6. Focus Group Analysis
7.1 Holistic Scenario Development
También la escuela de Wurzburgo desafió la negativa de Wundt a es- tudiar experimentalmente los procesos superiores, planteándose el aná- lisis experimental del propio pensamiento. Aunque Wundt optaba para su estudio por un enfoque histórico-etnográfico, entre sus discípulos y colaboradores más cercanos y apreciados algunos se propusieron preci- samente romper esa división, apostando por un estudio del pensamiento mediante introspección experimental. Así lo hizo Oswald Külpe (1862- 1915), uno de los colaboradores más prestigiosos de su laboratorio, que dejará Leipzig en 1894 para desplazarse a Wurzburgo, donde desarrolla- rá durante quince años todo un programa de investigación en torno al análisis experimental del pensamiento.
Külpe estudió fisiología, filosofía, psicología e historia en Leipzig, Gotinga y Berlín, doctorándose con Wundt en 1887. Tras colaborar con él en el laboratorio durante más de diez años, Külpe empezó a separarse de su maestro en varios puntos. Así, en 1893 publicó su propio manual de Principios de psicología (Külpe, 1893/1999), donde rechazaba explíci-
tamente la idea de la «causalidad psíquica» de Wundt, acercándose tanto a un positivismo sensualista como a un cierto reduccionismo fisiológico (Danziger, 1979). Poco después Külpe se alejaría de estas tendencias positivas y reduccionistas, pero no para volver a acercarse a Wundt. Antes bien, se opondrá a la idea wundtiana de que todos los contenidos mentales son conscientes y representacionales, así como a la idea de que podemos acceder a ellos de forma inmediata. Külpe tampoco compartía con Wundt la estricta separación entre fenómenos psíquicos inferiores y superiores, especialmente en lo que se refiere a la ineficacia de la experi- mentación para estos últimos (Kusch, 2006).
Tanto él como sus colaboradores se propusieron precisamente some- ter el pensamiento a introspección experimental, recurriendo a amplios auto-informes que los sujetos ofrecían de forma retrospectiva una vez finalizada la prueba (recordemos que Wundt exigía que los resultados se recogieran en el mismo momento y sin tiempo para que el sujeto pu- diera reflexionar sobre ellos). Este es el programa de investigación que Külpe desarrolló en Wurzburgo, a cuya universidad fue llamado en 1894 y donde fundó, junto a Karl Marbe (1869-1953), otro antiguo alumno de Wundt, otro laboratorio de psicología. En él Külpe llevó a cabo una investigación sobre la abstracción a partir de la presentación de sílabas sin sentido escritas con diferentes tipografías, números, colores y dispo- sición espacial. Los sujetos, que recibían la instrucción de fijarse en uno u otro atributo, relataban en sus informes cómo el resto de atributos les había pasado completamente inadvertido, es decir, habían hecho abs- tracción de ellos. Se encontraban así con la experiencia de un proceso de abstracción, sin que ésta fuera algo palpable o reductible a sensaciones y sentimientos. Külpe se propuso entones seguir la pista de estos procesos.
