante, como corresponde a un militante del glorioso PC de España.

No se podía ir más lejos en la adulación y la autoflagelación en estas páginas patéticas de un hombre intentando explicar su vida de un modo sumiso y vergonzante para así poder salvarla. Creía que después de confesar ante el Buró Político tantas vergüenzas propias y ajenas, adquiridas e impostadas, había conjurado el peligro. Incluso su compañero de banquillo, Santiago, admite la buena voluntad de Antón y de él mismo en un intento de cerrar el caso, aunque deslice hacia su colega de París críticas torcidas, que hacen las veces de inventario de agravios pasados: Creo que estas críticas de Dolores son de una importancia enorme, dice Carrillo tras escuchar a Antón en su letanía, y que comprenderlas por parte de Antón, por parte mía y de todos, es decisivo para corregir los vicios que tenemos, que tiene Antón y que tenemos todos... [pero] las cuestiones que Dolores plantea no ponen en tela de juicio la voluntad y las buenas intenciones de Antón.

Incluso Carrillo irá más lejos en su afán de dar por terminado el asunto y hará una afirmación de la que no tardará en arrepentirse: yo estoy convencido de que Antón desde el punto de vista personal es un camarada honesto. Claro que, haber dicho lo contrario, era tanto como condenarse a explicar cómo había trabajado con Antón durante siete años sin que se le pegara la deshonestidad ni la denunciara ante la dirección del partido, y cómo podría explicarse, por muy cruel que fuera la lógica, que la camarada “secretario general” viviera desde hacía más de una década con un camarada deshonesto. Carrillo creyó encontrar en esa frase una manera de evitar darle más vueltas al asunto, porque para él la lección que yo saco es que si no hacemos esfuerzos muy serios para dominar la ciencia del marxismo-leninismo la vida puede jugarnos pasadas desagradables. Máxima que podía tener una lectura humorística y es que Antón por no conocer la citada “ciencia” se había metido en la misma cama de la secretario general; y otra dramática, que Antón si hubiera conocido la “ciencia”, hubiera evitado sus relaciones con la secretario general y sus corolarios de “pasadas desagradables”. De todas formas la máxima carrillista es una formulación que ni siquiera el gran Zdanov hubiera osado hacer.

Pero he aquí que cuando Antón y Carrillo creían haber aventado el peligro en base a autocríticas, flagelaciones, llantos e historias de infancias desgraciadas y triduos a la más pura de las vírgenes, Vicente Uribe, que hacía las veces de delegado en la tierra de la espada flamígera del Espíritu Santo y máximo inquisidor, no le convencen las confesiones biográficas de Antón, ni las músicas y los paños calientes de Carrillo: en todas vuestras intervenciones no hay un solo esfuerzo por explicar en qué ha consistido el trabajo fraccional... y el elemento principal para caracterizar la actitud de Antón es la de un camarada que ha realizado trabajo fraccional... A lo que Antonio Mije como buen adlátere de Uribe, añade, que si Pasionaria ha dicho que se trataba de “fraccionismo” es “fraccionismo”, porque las conclusiones de la secretario general no se discuten; ésta ha sido siempre la costumbre. Afirmación no por conocida menos desvergonzada.

Cuando el día 8 de agosto se reanuda la reunión, Carrillo interviene para dar un vuelco a su anterior toma de postura conciliadora. Con un cinismo inaudito confiesa que le ha sido difícil llegar a penetrar en el fondo, pero que ha reflexionado sobre ese fondo político de la cuestión que nosotros no habíamos alcanzado a ver y que la camarada Dolores sí ha llegado, y entonces metiendo la estocada a Antón, abandona cualquier intento de salvarle la cabeza y pronuncia su acta de acusación, que es al tiempo su salvación personal y la condena de su colega: En conclusión creo que la actividad fraccional de Antón consiste en que llevado de su vanidad, de su egolatría, practicando métodos personales que en el Buró Político sólo pueden llevar a la división de la dirección, Antón llevó una lucha contra los camaradas de la dirección del partido que se hallaban fuera, mostró resistencia y hostilidad a todas sus

opiniones, y esto en circunstancias particularmente graves, cuando hallándose separada la dirección del partido él era responsable del grupo quedado aquí, y debía haberse esforzado por mantener la mayor coordinación. Y esa lucha no la ha llevado sobre la base de defender la política del partido, cosa que no se planteaba siquiera, sino sobre una base personal, sin principios; esa lucha condujo al estrechamiento de la labor de la dirección del partido aquí, a la introducción de elementos de liquidacionismo, a la agudización de vicios y defectos que ya existían...

De nuevo, como en un drama antiguo en el que las figuras, todas sobre la escena, van interviniendo una tras otra, tomando el pie de la última acusación, de la última denuncia del actor que le ha precedido, así Antón, vuelve a levantarse aquel 8 de agosto y reconoce más delitos. Su autocrítica aumenta un grado para ver de calmar a aquellas fieras que exigen más sangre: Mi conducta no era una conducta fraccional en germen. Era una conducta fraccionista completa, sin paliativos de ningún género... hoy estoy en condiciones de medir cuán extraordinaria es la gravedad de mi conducta, cuán nocivo y peligroso ha sido haber estado dejando pesar en mi ánimo durante tanto tiempo... esa serie de sentimientos malignos. Con estos ecos de la mística hispana que se esconden tras el “cuán”, anquilosado y mayestático, todos parecen conformes, y los conjurados para el ajusticiamiento creen que si estas declaraciones de Antón, convertidas en autocrítica escrita, se enviaran a Dolores ella sabrá si el asunto se da por terminado o no. En definitiva Pasionaria, la gran ausente y el gran juez, debe decidir. La sesión catártica termina exigiendo a Francisco Antón que esta autocrítica, completa y minuciosa, de sus atrocidades, la haga por escrito para enviarla a Dolores y no pillarse ellos los dedos dando el carpetazo a lo que todavía no se sabe cómo y dónde va a acabar.

