3.0 TOOLKIT DEVELOPMENT
3.1.3 Housing Authority Feedback
Es en la segunda mitad de los ochenta cuando se inician los es- tudios académicos en diferentes instituciones, primero de manera in- dividual y después, por intereses institucionales, principalmente de la FMC (Federación de Mujeres Cubanas).
Uno de estos estudios apoyados por la FMC fue el realizado bajo la dirección de Helen Safa, antropóloga e investigadora de Estados Unidos, con mujeres trabajadoras de la textilera Ariguanabo en La Habana. Esta investigación permitió mostrar avances importantes al- canzados por las cubanas, por ejemplo, ella nos dice: “… la vieja dis- tinción casa/calle… que proporcionaba cierto status a las mujeres que permanecían en el hogar, ya no es aceptable para las nuevas genera- ciones de mujeres cubanas, que han aprendido un sistema de valores diferentes con la revolución” (Safa, 1998: 172).
Safa logra identificar, en la subjetividad de esas mujeres, cambios que implican una ruptura con aspectos de la cultura patriarcal y es la primera vez que se realiza esta constatación en las investigaciones sobre las cubanas. De hecho, este sigue siendo hoy un tema poco es- tudiado.
El impacto de los cambios sociales en la subjetividad de las mu- jeres, la autonomía subjetiva −como consecuencia de la económi- ca− es un aspecto que enfatiza Helen en su informe cuando refiere: “El rechazo al matrimonio (de las cubanas) es un indicador de hasta qué punto las mujeres, aun las madres solteras, han dejado de depen- der de un marido para que las mantenga” (Safa, 1998: 186). Esto es, sin duda, un avance de las cubanas que ella pone en evidencia en su informe, a partir de las entrevistas a la diversidad de mujeres que for- maron su grupo de estudio.
Asimismo, reconoce: “pocos maridos han pedido a sus esposas que dejen de trabajar, lo que representa un cambio fundamental con respec- to al período pre revolucionario. Esto se debe tanto a la mayor necesi- dad económica como a la careciente aceptación social del trabajo de la mujer, actitud que la política estatal busca promover” (Safa, 1998: 186).
Identifica aquí un hecho poco reconocido en las publicaciones sobre el tema (pero al que tengo que referirme, ya que desde mi ex- periencia vivencié) y es que las cubanas pudimos avanzar de forma considerable en las primeras décadas posteriores al triunfo de la Revolución, no porque la cultura patriarcal hubiera cedido espacio en la conciencia de los hombres, sino porque fue un pedido desde la política estatal, en un contexto eminentemente revolucionario desde el punto de vista ideológico.
A Helen le importaban la mujer y el empleo y las condiciones económicas que lograban alcanzar, pero ningún cambio es sostenido si no logra transformar la subjetividad de las mujeres, es decir, que alcancen la completa autonomía, y eso destaca en el discurso de las entrevistadas, de acuerdo con los análisis de sus resultados.
Pero no todo era maravilla. A pesar de los favorables cambios que implican una ruptura con la cultura patriarcal, observó también una continuidad de esta última en diferentes aspectos de la vida de las cubanas. Por ejemplo, la permanencia de la tradicional distribu- ción de roles dentro del hogar, problema que hoy subsiste y −en mi opinión− es el principal obstáculo para la continuidad en el avance de las cubanas. En este sentido, al referirse a las características de las familias extensas nos dice:
… los hogares de tres generaciones tienden a aumentar la autoridad de la generación mayor y a preservar una división sexual del trabajo más tradicional […] La presencia de varias mujeres en la casa reduce la pre- sión sobre los hombres para que colaboren con las tareas del hogar. (Safa, 1998: 184)
Esa sigue siendo una realidad hoy, los hogares con familias extensas, la presencia de varias generaciones de mujeres en ellas y su protago- nismo en la realización de las tareas domésticas.
Resulta interesante que algunos hallazgos suyos de entonces, en las mujeres estudiadas, sean parte de nuestra realidad hoy como se constata en algunos trabajos más recientes (Zabala, 2010), lo que evidencia la profundidad de sus análisis desde una mirada feminista, prácticamente ausente para aquel momento en las investigadoras cu- banas y que, sin duda, marcó el derrotero de otras investigadoras ya de manera independiente.
Los grandes avances de las cubanas, desde el punto de vista jurí- dico, nos hacían pensar que la discriminación había desaparecido, por eso la visibilización de aspectos como un alto por ciento de hogares con jefatura femenina (35%) constituidos por mujeres separadas, di- vorciadas y viudas, así como una importante presencia de mujeres ne- gras en esta condición (56%) dentro de su muestra, en aquel entonces
pareció a muchas sobredimensionado. Sin embargo, el número de mujeres jefas de hogar se ha ido incrementando del 28,2% en 1981 al 40,6% en el 2002 y 44,9% en 20121 y, en una publicación de 2010,
al referirse a algunas de estas familias se dice que “Entre las familias estudiadas, la desventaja relativa de las familias monoparentales en- cabezadas por mujeres, es el resultado de un patrón establecido de dependencia económica de la mujer…” (Zabala, 2010: 161).