El primer trabajo de la escuela fue realizado por A. Mayer y J. Orth (dos estudiantes de Marbe) y se publicó en 1901. Consistió en una in- vestigación para establecer una clasificación psicológica (distinta de las clasificaciones lógicas al uso) de asociaciones. Mayer y Orth diseñaron una tarea de asociación libre y pidieron a los sujetos que relataran los estados mentales que tenían lugar entre la presentación de los estímu- los (verbales) y su reacción. En el momento de analizar los informes de los sujetos, los investigadores entrevieron, más allá de imágenes y voliciones, un grupo de estados o fenómenos de conciencia difíciles de describir que no formaban parte de las categorías convencionales. A es-
tos estados los llamaron Bewusstseinslagen, que podemos traducir como «disposiciones de la conciencia». Ese mismo año, Marbe encontraría datos parecidos durante una investigación sobre otra operación mental, el «juicio». Marbe pidió a los participantes que levantaran dos cuerpos cilíndricos que tenían la misma apariencia, compararan su peso (de 25 y 110 gramos respectivamente) y dijeran (juzgaran) cuál era el más pe- sado. Inmediatamente después, Marbe les pedía que informaran sobre lo que habían vivido durante la resolución de la tarea. El objetivo era acceder a lo que había pasado en la conciencia antes de que emitieran su respuesta. En sus conclusiones, además de descartar la naturaleza psicológica del juicio (en la línea de las críticas lanzadas por Husserl a Wundt)1, Marbe afirmó haber encontrado que el juicio se acompañaba
en ocasiones de sensaciones o imágenes, pero también, a menudo, de he- chos difíciles de describir, las llamadas «disposiciones de la conciencia». Siguiendo un método diferente, en 1905 Henry Watt (1879-1925) dio cuenta de otros fenómenos semejantes. En lugar de recurrir a la asocia- ción libre, la tarea planteada (Aufgabe) estaba dirigida por instrucciones precisas, como encontrar un concepto supraordenado (por ejemplo, para «paloma» sería «ave»), un concepto subordinado (para «mueble» podría ser «silla»), un todo o una parte en relación con un estímulo verbal (palabra) determinado. Con este método (Aufgabe) Watt también encontró estados inefables, de una naturaleza difícil de precisar, como la «conciencia de una dirección», de una significación previa a la palabra o la imagen, así como tendencias, que serían algo así como la mecánica del pensamiento. Narziss Ach (1871-1946) continuó esa línea de trabajo, proponiendo el concepto de «tendencias determinantes» para referirse a las disposiciones motivacionales inconscientes generadas por las ins- trucciones. También introdujo el de «acto de conciencia» para referirse a un saber o darse cuenta semejante al «¡ya lo tengo!», cuando damos con algo que estábamos buscando mentalmente.
1 Uno de los objetivos de las críticas de Husserl al psicologismo era Wundt, a quien Husserl le reprochaba su idea de que la lógica, como ciencia normativa del pensamiento, debiera fundarse sobre la psicología empírica. Por su parte, el logicismo de Marbe sería tan pronunciado que llegaría incluso a acusar a colegas de laboratorio como Messer o Bühler de psicologismo cada vez que éstos no se mostraban de acuerdo con sus conclusiones. A este respecto, por ejemplo, para Bühler los sujetos de Marbe no habían podido identificar el aspecto psicológico del juicio a causa de la simpli- cidad de las tareas, que permitían su resolución de forma automática e inconsciente (Kusch, 2006).
Con una técnica parecida, pero con la intención de acercarse más al pensamiento libre, normal y espontáneo, en 1906 August Messer (1867- 1937) llevaría también a cabo una serie de experimentos. Su objetivo era explorar los fenómenos que tienen lugar en la conciencia durante una variedad de procesos más o menos simples de pensamiento. En todos los casos, detectó una especie de saber puro, libre de toda mezcla sen- sible, de elementos «no representados» muy diversos. Messer identificó todas estas «disposiciones de la conciencia» con el campo de experien- cias que otros autores habían llamado «pensamiento no formulado» o «intuitivo». Además, encontró que los procesos de pensamiento conlle- van también una dirección, un vector o guía que les da unidad y con- tinuidad. Finalmente hablaría de una especie de montaje inconsciente que nos hace recoger las impresiones exteriores y responder a ellas de ciertas maneras.
Si Messer contribuyó definitivamente a la formación de la teoría de la Escuela de Wurzburgo acerca de la existencia de un «pensamiento sin imágenes», las investigaciones de Karl Bühler (1879-1963) vendrían a culminarla, radicalizando el enfoque. En su tesis de habilitación, «Datos y problemas relativos a una psicología de los procesos de pensa- miento», publicada entre 1907 y 1908, Bühler parecía incluso ironizar sobre el trabajo de sus predecesores: él quería saber lo que pasa cuando la gente piensa, y esto no podía estudiarlo con técnicas de asociación libre o tareas simples como la comparación de pesos (Humphrey, 1951). Bühler utilizará directamente aforismos filosóficos, poéticos o proble- mas filosóficos complejos, y sólo recurrirá a sujetos tan entrenados como el propio Külpe. La ventaja de los buenos aforismos, como por ejemplo «Pensar es tan extraordinariamente difícil que muchos prefie- ren opinar», consistía en que había que pensar para comprenderlos. Los problemas filosóficos podían ser del tipo: «¿Ha conocido la Edad Media el teorema de Pitágoras?»; o «¿La teoría física de los átomos puede ser falsada por nuevos descubrimientos?». Las preguntas, como vemos, eran complejas, pero formuladas de modo que el sujeto pudiera responder con una respuesta sencilla, de forma que su atención pudiera concentrarse sobre la observación interna. Además, Bühler elegía los enunciados en función de los gustos y preferencias de los participantes por ciertos filósofos y poetas, pues consideraba que la motivación y el placer por la tarea eran condición indispensable para provocar el pen-
samiento. Aunque Bühler recogía como dato el tiempo entre la lectura del enunciado y la respuesta del sujeto, no tenía realmente en cuenta estas medidas en el análisis de sus resultados. La investigación apunta- ba más bien a ver, a través de la introspección, qué había percibido el sujeto durante el proceso de pensamiento.
