El señorío feudal era un fenómeno en extremo complejo. Expresión de la propiedad noble por excelencia, los señoríos eran una caótica su perposición de elementos diversos: tierras usufructuadas en plena pro piedad (la reserva o dominio señorial); el derecho a percibir cargas per petuas sobre parcelas cuyo dominio útil pertenecía a terceros (las tenen cias a censo o censive)\ poderes públicos y prerrogativas de matriz estatal (el ejercicio de la jurisdicción o señorío de ban). Las posibilidades de combinación de estos elementos eran en extremo variadas, por lo que cada señorío podía tener características propias.
En los dos primeros capítulos hemos descripto los componentes del señorío clásico. El resultado ha sido una visión estática del régimen se ñorial, un cuadro de época en el cual la historicidad ha cedido terreno ante las necesidades de clarificación conceptual del fenómeno bajo estudio.
Debemos plantear ahora una nueva serie de interrogantes. ¿Cómo evo lucionó el señorío a lo largo de la Edad Moderna? ¿Qué transformaciones lo afectaron durante la fase final de la transición hacia el capitalismo? ¿Qué cambios sufrieron sus diversos componentes durante el Antiguo Régimen?
Para discutir estos tópicos hemos elegido como estudio de caso un extenso señorío ubicado en el corazón de Normandia, no muy lejos de Paris: la baronía de Pont-St-Pierre, estudiada por Jonathan Dewald. Cuan do la modernidad temprana despuntaba, el enorme señorío abarcaba cuatro poblados y diversas parroquias. La capital del estado señorial, Pont-St-Pierre, aparece ya descripta como un burgo en las fuentes del
C apitulo 3. De señores a terratenientes
siglo X, status que aseguraba a sus habitantes el dominio pleno del suelo de sus casas y sus huertos.41
A comienzos del siglo X y el señorío pasó a manos de los Ronchero- lles, quienes sería sus propietarios por más de 3 5 0 años. La evidencia documental demuestra que se trataba de una familia de la baja nobleza, que en los siglos X lll y XIV estaba al servicio de la casa de Hangest, por entonces titular de la baronía de Pont-St-Pierre. En 1408, una afortuna da política matrimonial y la esperable interrupción biológica del linaje propietario convirtieron a los Roncherolles en detentadores de uno de los más codiciados estados señoriales de toda Normandía.
En un dominio de tamaña magnitud no es extraño que hallemos ple namente desarrollados la totalidad de los componentes del señorío clási co. El estado señorial ingresa en la Edad Moderna con una reserva de enormes proporciones. Aún sin tomar en cuenta las tenencias a censo, podemos afirmar que la base territorial del señorío -s u componente do m inical- era en extremo importante. La reserva dominical incluía, en primer lugar, el castillo mismo, construido durante el último tercio del siglo XIV Las ruinas del castillo original, destruido durante las fases tem pranas de la Guerra de los Cien Años, existían aún en el siglo XVII, testimonio del origen inmemorial de la señorialización del espacio en la zona. La nueva residencia se hallaba en el centro de un extenso parque de más de tres tiectáreas.
En 1600 la reserva poseía apenas 28 hectáreas de tierra cultivable y otras 10 hectáreas de prados. Resulta obvio que lasjn ism as no consti tuían la porción más importante del dominio señorial. El componente mayor de la reserva» cuyo dominium indiviso correspondía a los señores, eran 340 hectáreas del riquísimo bosque de Longbouel.42
La riqueza de la reserva no impedía que el segundo componente do minical del señorío, el censive, también tuviera importancia. La baronía poseía el dominio directo sobre varios cientos de tenencias campesinas, en las ocho parroquias que rodeaban la foresta. Los tenentes enfitéuticos pagaban rentas fijas en dinero (el cois) y en especie (las rentes Joncítres) *3 La costumbre normanda autorizaba a los señores a intervenir cuando alguna de las tenencias se ponía a la venta (retrait jéod al): igualando el precio de compra del mejor postor, el señor recuperaba el dominio útil
45 Las propiedades urbanas quedaban, en consecuencia, exentas del pago de tributos señoriales y de las tasas de mutación.
Las 552 ha. restantes del bosque perteneneclan a la corona. 43 Las rentes jonciéres incluían pagos en grano y en aves de corral.
Primera Parte. Fe u d a l is m o Ta r d ío
de la parcela y podía reintegrarla a la reserva. En un dominio tan extenso como Pont-St-Pierre, en el que muchos habitantes sometidos a la juris dicción del barón eran propietarios plenos de su tierra, la presencia de un extenso censive adquiría una importancia que trascendía la esfera eco nómica: allí donde cobraba rentas enfitéuticas, el señor podía esperar una mayor cuota de respeto por sus derechos jurisdiccionales (monopo lios, regulaciones comerciales, potestades judiciales).
El origen arcaico del señorío de Pont-St-Pierre explica que, para 1600, todavía sobrevivieran en su seno cinco feudos nobles, subordinados a la baronía. Originados en los procesos de subinfeudación propios del feu dalismo maduro, estas propiedades se diferenciaban de las tenencias a censo por el hecho de que sólo debían al señor homenaje y fidelidad. Los feudos eran tierra noble, atributo del que carecían las parcelas del censi
ve. Por ello, su carácter de propiedad condicional no se expresaba a partir de componentes económicos, sino por medio de rituales y símbo los vasalláticos. Uno de estos cincos fiefs era propiedad de los Ronchero- lles (el hogar original del linaje, por entonces en manos de una rama secundaria de la familia). Un segundo feudo era propiedad del barón mismo. Los tres restantes mantenían una existencia independiente.
El último componente de la baronía era la jurisdicción señorial. En el burgo principal, el tribunal del señor sesionaba con frecuencia, y sus decisiones incidían en forma marcada sobre la vida de los habitantes. El monopolio de los molinos dentro de la jurisdicción también pertenecía a los señores. La baronía poseía tres molinos para grano, dos a base de energía hidráulica y un tercero con propulsión eòlica. En la modernidad temprana, la explotación de los mismos se arrendaba a terceros, aunque la reparación y mantenimiento de las máquinas corría por cuenta del barón. En tercer lugar, el señor poseía un conjunto específico de dere chos sobre las actividades comerciales. Podía montar un mercado cada sábado en el burgo capital, insistiendo en que todas las transacciones económicas de la baronía tuvieran lugar allí. La violación de este privile gio podía castigarse con multas y confiscaciones. Los barones podían montar ferias dos veces al año. Tanto en éstas como en ios mercados semanales, los oficiales feudales percibían tributos sobre la mayoría de las transacciones realizadas (coutumes), y por el privilegio de controlar los pesos y medidas.44 Finalmente, los señores de Pont-St-Pierre poseían
44 En el siglo XVIII, los com erciantes locales certificaban que, desde tiempo inmemorial, los
coutumes eran de 5 chelines por cada caballo, de 4 chelines por cada vaca o cerdo y de 5 chelines por cada saco de trigo.
Capítulo 3. De señores a terratenientes
los derechos sobre el río Andelle mismo, en el tramo que se extendía entre el convento de Fontaine Guérard y su desembocadura en el Sena; sobre la base de este privilegio monopolizaban la pesca en el curso de agua, cobraban tributos sobre la madera que desde los bosques de Lyon se trasladaba río abajo, y percibían impuestos sobredas barcas cargadas con toneles de vino.