Diferentes estudios cuantitativos y cualitativos, permiten ilustrar una pre- ferencia por las mujeres en el patrón de constitución de la pobreza en el país, que se asocia, preferentemente, a la maternidad temprana, la jefatura de hogar femenina y la condición de madre soltera, circunstancias com- binadas con el abandono de estudios y la ausencia de condiciones para trabajar y generar ingresos suficientes. (Espina, 2010: 211)
Creo que la investigación de Helen con las mujeres de la textilera no solo fue pionero en estudios de género en Cuba, sino también en hacer visibles los grandes avances de las cubanas producto del proyecto so- cial de la Revolución hasta ese momento y también identificó las bre- chas que aún existían, algunas de las cuales están presentes hoy, con lo cual se anticipó a muchas de las que comenzamos y continuamos con los estudios de las mujeres y de género en Cuba.
Por su parte, las iniciativas individuales fueron de investigadoras con formaciones profesionales diferentes pero que de alguna manera fueron impactadas, además, por lo que en el mundo acontecía, es decir:
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Creación de Programas de Estudios sobre las mujeres en la dé-cada de los setenta en Universidades de Europa y del Norte de América, como resultado de importantes movimientos fe- ministas.
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La celebración, en la Ciudad de México en 1985, de la I Confe- rencia Mundial sobre la Mujer y la declaración por parte de las Naciones Unidas del inicio del “Decenio de la Mujer”.-
Organización de Seminarios, Talleres y Cursos sobre la Mujer en diferentes Universidades y Organizaciones de América Lati- na, desde la segunda mitad de la década de los setenta.En Cuba, en comparación con otras regiones, se inician más tardía- mente, ¿por qué?
Desde el punto de vista jurídico y político, la mujer cubana, en las décadas del setenta del pasado siglo (cuando se inician los estu- dios de la mujer primero y las mujeres después en Europa y América del Norte) y el ochenta (cuando se inician los estudios de género en el mundo), se encontraba en una situación más favorable que otras mujeres Latinoamericanas.
Algunas reivindicaciones por las cuales luchaba la mujer en Amé- rica Latina como las relacionadas con el acceso gratuito a todos los niveles de educación y a los servicios de salud y, más específicamente, la salud sexual y reproductiva y un tratamiento jurídico igualitario en el mundo laboral, eran derechos ciudadanos ya conquistados por las cubanas. Desde mi punto de vista, esta realidad hace que el interés por estudios académicos sobre las mujeres cubanas surgiera más tarde en las profesionales cubanas, ya que otras formas de discriminación no habían alcanzado aún la conciencia de serlo.
Sin embargo, en la segunda mitad de los ochenta lo que sucedía en otros países, y que nos llegaba a través del intercambio individual de diferentes profesionales con colegas de otros países, influyó en el inicio de una reflexión acerca de nuestra realidad, en la que todas las mujeres no ejercían su derecho a la plena igualdad o no lo hacían en todas sus potencialidades. Emergen estos estudios en la academia, no como resultado de un movimiento feminista en el país, sino como resultado del intercambio académico en países donde este proceso sí se había producido.
Esta realidad nos llevó a importantes definiciones como punto de partida para los Estudios de la Mujer en Cuba:
1) Las condiciones jurídicas que refrendan la igualdad entre las personas, en particular entre mujeres y hombres, son un térmi- no necesario −pero no suficiente− para el ejercicio de la plena igualdad de derechos por parte de las mujeres.
Las transformaciones que trajo consigo el triunfo Revolucionario −y que se expresan claramente en el discurso jurídico y político y la situa- ción económica de la mujer− no influyen directamente en la subjetivi- dad femenina, sino que resultan mediatizadas por la influencia de la cultura patriarcal, construida de manera colectiva mediante sucesivas transformaciones y también sedimentaciones del saber humano, en un proceso histórico en el que tanto o más peso tiene el conocimiento del sentido común, como el conocimiento científico (Vasallo, 1995).
En la década del noventa, cuando se inicia la constitución de cáte- dras en las universidades, nuestros programas de estudios de la mujer se denominaron “de la mujer”, en singular, expresando un claro retra-
so con lo que ocurría en el mundo donde el concepto universal mujer había sido superado. Cuatro años después, cuando se comienza a or- ganizar el Primer Taller Internacional (el congreso más importante que se realiza en Cuba sobre el tema), se denominó “Mujeres en el Siglo XXI”, reconociendo así la diversidad dentro de nosotras mismas.
Este es un proceso que se inicia y permanece, fundamentalmente, en el ámbito de las universidades y en otros centros de investigación hasta finales de los noventa y de manera más amplia en el siglo XXI, cuando el impacto de los acuerdos de la Quinta Conferencia sobre la Mujer, celebrado en 1995 en Beijing, impactó el discurso y el hacer de gobiernos, agencias de cooperación y organizaciones no guberna- mentales.