A partir de esos análisis, Bühler concluyó que nuestra experiencia del pensamiento está constituida no solo por representaciones senso- riales de modalidades diferentes y sentimientos, sino por «movimientos particulares de la conciencia», a los que optó también por llamar provi- sionalmente Bewusstseinslagen. Los definió como momentos decisivos del proceso del pensamiento que no tienen ni cualidad ni intensidad sensorial. En la medida en que las imágenes (representaciones) son elementos fragmentarios, esporádicos, azarosos, no podemos consi- derarlos como el vehículo del pensamiento, que es continuo. Junto a las sensaciones y los sentimientos, evanescentes, el pensamiento debía ser considerado, pues, como una nueva categoría mental, parte verda- deramente constitutiva de nuestra experiencia, articulada y unitaria. Bühler distinguía entre tres tipos o momentos del pensamiento, a sa- ber: 1) la conciencia de reglas generales, una especie de conocimiento anticipado del método a seguir para resolver un problema, lógico o matemático, donde podemos pensar, como en el caso de una incógnita en una ecuación, en aquello que determina un objeto, en las condi- ciones que tiene que cumplir, sin tener la representación de un objeto dado en concreto; 2) la conciencia de relaciones, la noción de relaciones internas que se establecen en el seno de un pensamiento que se dibuja o que vinculan este pensamiento a otros; podemos saber por ejemplo que hay una relación de oposición o de coordinación entre elementos, sin que tengamos exactamente conciencia de cuáles son los elementos que se coordinan u oponen; 3) la intención, la pura dirección hacia un objeto, desvinculada de toda determinación relativa éste (a diferencia de la conciencia de regla y de relación), algo así como un «sé lo que significa pero no puedo especificar su contenido». Lo importante aquí, una vez más, no eran los objetos (significados) sino la significación o acto de significar.
La intención aparece definida en los mismos términos que en Husserl. De hecho, Bühler recurre a una parte de la terminología empleada por Husserl en sus Investigaciones lógicas (1901), cuya metodología elogiaba
ya desde el inicio de su trabajo2 (Kusch, 2006). Según reconocerá Bühler
más adelante en un texto sobre Külpe, sería él mismo quien se habría en- cargado de introducir la obra de «Brentano y su escuela» en la psicología del pensamiento de Wurzburgo, en parte frente a las dudas y la resisten- cia inicial de su maestro (Bühler, 1922, citado por Kusch, 2006). En esa búsqueda de un pensamiento puro, la Escuela de Wurzburgo terminaría prácticamente rechazando el valor de las imágenes, reivindicando la existencia de un «pensamiento sin imágenes». Se privaba así a las imá- genes de todo contenido intelectual (reducidas a elementos puramente sensibles), alejándose de las formas concretas del pensamiento a favor de una concepción abstracta y lógica de la mente.