Antón empleará más de un mes en redactar su “confesión”; se reconocerá culpable de todos los errores, crímenes y desaguisados cometidos por, de y en el partido desde 1946 hasta finales de 1950. El acusado, convicto, confeso y abrumado, tiene la palabra: En la última reunión celebrada para examinar las explicaciones que había presentado, los camaradas han condenado enérgica y unánimemente la doblez con que he venido comportándome; mi ambición alocada; mis concepciones antipartido; mi grave conducta fraccionista de lucha contra la dirección del partido; mi política liquidadora y de división del partido. Han afirmado, además, que aún no decía la verdad y formulado una serie de preguntas a las que debo dar respuesta...

Soy consciente de que me encuentro en un momento crucial de mi vida, en el que mi destino — cualquiera que sea la resolución final que se adopte, y ella tiene que ser severísima— va a depender de que sea, al fin, absolutamente sincero y de que me desembarace del lastre que he venido arrastrando durante muchos años...

Si no hubiera sido por el grave peligro que la amenazaba, no sentía deseo de que la camarada Dolores saliera de aquí [París]. Con la concepción que yo tenía de su papel y del mío, me sentía a gusto con que ella estuviera al frente de nuestro trabajo... lo que sí debo reconocer es que no estaba en condiciones de sentir y no lo sentí... el gran vacío que aquí quedaba con su salida...

¿Pasé al ataque contra Dolores cuando me cercioré de que no pisaba terreno firme? No sé, exactamente, si el camarada Santiago [Carrillo] que ha dicho esto, se refiere a la actitud que he tenido antes de ir a Moscú... Cuando fui a Moscú creía que pisaba terreno firme. En mí no había más que disgusto porque creía que los telegramas enviados por ella después de septiembre de 1950 (ilegalización del PCE en Francia) expresaban una reacción irritada de su parte.

Y como no había más que esto, se lo expuse a las pocas horas de llegar allí, en la primera entrevista que tuve con ella... en presencia de Femando [Claudín] y después de informarla... sobre cómo estaban las cosas por aquí...

Los camaradas me han pedido que diga a cuántos militantes he expulsado del partido y con qué propósito. No puedo precisar con exactitud a cuántos militantes del partido he expulsado, pero indicaré una cifra muy aproximada que estimo no se apartará mucho de la realidad. Esta cifra es de

unos dos mil, entre separados y expulsados, durante todo el período comprendido desde 1946 hasta el momento actual...129 En conclusión la experiencia ha puesto bien de manifiesto que mi actividad fraccionista, liquidadora y de división del partido la he llevado a cabo con una serie de ideas, concepciones y deformaciones que son extrañas al partido, que son antipartido, anticomunistas.

¿De dónde vienen esas ideas, concepciones y deformaciones? Creo que no puede haber más que una respuesta: ellas son el resultado de la influencia que han ejercido sobre mí las ideas del enemigo de clase, la burguesía.

¿Y cómo se explica que esta influencia haya llegado a adquirir tal extensión? Ello es debido, en mi opinión, a que no había llegado a desarraigar y a extirpar las propias influencias de la educación idealista que recibí en los primeros años de mi vida, ni las que recibí más adelante en el ambiente pequeño burgués, en el cual me he desenvuelto, durante mi juventud...

Yo mismo me pregunto: ¿soy un cuerpo extraño al partido? A pesar de todo creo sinceramente que no; que no me he corrompido del todo. Me he deformado terriblemente, pero no han dejado de alentar en mí los sentimientos que me llevaron a ingresar en el partido y a servirle algunos años con todas mis fuerzas y todo mi entusiasmo. El partido me elevó muy alto para que le sirviera mejor. Y yo he hecho lo contrario; le he causado daños muy grandes. Éstos no los podré reparar jamás, y ése es mi mayor pesar.

No tengo ningún derecho a pedirle nada; solo ansió darle cuanto aún pueda tener. Espero que él me indique dónde, cómo y de qué manera.

Después de esta confesión firmada por Antón hay varias consideraciones a hacer. La primera es que la hipótesis barajada por Arthur London, por entonces y en las mismas fechas, condenado en Checoslovaquia y en una situación muy semejante a la de Antón, no resulta del todo exacta. Según London, los expertos soviéticos bajo las órdenes de Beria y los servicios de espionaje, elaboraron unos patrones de declaración que luego habrían de firmar los condenados. Pues bien, aquí tenemos un caso, en el que es difícil pensar en la intervención de los soviéticos, entre otras cosas porque los españoles carecían de poder estatal y por tanto eran materia desechable o residual. Sin embargo, la declaración de Antón asumiendo el barro, el pus y la sangre del PCE entre 1945 y la fecha de su declaración, sigue la misma pauta que los procesos de Praga. Creo que habría que admitir, al menos como hipótesis, que el tipo de declaración y autoconfesión inquisitorial estaba tan metido en el espíritu militante, que dos dirigentes, puestos en situaciones semejantes, harían siempre una similar declaración.

Antón con esta declaración ponía su cabeza sobre la madera, esperando tan sólo la decisión del verdugo; cortársela o perdonarle. Él se ha rebajado lo suficiente, se ha mentido a sí mismo asumiendo

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