Este desplazamiento de la escuela de Wurzburgo hacia la fenomeno- logía sería sin duda contestado, como ya vimos, por Wundt, que siempre se mostró contrario a Brentano y sus discípulos. Para Wundt, que había utilizado su autoridad, por ejemplo, para rechazar la publicación de ar- tículos de Alexander Meinong en la revista Archiv für Psychologie, se tra- taba de una psicología reflexiva y escolástica que desviaba a la disciplina de su carácter científico (Kusch, 2006). La reacción pública de Wundt, en todo caso, se produjo sólo a partir de la publicación de la primera parte del trabajo de Bühler, con un texto en el que atacaba el conjunto de las investigaciones de la escuela desde sus inicios. Wundt se oponía en él a la utilización del método introspectivo para analizar el pensamiento: si estamos pensando en la respuesta a una pregunta, no podemos a la vez estar atentos a lo que pasa mientras lo hacemos. Bühler, por su parte, añadiría un anexo a la publicación de las dos últimas partes de su tra- bajo, en respuesta a Wundt, rechazando que su método contradijera sus indicaciones con respecto a una metodología experimental3. En realidad,
a lo que Wundt se oponía frontalmente es a la idea de un pensamiento puro. Para Wundt, la fenomenología hacía de todos los contenidos de conciencia actos lógicos de pensamiento o formas lingüísticas; era una
2 Las referencias a Husserl, en todo caso, aparecían ya en los trabajos de Messer de 1906, así como después, en su libro Sensación y pensamiento, de 1908, que constituye a la vez una introduc- ción a la psicología moderna y a las Investigaciones lógicas de Husserl.
3 Los experimentos de la Escuela de Wurzburgo seguían este esquema: 1) presentación con- trolada de estímulos (por el experimentador, en lugar de un aparato); 2) medición de tiempos de respuesta; 3) reacción del sujeto en forma de una huella grabada por un aparato, que en este caso se registraba como un informe verbalizado, algo que el mismo Wundt recogía bajo la categoría de «métodos de reacción» (Friedrich, 2008)
psicología sin psicología. Si Husserl combatía la pretensión de funda- mentar la filosofía sobre la psicología (el psicologismo), lo que Wundt se planteaba era combatir el logicismo (Kusch, 2006).
La Escuela de Wurzburgo se encontró así con el claro obstáculo de Wundt, que entendía que ésa no era la vía que debía seguir una psicolo- gía científica, aunque no por ello dejó de desarrollarse, como muestran los experimentos que siguió realizando Otto Selz (1881-1944) sobre el pensamiento dirigido. En todo caso, la Escuela se fue diluyendo con el desplazamiento de sus principales investigadores a otras universidades. Así, Bühler dejaría Wurzburgo en 1909 para seguir a Bonn a Külpe, quien dedicó precisamente los últimos años de su vida a tratar de re- conciliar su investigación con la psicología de los contenidos. Juntos se volverán a desplazar a Munich en 1913, donde organizaron el Instituto de Psicología y donde Külpe fallecería poco después, en 1915, antes de que pudiera tener una entrevista que tenía pendiente con otro de los principales discípulos de Wundt, Titchener, para aclarar malentendidos (Gondra, 1997).
Bühler, por su parte, se trasladó a Viena en 1922, donde fundó su propio Instituto. Allí alcanzó un notable reconocimiento internacional, con trabajos como su Teoría del lenguaje (1934), donde lanzaba una mirada retrospectiva y crítica sobre los experimentos de Wurzburgo. Bühler los justificó como una tentativa de refutación del «incurable sen- sualismo de cortas miras de la época», pero se oponía ya a la idea de una gramática pura del pensamiento, a priori (Bühler, 1934/2009, p. 390). Su forzada huida a los EEUU, con la entrada de los alemanes en Viena en 1938, mermaría para siempre su influencia.
Entre tanto, en el panorama de las discusiones en torno a una psi- cología científica, desde los primeros años veinte, la psicología de la Gestalt (ampliamente influida, por otro lado, por la propia Escuela de Wurzburgo)4 se iría imponiendo al «pensamiento sin imágenes». Las
investigaciones de la Escuela de Wurzburgo sobre los procesos de pen- samiento, en todo caso, volverían a despertar interés a partir de la dé- cada de 1950, cuando tras la larga hegemonía conductista, la psicología
4 Uno de los fundadores de la Psicología de la Gestalt, Max Wertheimer (1880-1843), fue dis- cípulo de Külpe.
buscaba la forma de volver a ocuparse de los procesos cognitivos (como muestra el propio trabajo de Humphrey, 1951). Esta «recuperación», no obstante, se dará de forma casi anecdótica en un marco conceptual atravesado por la metáfora del ordenador y el procesamiento de la infor- mación, que pretenden excluir toda forma de introspección.